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23 septiembre 2017

The Princess of Yngre

Epílogo

Los deseos de Andre se cumplieron y el día siguiente amaneció nublado y gris. La noche había sido muy tranquila, y tras un suculento desayuno de bayas traído por los Feros para envidia del Reotipo, que quería servir a su princesa, se pusieron en camino. 

- Desciende con precaución, no vayáis a dañaros... -dijo el Fero que la había salvado dándole la mano a la joven y provocando una mirada furibunda por parte del Reotipo, que no entendía esas confianzas. Suerte que se había corregido rápidamente... 
- Cuanto antes lleguemos antes podré regresar a mi hogar -respondió ella con una voz que nuevamente hizo eco. 
- El eco... 
- ... ¡de la montaña! -respondió la princesa alzando la voz y provocando un eco real. Los Feros se miraron entre sí y guardaron silencio. 


Tras un tiempo que se les hizo eterno, el grupo logró alcanzar el arroyo y durante unos minutos se refrescaron en él. Andre parecía muy feliz y los Feros se alegraron de que por un instante olvidara su maldición.

- ¡Vamos, la cueva espera! ¡El tesoro de los Reotipos para mi compañero de aventuras! -exclamó la princesa haciendo que el pecho de Ttudo se hinchara de orgullo cuando le designó "compañero". La joven se dio cuenta de sus palabras e ignoró la sonrisa del Reotipo mientras penetraba en la cueva sola.
- ¡Esperad, princesa! -urgió uno de los Feros mientras la seguía.

La cueva estaba, literalmente, en el interior del arroyo. Detrás de una cascada que surgía de la propia montaña en el corazón de Nürien. Andre no podía contener su emoción, el tesoro de los Reotipos por fin volvería a ser suyo tras la guerra de las brujas. 

- ¿Dónde se encuentra según el manuscrito?
- Aquí, en este rincón oscuro tras las rocas... -dijo la princesa mientras desenterraba rocas llenas de musgo. 
- ¡Princesa... vuestras manos! -exclamó uno de los Feros viendo que la joven se hacía sangre en ellas sin que pareciera siquiera sentirlo.
- ¡Tenemos que conseguirlo! -dijo ella, frenética.
-  ¿..Princesa?

La cueva comenzó a mostrar su misterioso poder y a revelar la auténtica forma de bruja de Andre, cuya piel se caía descubriendo otra verdosa y arrugada, al mismo tiempo que su pelo se volvía oscuro y liso y sus ojos muertos.

- ¡Por eso los unicornios huían de ella! ¡Es una bruja! -gritó uno de los Feros.
- ¿Qué ocurre..?

El Reotipo también estaba cambiando de forma y antes de que nadie pudiera reaccionar se tapó con su capucha pasada de moda y se acercó a Andre.

- ¡Princesa, os han maldecido! ¡Tenéis que luchar contra la bruja!
- ¡No me deis órdenes! -chilló ella- ¡El tesoro será de mi estirpe!

Sin que los Feros supieran qué hacer, Ttudo se abalanzó contra la bruja y la tiró al suelo mientras ella le lanzaba un conjuro que le dejó sin respiración por un instante. El Reotipo trató de sujetarle las muñecas pero la mujer era más fuerte que él. Los Feros se lanzaron hacia ella y el que la había salvado la miró fijamente a los ojos mientras entre todos trataban de contenerla. La bruja chilló y el Reotipo vio algo brillando entre las rocas.

- ¡El tesoro! -exclamó cogiendo el pequeño cofre con una mano. La bruja lo miró y trató de liberarse de los Feros, que habían formado un círculo y trataban de exorcizar su magia oscura. Ttudo abrió el cofre y los ojos pálidos de la bruja quedaron ciegos mientras se quedaba inmóvil. Su cuerpo comenzó a elevarse en la cueva y los Feros la soltaron, confundidos. El Reotipo retiró más piedras mientras otros cofrecillos aparecían por doquier. Ordenó a los Feros que los abrieran y los dispusieran alrededor del cuerpo de la bruja, cuyos ojos azules miraban a la nada y cuya boca no paraba de proferir gritos de angustia. Una vez finalizaron el ritual, los cofres emitieron una luz cegadora y el espíritu de la bruja desapareció en el limbo, encerrado por toda la eternidad. Los cofres se cerraron de golpe al unísono. Andre cayó liberada en brazos del Reotipo. 
- ¡La habéis salvado!

Ttudo sonrió sin que le vieran debajo de la capucha y contempló a Andre. La princesa abrió lentamente los ojos y el alivio podía notarse en su aura purificada. No había maldición de la bruja ni hechizo del círculo de hadas. El símbolo del dorso de su mano había desaparecido por completo a excepción de un lunar que permanecería por siempre como fruto de la liberación maligna.

- ¡Princesa! ¡Sois vos! -dijo alegremente el Fero que la había salvado en el bosque.

Andre abrió los ojos y se vio en brazos de Ttudo. Como siempre, trató de apartarse de él con cierto asco y por una vez el Reotipo, ofendido, la dejó en el suelo con poca delicadeza.

- ¿Qué formas son estas de tratar a una princesa? -exclamó uno de los Feros, sorprendido. Andre no dijo nada pero también le pareció de muy mala educación. El Reotipo se retiró la capucha y mostró su verdadero rostro. Todos los presentes ahogaron un grito.

- La cueva revela las verdaderas formas de los que penetran en su interior... 

- Nobles y gallardos, con un porte envidiable... -susurró Andre recordando las palabras del manuscrito y mirando con cierto deseo al Reotipo, que se había convertido en un joven alto y bien parecido. Sus ojos claros, su melena castaña y sus brazos musculosos no dejaban nada a la vista que no fuera perfecto. Era casi aún más bello que los propios Feros, la hermosa raza élfica.
- Lleváis despreciándome por mi presencia todo el viaje, no creáis que no me he fijado... -contestó el Reotipo con una voz que de repente le pareció sumamente seductora, a pesar de su evidente tono de enfado.
- ¿Qué decís? 
- ¡No disimuléis! Me teníais asco porque sois una niña mimada, la princesa de cuento de un reino de fantasía...  Pues debéis saber la verdad.
- No, no se la digáis... -suplicó uno de los Feros.
- ¡Claro que sí! 
- ¡No!
- En realidad, no sois una princesa.

El silencio se hizo en la cueva mientras Andre se quedaba boquiabierta.

- Así es. Vuestros padres os adoptaron porque no podían tener hijos. Sois la descendiente sin magia de la bruja de Yngre.

Andre ahogó un grito y los Feros bajaron la mirada.

- Todo el reino lo sabe y todo el reino os respeta porque sois buena y una líder excepcional. Pero no os creáis mejor que el resto porque vuestra sangre sea noble. No lo es. La mía sí.  

La joven no sabia qué decir y se sentía culpable por su actitud. Es cierto que le había juzgado mucho por su aspecto, pero... Ella era buena persona...

- Disculpadme si os he ofendido... - musitó, sumisa.
- No pasa nada. Todos conocíamos vuestro secreto, ya no debéis temer a ese destino fatal, nunca se cumplirá...

Andre se sonrojó. ¿Podía leerle los pensamientos? ¿Sabía lo que pensaba en aquel instante? ¿Cómo se arrepentía de no haberle besado cuando tuvo ocasión?

- Os alegrará saber al menos que estáis comprometida conmigo...
- ¿Cómo? ¿Qué?
- Vuestros padres me comprometieron a vos cuando solo erais un bebe... Yo no tendría más de cinco años. Querían que demostrarais que las princesas pueden casarse con nobles sin ser príncipes... Un nuevo linaje puro de forma distinta... 

Era demasiado, la princesa no sabía como reaccionar y estaba agotada por tantas emociones. Los Feros y su prometido la llevaron de vuelta durante largas jornadas al castillo donde sus parientes le explicaron toda la historia y cómo la habían rescatado de la bruja, que había renegado de ella por no tener magia y había intentado matarla en el río. 

- La bruja de Yngre juró venganza porque secuestramos a su linaje, según sus palabras, a pesar de que...
- Intentase acabar conmigo. Lo entiendo. Fue horrible sentirla en mi interior y luego saber que todos sabíais que era su descendiente...  Me avergüenzo de mis raíces...
- ¡No yeee pa tanto mozaaaa! ¡Nosotros te queremos ne!

Prefirió no preguntar por qué sus sirvientes más cercanos, Capi y la criada de Chester, junto a ese norteño tenían que estar ahí mientras contaba sus intimidades pero bueno... Tampoco sentía que pudiera opinar a pesar de seguir siendo la princesa de Milan Manor... 

- Gracias, sois muy amables -dijo tomando la mano de su futuro esposo, que sonreía ampliamente. La había perdonado por haber sido tan inmadura y se lo agradecía en el alma. Era un buen hombre.


Un año más tarde, Gvis del norte, Feros del sur, Reotipos del este y Ladoscurienses del oeste se juntaron para celebrar la magnífica boda entre la princesa y el delegado del Clan Siniestro. Andre rió ante el hecho de que frente al mundo seguía teniendo que llamarle Ttudo, porque no podía revelar su nombre real salvo a sus allegados de más confianza. El enlace fue precioso en un día soleado donde las rosas y los pétalos de otras flores revoloteaban en el ambiente, las hadas lanzaban su purpurina creando brillos y alegrando a los invitados y la princesa brillaba más que nunca junto a su querido esposo.

Y fueron felices y comieron perdices.


Fin. 


Dedicado a Andrea, feliz cumpleaños.

23 septiembre 2016

Hide from the sun

A la luz del día el bosque de Yngre, cuyos árboles se mecían con suavidad en la lejanía, no parecía tan terrible. Sin embargo, Andre conocía el tenebroso secreto que escondía en su interior, un secreto que no podría revelar jamás si no quería un destino fatal. Se contempló el dorso de la mano, donde el símbolo de la bruja relucía oscuro contra su pálida piel. Un suspiro hizo que el Fero que la había salvado fuera a su lado.

- ¿Estáis bien, princesa?
- Estoy maldita... -susurró Andre con voz trémula.
- No os preocupéis. El tiempo...
- ¿No podéis salvarme con vuestra magia? -suplicó con ojos brillantes por las lágrimas.

El Fero retrocedió por un instante y sacudió la cabeza. Claro que no... No, de ninguna manera.

- Nuestra magia no puede portar sanación a una marca tan oscura. Pero si podemos aliviar vuestro corazón -dijo haciendo un gesto a los demás Feros. Estos se acercaron y formaron un círculo alrededor de la princesa.
- ¿Qué ocurre aquí? -preguntó Ttudo, que se había alejado un momento para acudir a la llamada de la naturaleza.
- Shh.

El Reotipo contempló a los elfos, que cerraron los ojos y se dieron las manos. Andre cerró los ojos a su vez y una luz comenzó a manar de las mágicas criaturas, formando una jaula de oro alrededor de la princesa. Los hilos dorados se oscurecían por momentos para después emanar su negatividad a la tierra, desde donde regresaba al lejano bosque, que parecía sonreír mientras la hojarasca cimbreaba con una brisa inexistente. Una vez finalizado el ritual, los elfos abrieron los ojos y se separaron.

- ¿Os encontráis mejor? -preguntó el Fero.
- Si -respondió Andre, cuyos ojos reflejaron un brillo azul lívido tan fugaz que pasó inadvertido a todo el mundo.
- Entonces creo que deberíamos continuar. El tesoro de los Reotipos espera desde hace generaciones a ser encontrado.
- Eso debería decirlo yo, ¿no? -preguntó Ttudo, que no podía soportar la presencia de aquellas criaturas y cuyo linaje era mucho más puro que el suyo y le daba más derechos sobre el tesoro de su pueblo.
- Tranquilo, amigo, solo un auténtico Reotipo podría encontrarlo. Sin vos no haríamos sino perder el tiempo -suavizó uno de los elfos.
- Pues eso... nuestra bella princesa nos guía con los manuscritos, vos... nos acompañáis y yo lo descubriré y lo entregaré al Clan Siniestro, su verdadero dueño. ¿Verdad, princesa?

Andre dejó de mirarse la mano y sonrió.

- Cuando deseéis.


El camino hacia el este era largo y tras dos días nublados por fin llegaron a las montañas Nürien, donde los pergaminos señalaban el origen del tesoro.

- Vuestro tesoro se halla perdido en estas montañas, en una cueva de misterioso poder donde un antiguo Reotipo lo ocultó hace siglos tras la guerra contra las brujas... -al decir las últimas palabras su voz hizo eco, lo que no pasó desapercibido para algunos de los Feros.
- Princesa...
- La cueva se encuentra en el interior de un arroyo, en el corazón de las montañas -prosiguió Andre con voz dulce- lo mejor será avanzar por esta senda, aunque es posible que debamos trepar...
- ¿"En el interior de un arroyo"? -repitió Ttudo.
- Así lo pone en el manuscrito.

Andre miró hacia el cielo, donde las nubes comenzaban a despejarse y mostrar algunos rayos de sol.

- Vamos, no perdamos tiempo -urgió- cuanto antes acabemos antes podré regresar a mi hogar y lidiar con mi embrujo.

El Fero que la había salvado la miró fijamente y Andre le sonrió con dulzura.


El paso por las montañas no era tan duro como habían imaginado. Las sendas estaban bien marcadas y a pesar de que no se encontraron con nadie en el camino, a excepción de algunos unicornios, no existía el silencio.

- Son tan hermosos... -suspiró Andre acercándose a uno de ellos. El animal se encabritó y alzó sus patas de forma amenazadora, por lo que la joven se retiró de inmediato. Supongo que será por mi maldición... -dijo sin más alejándose. Cuando todos se movieron la princesa se dio la vuelta y miró fijamente al unicornio, que le devolvió una mirada desafiante.

Tras atravesar varios pasos angostos entre las rocas, Andre se detuvo. El sol brillaba con fuerza en uno de los claros y los Feros, grandes amantes de la naturaleza, se sentaron en la hierba a descansar un rato.

- Venid, princesa, disfrutad de la luz solar tras tanta oscuridad -invitó uno de los elfos.
- No, gracias... Ya sabéis como son las costumbres de la corte, debo mantener mi piel pálida y perfecta... -se disculpó Andre sentándose al borde del angosto paso.
- ¡Qué elegancia desprende nuestra querida princesa! Mujeres así nos hacen suspirar en el este... -comentó el Reotipo con voz seductora. La joven tuvo un escalofrío y sonrió a duras penas.
- ¿Estáis segura? debéis estar helada en la sombra... -dijo el Fero que la había salvado.
- Al contrario, tanto caminar me ha dejado exhausta, prefiero refrescarme aquí...

El elfo la miró con fijeza y la princesa volvió a sonreírle impertérrita. Confiaba en que no sospechara nada o tendría que acabar con él...

Cuando el sol se ocultó tras unas nubes la princesa se descalzó y caminó por la hierba junto a los Feros, sonriendo y conversando alegremente sobre el tesoro de los Reotipos y el honor que para ella suponía compartir tal aventura con tan gallardos caballeros.

- De todos modos, deberíamos ponernos en marcha -dijo mientras miraba disimuladamente las nubes, que volvían a despejarse. Aún tenemos que escalar esta montaña antes de poder descansar esta jornada.
- ¿Escalar? ¿No podemos continuar por el valle? -preguntó el Fero, desconfiado.
- Es lo que ponen los manuscritos. El arroyo se encuentra tras esta montaña y nos llevaría al menos un día entero rodear por el valle. No deseo alargar la espera de mi amable compañero -dijo mirando al Reotipo, que hinchó el pecho de orgullo.

Como ninguno de ellos sabía descifrar los pergaminos no podían acusarla de mentir, por lo que se dispusieron a trepar. Al Fero le pareció muy extraño que casualmente aquella pared de piedra se encontrase a la sombra, pero guardó silencio. Las rocas estaban afiladas pero era fácil subir por ellas. En un momento dado, Andre se enganchó con una piedra y su túnica se rasgó, haciéndole un pequeño arañazo.

- ¡Oh, princesa! ¿estáis bien? -preguntó Ttudo, preocupado.
- Si, no es nada, solo un rasguño... Seguid, ya casi estamos llegando -dijo ella sin darle importancia.

Una vez llegaron a la cumbre, pudieron ver una profunda bajada y al final de ella un arroyo.

- ¡Ese es el arroyo! -exclamó Andre, emocionada- pero el descenso será difícil, lo mejor será buscar alguna cueva para pasar la noche.
- Si, además ya está atardeciendo... no será peligroso si lo hacemos a la luz del día -afirmó Ttudo.

El grupo descendió hasta un pequeño prado donde encontraron una caverna.

- Dejadnos echar un vistazo y ver si es segura -dijo uno de los Feros. Tras unos instantes regresaron y confirmaron que la cueva era lo suficientemente espaciosa para todos y que no había ninguna bestia salvaje en su interior, salvo algunos murciélagos que espantaron y unos huesecillos que sacaron fuera para hacerlo más cómodo a la princesa.
- En realidad los elfos preferimos dormir a la luz de las estrellas, pero quizá la noche sea demasiado fría para vos. Podéis dormir en el interior junto a vuestro amigo y nosotros montaremos guardia fuera. De todas formas, permitidnos buscar hojarasca y prepararos un lecho cómodo.
- Muchas gracias, sois muy amables.
- Voy con ellos, princesa -dijo el Reotipo para no quedar mal y maldiciendo que se le hubieran adelantado con tantos agasajos.
- Alguien debería quedarse con la princesa, por si ocurre algo...
- ¡Me quedo yo! -se ofreció al punto Ttudo.

Los Feros se alejaron y Andre vio cómo los últimos rayos de sol asomaban en el cielo a través de las nubes.

- Ttudo, por favor, comprueba que no quede ningún murciélago en la cueva y busca rocas para encender un fuego. Comienza a refrescar... -pidió la joven.
- A sus órdenes, mi princesa.

El Reotipo entró en la cueva y Andre miró los huesecillos de antes. Los recogió y los dispuso terroríficamente mientras sonreía demente en un lugar alejado de la vista de los elfos justo en el preciso instante en el que la luz solar rozaba su piel, que se arrugó y se volvió de un tono verdoso. La princesa caminó por el prado y vio un pequeño charco en el que se vio reflejada. Las partes de su cuerpo que el sol iluminaba eran las de una terrible bruja de ojos muertos azul pálido y pelo negro y liso. La princesa se movió alrededor del charco contemplando a su vez su reflejo y el de la bruja y sonrió de nuevo siniestramente mientras hacía que el agua se evaporase y miraba al cielo viendo como el sol se ocultaba casi del todo. Confiaba en que al día siguiente volviera a estar nublado.


Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaños, princesa!

23 septiembre 2015

Walking on air

El silencio era tan profundo que ni siquiera el susurro de las hojas de los árboles osaba quebrarlo. El rumor del río en la lejanía, las voces del bosque, las hadas y cuantas criaturas fantásticas lo habitaban... nada se atrevía a hacer ningún sonido en aquel momento. Era como si el tiempo se hubiera detenido en una suerte de pesadilla eterna, un instante inmortal al margen de la realidad. ¿Cuándo había oscurecido? ¿Cuándo se había extinguido toda esperanza? Los fuegos fatuos danzaban sobre la ciénaga de forma siniestra, meciéndose con una brisa de aire inexistente. Un presagio de muerte.

Andre avanzaba hacia ellos con una fuerza irresistible. Ttudo estaba desesperado, la princesa parecía tener una energía sobrehumana en aquel momento y no era capaz de disuadirla de ningún modo. Su mirada estaba perdida y hubiera jurado que la luz se había olvidado de brillar en sus ojos castaños. Su palidez, su cabellera rubia y rizada y su liviana túnica azul la convertían en un espectro esbelto y temible bajo aquella ominosa tenebrosidad. Parecía que toda bondad la hubiera abandonado, que su preciosa princesa se hubiera desfigurado para formar parte de aquella siniestra danza de ultratumba que los fuegos fatuos habían comenzado...

- ¡Princesa..!

La joven le daba la espalda y el agua pantanosa la cubría casi hasta la cintura. Ante su grito angustiado se giró lentamente y Ttudo no pudo evitar sentir un escalofrío. Sus ojos era ahora azules y pálidos, muertos, su rostro tan lívido que casi parecía transparente. El hechizo de aquellos fuegos era potente, la magia de la bruja impenetrable. Pero no pensaba rendirse y entregar a la joven tan facilmente.

- ¡Os dijimos que no cruzarais!

El Reotipo gritó asustado cuando una figura alta le adelantó y empezó a vadear la ciénaga hasta alcanzar a Andre. La joven profirió un alarido agudo y penetrante y trató de atacar al desconocido, pero este la tomó de las manos y la miró fijamente. Ttudo pudo ver la lucidez acudiendo a los ojos de su querida princesa, y cómo estos se oscurecían hasta tomar su color habitual. Andre parecía confusa y aturdida, y muy desorientada. Los fuegos fatuos habían desaparecido.

- ¿Estáis bien, mi señora?
- Si... ¿qué ha ocurrido?
- No os preocupéis, estáis a salvo.

El joven la tomó en sus brazos y Ttudo sintió una punzada de envidia cuando los vio acercarse. Era un Fero del sur, probablemente uno de los que les esperaban en el límite del bosque. 

- ¿Vos estáis bien? -preguntó el elfo dirigiéndose al Reotipo.
- Perfectamente, gracias. Podéis liberarla, la tierra es firme bajo sus pies. 
- Veo que habéis tenido varios contratiempos en el bosque... el hechizo que pesa sobre vos es poderoso, princesa, y la marca de la bruja adorna ahora vuestra piel. 
- ¡Oh..! 

Andre se miró el dorso de la mano, donde un extraño y oscuro símbolo había surgido de la nada.

- ¿Adorna..?

Todo ocurrió con mucha rapidez. Ttudo se desmayó, Andre chilló y la oscuridad se cernió en su totalidad sobre ellos.


Cuando abrió los ojos vio a varios Feros a la luz de unas antorchas que la contemplaban con semblante preocupado y el bosque de Yngre detrás, cuyos árboles susurraban su destino tenebroso. Ttudo estaba con ellos y la miraba con amor. Hubiera preferido permanecer en la oscuridad que recordar aquella mirada llena de devoción... Un momento, estaba siendo muy mala. El Reotipo había velado por su bienestar y la había protegido de los peligros, aunque con poco acierto. Le estaba muy agradecida.

- Ya no estamos en el bosque... -susurró.
- Yngre es un lugar maligno, nunca debisteis atravesarlo. Incluso nuestros poderes son traspasados por su embrujo maldito. Siento mucho mi comportamiento, princesa, la magia de la bruja también me alcanzó -se disculpó el Fero que la había rescatado de la ciénaga, bastante abatido.
- No os preocupéis... nadie está a salvo en sus confines. 
- Yo me di cuenta de que estaba hechizado cuando dijo lo de "adornando", pero la oscuridad fue más fuerte que mis capacidades... -se disculpó a su vez Ttudo.
- Lo entiendo, Te... Ttudo. Ahora alejémonos de aquí, no quiero permanecer cerca del bosque esta noche.



Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaños rubia!

23 septiembre 2014

Es war einmal

Andre abrió los ojos lentamente y lo que vio la dejó casi paralizada. Ttudo se acercaba teatralmente hacia ella con los ojos cerrados y los labios fruncidos, el hada morena parecía luchar con todas sus fuerzas para contener la risa y... ¡Ttudo pretendía besarla! La princesa no supo cómo reaccionar y su primer instinto fue incorporarse, pero lo hizo tan rápidamente que golpeó al Reotipo en la frente.

- ¡Au! -chilló este.
- ¡Tetudo! ¡lo siento muchísimo! ¿estáis bien?
- ¡Ay..! si, no os preocupeis, princesa, ¿vos estáis bien?
- Eso creo...

El hada reía de forma cantarina y Andre la miró de soslayo. Seguía sin gustarle nada.

- Debemos irnos de aquí, este bosque me da muy mala espina...
- Estáis hechizada, aunque huyáis del bosque el conjuro os acompañará... -canturreó Fairy.
- No deseo permanecer en este lugar por más tiempo. Nos vamos.

La princesa se levantó muy resuelta y se alejó seguida de un decepcionado Ttudo. Fairy los contempló y esparció un poco de su polvo de hada por la roca musgosa. El resto de hadas rieron alegres y desaparecieron junto a ella. 


El bosque de Yngre se encontraba en los confines entre la región oeste y sur, y era el mejor atajo para atravesar hacia el este, donde se encontraba el tesoro perdido de los Reotipos. Sin embargo, era un lugar muy peligroso y oscuro, poco frecuentado por las diferentes razas de su reino, pues todas lo temían por igual. Hacía mucho tiempo había estado habitado por una temible bruja a la que los antepasados de Andre habían exiliado del reino. Esta, antes de irse, había dejado su impronta maligna y tenebrosa en aquel paraje, y era imposible de eliminar. La princesa recordó vagamente haber propuesto cruzar por aquel sitio para encontrarse con unos Feros de confianza en el límite sur, y a pesar de la negativa de su compañero a recorrer el territorio, al final lo había convencido.

- Siento que esto haya ocurrido... lo de mi embrujo, no pretendía causar dificultades... -se disculpó Andre.
- No es culpa vuestra, bella princesa, vos no caísteis a propósito en aquel anillo de hongos... 

Con una sonrisa triste, Andre prosiguió caminando. Sabía que estaban cerca de su destino, pero aquel sombrío bosque no la dejaba orientarse con la facilidad esperada, y los Feros no osarían entrar en el dominio, por tanto no podían arriesgarse a permanecer quietos y aguardarlos. Tendrían que atravesarlo como fuera y era mejor darse prisa, antes de que el hechizo volviera a robarle su raciocinio.

- ¡Tetu... Ttudo! ¿Qué es esto? -preguntó con voz ronca al desviar la vista hacia el terreno fangoso.

De pronto, unas luces pálidas la hicieron detenerse en el acto. 

- Nos estamos acercando a una ciénaga... quizá... ¡OH, NO!

Era demasiado tarde. La princesa contemplaba los fuegos fatuos inmóvil y absorta. 



Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaños cuca!

23 septiembre 2013

Use your illusion

* Era el lugar más hermoso que había visto jamás. Verdes bosques, arroyos que murmuraban al compás de la melodía del viento, brillantes nubes de polvo de hada que daban luminosidad al aire... Ni en sus mejores sueños hubiera podido imaginar un lugar tan bello y acogedor. Las hadas la guiaban por aquel espléndido paraje bailando y riendo, y si alguna vez había sentido alguna preocupación, se le había olvidado. Se sentía feliz y ligera, mucho más contenta y alegre de lo que... Las hadas la rociaron con su magia y no pudo hacer más que sonreír y unirse a su danza. * 

- Estoy pensando... tiene que haber una forma de liberarla -dijo Ttudo.
- Ya os lo he dicho... otro debe entrar al círculo.
- Si, por eso, engañar a algún viajero...

Fairy le miró fijamente con expresión sorprendida.

- ¿Os atrevéis a insinuar que mentiríais a alguien por salvar a vuestra princesa?
- La misión es demasiado importante para olvidarla. 
- ¿De que misión se trata? mencionasteis un tesoro... -comentó Fairy con voz inocente.

Un susurro de voces agudas inundó el bosque y el Reotipo guardó silencio. Aquel hada empezaba a darle mala espina.

- No me habéis contestado... -dijo ella, ocultando un deje de curiosidad.
- Andre ha sido hechizada, tenemos que salvarla.
- Tu princesa se encuentra bien... -contestó Fairy de forma siniestra- ¡Baila con las hadas! -exclamó esta vez con voz alegre y jovial, para después volar al ritmo de una música que solo ella podía oir.

El Reotipo empezaba a temer por lo que aquellas criaturas podían hacerle a su bella princesa, de modo que la cogió en brazos y se alejó con ella. Fairy le siguió, al igual que un pequeño grupito de hadas de vistosos colores que revoloteaban felices y ajenas a todo lo que ocurría. 

* Bailar, reír, cantar... Se sentía maravillosamente bien, podría pasarse así toda la vida, con sus nuevas amigas las hadas en su mundo perfecto lleno de alegría. *

- El bosque de Yngre es muy poderoso, no puedes luchar contra el... -dijo Fairy al Reotipo.
- Yo quizás no, pero conozco a quien puede... -contestó Ttudo.
- ¿De verdad? -preguntó el hada con curiosidad.
- Un príncipe. Un beso de amor.
- Vos sois delegado del Clan Siniestro, ¿no cuenta eso como si fuerais un príncipe?

Ttudo se detuvo y miró al hada, ilusionado. ¡Claro que sí! Bueno... no del todo, pero le daría un beso encantado a aquella princesa, valga el juego de palabras. Un beso que la liberaría de su hechizo. El joven la posó sobre una gran roca llena de musgo y esparció sus rizos por la piedra, alisó su túnica y le cruzó los brazos como si de una princesa de cuento se tratase. Después se aproximó a ella y se inclinó suavemente...


~ Beso de amor que sus labios reclaman ~



Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaños chuli!

23 septiembre 2012

Fairytale

~ Brilla, brilla en el firmamento... brilla fuera de todo entendimiento... ~

- No "nezariamente" lo provocas... yo quiero muchas cosas...
- Esperad, creo que esta despertando... ¿princesa?

~ Oh, los bellos momentos de lucidez... ~

- ¿Que ocurre? -pregunto Andre, que se sentia como si acabara de despertar de un sueño.
- ¿Estais bien, mi señora? -pregunto a su vez Ttudo.
- Tetudo... ¿que ha pasado?
- Pobre, esta desorientada...

Andre se dio cuenta de que reposaba en los brazos de Ttudo y trato de alejarse de el.

- Tranquila, princesa, todo estara bien -le dijo el Reotipo con voz dulce.
- ¿Pero que sucede?
- Habeis sido hechizada -contesto una vocecilla detras de ella.

La princesa se levanto, aunque Ttudo se empeño en sostenerla por si se desvanecia, y vio a una muchachita morena y menuda de mirada traviesa que la observaba con curiosidad.

- Me llamo Fairy y soy un hada. Cuando os acercasteis a ese anillo de hadas entrasteis en el y caisteis en su embrujo -explico señalando unos hongos cercanos dispuestos en circulo.
- No recuerdo nada...
- La magia de las hadas es muy poderosa.
- ¿Como hemos llegado hasta aqui? -pregunto Andre, que se habia dado cuenta de que se encontraban en un bosque umbrio.
- Veniamos en busca del tesoro... ¿os acordais?
- Sinceramente no...

~ Confin de los bosques, reino de ilusos... ~

- ¿Y esa voz?
- ¿Que voz? -contesto el Reotipo mirando a Fairy.
- Oye la voz del bosque... no debeis escuchar.

~ Princesa, bella princesa, ojos de luz, labios de fresa... ~

- ¿Como puedo liberarme del conjuro?
- Oh, no podeis... pero no debeis temer, mientras no os encontreis fuegos fatuos...
- Ya os dije que el bosque de Yngre era peligroso, pero os empeñasteis en que era un atajo... -comento Ttudo.
- ¿Un atajo hacia donde?
- No recordais la mision... debemos retroceder, no podeis continuar en este estado.
- Puedo guiaros -se ofrecio Fairy.

Andre la miro fijamente y el hada le devolvio una mirada penetrante y vivaracha. Por alguna razon no se fiaba de ella, le parecia que ocultaba algo...

- No es posible que vaya a permanecer hechizada para siempre... -trato de razonar Andre.
- Claro que no, solo hasta que otro entre en el circulo.
- ¡Yo entrare! -propuso Ttudo.
- No, no, no... los espiritus del bosque son sabios y solo liberan de su conjuro a los viajeros incautos.
- ¿Entonces tu por que..?

~ Vida negra, azabache silencioso, quietud somera... sin camino, sin pena...~

* Las luces brillaban a su alrededor. Eran hadas de belleza singular, que revoloteaban cerca de ella invitandola a unirse a sus danzas y a cantar. *

- ¿Princesa..?

* Andre escucho que la llamaban en la lejania, pero no reconocia aquella voz. Tal vez pertenecia a ese personaje que la acompañaba sin ninguna razon.

- ¿Tetudo? *
- /'tudo/, mi señora...

* Las hadas le tendieron la mano y sintio una atraccion magnetica que le impedia separarse de ellas. Viajaria a su mundo si asi lo deseaban. *



Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaño guapa!

23 septiembre 2011

Cool animals

"La dama del lago aparece en las noches de luna menguante a orillas de Bün, la laguna antigua. Su cabello es de oro y sus ojos negros como la noche azabache. Nadie que escuche su canto puede escapar jamas de su embrujo, pues su voz hechiza a los viajeros y los condena por la eternidad".

"Tres niños caminaban por el bosque. El mayor de todos vio una ardilla e insto a sus amigos a que la siguieran. "No la sigas, puede ser un espiritu maligno", dijo el mediano. "No la sigas, quiza sea amiga de alguna bruja mala", dijo el pequeño. "La seguire, ¡seguro que es un animal guay!", dijo el mayor, y tras seguir a la ardilla cayo en un pozo. El animalillo rio y se marcho por su camino. El niño jamas fue encontrado.

La sabiduria no siempre pertenece a los mas ancianos".

"Nobles y gallardos, con gran sentido de la justicia y un porte envidiable, asi son los Reotipos..."

La princesa hizo una pausa y miro a su acompañante. El Reotipo le devolvio una mirada entre desafiante y algo que parecia pretender ser seductor, lo que provoco un escalofrio a la joven. ¡Brr! preferiria no haber vislumbrado eso...

- ¿Y bien? -le pregunto el Reotipo.
- ¿Como os llamais? -pregunto a su vez Andre sin poder evitarlo, ¡necesitaba saber que era ese hibrido!
- No puedo revelaros mi nombre real, es una antigua tradicion...
- Lo se, estos pergaminos la recogen, pero... de alguna forma he de dirigirme a vos.
- Llamadme "Ttudo".
- ¿¿"Tetudo"?? -penso la princesa mientras trataba de componer una excusa plausible que le permitiera salir del lugar para reirse.
- Se que es dificil de pronunciar, seria algo semejante a /'tudo/ -contesto el Reotipo al creer que la princesa luchaba con la palabra.
- Oh... -dijo ella con voz ahogada- de acuerdo, "Tudo", lo que...
- ¡¡¡Que yo no me he comido un pincho de pollo!!! -grito alguien furioso al otro lado de la puerta.
- ¡Disculpadme!

Andre echo a correr hacia la puerta y la abrio de golpe. Tras ella se encontraba su fiel consejero Borjius, discutiendo a voz en grito con el nuevo cocinero y montando un tremendo alboroto mientras algunos de los sirvientes reian.

- ¿Que sucede? -pregunto la princesa. El cocinero le devolvio una mirada atemorizada.
- ¡Un poco de educacion, ¿eh?! ¡un poco de educacion! -grito Borjius.
- Calmate, hombre, ¿por que estas tan enfadado?

Sin contestar, Borjius se puso unas orejeras y se fue con la barbilla en alto, cruzo hasta una de las habitaciones, que tenia la puerta de cristal, cerro de un portazo -milagrosamente, el cristal aguanto- y se quito las orejeras para ponerse a ojear un libro. Andre y el cocinero se quedaron anonadados y el hombre la miro con ojos llorosos.

- Tiene arranques incomprensibles, pero no es mal tipo. ¿Que ha pasado?
- Disculpad, princesa, creo que deberiamos... -dijo el Reotipo a sus espaldas, demasiado cerca de sus espaldas para su gusto, de hecho...
- ¡Oh, si! no pasa nada, vuelva a las cocinas, ya me contara... -dijo Andre dirigiendose al cocinero.
- ¡Gracies, moza! -le dijo el, mas alegre.

La princesa regreso a sus aposentos por los manuscritos y se traslado junto a Ttudo a uno de los salones, donde ordeno algo de comer y continuo leyendole lo que habia descifrado. Cuando llegaron a la parte del tesoro, el Reotipo se mostro muy interesado y compartio con Andre lo que sabia al respecto. La leyenda habia sido narrada durante generaciones, pero siendo estos pergaminos la unica copia conocida, Ttudo pudo comprobar que la historia que conocia distaba mucho de la que estaba escrita.

- ¿Os gustaria encontrarlo?
- Pues claro, princesa -dijo el Reotipo, imprimiendo un tono a la ultima palabra que hizo pensar a Andre que aquel personaje deseaba ser su consorte como poco. Iba listo.
- Entonces lo mejor sera organizar su busqueda entre gente de confianza. Dejadme pensar...



Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaños princesa!

23 septiembre 2010

Silver side up

Ser princesa no es una tarea facil. Hay dias en los que tienes que lidiar con los avatares de la vida comun y mediar entre las gentes del pueblo y creeme, es algo complicado cuando tu reino se compone de cuatro pueblos diferentes. Por la mañana resolver la pelea entre los Feros y los Gvis por el territorio de la frontera. "Las fronteras no existen en mi reino, es solo una forma de separar vuestras viviendas y otorgaros poder". Pero no, no lo entienden. Y quieren hacer una justa. Y yo les digo: "justas las justas" pero no les hace gracia. ¡Bah!

- ¿Y ese mohin, princesa?
- ¡Capi! ¿que haceis aqui? -pregunto Andre al paje del pendiente, pues nadie debia entrar en sus aposentos a menos que ella lo ordenara.
- Venia a traeros unos pergaminos de parte de los lideres de los Reotipos. Quieren que interpreteis el lenguaje en el que estan escritos, pues no lo conocen.

Andre suspiro profundamente e inclino las manos para que Capi le diera los manuscritos.

- Tambien queria deciros que un extranjero pregunta por vos, dice que a sido enviado por la princesa Iêrne para servir en el castillo.
- ¿Podriais ir a buscarlo y traerle? no tengo ganas de bajar a la sala del trono.
- ¡Gracias, princesa! sois gentil.

La princesa sonrio ampliamente al paje y este hizo una reverencia para despues salir de sus aposentos. En cuanto estuvo fuera de la vista Andre estallo en carcajadas. ¿Por que llevaba medias y calcetines? que hombre mas raro, pero cuanto mas lo conocia mas cariño le tenia. Aunque dijera frases fuera de lugar, como la ultima que habia pronunciado.
Despues empezo a perderse en sus ensoñaciones recordando como Capi habia llegado al castillo y todas las anecdotas que habia protagonizado. Era un tipo encantador, a su manera.
Tan perdida estaba en sus pensamientos que no oyo la puerta cuando se abrio tras haber sido golpeada durante un buen rato. 

- ¿Princesa?
- ¡Si! ¡hola! -dijo Andre dirigiendose al desconocido que acompañaba al Capi- ¿asi que usted es el enviado de Iêrne?

El desconocido la miro confuso y se dirigio a Capi.

- ¿Quieeen yeeee? -grito usando el conocido acento de los pueblos del norte.
- Es la princesa Andre, ahora sois su siervo.
- ¡Que guapina! -dijo haciendo una reverencia. Andre le observo detenidamente y pudo comprobar que no era demasiado joven -pero tampoco tan mayor- y que debia de estar un poco sordo. ¿Por que Iêrne siempre trataba de engañarla? o al menos le cedia servidumbre mal preparada...
- Sed bienvenido a mi reino.
- ¡Noo! ¡no estaa!
- ¿Como?
- Esta un poco sordo, princesa -corroboro el paje.
- Que bien, lo que me faltaba. Quiero...

Unos golpes en la puerta hicieron que dejara su frase a medias e invitara a quien fuese a entrar. Desde luego hoy parecia que todo el mundo queria subir a sus aposentos, que poco respeto. Tendria que hacer una ley que lo impidiera-rio ante su propia idea. Un chico -¿o era una chica?- entro timidamente en la sala y la miro de arriba a abajo con cierto descaro. Su aspecto era curioso, pues vestia ropajes pasados de moda y su constitucion era bastante cuadrada. Andre le miro fijamente a su vez tratando de adivinar si era hombre o mujer para no equivocarse en la forma de tratarlo y como no encontro nada que le diera pistas decidio mirar disimuladamente hacia cierta parte de su anatomia. Nada. No habia podido determinar nada. Y llevaba mucho tiempo sin decir nada, asi que sonrojandose decidio hablar de forma neutral.

- Bienve... eh... buenos dias, ¿quien sois?
- Soy delegado del Clan Siniestro, de la zona de los Reotipos. Venia a hablar acerca de los manuscritos.
- Acaban de llegar hace poco, no he tenido tiempo de mirarlos.
- ¿Quieeen yeee?
- ¡Callese y vaya a la cocina! alli le enseñaran su trabajo. Capi, acompañele por favor.
- ¿Cocinar al vapoor? ¡eso daseme muy bien! 


Capi abandono los aposentos mientras reia y Andre se desesperaba ante la imposibilidad de tener un servicio competente. Al menos la hacian reir. ¡Oh, vaya! ya estaba otra vez pensando sin decir nada, el Reotipo iba a creer que era muy rara. Bueno, el tampoco era muy normal. 

- Veamos esos pergaminos, tal vez sean interesantes.

Durante las siguientes horas Andre se concentro al maximo en tratar de descifrar aquel complejo lenguaje sirviendose de gruesos glosarios e ignorando las miradas aburridas del Reotipo, que empezaba a tener hambre y se preguntaba como la princesa era capaz de estar horas y horas trabajando sin siquiera moverse. 


- ¡Lo tengo! ¡es... es increible!
- ¿Que dice?
- Habla de las leyendas de vuestro pueblo y de un tesoro perdido de gran poder. Escuchad, os lo voy a leer- dijo Andre tomando aliento para enfrascarse en la lectura.


Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaños pitina!

23 septiembre 2009

Faraway Vol.2

Llevaba caminando un buen rato por el castillo pensando en todo lo que habia ocurrido aquel dia y al doblar un recodo se encontro con un sonoro grito. Serenamente miro al autor de lo que pretendia ser un susto y observo que era un Gvi. Este quedo sorprendido por su frialdad y, sin saber que decir, le tendio un rollo de manuscrito.

- Gracias -dijo Andre desplegandolo mientras el Gvi se alejaba y la miraba de vez en cuando, aun anonadado -¡vaya, es de la princesa Iêrne! vendra a cenar esta noche. Tendre que prepararme para recibirla -dijo para sus adentros.

Iêrne era princesa de un reino contiguo situado al este y solia visitarla de vez en cuando. Andre ordeno a los sirvientes que prepararan una buena cena y regaño al paje del pendiente -que se habia cruzado en su camino con un ejemplar de "Los Cuentos de Canterbury" en la mano- por dedicarse a leer en lugar de cumplir con sus obligaciones. No, si por algo era paje a su edad...

Mas tarde se dirigio a sus aposentos para vestirse adecuadamente y tras algunos contratiempos -la sirvienta de Chester rasgo la tunica que pretendia ponerse y tuvo que coserla- estuvo lista para recibir a la invitada. Salio al porton del castillo y espero hasta ver un elegante carruaje que empezo a dibujarse contra el horizonte.

- Buenas tardes -dijo ceremoniosamente Iêrne mientras besaba a su anfitriona -¡estoy encantada de volver aqui! el castillo tiene mejor aspecto que nunca.
- Gracias, eres muy amable. Pasemos dentro.


El comedor las esperaba provisto de los alimentos mas apetitosos de las despensas del castillo: pan de trigo recien hecho, torta especiada, sopa de manzana, herbolada, cordero a la miel, estofado de liebre con niscalos, rape con punto agridulce, arroz con leche de almendras y buñuelos de sauco, ademas del vino especiado para acompañar.

- ¡Esto si que es una buena mesa! -comento Iêrne mientras se sentaba -deberias felicitar a tus cocineros.

Andre sonrio pero no le respondio, pues recordaba perfectamente lo que habia costado conseguir aquella comida. Unos Feros -poco habiles, como descubrio mas tarde- se habian ofrecido para cazar y habian regresado con una buena mojadura, cubiertos de arañazos y contando una extraña historia acerca de un animal salvaje que les habia atacado -segun una de las doncellas, que paseaba cerca de ellos a su vuelta, al parecer habian caido en unas zarzas al tratar de capturar unos conejos. El pescado habia tardado mas de la cuenta en llegar al castillo y fue preparado casi a ultima hora, las manzanas de las cercanias no resultaban tan sabrosas como era de esperar e inexplicablemente las especias parecian haber desaparecido, por lo que hubo que adquirirlas a alto precio.

Iêrne disfruto mucho de la comida y los entretenimientos que Andre le ofrecio: juglares, trovadores y una exhibicion de aves amaestradas que sobrevolaron todo el comedor. Segun su dueño, un extranjero de dudosa fiabilidad pero gran talento, eran unos "animales guays", como decian en su tierra, y al final de la exhibicion regalo a Iêrne un pequeño petirrojo, pero esta lo dejo marchar pues le daba pena tenerlo en cautividad.


Al dia siguiente se celebro un torneo entre sirvientes -cosa poco habitual, aunque ciertamente en ese reino las costumbres solian ser distintas a las de otros sitios- en honor de la invitada en el que gano un joven de rostro agradable y buenos modales que formaba parte de los sirvientes de las cocinas -Iêrne trabo amistad con el enseguida y le ofrecio su pañuelo- Tras otra opipara comida en la que el joven ocupo un lugar especial en la mesa y fue ovacionado las dos princesas se despidieron.

- Me gustaria mucho que me cedieras a ese muchacho -dijo Iêrne refiriendose al ganador del torneo- parece muy simpatico y seguramente tendra mas talento del que se necesita en una cocina.
- Pero entonces tendre que reemplazarlo...

- Tranquila, te mandare a alguien de mi reino.
- No se, la ultima vez me mandaste a ese paje tan raro... ¡bonita forma de deshacerte de el!
- Jajaja, ¡esta vez te mandare a alguien mucho mejor! tengo una idea en mente...
- La que me espera... -suspiro Andre.




Dedicado a Andrea e Irene, ¡feliz cumpleaños majas!

23 septiembre 2008

Once upon a time


Erase una vez, en un reino lejano, un castillo llamado "Milan Manor". En el habitaban toda suerte de criaturas fantasticas, cada una separada en un punto cardinal diferente pero conviviendo en armonia con las demas razas.

En el norte predominaban los Gvis, raza de guerreros de negras armaduras y largas melenas. Al sur se encontraban los Feros, raza elfica de ojos claros y voces graves. Al este los Reotipos, cuyos superiores eran un grupo llamado "El Clan Siniestro", aunque ciertamente mas que siniestro era muy divertido. Por ultimo, al oeste se encontraban los Ladoscurienses, una raza mestiza y diferente a las demas. A este grupo pertenecia una princesa de rizados cabellos de oro. Sus ojos eran oscuros y desprendian dulzura y tranquilidad, y su esbelta figura solia estar cubierta por tunicas livianas. Su nombre era Andre.

Un dia, caminando la princesa por la extensa biblioteca del castillo con su fiel consejero Borjius, se encontro al alquimista de nombre Bibliotecus. Este hombre solia pasar mucho tiempo entre los libros y se habia convertido en un excentrico personaje, por lo que al pasar delante de Borjius le escupio un zapato. Andre y Borjius se quedaron tremendamente sorprendidos, mientras veian a Bibliotecus pasar de largo en busca de un volumen repleto de complicados simbolos.

Tras esta anecdota la princesa, que vivia con sirvientas de otros reinos, se dirigio a sus aposentos. Una de las sirvientas con las que vivia, proveniente del condado de Chester y muy desordenada, habia abandonado deliberadamente las calzas de su prometido en el sofa comun, por lo que Andre, horrorizada, cogio un rodillo de cocina y los arrojo con cuidado en la cama de esta. Francamente traumatizada tras este suceso, la princesa decidio dar un paseo por el castillo a fin de relajarse y olvidar.

- ¿Que mas me podria ocurrir hoy? -se pregunto, y lamento haberlo echo pues se cruzo con un paje menudo y con un pendiente en la oreja izquierda, que le sonrio y comenzo a rascarse violentamente el muslo. La princesa, muy educada, le devolvio la sonrisa y se alejo con un unico pensamiento: "never mind..!"



Dedicado a Andrea, ¡feliz cumpleaños guapa!