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19 julio 2020

Keyhole

La chica se sonrojó al punto. ¿Que le hablara de él? ¿Cómo poder hacerlo sin molestarla, ella que parecía odiarlo? Decidió ser sincera.

- Pues verás... Aparte de lo obvio, que tiene un físico espectacular...

No podía negárselo. El chico era alto, fuerte, con el pelo claro y ojos castaños profundos con visos verdes. Bien parecido. Sin embargo, no le encontraba del todo el atractivo porque era un completo imbécil. Pero entendía a qué se refería...

- ... y es un poco prepotente... Pero en el fondo tiene buen corazón, es así porque tiene una historia familiar compleja...
- Háblame más de eso, de su familia -instó Vênräedna.
- Pues... Su padre trabaja en política, aún no es muy conocido pero está escalando puestos... Y su madre es médico, muy querida y bondadosa...
- ¿Y sus abuelos?
- No sé nada de ellos. Creo que no ha llegado a conocerles... Cuando sale el tema siempre se va o le quita importancia...

Ajá.

- Bien... Bueno, sigo a lo mío entonces... ¿Algún punto débil de tus amigos que deba conocer? Ya sabes que no les haré daño.

La joven le contó algunos de los miedos que conocía de sus amigos, lo suficiente como para que se encontrara satisfecha pero no lo bastante como para aterrorizarlos... ¡En el fondo eran sus amigos! No quería traicionarlos. 

- En fin... Cuando caiga la noche la cosa se pondrá interesante... Siempre y cuando decidan permanecer aquí...


Vênräedna estaba mortificada. Profecía autocumplida. Los chicos se habían ido a por comida ya que no encontraban a su amiga -ni la encontrarían- y había tenido que seguirles y oír sus insulsas conversaciones hasta que al fin decidieron regresar al sanatorio... Al caer la noche.

- ¿Por qué hemos venido al caer la noche? -preguntó precisamente la chica de melena castaña.
- Obvio, ¿no? Al anochecer habrá más espíritus... -contestó el chico de ojos verdes- así sabremos dónde está...
- ¿¿Has dicho "más espíritus"?? ¿Crees que habrá mas como ella?

Ojalá.

- No... Bueno, no lo sé. En el pueblo solo hablan de ella, ¿no? La terrible Phobos.

Un grito espeluznante les puso los pelos de punta. La chica de pelo azabache tenia la mano en el pecho y respiraba con dificultad.

- Lo siento... He visto... ¡Arrgh!
- ¿Cómo gritas así, estás loca? -preguntó el escéptico.
- ¿Qué pasa, a ti no te asusta nada? -respondió de malas maneras señalando una aguja hipodérmica enorme tirada en el suelo.
- Desde luego una tontería como una aguja vieja no... -dijo a su vez con superioridad.

Vênräedna sonrió. Oh... Si que le asustaban cosas...

- Chicos, vamos por aquí. Antes no hemos seguido este camino...

Y con razón. El manicomio se dividía en varias estancias conectadas por pasillos y un hall central en cada ala y las escaleras por las que se disponían a bajar estaban medio derruidas y parecían de lo más peligrosas... A ella nunca se le habría ocurrido bajar por ahí, pero allá ellos. Hizo volar una piedrecita a sus pies y las chicas se giraron con suspicacia.

- ¿Hay alguien ahí?

Silencio.

- Vamos.


El grupo avanzaba con cautela por las salas abandonadas. Aquella zona parecía el sótano, lo cual era lógico ya que estaba en la zona más baja como apuntó uno de los chicos de pelo rizado. Las estancias estaban silenciosas y fuera ya apenas quedaba luz, por lo que se iluminaban con sus linternas.

- Pisad con cuidado, hay muchos escombros.
- ¡FFFSSSS!

Uno de los chicos soltó un alarido y un gato negro como la noche salió huyendo de entre unas cajas de cartón. Vênräedna se rió a gusto, era uno de sus pequeños y adorables gatitos, pero aquel chico les tenía pánico.

- Tranquilo, ¿eh? Solo es un gato... -dijo el escéptico con sorna.
- ¡Es un maldito ser del demonio! ¡Y encima negro!
- Vaya, ¿Ahora resulta que eres supersticioso?
- ¡Cállate, maldita sea! ¡Encontremosla rápido y vámonos de aquí!
- Total, esa Phobos horripilante debe haberse cansado de nosotros... ¿No ves que ya no hace nada?

El espíritu se rió de nuevo. ¡No sabían lo que les tenía preparado! Como adelanto soltó un chillido agudo que les taladró los oidos.

- ¡Aaaah! ¿Para qué dices nada? -exclamó la chica de melena castaña tapándose las orejas y casi con lágrimas en los ojos.
- ¿No era la voz de..?

¡Oh, que buena idea! Vênräedna chilló de nuevo imitando la voz de la chica rubia como si la estuviesen torturando y notó un cambio en la actitud del chico insoportable.

- Era... Sonaba por allí...

El chico se aproximó con cuidado a una de las puertas desvencijadas y se asomó por ella. Aquella sala debía ser un viejo baño porque los restos de mármol de un retrete y un lavabo yacían en el suelo... ¿Cubiertos con manchas de sangre?

- ¡Eso es una sala cerrada! ¡Sonaba arriba! 

Vênräedna hizo aparecer un orbe de luz pero nadie lo captó. Qué pena. Dio un portazo cerca de una de las chicas, que pegó un salto del susto.

- ¡Esta puerta acaba de cerrarse sola!
- Pues claro, ¿no notas la corriente? -dijo uno de los chicos recobrando su escepticismo. El espíritu bufó para sí. ¿Ahora no se iban a asustar?
- Quizá si hacemos una ouija...

El silencio reinó entre sus amigos.

- No. Con esas cosas no se juega.
- Si ella no aparece habrá que invocarla...
- La otra vez la llamamos y vino. Si os fijáis aún no la hemos llamado... -recordó el chico de ojos verdes.
- Es verdad... ¡Eh, Phobos! ¿Estás ahí?

El insoportable la llamaba, pero no con ese tono petulante que solía acompañarlo. Parecía genuinamente preocupado... ¿Tendría corazón?

- ¡OH!

Los chicos se giraron ante su grito y le vieron pálido como un muerto.

- ¿Qué te pasa?

Había dado en el clavo. Le había susurrado el nombre de su abuelo en el oído... Estaba en lo cierto.

- Phobos... -musitó con un hilo de voz.
- ¿Qué está haciendo? ¿Te está poseyendo? -preguntó la chica de melena azabache zarandeándolo.
- ¡No, por Dios, qué horror! -respondió él recobrando un poco la compostura.

¡Eh, que ella podía poseerle dónde y cuando quisiese! Buff, pero qué mal había sonado eso... El espíritu tuvo un escalofrío.

- ¿Entonces qué..?
- Vámonos de una vez. No tiene sentido buscarla, ya nos la devolverá -dijo haciendo un ademán de irse.
- Espera... -dijo otro de los chicos sujetándole del brazo- ¿Hablas en serio? ¿Abandonarías a tu amiga en una residencia con un espíritu maligno?
- ¡Puede que ya no haya nada que encontrar! ¡Yo me largo!
- ¡Tú no te vas a ninguna parte!

Drama adolescente. Volumen III.

- ¡Nos quedaremos todos a buscarla! -añadió la chica con sus grandes ojos muy abiertos- ¡No puedes separarte del grupo!
- ¡Puedo y lo haré! ¡No eres mi madre!

El espíritu aprovechó para decirle el nombre de su abuela al oído y el chico se quedó lívido. Luego dio dos golpes fuertes en una de las puertas.

- Está aquí...

Ahora que tenía su atención, hizo pasar otro orbe que esta vez si vieron dos de los chicos y la chica de melena azabache.

- ¡Hay espíritus en la sala! ¡Phobos, si eres tú da un golpe!

¿Por qué no? Dio un fuerte golpe muy cerca de ellos.

- ¡Si nuestra amiga está a salvo, da otro golpe!

Nop. Esta vez no.

- No contesta... -musitó la chica de melena castaña.
- ¿Sigues ahí, Phobos? -preguntó el chico de pelo rizado. El espíritu arrastró una silla, y para su desgracia el chico de ojos verdes lo vio y salió corriendo espantado entre gritos de terror.
- ¿Pero qué demonios..? ¡Espera!

El grupo fue trastabillando detrás de él entre los escombros pero en uno de los pasillos, que se bifurcaba en tres, no supieron por dónde seguir.


- Ya no hace ruido... ¡Eh! -le llamaron pero no contestó. Vênräedna se sentía un poco culpable. Al fin y al cabo quería asustarles, pero era buena. Ay... Cerró los ojos para poder visualizarle y le vio con una mueca de terror y el rostro descompuesto en el tercer pasillo, abrazado a sus rodillas hecho un ovillo en el suelo y con los ojos abiertos de terror. ¡A ver si le había causado un trauma irreversible! Aparecérsele no le parecía la mejor idea así que hizo un ruido en el pasillo para que los demás lo siguieran.

- ¡Por allí!

El escéptico los guió a todos y encontraron a su amigo.

- Eh, tío... ¿Estás bien?

El chico tenía la mirada perdida y era incapaz de moverse.

- No me parece bien separarnos... pero no podemos continuar con él así. Yo me quedaré cuidándole se ofreció la chica de melena castaña, intentando ser valiente. 
- Y yo -terció el chico de pelo rizado para su alivio.
- Bueno... pues continuaremos nosotros... Si necesitáis algo o la encontramos nos llamamos -dijo el insoportable, sin fijarse que la cobertura oscilaba peligrosamente a causa de la energía de Phobos.
- Lástima que no tuviera su móvil encima cuando desapareció... -suspiró la chica valiente.
- Si, lo que sea... Vamos.

El grupo se separó y los chicos continuaron hacia el piso de arriba. Tras inspeccionar de nuevo la entrada, decidieron seguir la ruta por el ala este, que tenía a su vez una bajada a los sótanos.

- ¿Por qué hemos descartado el sótano?
- Intuición... -dijo la chica enfocándose con la linterna y haciendo que sus ojos parecieran casi blanquecinos. Phobos es un espíritu de la naturaleza y antes me pareció ver un patio... Yo buscaría por allí.

Buena chica.

Avanzaron por el ala este encontrando al poco el patio que decía su amiga y vieron que parte de la cristalera se había roto y no podría atravesarla sin hacerse daño.

- Mirad, aquí hay una cerradura... -dijo el escéptico señalando una robusta puerta de madera que se abría hacia el patio.
- ¡Tiene símbolos! Un ojo, una estrella y... No sé que es -dijo la chica, acariciándolo.

El rostro de Vênräedna se oscureció.



Dedicado a Veneranda, ¡feliz cumpleaños cuca!

19 julio 2019

Evil Deeds

Los chicos no sabían qué hacer. Aquel espíritu buscaba venganza y ellos solo querían recuperar a su amiga y volver a casa.

- ¡Es todo por tu culpa! -chilló la chica de melena castaña viniéndose abajo. Las lágrimas comenzaron a cubrir su rostro.
- ¿Yo? 
- ¡Claro, tú! ¡Con tus estupideces... con tu inmadurez!
- Oooh... Vaaale, ¡Aprovechemos para echar mierda! -dijo el aludido de nuevo con prepotencia.
- Tío... Yo aún creo que esto es un truco, pero por si acaso...
- ¿Tú también? ¿Todos en mi contra?

Drama adolescente a la vista otra vez. Vênräedna se lo estaba pasando pipa y le costaba horrores no estallar en carcajadas. Creó un poco más de bruma y esperó impaciente a ver qué pasaba.

- Mira, una tía pálida que se deja impresionar porque voy a darle con un palo a una simple rata... Que transmiten enfermedades, ¿Vale? Qué voy a hacer, ¿Dejar que me muerda de noche?
- ¡Podías haberla asustado sin más! -sollozó la chica de melena.
- Os podíais ocupar de algo vosotras, siempre tenemos que sacaros las castañas del fuego...
- ¿Qué demonios insinúas? -preguntó la chica valiente empezando a perder la paciencia mientras su amiga sollozaba con más fuerza.
- Phobos...

Vênräedna no pudo evitar malmeter un poco susurrando su nombre de forma espeluznante. ¡Qué gran día!

- Ni Phobos ni ostias. Mirad, yo voy a buscar por el páramo a ver si la encuentro... ¿Venís o qué? 
- Vaya, veo que no eres tan gallito como para ir solo... -puntualizó la chica valiente.

El chico la miró y se fue sin más.

- ¡Eh, espera! -gritó el escéptico.
- ¿Qué? ¿No es tan valiente? ¡Que se enfrente a Phobos el solito! -dijo la chica consolando a su amiga.
- No seas así... -respondió uno de los chicos, de ojos verdes. La primera norma de supervivencia contra espíritus malignos es no separarse del grupo... ¡Vamos!

Phobos sonrió cuando los vio partir juntos en busca de la aventura... Ella misma se encargaría de que fueran por el buen camino.


No les costó mucho encontrar el viejo sanatorio. A pesar de ser mediodía, la luz era siniestra, opaca, como si al mundo le costase respirar...

- ¡Qué sitio más horrible! -exclamó la chica de melena, ya más calmada.
- Parece el típico manicomio, u orfanato...
- Ahora que lo decís, hubo un manicomio en esta zona hace muchos años... -recordó uno de los chicos.
- ¿Cómo no? ¿Y a que ocurrían cosas horribles en él? -preguntó el inconsciente paseando entre los muros como si fuera el rey del lugar.
- Pues... si. Torturas... 
- Bah, lo de siempre... ¡AH!

Los chicos se quedaron helados cuando un enorme y afilado trozo de cristal cayó a los pies del joven.

- No la cabrees... Se más respetuoso... -dijo el escéptico.
- ¿Y tú me lo pides? -bufó sin admitir que se había asustado.
- Por si acaso...

Mientras les conducía al lugar y no, Vênräedna había llevado a la chica rubia a un sitio privilegiado dentro del sanatorio desde el que podía escuchar todo lo que ocurría con sus amigos. Juró no hacerles daño pero si hacerles pasar un miedo atroz, y la chica casi rió en contra de su voluntad. Le pidió que no fuese muy dura con sus amigas y el espíritu prometió ser justo. 

Comenzaba la diversión.


Los chicos caminaban con cautela por el manicomio. Llegaron a una sala terrible con camillas medio rotas y focos desparramados por el suelo, trozos de dibujos que parecían de niños y representaban escenas espeluznantes y varios objetos que les pusieron los pelos de punta.

- Espero que se encuentre bien... -musitó la chica valiente pensando en su amiga.
- No debemos impregnarnos de la historia de este sitio... Ahora ya no sirve a su propósito original... 
- "No debemos impregnarnos de la historia..." -hizo burla de su compañero en voz baja el inconsciente. El chico lo oyó y se contuvo para no darle un puñetazo.
- Se cree muy hombre... Ojalá venga el espíritu ese y...
- ¡No digas esas cosas tan horribles! -rogó la chica atemorizada sin dejarle acabar la frase.

Vênräedna aprovechó el momento y se dejó ver como a flashes en el reflejo de uno de los espejos rotos, cada vez más cerca del grupo. Sus aullidos de terror eran música para sus oídos.

- ¡Devuélvenos a nuestra amiga, monstruo del engendro!
- ¿Qué? -dijo uno de los chicos a la vez que lo pensó Vênräedna.
- ¡Lo que sea! ¡Dánosla o...!
- ¿O qué?

El silencio se hizo en el lugar. La voz de Phobos había sonado claramente muy cerca.

- O... -dudó el chico.

Todo ocurrió muy rápido. Vênräedna se apareció al fondo del pasillo sentada en una silla que usaba como atrezzo sin dejar ver su rostro para dar más efecto. Cuando la hubieron admirado por unos segundos, desapareció no sin antes ver algo que la dejó helada.

Desapareció.

- La... ¿has... asustado? -susurró incrédula la chica de melena azabache rompiendo el silencio.
- Esto... ha sido raro... -dijo con un hilo de voz el chico inconsciente.


No se lo podía creer. Él. Era Él. ¿Él, de verdad? ¿Un descendiente? ¿Cuánto tiempo había pasado?

Vênräedna volvió con la chica rubia y una expresión que hizo que la joven se preocupara.

- ¿Qué... ha ocurrido? -se atrevió a preguntar. Phobos parecía en trance. El gatito saltaba juguetón a su lado y requería mimos pero el espirítu no reaccionaba, estaba ausente. La chica pensó en huir, pero algo le decía que debía quedarse.

- Háblame... Más de tu amigo... -pidió Vênraëdna con un hilo de voz.



Dedicado a Veneranda, ¡feliz cumpleaños luchadora!

19 julio 2018

My Diamond

- ¡Dios mío, la ha secuestrado, la ha secuestrado!

Los jóvenes estaban aterrorizados. Aquel horroroso espíritu se había llevado a su amiga para quizá no volver jamás. ¿Qué le iban a contar a todos cuando hicieran preguntas?

- ¡Os dijo que no provocarais su ira y mirad lo que habéis logrado! -dijo la chica de melena castaña con lágrimas en los ojos.
- Pues precisamente se la ha llevado a ella, la que tanto la respetaba y adoraba... -puntualizó uno de los chicos.
- ¡Oh, cállate! ¡Tenemos que ir a buscarla!
- ¡Si, claro! ¿Al mundo espiritual?
- ¡Ella aún está viva! -respondió su amiga con un deje de histeria en la voz.
- Vamos a calmarnos... invocaremos al espíritu, le pediremos disculpas y nos devolverá a nuestra amiga. 
- ¡No, no, no! ¡Ya la habéis liado! ¡Ya no hay remedio! -exclamó la chica valiente.

Durante un momento, se hizo el silencio. 


Vênräedna había llevado a la joven rubia a su guarida, un olvidado manicomio en el páramo que en tiempo antiguos había servido para torturar a personas inocentes con problemas mentales. Sí, era un lugar clásico de esos, pero es que los demás espíritus vengativos se reirían de ella si escogía un lugar más tranquilo y apacible, y de ese modo sus apariciones eran más épicas. Qué le iba a hacer... 

- Estás a salvo.

La chica la miraba curiosa. No entendía las intenciones de aquel alma en pena, pero le parecía buena persona... Aunque viviera en un lugar tan espeluznante como ese viejo sanatorio. 

- ¿Quién eres?

Vênräedna la miró, divertida. 

- Phobos -contestó simplemente.
- De verdad...

La joven se puso seria. ¿Quién era de verdad? Una cuestión de lo más filosófica...

- Soy el espíritu del pantano. Este es mi hogar desde hace mucho tiempo...
- ¿Moriste aquí?

La chica se calló inmediatamente. Esperaba no haber metido la pata y enfurecer al impredecible espíritu.

- ¿Quién dice que estoy muerta? Las barreras del espacio tiempo son muy especiales, yo solo pertenezco a una dimensión diferente... No tiene nada que ver con la vida y la muerte. Ni siquiera vosotros estáis vivos...

Guardó silencio. No debía revelar ciertos secretos.

- ¿Qué..?
- Olvídalo. Tus amigos deben pagar por lo que le han hecho a mi pantano.
- Son buenos chicos... Sí, algo inconscientes y... un poco tontos, pero buena gente. Solo que se animan unos a otros y no miden... -los defendió la rubia. 
- No creo... Tú eres diferente, pero ellos no tienen respeto y se ríen de mi lugar de reposo. La naturaleza estaba en armonía hasta que llegasteis aquí... -susurró ella, cuya voz hacía un ligero eco y se oía más lejana.
- Son algo inmaduros... pero si hablo con ellos pueden cambiar...
- No.

La brisa susurró entre las paredes semi derruidas del manicomio. La rubia se fijó en lo extraño que resultaba hablar con una aparición en pleno día... Phobos pareció adivinar sus pensamientos.

- Mi mundo no es como lo imagináis en vuestras historias de terror... No da más miedo que la propia existencia y las entidades que la pueblan una vez caminaron por este mundo con esa misma personalidad... 
- Algunos son peligrosos... -musitó la chica mirando a su alrededor y sintiendo un escalofrío.
- Los seres humanos son peligrosos -terció Vênräedna. 


La bruma del pantano parecía más densa por momentos y los jóvenes se miraban unos a otros sin saber que hacer.

- A ver... A lo mejor podríamos ir al pueblo y preguntar qué hacer en estos casos... Esa gente vive aquí desde siempre y seguro que alguien ha molestado al espíritu en algún momento...
- ¿Eres idiota? No creo que vivieran aquí si estuvieran importunando a Phobos cada dos por tres... -dijo la chica valiente sacudiendo su larga melena azabache. Sus ojos azules brillaban con determinación.
- No digo "cada dos por tres", pero sí alguna vez... Alguien que hubiera metido la pata... Como nosotros... -dijo esto último para sí.
- Podemos acercarnos al manicomio, quizá la tenga allí secuestrada... -propuso uno de los chicos.
- Claaaro, así con suerte nos asesina a todos y podemos acompañarla al más allá y ser tooodos felices... -se burló el chico inconsciente.
- No pareces muy afectado por lo que ocurre... -observó otro de los chicos.

El inconsciente miró a otro lado y se alejó un poco. Claro que se sentía culpable, pero no pensaba admitirlo. Phobos le parecía un espíritu amargado con ganas de llamar la atención y fastidiarles la excursión, nada más. ¿Pero cómo iba a decir aquello en voz alta?


Vênräedna cambió su semblante en un instante asustando a la chica. De repente parecía mucho más oscura y amenazante. 

- ¿Ocurre... algo..? -preguntó en un hilo de voz la rubia, sin atreverse a moverse.
- Tu amigo el golpea ratitas es... Insoportable... -dijo ella con voz tenebrosa.
- A mi... 

Vênräedna la miró fijamente. 

- ¿Te gusta?

La chica se sonrojó hasta la raíz del cabello.

- ¡Oh, no! ¡Drama adolescente a la vista! -suspiró pareciendo mucho más humana.
- ¡No hay drama! Solo... es escéptico, y... pero es buen chico... en el fondo...
- En fin, tu misma descubrirás que esos "playboys" acaban perdiendo interés... Pero un buen susto se lo va a llevar. ¡Espérame aquí! No tengas miedo -dijo al ver su rostro de pavor- este sitio da repelús pero es de lo más tranquilo. Mira... -la joven hizo un extraño sonido y al punto un precioso gatito siamés apareció de entre los árboles saltando alegremente- Te dejo a mi gatito, es una dulzura, aunque bastante travieso... Nadie más vive aquí, solo piensa que es un lugar antiguo con una historia triste, pero no pasa nada... 

La joven desapareció sin más y la chica rubia se sintió consolada con la presencia del gatito, que era de lo más juguetón... Un espíritu que tenía una cría de gato de mascota no podía ser malo, ¿no?


Los chicos aún estaban discutiendo que hacer cuando el ambiente cambió. La bruma se volvió claramente más densa hasta llegar a ocultar el sol en su frio abrazo y la atmósfera se volvió pesada.

- ¡Es Phobos, vuelve a por uno de nosotros!
- Si no es con manchas de sangre en su ropa o algo así... -murmuró el escéptico con chulería.
- ¿Pero tu estás tonto o qué? ¿No te importa nuestra amiga?
- Bueno... 

Una luz repentina les hizo ver un flash de la imagen de Vênräedna, con cara de malas pulgas de nuevo.

- Pero qué fea es... -comentó el chico.
- A ver, ¿Qué demonios te pasa? ¿Estás gi..?

Vênräedna pronunció el nombre de la rubia y sus amigos callaron.

- ¿Habéis oído eso? Está aquí... -susurró uno de los chicos muerto de miedo.
- ¡Ha dicho su nombre!

El espíritu volvió a pronunciar su nombre y luego el del chico escéptico.

- ¡Va a por ti, tío!
- No... Vamos, no va a hacer todo esto por una simple rata... -contestó el otro empezando a preocuparse.
- ¡Tío, tío, que están aburridos por el más allá, sin nada que hacer!
- ¿Tú que sabes? -defendió la chica de melena oscura.
- ¡Dejaos de estupideces! -rogó otro de los chicos.

Un aire helado atravesó el pecho del joven escéptico haciendo que se sintiera mal.

- Me está molestando... Ya nos podría devolver a nuestra amiga y dejarnos en paz, no la queremos entre nosotros.

Vênräedna se sintió ofendida. Dejó que uno de sus tatuajes se viera justo delante de los ojos del chico y luego le puso una mueca horrorosa.

- ¡Aaaaah!

¡Por fin lo asustaba! ¡Sí!

- ¡Me quiere torturar! ¡Vete, demonio del mal!

Vênräedna sonrió. No era ningún demonio del mal, así que no pensaba irse hasta haberse vengado...



Dedicado a Veneranda, ¡feliz cumpleaños guapa!

19 julio 2017

Encore

Aquello había empezado bien pero los jóvenes, en particular uno de los chicos y una de las chicas, eran bastante inconscientes. Llevaban ya dos días en el páramo y no le parecían nada especiales. Desconocían el poder de Vênraëdna y su genio y carácter cuando alguien trataba de dañar a los suyos o a su territorio, y ellos estaban cruzando esa peligrosa línea.

La mañana era cálida pero la casi perenne bruma reinaba por doquier, otorgándole un aire fresco al pantano que casaba perfectamente con el ánimo del espíritu aquel día. Los muchachos estaban haciendo el tonto para variar con sus barbacoas, metiéndose sustos unos a otros y ya parecían haber olvidado su aparición de la noche anterior y del primer día. Solo fragmentos de ella, con sus tatuajes rituales y su larga melena. Con sus ojos oscurecidos por las ojeras. Pero nada les impresionaba.

- ¡Mirad, una rata! -gritó uno de los chicos.
- ¡¡Qué asco!! -chilló la chica de melena castaña -¡mátala!
- ¡NO!

La chica rubia hizo que sus amigos dejasen al pobre animal en paz un segundo.

- Phobos va a enfurecerse... no permite que nadie...
- Phobos, Phobos... ¡Phobos no existe!
- ¡Has dicho su nombre tres veces!

Vênraëdna rió para sí. No se aparecía simplemente porque la mencionasen tres veces, no era clásica. No le gustaba serlo, prefería ir a su bola. Odiaba todo lo precedible en cuanto al terreno espiritual, manías suyas...

- ¿Lo ves? Y no pasa nada... -comentó uno de los chicos- Vamos a matarla, no quiero que me muerda de noche...
- En serio, será mejor que no la toquéis... Por favor... -suplicó la joven.
- ¿Pero lo dices en serio? ¿De verdad tienes miedo?
- Todos la hemos visto...

Los chicos guardaron silencio.

- Yo no me creo esos cuentos de hadas... Será simplemente un reflejo, como las psicofonías, nada real... Nos lo imaginamos, punto.
- Tulpas, egregores...
- ¿Qué? A mi no me hables en idiomas arcaicos -se burló el chico escéptico haciendo reír a los otros.
- ¡No lo hago! ¡Dejad a esa rata!

La chica rubia le caía bien, era la única que parecía respetarla un poco.

El joven se alejó un poco buscando algo y Vênraëdna le siguió de cerca. Cogió un palo y se acercó sigilosamente a la rata, que no molestaba a nadie y roía algo del suelo. Vênraëdna sopló en su oído su frio aliento y el joven se sacudió la oreja.

- ¡No la mates! -imploró la chica rubia tratando de quitarle el palo.
- ¡Venga ya!

El chico la apartó de un empujón y sin que al espíritu le diera tiempo a reaccionar golpeó a la ratita, que quedó medio atontada. Cuando levantó el palo por segunda vez un tremendo chillido le hizo detenerse.

- ¿¿¿Qué demonios es eso???

Un fuego fatuo, cerca del pantano, oscilaba siniestramente encima del agua.

- Solo es un efecto visual...
- ¿¡Y eso!? -exclamó aterrorizada la rubia.

Vênraëdna se dejó ver entre la niebla y puso cara de muerta. O de malas pulgas, quería meterles miedo pero bien. Realmente estaba furiosa, no le gustaban los matones ni aquellos que molestaban a su entorno.

- ¡Es horrorosa! -gritó asustado uno de los chicos.
- So borde -dijo Vênraëdna.
- ¿Qué... qué ha dicho? Mueve... la boca... -dijo temblando la chica de melena castaña.

¡Ah, si! Que a veces no la oían, estos mortales sordos. Ni oyen ni ven, no tienen una pizca de sensibilidad.
Más fuegos fatuos comenzaron a aparecer en el pantano danzando fúnebremente. No hacía falta que fuera de noche, el miedo se respiraba en el ambiente. Los fuegos fueron acercándose a su reina y amiga y dieron vueltas a su alrededor de forma macabra.

- Estamos condenados...

El espíritu seguía allí, sin moverse, poniendo cara de mala leche. Sabía que su rata estaba bien pero aquellos jóvenes necesitaban una lección. Pensó en moverse, pero le parecía que acojonaba más quedándose quieta, impredecible. En realidad hasta cierto punto tenía que controlar las ganas de reírse. Estaba haciéndoselo pasar fatal... "pobres".

- ¿Qué hacemos? -musitó uno de los chicos. Nadie se atrevía a moverse.
- ¡Oh, poderosa Phobos! ¡Sentimos haberte ofendido!

Todos se quedaron mirando a la chica valiente con cara aterrada. Vênraëdna se deslizó hacia la chica rubia y en aquel momento los chicos se dieron cuenta de que no podían huir porque alguien más fuerte regía su voluntad.

- Te protejo... -susurró con claridad el espíritu al oído de la joven. Por alguna razón, en lugar de atemorizarla más su voz la tranquilizó. Estaba segura de que no le haría ningún daño. Ven conmigo y démosles un escarmiento -continuó Vênraëdna.
- ¿Qué te dice? ¡Está en trance! -gritó otro de los chicos viendo a su amiga con los ojos en blanco.

Vênraëdna cubrió a la joven con su túnica y juntas desaparecieron en la niebla.


Dedicado a Veneranda, ¡feliz cumpleaños churri!

19 julio 2016

Phobos


El silencio del páramo hacía que cualquier sonido tuviera tintes místicos. Era un lugar misterioso que pocos se atrevían a frecuentar, pues aterradoras leyendas acerca de sus orígenes y las nieblas que solían cubrirlo lo convertían en un lugar temido por muchos y venerado por los habitantes del pueblo más cercano, los únicos que se atrevían a vivir en aquel lugar maldito. El páramo estaba protegido por una diosa, que custodiaba con su magia los distintos puntos cardinales, Vênräedna. Los que la habían visto la describían como una joven de larguísima melena castaña y ondulada, ojos vítreos, tatuajes rituales y siempre ataviada con una túnica oscura que se fundía con las brumas del lugar. La fauna del páramo la adoraba, pues los lobos, osos, anfibios y cuantas criaturas habitaban la zona podían sentir la fuerza de su espíritu allá donde fuera. Sin embargo, era conocida como Phobos, la personificación del temor y el horror en la antigua Grecia. Hija de Ares y Afrodita, en realidad disfrutaba de su reputación de ser maligno, pero muy pocos conocían su auténtico nombre y su personalidad, solo los elegidos...

La joven se movía como los jirones de niebla, siempre guardando su territorio, protegiéndolo de los visitantes no afortunados que osaban ofender a la naturaleza sagrada de aquel antiguo y olvidado pantano. Los fuegos fatuos era sus inseparables confidentes, y junto a ellos aterrorizaba a aquellos que no eran dignos de moverse por sus tierras. En los últimos tiempos, muchos campistas, atraídos por las leyendas del pueblo, acudían a conocer la zona y ver con sus propios ojos si lo que habían escuchado era cierto. Pero los humanos no sabían ver, ni sabían escuchar. Solo miraban y oían, sin entender nada.

Vênräedna llevaba tiempo en silencio. Ningún campista había ofendido su territorio y comenzaba a aburrirse. Parecía que el páramo se hubiera llenado de ecologistas, siempre respetando la naturaleza... ¿Cómo se iba a divertir? Por suerte, un día un grupo de aventureros acampó en el lugar para cambiarlo todo...


La noche sin luna era todo oscuridad. En la penumbra solo brillaba el fuego de la hoguera que los jóvenes habían encendido para calentarse y ahuyentar a los malos espíritus y los animales salvajes que habitaban por doquier. Cinco chicos y tres chicas.

- ¡Parece una peli de terror! -dijo una chica de melena castaña y ojos grandes.
- Podíamos invocar a la diosa del pantano... por hacerlo más interesante -propuso uno de los chicos.

Vênräedna sintió algo en su interior.

- ¿La diosa del pantano? No me parece buena idea... -comentó una chica rubia.
- ¡Claro que sí! Animaos, será divertido... yo no me creo las historias del pueblo.
- Pues yo sí... -comenzó otro de los chicos- y estamos en la zona norte, su preferida.
- ¡Uuuh! ¡la zona favorita de Phobos! -se burló la chica más valiente.
- No os riáis. Hemos venido a divertirnos, no a pasar una noche de terror...
- ¡Habla por ti! Yo creo que deberíamos invocarla. A lo mejor hasta es simpática...

La joven sonrió. No iba desencaminado, ¡pero tenía que guardar su reputación!

- Es terrorífica. Está llena de símbolos del mal, tiene melena larga...
- Y ojos oscuros y hundidos en sus cuencas, y ojeras... ¡vamos, hombre! Solo son leyendas para que el pueblo tenga más visitas...
- ¿Y por qué nadie viene a acampar desde hace tiempo? -preguntó la chica de melena castaña.
- Porque ha hecho demasiado frío y es mejor acampar al calorcito de la lumbre... ¡vamos a empezar! Daos las manos.

Un escalofrío recorrió la espalda de varios miembros del grupo. Vênräedna se acercó sigilosamente -aunque sabía que no podían verla- y aguardó.

- ¡Oh, Phobos! ¡Hónranos con tu presencia!

"¡Qué cutre!" pensó la joven. No pensaba aparecerse si no se lo curraban un poco más.

Nada ocurrió.

- ¿Véis? No pasa nada.
- Para invocarla habrá que hacer algún sacrificio... ¡tira estas bayas al fuego!
- ¿Cómo? ¿crees que va a aparecer porque tiremos unas frambuesas al fuego? -preguntó el chico más escéptico de todos.
- Algo habrá que ofrecerle...
- Está bien...

El chico se levantó, ejecutó unos extraños movimientos con las manos que hicieron reír a Vênräedna y arrojó las frambuesas al fuego.

- ¡Poderosa Phobos, diosa cuyo nombre es temido y respetado, hónranos con tu presencia en esta oscura noche y haznos eco de tu compañía! ¡Nosotros te lo suplicamos!

Suficiente.

Vênräedna hizo que el fuego brillara con más fuerza y se dejó ver parcialmente por una fracción de segundo con una sonrisa amable en el rostro. Varios chillidos siguieron a su aparición.

- ¿¿Habéis visto eso?? -gritó la chica de melena.
- ¡Era espeluznante!

"Sin ofender", pensó la joven. Encima que les sonreía...

- Probemos de nuevo.


Dedicado a Veneranda, ¡feliz cumpleaños guapísima!