08 agosto 2018

Pretty Little Liars

Unas cuantas noches se sucedieron y los jóvenes sentían que no avanzaban todo lo rápido que debían. Los elementales de vacío entorpecían su marcha ya que debían esquivarlos, y pasar desapercibidos por el bosque ya no era posible. Varias hordas de orcos se habían interpuesto en su camino y los habían aniquilado con brutalidad, al menos Srynna, que se empeñaba en descuartizarlos como siempre para impresionar a Twilith Teg. 

- ¡Por fin, las cuevas! -suspiró Wherynn, que iba tan cubierta de sangre que los colores de sus ropajes apenas se distinguían.
- Oye... yo casi buscaría un riachuelo o algo, no creo que debamos entrar con estas pintas a visitar al rey...
- ¡Lo dice la reina del descuartizamiento! -se sorprendió Jeanpo.
- ¡Yo solo lo hago para defendernos! Ensuciarse es parte del proceso... -arguyó. Además, las cuevas son muy bonitas, no deberíamos mancillarlas con sangre de orco y cabrear aún más a Tirititrán...
- Oigo el agua, vamos.

La sacerdotisa les condujo hasta una pequeña cascada que procedía de una fuente natural y trataron de quedar lo más presentables posible, aparte de cambiarse de túnicas y ponerse otras más poderosas.

- Vale, ahora ya somos dignos de una visita a Twilith -dijo Srynna tratando de mirar su reflejo en el estanque. ¿Tengo bien los rizos? -preguntó atusándoselos.
- ¿Estás bien? ¿Desde cuando te importa tanto tu apariencia? -preguntó Jeanpo, suspicaz.
- ¡Es Twilith Teg! El rey escocés del otro mundo... -contestó ella simplemente.
- ¡Sh!

Wherynn les hizo un gesto para que guardaran silencio. Tenía una sensación muy rara y los arbustos y árboles cercanos parecían más oscuros.

- Elementales de vacío... -susurró.
- ¿Los notas? -musitó Jeanpo.
- Percibo su energía, su aura... 
- No veo nada -dijo Srynna.

Los tres miraron a su alrededor sin moverse.

- Tienen un cuerpo fuera de lo común que les permite resistir la propia naturaleza negativa de su elemento...
- Menudas ganas de retroceder en su evolución espiritural, o lo que quiera que dijeras el otro día en Yamedoria... -murmuró Srynna.
- ¡Sshh!

Un sonido diferente captó su oído. La fuente de agua dejó de fluir y de su interior brotó una figura acuosa que les miró fijamente en silencio.

- ¡Viggo! -exclamó Srynna, alegre.

El elemental puso rostro de terror y desapareció en el agua mientras unas extrañas energías negativas se lanzaban contra él. El agua comenzó a ondear con fuerza y cambió ligeramente de tono a uno más oscuro.

- ¿No sabes cómo se crean los elementales de vacío? -regañó Wherynn a su amiga.
- Ilústrame... -respondió ella un poco ofendida por su tono.
- Si una energía positiva y una negativa se encuentran, gana la positiva, salvo que la negativa colisione con más fuerza, lo que provoca la aniquilación de ambos generando un hueco que creará más energía negativa...
- ... ¡Un elemento de vacío! -dijeron Jeanpo y Wherynn al mismo tiempo.
- ¡Oh! -exclamó la joven con culpabilidad.

El agua se quedó quieta y el ambiente pareció cambiar. Contemplaron el estanque en silencio y poco a poco la figura emergió de nuevo. Srynna solo hizo un gesto de saludo con la mano esta vez.

- Mi amo Twilith Teg ha perdido el juicio... -musitó el elemental débilmente- Su mente ha sido envenenada por fuerzas que odian el bosque y lo bello y bueno que lo habita... 
- ¿Qué fuerzas? -preguntó Jeanpo.
- Desconocidas. Una magia muy negra y muy poderosa. Si habéis sobrevivido es porque él quiere, os necesita para el mal...
- Creo que también tiene algo que ver con nuestros talentos... -comentó Srynna. Jeanpo la miró con severidad.
- No conocéis los poderes de mi amo. Son mucho más terribles y fuertes de lo que eran, y oscuros...
- Tu amo tampoco conoce todos nuestros secretos.

Srynna y Jeanpo miraron a la sacerdotisa, que volvía a parecer... diferente. Jeanpo sospechaba qué podía ser... Pero no podía ser...

- No lo sé. Cumplirá su promesa, pero...
- Los elementales no estáis en equilibrio con la naturaleza -le cortó Wherynn- ¿Por qué tu pareces dueño de ti mismo?

El elemental esbozó una sonrisa e inmediatamente cambió su rostro a uno preocupado.

- Los elementales estamos en guerra. El bosque es nuestro enemigo por culpa de los enemigos del Creador. El vacío trata de apoderarse de nosotros, nos destruye y corrompe. Unos pocos perduramos en alianzas, pero ya somos débiles contra ellos...
- Nosotros os proponemos una alianza. 
- Espera...

La sacerdotisa parecía muy diferente en ese instante. Casi... ¿La Diosa? Jeanpo trataba de ver a través de ella, pero su mirada era opaca, como si supiera algo que todos ellos ignoraban, una clave de todo, de por qué ocurría todo aquello...

- Los elementales son seres espirituales conectados con los cuatro elementos. La fuerza de la naturaleza es indispensable para ganar esta guerra. 
- Llevan presentes en los ritos sagrados desde tiempo inmemorial... -coincidió Srynna, demostrando que ella también sabía cosas.
- ¿Tú nos das tu palabra de honor...? Espera.

Jeanpo alejó a las chicas del ser de agua e hizo un pequeño círculo.

- No tienen un concepto claro del bien y del mal, por eso pueden ser manipulados por la magia negra...
- ... O la nuestra. Solo queremos que el equilibrio regrese a la tierra, ¿no?

El guerrero miró a la sacerdotisa.

- ¿Qué te dice tu instinto oculto?

Wherynn sonrió.

- Ya ves cómo se comportan los elementales de vacío. Si estuvieran manipulados lo sabríamos, creedme, hasta vosotros lo percibiríais con facilidad...
- ¿Qué quieres decir con eso? -cuestionó Srynna.
- Recuerda, poderes de sacerdotisa, sensibilidad extrema... -dijo Jeanpo rompiendo el círculo. Está bien, pequeño Viggo... ¿Viggo?

El elemental ya no estaba en el agua.

- ¿Dónde ha ido?

Sin mediar palabra, Wherynn hizo una voluta de fuego y la dirigió a unos trozos de rama cercanos.

- ¿¿Qué?? ¿Puedes invocar fuego y perdemos tiempo encendiendo fogatas? 
- ¿No sabes de lo que es capaz una sacerdotisa al límite? Sus poderes aumentan con el desequilibrio...
- Pero ella... ¿Ella tiene poderes de la naturaleza?

La sacerdotisa sonrió sin mirarles contemplando el fuego. Éste ardió con más fuerza por un instante y el elemental de fuego que les había visitado hacía algunas noches apareció de nuevo con sus cuencas vacías.

- Mi amo os da permiso para visitarlo, os espera con ansia... -dijo con una voz suave y macabra.
- Perfecto. Iremos enseguida.
- Mi amo no espera... -advirtió con cierto tono amenazante.
- Pues vamos. 

El elemental sonrió tétricamente y desapareció. Wherynn apagó el fuego con agua de la cascada. 

- ¿Por eso se iría Viggo? -susurró Srynna.
- Sí.

Viggo apareció de nuevo en el agua, asomando solo la cabeza.

- Sois muy intuitiva, sacerdotisa... 
- Sí, bueno, ¿Y la alianza? -le interrumpió ella. El elemental sonrió y Jeanpo cada vez sospechaba más.
- Los elementales de los cuatro elementos os prestarán servicio en rebelión contra el amo Twilith Teg. Si no reveláis su identidad.
- Pero si ni siquiera les distinguimos, solo por su composición... -Jeanpo dio un codazo a Srynna y esta se calló.
- Estáis a salvo, no diremos nada. Volveréis a su lado fielmente cuando esto termine, lo sabemos. 
- Bien. Entonces, la alianza está sellada. Nos veremos a la entrada de la cueva, os esperaremos.
- ¡Espera! ¿Cómo apareceréis? Necesitáis elementos, aire vale, y tierra, pero agua y fuego... -meditó Srynna.
- Vuestra sacerdotisa sabe qué hacer.
- ¡Los elementales malos podrían aparecer!

El elemental se puso serio y aumentó de tamaño.

- Los elementales no somos malvados, nos han manipulado...
- Tranquilo, es una ermitaña, no entiende la naturaleza... ¡Tanto! -rectificó Wherynn ante la mirada de su amiga. El ser se calmó, les hizo una reverencia y desapareció.
- Solo tú podrías dedicarte a ofender a los elementales... -suspiró Jeanpo.
- ¡Y yo qué se! ¿Ahora qué hacemos?
- Entrad en las cuevas y vuestra sacerdotisa se encargará de todo. Ten a mano la daga de plata, la necesitarás. Jeanpo, no sueltes tu espada, pero no parezcas desafiante...
- Tú... ¿Tienes el don de la profecía..? -preguntó el guerrero directamente.

Srynna ahogó un grito y miró a su amiga, entendiendo.

- Vamos a las cuevas -dijo la sacerdotisa sin responder.


Dedicado a Saryna, ¡feliz cumpleaños!

27 julio 2018

Homenum Revelio

- Valientes intrusos. Invisibles, que no dejan huella y no se les oye... -comentó Ädri retrocediendo hasta las escaleras.
- ¡Aún así no deberías haber dejado caer la botellita!
- ¡No, verás, lo he hecho aposta!
- ¡Cállate, Goggy! 

Los Slytherin vampiros miraban a su alrededor sin encontrar nada.

- ¡Homenum revelio!

No contaban con aquello. Durante un instante se hicieron visibles, pero se habían escondido a tiempo y no fueron vistos. Wherynn volvió a hacer el hechizo de invisibilidad sobre ellos.

- ¡Finite Incantatem!

Los embrujos de ambos amigos se deshicieron y antes de que fuera tarde, Ädri arrojó dos botellitas sacadas de su túnica a Wherynn haciéndole un gesto de que se las bebiera. Al punto se convirtieron en Madame Pince y Filch. La chica tuvo que aguantar una sonora carcajada y "Filch" la cogió de la mano.

- ¡Alumnos fuera de sus camas! -gritó con voz ronca.

Los Slytherin se quedaron alucinados y rápidamente se ocultaron en una de las estancias.

- ¡Nos han descubierto! -exclamó Wherynn dando a entender otra cosa.
- Claro que no, amor mío, no abrirán la boca porque no les conviene que Dumbledore sepa que están aquí. ¿Verdad? -gritó a la nada. Cogeré una muestra de esta poción y se la daré al director si hay algún problema... De todas formas, nadie tiene por qué saber nada si hace las cosas con más cuidado y deja de venir aquí, un sitio de adultos...

"Qué mal ha sonado eso", pensó Wherynn, pero se admiró de la estrategia de su amigo.

- Ahora vámonos, regresemos a Hogsmeade. 
- Será mejor volver al castillo, no me fio de esos chicos y dan lluvia...
- Como quieras, tesoro.

Ambos desaparecieron de nuevo por las escaleras y cuando se alejaron lo suficiente volvieron a practicar sus hechizos.

- ¡Ahora tenemos que estar una hora con estas pintas! -se lamentó Wherynn.
- Bueno, somos invisibles, no pasa nada... -defendió Ädri.
- Ya, si no tuviera que ver tu feo careto...
- ¡Sigamos a los Sly!

Cuando bajaron hacia la zona de la cocina todo estaba muy silencioso.

- ¿Se habrán ido ya?
- Quizá estén esperando porque no se fían de nosotros, dándonos tiempo a que nos alejemos... ¡Ay!

Mientras hablaba, movió un cortinaje del que salieron varias Doxys que se lanzaron sobre ellos. Con un certero conjuro logró atontarlas, pero ya habían llamado la atención.

- ¿Quién anda ahí?
- ¡¡¡Ssshh!!!

Los Slyterin parecían invisibles a su vez, lo que complicaba la situación. Los chicos que se quedaron quietos sin saber qué hacer y de repente una fuerza invisible chocó contra Wherynn, que rápidamente creó un conjuro de protección no-verbal por si acaso. No ocurrió nada. Ädri lanzó un "homenum revelio" y volvieron a verlos. 

- ¿Quién..? -preguntó uno de los vampiros con voz aguda al verse descubierto.
- ¡Vámonos!

Los chicos se volvieron visibles a su vez en el pasillo y se hicieron invisibles de nuevo.

- Esto ya me cansa, corre antes del próximo "Finite Incantatem". La última palabra se oyó en voz alta con la voz de Madame Pince. Ädri rápidamente rehízo los conjuros y se escondieron en la cocina.
- ¿Pero quién anda ahí? -repitió el Sly de voz de pito. 
- ¡Me han oído!  -gimió Wheynn- Bueno, supongo que no pasa nada porque la voz de Madame Pince solo suena para hacer "¡shhh!"... -se consoló.
- Mira que finjo que nos vamos de vuelta por el Sauce Boxeador para que se vayan tranquilos a Hogsmeade y me la estás liando...
- ¿Yo? ¡Yo no me comí un nido de Doxys!

Mientras discutían, los Slytherin optaron por escabullirse por la puerta principal hacia Hogsmeade, puesto que ya había anochecido.

- ¿Dónde se han metido? -preguntó Wherynn mirando a su alrededor y en el salón.
- ¡Se han largado sin nosotros! ¡Anda, tira!
- ¡Serás borde de la vida!

Los chicos salieron de la Casa de los Gritos y caminaron por un terreno irregular en busca de los Sly.

- ¿Dónde están?
- ¡Ahí los veo!

Wherynn señaló a unos árboles que conducían hacia el pueblo y se apresuraron para poder seguirles de cerca. Su amigo resbaló y se llenó de barro. La chica rió sin poder ni querer evitarlo y le ayudó a levantarse.

- No te distraigas, vamos a perderles la pista -comentó. ¡Fregotego!
- Gracias por asearme, señorita.
- De nada, Milord.

Su amigo ya estaba de buen humor y Wherynn pensó que era más peligroso que un Hipogrifo, pero no se lo dijo para que luego no presumiera. Siguieron a los Sly hasta la linde del pueblo y observaron a ver qué hacían. Los seis se juntaron en un círculo y se dieron las manos. Ädri se empezó a reír porque todo aquello le parecía ridículo, ¡no eran más que unos estudiantes haciéndose los interesantes!

- ¿Qué crees que hacen, el ritual del mal rollito? -musitó Wherynn, aunque sabía que no podían oírla.
- Ni idea... Para empezar no sé por qué se disfrazan de vampiros, nunca he oído nada acerca de vampiros en Hogsmeade...
- Tal vez les borran los recuerdos una vez roban lo que sea...
- Puede...

Los Sly conjuraron una luz rojiza en el círculo y empezaron a reír de forma macabra. Wherynn intentaba calcular cuánto tiempo había pasado desde que tomaron la poción, porque si que se iban a reír como se les pasaran los efectos... Como si le hubieran leído el pensamiento, uno de ellos sacó unas botellitas y bebieron líquido rubí.

- Estaba yo pensado... Eso no puede ser poción multijugos -dijo a su amigo.
- ¿Por?
- La poción no funciona bien con criaturas no humanas... ¿Cómo lo logran?
- Tal vez destilan su propia poción mejorada... ¿Qué estoy diciendo? ¡Son Sly! No pueden mejorar nada...
- Te recuerdo que Snape es experto en pociones y Slytherin...
- ¿Crees que está detrás de todo esto?
- No, pero... No sé, es todo muy raro. ¡Mira, se mueven!

Los Sly vampiros se dirigieron a Hogsmeade y los amigos les siguieron bajo el manto estrellado del firmamento. 


Dedicado a Adrián, ¡feliz cumpleaños!

19 julio 2018

Dark Matters

Sintiéndose completamente abrumada, Wherynn trató de pensar con lógica. Acudir a los profesores sería dar demasiadas explicaciones, aunque tarde o temprano se acabarían enterando e interviniendo... y expulsándolas, por qué no. Aunque Dumbledore solía ser de lo más enrollado y quizá incluso les hiciera ganar la Copa de las Casas por su osadía y temple, quién sabe...

Sÿl se liberó de su aturdimiento y aprovechó la distracción de su amiga para atacarla, pero instintivamente esta respondió con un poderoso desmaius que hizo que cayera cuan larga era en el suelo dándose un buen golpe, sin esperárselo.

- Necesito alguien que me ayude -pensó en voz alta Wherynn ignorando a su amiga- Alguien inteligente, rápido, de buen corazón y experiencia en batalla, que no tema enfrentarse a sus amigos y no sea un chivato... Alguien que vaya a su bola y sea diferente, dispuesto a meterse en esta locura, y por qué no, guapo...

Ya lo tenía.  


Sin explicaciones, dejó a Thäis abandonada en la enfermería e hizo flotar a Sÿl hasta el séptimo piso, en busca de la Torre de Ravenclaw. Los alumnos que se cruzaba la miraban extrañados porque iba agitando la varita sin aparentemente hacer nada y esquivándoles sin razón. Lo que ellos no sabían es que llevaba el bulto de Sÿl bajo un hechizo invisible junto a ella... 

Cuando llegó a la Torre no supo qué hacer. Dejó a Sÿl en el suelo y subió la escalera de caracol, contemplado la aldaba de bronce en forma de águila. Picar sería inútil, ya que le plantearía una adivinanza que casi seguro no sería capaz de resolver... Y tampoco podía entrar sin invitación. ¿Dónde estaba el Felix Felicis cuando se necesitaba? Ah, si, se lo había tragado el Pirado Número 2...
Como si sus plegarias hubieran sido escuchadas, la puerta se abrió repentinamente y se encontró cara a cara con el chico que buscaba. 

- ¡Hola!
- Hola... Tengo que contarte algo.

Tras explicarle toda la historia mientras el chico ponía muecas y cada vez se sorprendía más, decidió ayudarla una vez vio a Sÿl en el suelo poniendo los ojos furiosos en blanco para dar más miedo.

- ¿Cómo os habéis metido en este tremendo lio? ¿Y pidiendo ayuda a prefectos de otras casas?
- Bueno... es tu amigo y no puedo confiar en nadie más. Además, ¿Quién no querría salir de su rutina para vivir una épica historia? -rió sin ganas. 
- Lo mejor será empezar por buscar a ese loco... ¡Un momento, vuelvo enseguida!

Unos minutos más tarde regresó de la sala común con varias botellitas de Felix Felicis, que metió en su túnica mientras le guiñaba un ojo.

- Por si acaso... -sonrió con esa sonrisa que tanto le gustaba. 


Los pasillos estaban muy tranquilos, como si nada hubiera ocurrido. Eso les tranquilizó. Seguramente el pirado había ido directo al Bosque Prohibido, donde tendría más privacidad. Casi había anochecido cuando salieron por el vestíbulo en su busca.

- Tengo hambre... Vaya, tenía que haber pasado por el Gran Comedor... -murmuró para sí Wherynn.
- Toma -dijo el chico ofreciéndole chocolate. ¡Siempre llevaba chocolate encima! Era como una tienda de Honeydukes andante y eso le encantaba, pensó sonriendo mientras mordía la chocolatina.

La linde del Bosque les esperaba amenazadoramente. La luna creciente apenas iluminaba la noche y no resultaba sencillo hacer flotar a Sÿl durante todo el irregular camino. 

- El bosque está estrictamente fuera de los límites de los estudiantes... -dijo el chico.
- ¿Y? ¿Te vas a echar atrás?
- No... pero nos podemos meter en un lío increíble como nos pillen... Y yo soy prefecto...
- Pues no me quites puntos por lo que voy a hacer... -respondió Wherynn poniendo un pie en el Bosque. Como vio que no ocurría nada, siguió adelante con Sÿl flotando a su lado. El chico suspiró y la siguió.


El bosque estaba repleto de robles, hayas, pinos, sicomoros y tejos. Los caminos estaban llenos de maleza y espinas y fuera de ellos el lugar era casi intransitable. Parecía tener vida propia, y era salvaje y peligroso. Y a Wherynn le daba la risa porque caminaba por él con "Los prefectos sexys" como les llamaba Sÿl. Sospechaba que a su amiga le gustaba demasiado el pirado... y mira tú por donde, ahora mismo eran la pareja ideal. Rió y el otro prefecto sexy la miró como si le faltase algún tornillo.

- ¿De qué te ríes?
- No, es que... Bueno, que la situación es algo estrambótica y tampoco sabemos muy bien a qué nos enfrentamos...

El chico sonrió y se abrió la túnica mostrando los Felix Felicis. ¿Por qué Sÿl no estaba consciente cuando tenía tanto que comentar? Esperaba que de algún modo pudiera recordar la aventura, ya que su mayor parte había permanecido despierta... La miró con dulzura. Sus ojos verdes de loca le respondieron con una mueca extravagante. En fin...

- Cuéntame otra vez cómo hemos llegado hasta aquí -pidió el chico con a sus oídos encantadora voz, que tenía el timbre exacto para comentar con Sÿl después.
- Tu amigo el freak se tragó una botellita entera de Felix y por razones que ya le cuestionaré más tarde cuando esté en sus cabales, cogió la Varita Maldita... Eso si que aún no lo entiendo... -dijo con voz triste y mirada pensativa.
- Bueno, todos tenemos un lado oscuro... -reflexionó él. Wherynn se alegró de que nadie pudiera oír sus pensamientos "oscuros" de ese momento. Un crujido les hizo ponerse en guardia y guardar silencio. 
- Tal vez estemos cerca de las Acromántulas... -susurró él.
- No, por Dios, que me da mal...  Como se haya hecho amigo de las acromántulas que le den, yo le abandono en el bosque...
- ¿Por qué eres tan negativa? 
- ¡Tu empezaste a hablar de ellas! -otro crujido, esta vez más cerca, les interrumpió.

Silencio.

- Tal vez solo sean centauros... No creo que se acerquen en ese caso...
-  Salvo para delatarnos...
- Que no...

El ulular de una lechuza se oyó cerca, así como más crujidos. Algo se acercaba. No vieron nada.

- Thestrals...
- ¿Thestrals?

Los crujidos se alejaron y un hechizo rebotó en uno de los árboles, haciendo que Wherynn profiriera un chillido mientras el prefecto la cubría protectoramente. ¡Qué romántico!

- ¿Qué hacéis aquí? ¿Osáis enfrentaros a mí?

El Ravenclaw perturbado apareció entre los árboles con una sonrisa demente. Su piel parecía brillar extrañamente con la pálida luz de las exiguas estrellas y por alguna razón inconcebible le pareció más sexy que nunca. ¿Alguien le había dado alguna poción rara o tantos eventos fortuitos la estaban volviendo loca también y no se concentraba?

- Eh... Hola... Tranquilo, amigo... -dijo el otro prefecto moviéndose lentamente y alzando su mano hacia él en son de paz.
- No es un perrito... -susurró Wherynn. El prefecto la miró muy serio y se calló.
- Me habéis traído compañía...

Sin que pudieran hacer nada, liberó a Sÿl, que corrió a su lado. ¡Traidora! Quizá intentara liarlos más tarde, cuando toda la locura acabara... Aunque no se esperaba que la chica se abalanzara contra el Ravenclaw y le mordiera la mano para que soltara la varita.

- Qué fuerte... ¡Se están peleando por ella!
- ¡No me toques, trastornada! -gritó el chico tratando de zafarse de ella empujándola con la varita.
- Yo creo que no deberíamos hacer tanto ruido... -dijo el otro, tranquilo. ¿Cómo podía estar tan tranquilo?
- ¿Qué hacemos? ¿Dejamos que se maten? -preguntó Wherynn, apurada.
- Quizá es el momento de un poco de Felix...
- ¡No! Él se lo tomó y mira. Debe estar conectado. El Felix Felicis te hace sentir poderoso y confiado y entonces quieres la varita... ¡Se van a hacer daño!

El Ravenclaw había alzado su varita y Sÿl la suya, como si fuesen a comenzar un duelo. Por cómo se miraban ambos parecían dispuestos a lanzarse un Avada Kedavra, pero ninguno se movía. Los otros dos aprovecharon para escabullirse entre la maleza y trazar un rápido plan.

- Hay que quitarle el antídoto y dárselo a Sÿl, así seremos tres contra uno...
- Pero él tiene una varita que nos dejará hechos polvo en un segundo... -razonó él.
- Podemos huir.
- Nos encontrará.
- ¡Podemos huir un rato! -se desesperó Wherynn.
- ¿Cómo lo reducimos?
- ¡Ni idea!

Mientras tanto, Sÿl y el prefecto se miraban mutuamente, evaluándose.

- Únete a mi y tendremos el poder sobre Hogwarts...
- ¿Quieres dejar de subtitularles? -preguntó el prefecto.
- ¡No dicen nada y me ponen nerviosa! -se defendió Wherynn.
- Podría matarte en este instante... -siseó por fin el Ravenclaw a Sÿl.
- ¡Eres un sucio Ravenclaw, la varita es Slytherin y debe pertenecer a un miembro de su casa! -gritó ella.
- ¡Tú eres Gryffindor!
- ¡El Sombrero me seleccionó para Slytherin pero me negué!

Wherynn la miró fijamente. ¿Sería eso cierto? Nunca se lo había contado...

- ¡Renegaste de los tuyos! ¡Morirás por eso! -exclamó él, triunfal.
- ¡Nunca!

Sin que nadie pudiera reaccionar, el joven cayó hacia delante y soltó la varita, que cayó entre la maleza. Sÿl la miró codiciosamente pero Wherynn fue más rápida y la paralizó.

- Thestrals...  -dijo el prefecto- Lo que te dije, estamos en su terreno y eso no les gusta.
- ¿Cómo le han logrado derrumbar? ¡Está hasta las cejas de Felix Felicis! -se asombró Wherynn, que corrió imprudentemente hacia sus amigos.
- ¿Qué haces, loca? ¡Es peligroso!

El Ravenclaw se puso en pie rápidamente y Wherynn le lanzó un accio para lograr el antídoto. A su vez el otro prefecto conjuró un hechizo protector delante suya porque el Raven aún tenía su propia varita y no dudó en usarla contra ella.

- ¡No dejes que la toque! -dijo Wherynn mientras derramaba el contenido del antídoto en la garganta de Sÿl, logrando que esta se atragantase.
- ¡Casi... me ahogas! -profirió ella con voz sofocada.
- ¡Sÿl! -exclamó Wheryn dándole un abrazo. Ésta la empujó y empuñó su varita.
- ¡Vale, que aún está en modo oscuro por la Varita Maldita! -exclamó la Gryffindor.

El bosque pareció caer en el silencio mientras ambos chicos y ambas chicas se apuntaban con las varitas. Nadie hacía el primer movimiento. Wherynn y el prefecto se iban echando poco a poco hacia atrás hasta que sus espaldas chocaron.

- ¿Alguna idea? -musitó ella.
- Si... peligrosa y alocada... Una locura digna de un demente...
- Dime...

El joven la agarró y la hizo girar de modo que quedó enfrentada a un sorprendido Ravenclaw.

- ¡Imperio!

Sÿl pareció completamente relajada y tanto Wherynn como el otro Ravenclaw se quedaron anonadados. Rápidamente, Wherynn reaccionó y lanzó un petrificus totalus a su contrincante, pero éste logró esquivarlo. Iniciaron un pequeño duelo donde la Gryffindor llevaba las de perder mientras que el otro prefecto, controlando a Sÿl, recuperó la Varita Maldita. Con ella, la obligó a liberar a su amigo para después dejarla en el suelo y quedarse tranquila.

- ¿Qué..?
- ¡A que te empalizo! ¡Serás..! -exclamó Wherynn tratando de tirársele al cuello. Le había hecho mucho daño y resollaba al respirar porque según le parecía le había roto una o dos costillas.
- Yo... lo siento Whers... ¿Qué ha ocurrido..? Es decir, me acuerdo pero... Qué sensación más rara... -dijo él. 
- ¿Estás bien? -preguntó su amigo.
- ¿Y tú qué haces aquí? ¡Oh! Entiendo...

El Felix Felicis aún parecía obrar su efecto sobre él. Se acercó a Wherynn y cuidadosamente le curó la costilla y un par de arañazos que tenía.

- ¿Estamos en paz? -sonrió.
- Tengo muchísimas ganas de darte una patada en cierta zona sensible... pero sí... ¿Y tú, señor Maldiciones Imperdonables? -preguntó mientras el otro la sujetaba para que se pudiera poner en pie.
- No quedaba otro remedio y llevo un rato creando hechizos de invisibilidad y protectores a nuestro alrededor... Esto queda entre nosotros cuatro...
- Ya decía yo que antes me había parecido oír un "Muffliato" -recordó Wherynn.
- Vamos por partes. Tú ya estás normal... -señaló el prefecto a su amigo.
- Sí -confirmó el Ravenclaw.
- La Varita Maldita solo puede quitar las maldiciones oscuras que ella misma crea, así que no sé cómo vamos a liberar a Sÿl sin tocarla... -meditó el Ravenclaw del Imperius.
- ¿Un Wingardium Leviosa y hacerlo desde el aire..? No, es una tontería, lo sé... -comentó Wherynn.
- Al menos ya no está bajo la maldición Slytherin...
- Ya, pero da igual. No podemos tocar esa varita sin caer en su trampa y menos usando el Felix Felicis -dijo con cierta sorna mirando a su amigo, que le dio un golpecito cariñoso.
- Pues... ni siquiera a mi se me ocurre nada, y eso que voy guiado por buenas intuiciones. Esa varita es demasiado poderosa...
- No sé cuanto tiempo podré controlarla, es mi primera maldición imperdonable como entenderéis, y noto que se está resistiendo... -comentó el prefecto.
- Tiene una voluntad excepcional... Tenemos que pensar rápido.

Los tres contemplaron la ornamentada varita, que yacía inerte en el suelo del bosque.


Dedicado a Sÿl, ¡feliz cumpleaños guapísima!