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28 diciembre 2020

When in Ylôwan (❄)

Cuanto más avanzaba por las callejuelas de Ylôwan más se ofendía. Lo suyo era que fuese un lugar terrible, feo y destartalado, repleto de oscuridad como se hallaba su corazón... ¡Y que lloviese! Pero no, lucía el sol del atardecer, que se reflejaba en las bellas y labradas travesías repletas de flores de alegres colores y todo el mundo parecía feliz, alegre y despreocupado. ¡Malditos Yôwaneses! Zed relinchó como si se riera. Dioses, que caballo más raruno.

- ¿Y ahora dónde me alojo? ¿En la mejor posada del pueblo, con joviales señoritas y buena cerveza?  -se preguntó. Su mente clamaba por un antro de perdición cochambroso y sucio donde despertase sin sus pertenencias, pero no parecía que lo fuera a encontrar. ¿Por qué todo tenía que salirle mal? 

- ¡Eh, joven caballero!

Otro alegre lugareño le saludaba efusivamente y le hacía señas para que bajase de su montura. Orav le hizo caso tratando de sonreír y conformando una mueca extraña en su rostro.

- ¿Si?
- ¿Buscáis alojamiento? ¡No parecéis de por aquí!
- Pues... sí, de hecho sí. Busco el castillo de Ylôwan.

El rostro del anciano enmudeció por un momento, pero volvió a sonreír.

- Quizá seáis la salvación que hemos estado esperando... 
- ¿Disculpe?
- ¡Nada! No hagas caso a este pobre anciano -sonrió. Mi esposa y yo somos sirvientes en el castillo y vivimos cerca de sus dependencias. ¡Quedáos con nosotros!

Oh, estupendo. Quedarse con una amable parejita de abuelos... ¡Justo su plan perfecto! -pensó lleno de amargura.


El castillo de Ylôwan, cómo no, era impresionante. Y ellos vivían prácticamente a sus pies en una casita encantadora a las afueras de la aldea. Le molestaba sobremanera que no fueran un par de vejestorios viviendo en una casa tan decrépita como ellos... Ser encantador le estaba costando un mundo. Y Zed no paraba de mirarle, juzgándole, como si su mirada le dijera "oh, vamos, disfruta de tu buena suerte". La buena suerte apestaba. 

- ¡Así que te llamas Orav! ¡Qué nombre tan bonito! -dijo la anciana ofreciéndole un caldo que olía estupendamente. En fin, se rendía.
- ¡Gracias! Mi madre, que le gustan los nombres originales...
- ¡Oh, tu caballo es muy especial! Le fascinan las zanahorias...
- Dele un terrón de azúcar, se volverá loco...

Una brisa congelada le pasó por las espalda y Orav miró tras de sí rápidamente, suspicaz. Los ancianos se miraron por un fragmento de segundo y se sentaron a la mesa, con Zed asomado a la ventana de la cocina, observándoles curioso.

- ¿Y a qué venís al castillo? ¿Es por las nupcias de la nueva señora?

El joven se atragantó con el caldo y el señor corrió a darle unos golpecitos en la espalda.

- ¿Estás bien, muchacho?
- ¡Si! -contestó Orav con voz ahogada. No, vengo... Me dijeron que esto era precioso y...
- Vos sois un mago, ¿verdad?

¡Hala! Su misión encubierta al carajo. Ah, no, que aún podía mentir...

- No... -respondió, esta vez más seguro de sí mismo, porque siendo sinceros sus poderes aún no se habían manifestado... Zed relinchó en advertencia.
- Oscuros... acontecimientos han estado ocurriendo...
- ¿Podrían cerrar la ventana? La corriente es inmensa...

La anciana dio un respingo y miró temerosa a su marido.

- Me temo... que no es una simple corriente...

Y entonces, Orav se desmayó.


El amanecer sobre la nieve era particularmente espectacular porque aquellas gentes eran realmente aficionadas a las flores y la naturaleza y cubrían el denso manto blanco con cuantas plantas consentían crecer en aquel paraje helado. Orav se desperezó y un escalofrío le recorrió la espalda. Después gritó espantando al ver una extraña sombra en una de las esquinas de su aposento. 

- ¿Qué demonios..?
- ¡Dioses! ¡No invoques al diablo, chico!

Orav miró al anciano, que le observaba desde la puerta con un pijama amplio y unas pantuflas desgastadas. No sabía por qué, pero apenas era capaz de contener la risa ante tal escena. ¿Tal vez por el gorro con borla que portaba para tapar su calva? 

- ¿Qué ha ocurrido? -inquirió restregándose los ojos y empezando a ver lucecitas.
- Oh... El... cansancio, supongo... Has viajado mucho, ¿no..?
- Miente.

El anciano le miró como si hubiese soltado una terrible blasfemia y acarició inconscientemente la borla de su gorro.

- Yo... ¿No querías ir al castillo, muchacho? La señora es bellísima y os alegrará el día...

La mirada furibunda de Orav debió decirlo todo, porque con una tímida sonrisa el hombre dejó unas tostadas con mermelada y té a la puerta de su aposento y se retiró.


Pues resultaba que parte de su mal humor matutino era por hambre. En cuanto devoró las deliciosas tostadas que le ofrecieron su estado de ánimo cambió de funesto a infausto. Bueno, quizá la visión de la fortaleza no cambiaba especialmente sus sentimientos... Ylôwan apestaba. 
Bajó las escaleras de la casita poniendo caras raras -pretendían ser sonrisas amables para compensar su mirada de antes- y cuando llegó a la cocina quedó petrificado. Zed estaba comiendo terrones de azúcar que le ofrecía la señora apestosa del bosque que recogía bayas. 

- Disculpe...

La brisa helada le envolvió y cuando la señora le devolvió la mirada soltó un chillido de espanto poco propio de un aguerrido caballero. Además de su aspecto horripilante, la anciana tenía unos ojos ciegos y blanquecinos que le provocaron escalofríos y un pánico atenazante. Y Zed tan panchu comiendo de su mano... ¡Ese caballo era un freaky! La señora, como típica señora-fantasma, abrió la boca a más no poder y soltó un grito digno de una Banshee para después desaparecer. El corazón de Orav latía desbocado mientras Zed le miraba sin entender.

- ¡Dioses! ¿Pero cómo podías estar tan tranquilo?

Los grandes ojos del corcel parecieron responder "la belleza está en los ojos del que mira". ¿¿Uhm??

- ¿¡Qué pasa!? 

El anciano de la casita entró en la cocina con varias hortalizas escurriéndose de sus brazos y le miró con rostro asustado.

- Yo... Pues que he visto... Una señora...
- ¡No! ¡No la menciones, chico!
- ¿Por..?

La mirada del viejo le hizo enmudecer. 

- Sucesos muy extraños están aconteciendo...
- ... en un remoto lugar de nuestro señorío... -completó inconscientemente Orav con voz tétrica.
- ¿Qué?
- ¡Oh, perdone! Un déjà vu...-respondió recordando las palabras de Thÿowin.
- Hay magia oscura rondando, muchacho. No debe mencionarse para que no sea atraída... Por eso nos alegramos pensando que quizás eras un mago de tierras lejanas dispuesto a luchar...
- Bueno, aún tengo mi espada...
- ¡La magia negra no se combate con fuerza bruta jovencito! Pero no hablemos más de ello...
- Pero mi caballo...

El anciano miró a Zed, que puso ojos tiernos e inocentes.

- Tu corcel... Es peculiar. Muy, muy peculiar. Un animal muy inteligente... ¿Quizá demasiado? -preguntó dándole una palmadita jovial en la mandíbula y una zanahoria, a lo que el caballo relinchó alegre.
- No sé... Es un buen compañero.

El caballo pareció conmovido mientras masticaba y Orav se sonrojó contra su voluntad. 

- Quiero visitar el castillo -dijo para cambiar de tema.
- ¡Me parece estupendo! Vamos, muchacho, te va a encantar.

Orav suspiró y su humor volvió a ensombrecerse.


¡Sí! El castillo, como todo en Ylôwan, era magnífico. Maldita sea, si no estuviera en un momento tan aciago estaría disfrutando de todo aquello como nunca. Estaba orgulloso de su pueblo natal, pero aquel lugar era realmente genial. Digno de un lobo exiliado, del gran mago de la aldea... Sintió una punzada de nostalgia. 

Cuanto más caminaban por las dependencias más se daba cuenta de lo que rico que era el hombre con el que habían comprometido a su amiga y por una vez suspiró con fastidio. Todo eso a ella no le importaba... Salones fastuosos, cubertería de oro y plata, un jardín interior con flores exóticas... Nada de eso le daría la felicidad. 

- Y ahora, prepárate. Ahí está la gran dama, en el salón. Inclínate ante su gracia y belleza... 

Orav iba tan distraído que no se había dado cuenta de cuánto habían avanzado y no estaba preparado para aquello. Su amiga estaba impresionante, parecía una auténtica reina. En lugar de caer de rodillas sentía que su espíritu se elevaba y no podía dejar de mirarla. Ni de anhelarla. Maldita sea, ¡Estaba enamorado!

- ¿Orav..?


Dedicado a Álvaro, ¡feliz cumpleaños Varo!

09 octubre 2020

Amoena orbis terrarium

Lo que ocurrió en ese momento sí que fue inenarrable. Märga tardaría años en olvidar aquella escena nocturna en los manantiales. Quizá lo mejor fuera hacer un impasse en sus recuerdos y desvanecer los últimos acontecimientos... Su memoria iría de la creación del Clan Siniestro a... Bueno, a un futuro que aún no había ocurrido... Buff, era mucho que omitir, y como ya había dicho: "qué traaauma". El caso es que habían logrado liberar a Ëdeweiss porque la ninfa de cabello oceánico ya no la quería después de... De uno de esos recuerdos que iba a olvidar.

- ¡Qué bien, por fin podemos ir a ver a Pänsy con su Absalón! ¡Y todo gracias al súcubo! -dijo Polvo de Galleta lleno de felicidad mientras contemplaba la belleza de la nieve contrastando con el cielo nocturno.
- ¿Y este chico no tiene frío? -preguntó El doble de chico-chica, bastante incómodo por su desnudez.
- No parece que le afecte... -comentó Princesa mirando por millonésima vez su estambre. Su novio estaba tan feliz de haberla recuperado que no sabia si alegrarse o enfadarse por su comportamiento inapropiado.
- Parece que olvidáis que vamos por el mundo con un hombre desnudo...
- Y digo yo, ¿no se le puede echar una manta encima o algo?

La meiga miró con una ira helada a Km3 y éste calló al punto. ¿Si fuera tan fácil como "echarle una manta encima" (pensó con retintín) no lo habría hecho ya?

- Está hechizado. No se le puede cambiar. 
- Pero...
- Pero nada. Es parte de su conjuro, al fin y al cabo es una flor... ¿Y ésta cuando se larga? -pensó para sí. El súcubo iba de la mano de Ëdeweiss y Chico-chica le echaba miradas furibundas a la flor y sin poder evitarlo de adoración a la hipnótica mujer a pesar de su envidia.
- Tiene que acompañarnos para que Absalón no vuelva a caer en el embrujo de las ninfas -contestó como si le hubiera leído los pensamientos.
- ¡Ah! Bien... 

La verdad es que no le hacía ninguna gracia tener que viajar con esa criatura, pero quizá su belleza distrajera a la gente de Absalón... Miro con nostalgia a Polvo de Galleta. Quería su cuerpo de vuelta.


Viajar durante la noche había sido una buena idea ya que la oscuridad les protegía de miradas indiscretas, y como ya había dicho en alguna ocasión conformaban un grupo de lo más pintoresco y llamaban la atención por doquier. Märga, convertida en Sexy de Galleta, Polvo de Galleta y su inexplicable empeño en ondular su cabello -que por cierto le quedaba estupendamente, tenía que probarlo cuando fuera ella misma-, el sensual súbuco... y el hombre en pelotas. "Pintoresco" era decir poco...

- ¿Cómo decís que vamos a viajar hasta el puerto?

La cuestión era muy difícil, por no decir imposible, de resolver. Viajar de Êdimbürgh "allende los mares" al valle de Pänsy solo podía hacerse en barco -por la maldición de la dichosa florecita- y sería  durante casi una luna. Una luna de hombre desnudo en un sitio reducido... Aunque permaneciera en el camarote con el súcubo y cuantas barbaridades se les ocurrieran para entretenerse, primero tenían que subir al barco. ¿Y qué capitán les permitiría viajar en aquellas condiciones?

- Lo más difícil me parece que será llegar al embarcadero sin que nos apresen... -suspiró Märga. En serio, ¿era necesario que fuera en bolas? Estúpida Pänsy...
- ¿No podéis hechizar a todo el mundo para que lo perciban de otra manera?

La meiga se quedó mirando boquiabierta al súcubo. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

- ¡Eres un genio! ¡Alterar su percepción! 

El súcubo sonrió con sinceridad y al punto le pareció más humana.

- Será complicado porque en el puerto hay mucho movimiento, pero no es inverosímil... ¡Me encanta! ¡Es la solución perfecta! En cuanto os encontremos un camarote basta con que no salgáis a menudo y... ¡Me encanta! 
- De nada, Märga la meiga. Tus poderes son conocidos en los caminos, incluso para nosotros, seguro que podréis con un hechizo así -dijo mientras Chico-chica la miraba orgulloso por haberla invocado.

Pues sí, si que podía. Y sí, fue útil. Arribaron al fondeadero -lo mejor era empezar con la jerga marinera lo antes posible para familiarizarse- y lo único que la gente podía ver era el extraño grupito de amigos en el que había dos parejas, una de ellas hermosos como elfos... Y eso que había cambiado también la percepción que la gente tenía del súcubo, para que no llamara tanto la atención...

- ¡Estamos en el barco! ¡Rumbo al valle de Pänsy! -se alegró Polvo de Galleta, que cada vez se veía más cerca de recuperar su cuerpo original.
- ¡Y los camarotes son fantásticos!
- ¡Mirad que vistas!

Solo se veía la uniforme superficie del océano interminable, pero Märga les entendía. También estaba emocionada.

- Bueno, ahora solo falta que no salgáis mucho del camarote y...
- No creo que eso sea posible.

La meiga miró al súcubo y por un instante sintió un escalofrío de terror. ¿Se la iba a armar?

- Yo tengo asuntos que atender en las noches, entenderéis que es mi naturaleza, Märga la meiga...
- Eh... Sí... ¿Pero puedes hacerlo con discreción? -preguntó mientras la apartaba lejos del resto, que charlaba animadamente.
- Por supuesto.
- ¿Y cómo mantendrás tranquilo a...?
- No hay problema -dijo mirando al manflorita y guiñándole un ojo, para disgusto de Princesa- está bajo mi conjuro de amor, dormirá soñando conmigo cada noche...

En serio, es que esa voz la seducía hasta a ella.

- Está bien, tu haz... Lo que tengas que hacer, pero ten cuidado.
- Los demonios somos sigilosos, no os preocupéis...

Por un momento sintió que visitaría su propio camarote, pero no era posible porque le había tocado compartirlo con Polvo y no se atrevería a tocarlo con cuerpo de mujer... ¿Verdad? ¡Además, ella era Sexy de Galleta...! 


Tras dos semanas en la mar, nada extraordinario había ocurrido. Ninguna tormenta, ningún desvío. Lo que fuera que hiciera el súcubo en las noches pasaba desapercibido, pues su apariencia real solo emergía cuando estaba alejada de Ëdeweiss, con lo cual nadie la relacionaba con la hermosa joven que acompañaba al muchacho. Y hasta se estaban haciendo buenas amigas, para desconcierto de ambas.

- Habéis sido muy sabia, meiga. Os agradezco el cambio de percepción, pero confío en que solo se mantenga en el tiempo que estoy cerca de Ëdeweiss... -dijo con su sicalíptica voz.
- Claro, luego liberaré la visión del mundo sobre tí. La verdad que te agradezco todo lo que estás haciendo por nosotros...

¿Y por qué lo estaba haciendo?

- No es por Chico-chica. 

Genial, otra que le leía el pensamiento.

- ¿Qué quieres decir?
- El don del brujo sin nombre -dijo misteriosamente con una sonrisa sibilina.

Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños bollín!

27 julio 2020

Arch Enemy

Cuando vio lo que les rodeaba no tuvo ninguna duda, tenía que ser la Sala de los Menesteres. Estaba llena de cachivaches, objetos rotos olvidados entre el polvo y cosas de lo más diverso. Parecía una especie de desván gigante en el que generaciones y generaciones de alumnos de Hogwarts habían acumulado...

- ¡Cuánta mierda!

Bueno, ella hubiera escogido palabras más bonitas.

- ¿Qué significa esto?
- Que hasta en una escuela de magia la gente tiene síndrome de Diógenes... 
- ¡Goggy! -se exasperó la chica.
- Oye, ¿pero estos no decían que iban a Dervish y Banges? ¿Qué carajo hacen en la Sala de los Menesteres?
- ¡Pues será un atajo, yo que sé! ¡Vamos a seguirles! -le instó.

Razón no le faltaba. Cuando los dos vampiros dejaron de caminar entre pilas de libros, frascos de poción rotos y otras cosas que preferían no recordar -OH DIOS MIO OH DIOS MIO OH DIOS MIO, ¿¿juguetes...??- Wherynn no había dejado acabar a su amigo y se había alejado rápidamente de allí- llegaron a un lugar donde se encontraba un armario viejo y sucio.

- Tú tienes mejor gusto con el mobiliario..
- ¿Te has fijado? -dijo ella sin hacerle caso- Es un armario evanescente.

Ädri miró a su amiga, sin dar crédito.

- ¿Un armario evanescente en Hogwarts?
- Si.
- Oh...

Wherynn notó algo sospechoso en su compañero y se lo quedó mirando.

- ¿Pero tú sabes lo que es un armario evanescente? -preguntó, socarrona.
- Eh... ¡Claro que sí! -afirmó él, muy seguro de sí mismo.
- ¿Y qué es?

El chico se quedó mirando fijamente al objeto observando los movimientos de los Sly a ver si podía deducir algo.

- Pues es un armario... Viejo... Que... Cuando lo abres te metes...
- ¡No deberían meterse! ¡Son aparatos muy engañosos y temperamentales! -exclamó Wherynn.
- ... Y es como una... red flu, y te lleva a ¿Dervish y Banges..? A todo esto, ¿para qué necesitarán visitar una tienda de reparaciones de instrumentos mágicos?


La chica rodó los ojos y le explicó a su amigo lo que era un armario evanescente. Ädri asintió con superioridad preguntándole que para qué le explicaba cosas obvias y ella contuvo la risa.

- No tiene ningún sentido que haya otro armario en Dervish y Banges...
- ¡Oh, espera..! ¿Hemos oído bien?
- ¿Qué?
- ¿No querrían decir...?
- ¡Borgin y Burkes! -adivinó la chica.
- ¡Tendría mucho más sentido!
- ¡Es que ni ellos saben a dónde van! ¡Qué estúpidos! ¿Y tú por qué miras a todos lados? -se extrañó Wherynn.
- Cabe la posibilidad de que alguien se haya dejado una empanada de calabaza olvidada por aquí... -comentó el chico, que aún tenía hambre.
- Va a estar guapa... ¡Mira!

La chica asió con fuerza a su amigo y vio cómo uno de los vampiros desaparecía mientras el otro vigilaba.

- ¿Lo desmayamos? -propuso Ädri.
- Pues no sé.. Mejor esperamos a ver qué trae el otro y luego los confrontamos.
- ¿Y si trae un arma de destrucción masiva?
- ¿Tú crees?
- Si realmente va a Borgin y Burkes...
- ¡Mira, ya vuelve!
- ¡Qué rapidez!

Wherynn sintió deseos de darle una colleja a su amigo pero se contuvo. El vampiro traía consigo una cajita pequeña envuelta en un pañuelo rojo y no podían ver su contenido.

- Bueno, tampoco podíamos pensar que lo iban a traer ahí al aire... -razonó Wherynn.
- Y hablando de cosas raras... ¿Por qué han venido a esta sala a través de un pasadizo en Cabeza de Puerco pudiendo usar la puerta normal? -preguntó Ädri.
- Pues ahora que lo dices... ¡No me había fijado!
- A lo mejor no saben entrar por la otra puerta...
- ¿Entones ya lo tienes? ¿Te lo ha dado sin problemas? -preguntó el Sly, emocionado.
- Si... Creyendo que soy un vampiro peligroso no ha habido ningún problema... -respondió el otro con una voz que les puso los pelos de punta.
- Tío, esto va a ser brutal...
- ¿Pero de qué van?

Wherynn miró a su amigo, sin entender.

- Habían dicho en la Casa de los Gritos algo de robar no se qué de Hogsmeade (y mira que se han ido hasta el Callejón Knockturn ni más ni menos) y mantener viva la maldición de la Casa...
- Como ya hicieran sus ancestros, si, lo dijo el tío con voz de pito...
- Y hablando de tíos con pito, ¿Cómo estará tu amiguito el Ravenclaw?

Wherynn se sonrojó involuntariamente.

- ¿¿A qué viene eso Goggy Golosina??
- A nada, es que me acordé de él, como le dejé ahí paralizado...
- ¡Céntrate! ¿Por qué estamos asumiendo que han ido a Borgin y Burkes? ¡A lo mejor han ido a Dervish y Banges de verdad!
- ¿Unos Sly?
- ¡Cuidado, se mueven! ¡Sigámosles!

Wherynn tiró de su amigo para que fuera con ella mientras el chico miraba a su alrededor suspirando por algo de comer. 



Dedicado a Adrián, ¡feliz cumpleaños!

19 julio 2020

Fuþorc

Wherynn trataba de pensar con rapidez. ¿Atacar a un profesor se tendría en cuenta para su castigo o expulsión después de haber estado en el Bosque Prohibido, encontrado una varita maldita omnipotente y liberado la oscuridad en terrenos del colegio poniendo en peligro a todos? A ella la verdad que le parecía bastante secundario...

- ¡Maldita loca!

La chica miró instintivamente a su amiga, que yacía en el suelo aún groggi. Miró a Mr. Felix, que había gritado y siguió su mirada hasta... Thäis. La muy... se reía. ¡Se reía! La mataría a bofetás...

- ¡Tendríais que haber visto vuestras caras! -dijo entre carcajadas.
- ¿Cómo sabías que estábamos aquí?

La Griffindor miró con una sonrisa coqueta al otro Ravenclaw, que la contemplaba serio.

- ¡Oh! Probé suerte, eso es todo, a las chicas les gusta venir a la biblioteca cuando tienen dudas sobre magia y como Sÿl estaba hechizada...
- Tú no eres Thäis -sentenció el chico.

El silencio cayó pesadamente sobre la biblioteca.

- Claro que sí -afirmó ella.
- No sé quién eres, pero no eres Thäis -repitió él con voz segura.
- ¡Sí lo soy!
- Yo confío en él... Y no pareces tú misma...
- ¿No estará hechizada..?

Thäis sonrió con una mueca extraña y sus ojos se volvieron opacos.

- ¡Huid!

Todo ocurrió muy deprisa. Mr. Felix conjuró una escoba que apareció de la nada y arrastró a Wherynn para que se subiera detrás mientras el otro Raven hacía lo propio con Sÿl, a la que ató a su espalda con un incarcerous para que no se cayera. Lo último que la chica vio fue la biblioteca estallar en pedazos mientras las cristaleras se desprendían por los terrenos y las llamas cubrían parcialmente el cuarto piso del castillo. Se había quedado sin palabras.

- ¿Qué..? -preguntó cuando recuperó la voz mientras planeaban sobre el bosque en busca del lugar exacto donde había caído la varita.
- Era un inferius.
- ¿¿Un inferius??
- Si. Un cadáver reanimado con magia oscura...
- ¡Ya sé lo que es un inferius! ¿Pero por qué..?
- Seguramente Sÿl la asesinó en la enfermería y luego la invocó con sus poderes oscuros para que nos atacase...
- ¡Pero ha hecho explotar la biblioteca! ¿¿Cómo vamos a explicar eso??
- La biblioteca está bien.

Wherynn miró hacia el castillo, que se erigía en todo su esplendor bajo la luz de las estrellas. De verdad que no entendía nada. ¿Dónde estaba el fuego, los pedazos de cristal..?

- Wher... ¿Podrías agarrarme con menos fuerza?

La chica miró al sonrojado muchacho que la llevaba en escoba y se dio cuenta de que se aferraba a él con toda su alma. Ooops.

- ¡Ay, perdona! Del susto... -se disculpó.
- No es nada -dijo guiñándole un ojo mientras el otro se ponía celoso de nuevo pero lo disimulaba con gran maestría, salvo por las chispas furiosas que emanaban de sus ojos oscuros.
- Los inferi temen a la luz y el calor. No puede provocar un incendio con tanta facilidad aunque se le antoje a Sÿl, y menos sin magia... 
- ¿En serio?
         ¿En serio?
                  ¿En... serio...?
                                  En...






- ¿Wher?
- ¿Whers, estás bien?

Sus voces se oían lejanas, como en un sueño...

- ¡¡Wheeer!!!

Eso se había oído mucho más cerca.

- ¿Qué? -preguntó levantándose de golpe y mareándose. Solo veía puntitos negros y le zumbaban los oídos con fuerza. Se sujetó la cabeza y a los pocos segundos la sensación se desvaneció. Los dos Ravenclaw estaban arrodillados a su lado mirándola con preocupación. ¿Qué ha pasado? -cuestionó.
- Estabas... Te retorcías en el suelo y gimoteabas, algo de fuego y la biblioteca... Y la runa...

Wherynn estaba totalmente desorientada.

- Lo último "que recuerdo" es que recibí un golpe por la espalda y... caí a tu lado... -dijo sonrojándose involuntariamente.
- Sí. Bueno, supongo...
- Sí. Estabais los dos ahí tirados y tuve que encerrar a Sÿl en esa jaula para que no se liberara del Imperius y poder despertaros.

La chica no se lo podía creer.

- ¿Tienes mi varita?
- ¡Sí! ¿Cómo lo..? -preguntó el chico mientras se la tendía.
- Y tú has encontrado algo en un libro negro lleno de sangre y fluidos con páginas tan gastadas que resulta casi ilegible...

Los dos jóvenes se miraron sin saber qué decir.

- Pues... ¡sí! ¿Cómo lo sabes?
- Déjame leerlo.

La chica lo ojeó rápidamente y sus temores se confirmaron. El texto era casi el mismo que había leído en su sueño y tocar las hojas le volvía a dar repelús.

- Sÿl va a despertarse... Y va a sonar la voz de Snape, pero solo será Thäis, o lo que nosotros creemos que es Thäis...
- ¿Te has estado dedicando a la adivinación o qué? -dijo con una sonrisa Mr Felix.
- No se está resistiendo apenas al Imperio. Creo que... la libera de su dolor.

Wherynn miró a su amiga. Parecía tranquila y aliviada, hasta sonreía levemente.

- Quizá te golpeaste la cabeza...
- ¿Y cómo se lo del libro y la runa? ¡Tenemos que volver al bosque, por cierto!
- Claro, vamos -dijo el prefecto que controlaba a Sÿl mirándola de soslayo -Desmayadla para que pueda dejar el hechizo.

La chica y su amigo la dejaron fuera de combate mientras Wherynn miraba distraída esperando que en cualquier momento apareciera Thäis imitando a Snape.

- Puede que hayas mezclado realidad y fantasía... Te golpeaste fuerte, es natural... -la reconfortó Mr. Felix conjurando tres escobas para poder salir rápidamente por la ventana.
- Yo llevaré a Sÿl -dijo el otro Raven atándola a su cuerpo. Vaya, ¿por qué esa parte no era como en su sueño? ¡Justo lo más interesante!
- ¿En qué piensas?
- ¡Ya querrías tú saberlo! Digo... estoy un poco aturdida aún... -se disculpó.
- ¿Puedes volar? Si quieres te llevo yo...

Wherynn soltó una carcajada que resonó en la biblioteca.

- ¡Oh! No te preocupes, puedo volar sola -suspiró resignada.



El bosque seguía pareciendo oscuro y amenazante y Wherynn no paraba de mirar atrás. Ni Thäis, ni la biblioteca en llamas... Bueno, eso era positivo, pero ¿por qué lo había soñado?

- Así que la runa solo libera su verdadero poder con la Varita Maldita y es la única que puede hacer que su malignidad se vuelva luz... -reflexionó en voz alta el Raven mientras buscaban el lugar indicado.
- ¡Un clásico! -exclamaron Wheynn y Mr. Felix a la vez, riendo luego por ello.
- Bueno, técnicamente se libera con varitas poderosas... La de saúco también haría bien su papel...
- Ahora sí que nos venía de lujo tener cerca a Ollivander...
- ¡Ah, la misteriosa artesanía de las varitas mágicas! -dijo el prefecto imitándole acertadamente.
- ¿Es aquí?

Mr Felix señaló un claro del bosque totalmente en tinieblas recorrido por una extraña neblina.

- Mirad a Sÿl...

La muchacha había abierto los ojos como una psicópata y miraba fijamente a un punto indefinido en la oscuridad. Sin embargo, aún parecía desmayada... ¿Cómo era posible?

- Da un mal rollo tremendo... ¿no?
- Hombre, pues sí... ¿Creéis que es por el influjo de la varita?
- ¿A dónde..?

Al punto Mr Felix se quedó como en trance contemplando el mismo lugar a donde se dirigían los ojos de Sÿl.

- Ha estado en contacto con la varita -recordó el otro Ravenclaw- es posible que sienta la conexión... -susurró a la chica.
- ¿Qué hacemos? Si se vuelven locos de nuevo...
- ¡Estoy bien! Pero... me siento extrañamente atraído a ese sitio...

Se giró inconscientemente y Wherynn observó que su mirada se dirigía ahora al lugar donde había caído la Varita Maldita. Le miró, negó con la cabeza y el chico sonrió en disculpa, avergonzado.

- No voy a...
- Ya lo sé. Pero si tengo que dejarte fuera de combate lo haré. Aún recuerdo lo de mis costillas...
- Lo siento... -se disculpó de nuevo.
- ¡No me niegues un duelo! -bromeó.
- Chicos, centraos. Si la runa está cerca...
- ... debemos encontrarla y... espera. ¿Ponerla a salvo? ¿No está bien protegida aquí?

Un siseo terrorífico les heló la sangre en las venas. No parecía ninguna criatura conocida.

- ¿Qué demonios..?
- ¡Mirad a Sÿl!

La chica había comenzado a mover los labios pero como estaba silenciada no oían nada. Wherynn se acercó y se la quedó mirando, extrañada. ¿Era su imaginación o estaba diciendo "pizza"?

- ¿A lo mejor tiene hambre? -preguntó Mr. Felix, que entendía lo mismo.
- Será algún conjuro arcano... -sugirió el otro prefecto.
- Sea lo que sea no para de mirar fijamente entre la niebla...

Wherynn trató de seguir la linea trazada por los ojos de su amiga y cuando se acercó lo suficiente los chicos la detuvieron con un grito. Sÿl había vuelto a alzarse y parecía completamente poseída.

- ¡Quítale el silencius para que podamos oírla, así sin voz es horrorosa!

Ciertamente la chica daba pavor, con su mirada de nuevo verde como si aún siguiera bajo la maldición Slytherin. Wherynn recordó eso de que la habían elegido Sly y se había negado... Tendría que hablar con ella sobre eso cuando acabara toda esa locura. El Ravenclaw de ojos oscuros la liberó y las palabras de Sÿl les tomaron por sorpresa.

- ¡Alejaos de la runa, la maldición de su poder caerá sobre todos vosotros! ¡Slytherin no podrá salvaros, siendo la casa más poderosa! ¡La Varita no la controla! ¡La pizza envenenada no es la solución!

- ¿Pero qué dices, so loca?
- ¡No me insultes, sucio Ravenclaw!

La chica trató de abalanzársele y el joven la esquivó con soltura. Sÿl cayó de bruces y se enfureció aún más.

- ¡¡Dadme mi varita, le sacaré un ojo!!
- ¡Uy, eso es tan propio de mí! -se le escapó decir a Wherynn.
- ¿Ah?

- ¡Cuidado!

Una luz cegadora se abrió en el claro y del terrero emergieron unos cofres de madera que parecían muy antiguos. Comenzaron a girar lentamente alrededor de ellos cerrándoles el paso y al unísono se abrieron, revelando un alfabeto rúnico de madera al completo.

- ¿Sabéis... que cada una está hecha de madera diferente?

Wherynn no era capaz de distinguir las maderas pero si podía ver la diferencia de tonos y texturas. Miraba con atención cada una de ellas pero por alguna razón ninguna parecía la runa de poder.

- ¡Se oculta de los malditos que no poseen el don de ser sus dueños! -gritó Sÿl. Su amiga se preguntó si se daba cuenta de que era la más maldita entre ellos.
- Tendremos que elegir al azar y confiar en que acertaremos... No parece que nos vayan a dejar movernos.
- ¿Ah, no?

Sin previo aviso, Wherynn cogió una piedra y la lanzó fuera del círculo. La roca quedó echa añicos y su fino polvo se esparció por la tierra.

- Pues no.



¿Cómo escogerla? ¿Dejarse llevar por el corazón? ¿Preguntar al experto en maderas cuál era la más digna de portar una runa mágica? ¿Usar a Sÿl como conejillo de indias, ahora que estaba medio chiflada?

- ¿Qué quisiste decir antes con que "la pizza envenenada no era la solución? -preguntó Wherynn, intrigada.
- ¿¿Cómo osas hablarme, sucia mortal??
- Ay chica, qué borde...
- ¡Ya sé cuál es!

Mr Felix tenía una sonrisa traviesa en la cara y el otro Ravenclaw le miraba dubitativo, convencido de que metería la pata.

- ¿Os acordáis de lo que leímos en el libro?
- ¿Sobre la runa?
- ¡Claro! ¡Digo, no! ¡Sobre varitas!
- ¿De qué hablas? -cuestionó Wherynn, dudando ahora de su cordura. Al fin y al cabo se sentía muy atraído por la Varita Maldita...
- ¡El libro sobre varitas de la clase de Historia de la Magia!  -dijo el chico mirando efusivamente a su amigo- ¿Dónde viviría un Bowtruckle?
- ¡Oh! Ya entiendo...

El Raven de ojos oscuros se acercó a una de las runas y extendió la mano, seguro de sí mismo.


Dedicado a Sylvia, ¡feliz cumpleaños chuli!

13 mayo 2020

The Monastery of Yn

Caminaban en silencio desde hacía varios días. Ërov parecía tan abstraída con sus propios pensamientos que Mordred no se atrevía a romper aquel instante de perpetuo mutismo. Solo caminaban, dormían y volvían a caminar, comiendo en ruta cuantas bayas recolectaban y pequeños animales cazaba él, sin detenerse jamás. Pronto, el monasterio de Yn estuvo nuevamente ante sus ojos, en lo alto de una colina oculto por un robledal.

- Ërov... 

Por primera vez desde que salieron del castillo de Vlädés, la sacerdotisa le miró. Sus ojos reflejaban tanta sabiduría como si mil vidas hubieran pasado desde que empezaran su camino en busca de la profecía. Y allí se hallaban, de nuevo, en el monasterio que no habían podido recorrer por culpa de los centinelas que lo guardaban. Pero esta vez estaban prevenidos.

- Lo siento.

El joven la miró con curiosidad.

- ¿Qué sentís, mi señora?
- Siento que os estoy fallando. A la Suma Sacersotisa, a mi familia... A ti... 
- A mi nunca podríais decepcionarme.

Mordred la miró intensamente y notó un aluvión de mariposas en su interior.

- Sois una maravilla de la naturaleza, fuerte y poderosa, con unos dones que ni vos imagináis... El destino del mundo está en vuestras manos y yo os ayudaré a soportar la carga para que sea más liviana. Solo tenéis que confiar en vuestros instintos. 

Ërov sonrió. Si unían fuerzas, todo era posible.


Cuando alcanzaron el monasterio, la sacerdotisa notó un cambio en el ambiente. No sabía decir qué era, si era fruto de sus poderes en constante evolución o si los demonios de Vlädés habían conquistado el lugar hacía décadas. No había sentido nada la última vez y no tenía razones para creer que el monasterio ya no fuese un lugar seguro de reposo para los monjes y centinelas del reino que les custodiaban.

- Mi señora... -comenzó Mordred, quedándose quieto de repente.
- ¿Sí? -respondió Ërov, impaciente por entrar y comprobar si sus sensaciones eran reales.
- ¿Por qué hemos venido?
- ¿A qué te refieres?
- La profecía ha sido destruida... Vuestro tío la quemó. ¿Qué hacemos en el monasterio?
- Yn es mucho más que un simple claustro y encierra más secretos que la profecía... Venimos a hablar con el Prior, el Guardián, el Gran Maestre...

Mordred la miró largamente. 

- ¿Viajamos para conversar con el Supremo? ¿Por qué?
- Pronto lo entenderás -contestó Ërov simplemente.


El monasterio de Yn era mucho más vasto de lo que se podía apreciar a simple vista, ya que parte de su construcción se encontraba bajo tierra, en el corazón de la montaña, lejos de miradas invasivas. Esta vez, sin embargo, no recorrerían sus galerías subterráneas, si no que entrarían por la puerta principal como viejos amigos. 

A la entrada del lugar, de piedra austera y vetusta, pudieron ver un mapa que indicaba los distintos aposentos y el laberinto que conformaba  sus entrañas.


- ¿No resulta extraño que tengan un plano del interior justo en el pórtico? Cualquiera podría conocer sus enigmas...
- ¿Eres capaz de verlo?

El joven asintió y esta vez fue Ërov la que lo miró durante un tiempo -más del necesario, por qué no admitirlo.

- ¿Qué secreto encierra? -cuestionó Mordred, suponiendo algún tipo de magia.
- El plano solo se muestra a aquellos puros de corazón que buscan la benevolencia, la erudición y el consejo virtuoso de los monjes. Jamás se revelaría ante un demonio, o cualquiera que deseara el mal.
- ¿Es eso cierto?
- Absolutamente.

El monje superior de la orden les recibió con una enorme sonrisa desdentada y abrió sus brazos en cálida bienvenida.

- ¡Oh, Mënthôr, estás aquí! -exclamó Ërov con una mezcla entre alegría y alivio.
- Por supuesto, pequeña sacerdotisa. Aunque he de decir que vuestros poderes han aumentado tanto que ya no sois una simple jovencita que aprende las artes antiguas...

¿Cómo podían ser bienvenidos si habían acudido al lugar a robar la profecía? Mordred no entendía nada.

- Este es un lugar peligroso para ladrones... ¿No es así, jovencito?

Mordred se sonrojó. ¿Le adivinaba los pensamientos?

- Los muros tienen memoria, vista y oídos. A veces un poco de sigilo en un pasadizo subrepticio no viene mal... -rió el monje.
- ¡No seas malo! Mi amigo no lo está entendiendo... -dijo Ërov empujando cariñosamente a aquel hombre mientras miraba a Mordred, que cada vez parecía más confundido.
- Esta mujercita sabe bien que los secretos de Yn pueden ser revelados por entes malignos que un día fueron buenos y que a veces un buen amigo puede penetrar sus defensas fingiendo ser pérfido en pos de un bien mayor...

El joven asintió aunque seguía sin comprender ni una palabra.

- Mordred...
- Es mi sobrina. Ërov es mi sobrina más querida, la única que tengo, la niña de mis ojos.

¿Cuántos familiares legendarios o proverbiales tenía aquella sacerdotisa? Su linaje era más fascinante y sofisticado de lo que nunca había imaginado...

- Tenemos que hablar del maestro.

El rostro de Mënthôr cambió a un semblante mucho más serio y circunspecto.

- ¿No me digas que también estás emparentada con él? -suspiró Mordred.
- Por supuesto que no. El maestro...
- El maestro es un traidor al monasterio.

Ërov miró a su tío, con expresión grave.

- ¿Lo sabías? -preguntó, dolida.
- Lo sé desde hace mucho tiempo. No quería que tú lo supieras hasta que fuera estrictamente necesario. 
- ¿Por qué?
- La profecía.


El silencio reinaba en los pasillos del claustro. Los centinelas se apartaban a su paso, ya que iban con el Gran Maestre y eran intocables. Mordred reconoció al guardia que dijo lo de "prendedlos" y había tratado de prenderles fuego... El hombre sonrió a modo de disculpa y el joven le devolvió la sonrisa, aunque no podía olvidar que por su culpa habían acabado en el desfiladero de los muertos y todo se había torcido... Resopló indignado y Ërov le dio la mano, reconfortándolo. Para ella tampoco había sido agradable... 

- Y bien, mi niña, aquí está.

Los dos jóvenes miraron a una balaustrada de madera intrincadamente tallada tras la cual había una puerta de piedra común y corriente. Traspasaron el umbral y al punto se sintieron diferentes. La magia antigua gobernaba aquel sitio. La sacerdotisa recordó cómo se había sentido en el exterior del recinto y no tenía nada que ver con aquello... 

- ¿Los vasallos de Vlädés han estado aquí?

Una sombra cruzó el rostro de su tío. 

- Nunca podrían llegar tan lejos. Su corazones se pudrirían en estos pasillos mucho antes de que cualquiera de los centinelas los encontraran. Por eso nos protegen, no solo con sus armas, sino con su lealtad.
- ¿Siempre habla en acertijos? -preguntó Mordred sin poderlo evitar. El monje sonrió.
- ¡Oh, sí! No puedes pasar tanto tiempo entre viejos libros y pergaminos sin adquirir un lenguaje tácito de sus palabras. Impregnan tu alma y su espíritu se queda con una parte del tuyo.

Un ruido quedo sonó en uno de los muros y Ërov buscó la fuente del mismo.

- No busques, pequeña sacerdotisa, no se dejarán ver.

Mordred sintió un escalofrío.

- ¿Qué estamos buscando? La profecía ya no existe.
- Claro que existe, aunque no tenga forma terrenal.
- El maldito Vlädés y su torpeza...

El monje soltó una risita.

- Si, mi cuñado siempre ha sido especial. Lástima que su cobardía haya hecho que le seduzca la oscuridad. No obstante, tiene buen corazón, y vosotros dos, el destino de la humanidad, se lo recordaréis...

El hombre cogió algo muy pequeño de una repisa y se lo entregó a Ërov. 

- Este anillo -dijo mientras la sacerdotisa contemplada la hermosísima pieza que yacía en sus manos- tiene un significado único para Vlädés. Le evocará recuerdos que harán que contemple su propia existencia desde otro prisma. Debéis entregárselo y permitir que se lo ponga en el dedo índice.
- ¿Precisamente en el índice?

El Gran Maestre clavó su mirada en Mordred y este quedó en trance por unos instantes. Acababa de ver su propia muerte de nuevo, los ojos del vacío...

- Ërov...

Fue demasiado tarde. El monje se abalanzó sobre ella con una fuerza indescifrable y le clavó la daga que la misma sacerdotisa llevaba entre los pliegues de sus vestimentas.

- ¡ËROV!


La sacerdotisa abrió los ojos. En el desfiladero de los muertos.



Dedicado a Verónica, ¡feliz cumpleaños neni!

07 marzo 2020

The Cult (Sibyl)


La entrada a la cueva estaba sellada por la magia ancestral de sus antiguos moradores hacía siglos. De sus fríos muros manaba agua del río que ocultaba su abertura a ojos de los viajeros desconocedores de su maligno legado. El joven guerrero penetraba en su interior con los ojos ciegos en busca de la profecía de la sacerdotisa de Apolo, en busca de su destino... No sabía dónde se hallaba la Pitia ni si las historias que contaban sobre ella eran ciertas, si se hallaba en el interior de la caverna en lugar de estar en el santuario designado por los dioses leyendo el oráculo como en los tiempos antiguos donde reinaba la oscuridad... 

La caverna se bifurcaba en varios caminos y elegir con sabiduría era la única forma de llegar a la sibila y poder escuchar sus augurios sobre la impredecible guerra, el destino de los hombres en el mundo incierto que les rodeaba y el amor que quizás jamás sería encontrado en el reino de tinieblas del viejo rey bastardo... 

Las voces de los peregrinos se oían como suspiros por la cueva suplicantes de augurios y remedios contra los males que asolaban sus tierras, sus vidas, en busca de la iluminación que solo las palabras de la sacerdotisa podía inculcar en sus mentes vacías y en sus espíritus corrompidos por la soledad...

El camino se volvía más angosto y las voces se perdían y ya no se escuchaban en el silencio, por lo que Kassandra no podía estar cerca rodeada de sus hermanas... Se había perdido en la cueva entre sus pensamientos, en un delirio de oscuridad del que no era capaz de huir para hallar la senda de la verdad que buscaba a tientas entre los muros de piedra y la penumbra de aquel lugar maldito por los descendientes del mal en una época ya olvidada por los reinos del Üynler que ni siquiera permanecía en sus crónicas y que los escribas habían borrado de sus bibliotecas en los monasterios largo tiempo atrás para guardar el temible secreto... 

El muro de piedra se abrió a una sala circular donde había una pirámide que relucía en la impenetrable oscuridad como si ocultase todas las profecías del cosmos. La sibila le miró con ojos de cuencas vacías desde la muerte y supo que debía regresar, que el destino no estaba escrito y que la victoria en la guerra solo dependía de él... 



Dedicado a Cris, por descubrirme el Assassin's Creed.

18 febrero 2020

A Land of Ruins II


Y pasó el día contemplando su marchita belleza a un lado, su hermosura vital en el otro hasta que los dorados y rojizos rayos del atardecer atrajeron a la oscuridad del paraíso nocturno... Y era cuando el árbol parecía comenzar a cobrar vida... Cuando los dioses lo bendecían con sus dones para que siguiera reencarnándose inexorablemente en la eternidad... Allá fue donde lo encontró la hija de Eva, en el limbo entre la luz y la oscuridad de un mundo que no reconocía como suyo ni de nadie, una realidad espiritual más allá de lo desconocido... 

En el desierto encontraba su esencia, la magia que le haría revivir, lo que lograría que la primavera imperase por encima de su vetusto otoño y decadencia...

Y entonces el árbol renació de sus cenizas, en el silencio de la noche estrellada, siendo la primavera su estación escogida...

Nada ocurrió ante sus ojos, la verdadera magia reside en el interior y aquel sueño solo trajo verdad a su mundo, trascendencia de un arquetipo mitológico, conocimiento de lo profundo que puede ser el subconsciente... Y mientras la hija de Eva se alejaba imperceptible el Árbol de la Vida agitaba sus ramas con fuerza... 


The end.

28 diciembre 2019

Lupo donnaiolo

Habían pasado varias lunas desde su lance en el bosque y Orav no se lo podía quitar de la cabeza. Su amiga estaba más distante que nunca y le rehuía constantemente... ¡Pero si había sido maravilloso! No conocía su lado más romántico y aquella noche había sido un auténtico caballero, respetando a su dama y siendo todo un galán... ¡Maldita sea, mujeres!

- ¿Orav?
- ¡Maldita sea, mujeres! -exclamó en voz alta con un tono que recordó al aullido de un lobo. Thÿowin le miró sorprendido y apenas pudo fingir enfado tras una sonrisa socarrona. 
- ¿Puedes decirme de qué estaba hablando?

El joven miró fugazmente a su maestro. Llevaba en brazos un grimorio de un color bermejo desgastado con cierres de cuero. Recordaba ese libro. Le importaba un carajo ese grimorio ahora mismo. La pondría en la lista de demonios si de él dependiera... 

- Es el Liber Aneguemis, o Liber Vaccae, habla sobre la creación de entidades vivientes a partir de fluidos y restos de animales y hombres... Vamos, sobre como crear algo parecido a elementales...
- ¿A quién se atribuye su autoría? -siguió cuestionando Thÿowin.
- (¿Y a mí que narices me importa?) Apócrifamente a Platón -¡Toma palabra culta!- pero está traducida de una obra árabe, Kitab an-nawamis, y se compone de un liber maior y liber minor -a ver si así le dejaba en paz.
- ¡Muy bien! No está mal para alguien cuyos pensamientos vagan lejos de aquí... ¿Qué te ocurre?

Orav echó chispas por los ojos casi literalmente. ¿Por dónde empezar?

- Nada.
- Vaya... Pues esa "nada" te tiene muy distraído desde que te mandé a por hierbas curativas...

El joven guerrero se sonrojó. Thÿowin era su mentor y amigo, pero había cosas de las que no quería hablar y que pertenecían a su esfera más profunda y sus pensamientos más lujuriosos... Espera, ¿qué?

- Son... cosas mías. 
- ¿Problemas con tu madre?
- ¡Dios, no! Se porta muy bien últimamente, ya hasta parece que entiende que soy un hombre... 

Thÿowin le miró sorprendido. No solía hablar así de su temible madre. 

- ¿Entonces qué ocurre? 

Orav hizo una pausa antes de responder.

- Pues que no estoy aprendiendo lo suficiente sobre alquimia, fluidos minerales y vacas para crear entidades híbridas, así que prosigamos -dijo muy aprisa sin darse cuenta de su propia incoherencia.
- Es una lástima que por una vez te apetezca tanto instruirte en la teoría porque tenía una misión de praxis para ti...

Los ojos del muchacho se iluminaron. ¡Una misión que le quitara aquellos inoportunos pensamientos! Perfecto... Pero un momento, era Thÿowin, le conocía desde hacía años, seguro que había truco...

- ¿De qué se trata? -preguntó, suspicaz.
- Sucesos muy extraños están aconteciendo en un remoto lugar de nuestro señorío... La comarca no es segura, la magia parece haber encontrado un ente oscuro sobre el que reinar y quiero que averigües discretamente de qué se trata... Nadie te reconocerá, deberás fingir ser un viajero de paso y escrutar los alrededores... A ver si así te despejas.

¿Fingir que era alguien que no es? Genial. Lo haría con tanto ahínco que hasta le contratarían de actor para las obras teatrales del pueblo. Por si lo de héroe-brujo-lobo no salía bien. 

- ¿Y dónde es?
- Ylôwan.


Orav había quedado petrificado.

- ¡No, no, no!
- Orav...
- ¡No! Me niego. Ylôwan, ¿El castillo? Ni en sueños.
- Orav...
- ¡Que no! 
- ¡¡Orav!!

Thÿowin mostró su magia por un instante a través de su mirada y el joven se echó hacia atrás. No solía sacar su genio de esa manera y había que reconocer que era imponente. Pero jamás se lo diría.

- Como amigo te ruego que no me pidas esto.

El hombre se enterneció. Le quería como a un hijo y no le agradaba hacerle pasar por aquello, pero era por su bien. ¡Y cualquiera le decía que era por su bien en aquel estado!

- De verdad, créeme que descubrirás mucho más en Ylôwan de lo que imaginas. Guarda secretos fundamentales para...
- ¡Y una porra! Que no, que me niego... -Orav se levantó e hizo amago de agarrar una de las espadas.
- ¿Vas a luchar contra tu maestro?

La voz de Thÿowin sonó entre curiosa y desafiante.

- Si no queda más remedio...
- Siempre fuiste un niño muy terco... Pero tu tenacidad te llevará lejos. De momento hasta el castillo de Ylôwan, ¡No me agradezcas el viaje!

El guerrero cogió ágilmente una pócima de la mesa y la estampó contra el suelo. Una enorme voluta de humo les tuvo tosiendo un buen rato. Cuando se disipó, los ojos del hombre estaban llorosos.

- ¿Pero qué demonios..? -empezó Orav, confundido.
- Me equivoqué de botellita... Bueno, da igual, tú ve. Hazme caso.

Orav rezongó y se rindió a su destino. 


Caminar con nieve apestaba, pero ir en caballo no estaba tan mal. No es que le gustara demasiado montar, pero se sentía un poco centauro en armonía con aquel poderoso animal... ¿A quién pretendía engañar? Montar a caballo apestaba. 

- "Ve a Ylôwan, ve a Ylôwan...". Ylöwan apesta -murmuraba para sí mismo. Está lejos, hace frío... ¿Pretende que vaya a sus nupcias? Está loco... ¡Todos locos! 

Una señora que paseaba recogiendo bayas en medio de aquel bosque se le quedó mirando fijamente.  El joven puso cara de pocos amigos y pasó de largo sin saludar. La señora apestaba. Esta vez literalmente, olía como a muerto... Se dio la vuelta y miró atrás. No había nadie. Pues sería una señora fantasma, qué más daba. Maldito Thÿowin -pensó mientras agitaba el puño, provocando que casi se cayera de la montura.


Pues resultaba que Ylôwan era un sitio precioso. Después de dos días de viaje y varias noches en penumbra seguidos de otros cinco días de viaje -al final con la tontería se había hecho daño cayendo a un río mientras trataba de aliviar su pesar con un rico pescado y se había detenido unos de días- llegó a aquel estúpido lugar lleno de maravillas.

- Venga, Zed -dijo dirigiéndose al caballo y dándole una palmadita- Vamos a visitar el pueblo que será nuestro hogar durante las próximas semanas... O meses... -suspiró resignado. El animal relinchó y por alguna razón le hizo sentir mejor. En el fondo esperaba que fuese una especie de pegaso mágico que le llevara volando lejos de aquel sitio a un lugar donde pudiera encontrar la paz, pero resultó ser un caballo común y corriente. Estúpido caballo. El animal giró la cabeza y le miró con odio, como si hubiera leído sus pensamientos. ¿Uhm?

- Perdona... -dijo sin saber muy bien  por qué. El caballo relinchó satisfecho. ¿¿Uhm?? 
- ¡Hola, joven! ¿Eres nuevo por estos lares?

Un alegre lugareño le sonreía ampliamente dándole la bienvenida a la humilde y bonita aldea.

- Bueno... Vamos a ver lo que este sitio nos ofrece... -dijo Orav guiando a Zed al interior del pueblo y perdiéndose entre sus macetas repletas de flores, sus calles empedradas y retorcidas y sus bellas damas...




Dedicado a Álvaro, ¡feliz cumpleaños majo!

09 octubre 2019

Aerach deilín bruane

¿Pero a quién en sus cabales se le ocurriría invocar a un súcubo? Aquella mujer-demonio de belleza incandescente la ponía de los nervios... ¿No podía haber sido solo una alucinación hipnagógica de Chico-chica, tenía que ser real?

- Necesitamos tu inestimable poder para que liberes a este hombre de su enamoramiento...
- ¡No! -se le escapó a Princesa- ¡No... tardéis en hacerlo!, hermoso... demonio?

Märga rodó los ojos. Ojalá el súcubo les diera su merecido... ¡Bueno, no!

- Por supuesto, no podría negarle nada a mi mejor amante.

Chico-chica sonrió orgulloso y un poco sonrojado y Märga tuvo que contener sus arcadas. Quizás es que era muy superficial pero de verdad que no entendía... Ahora que se fijaba, todos miraban embobados al súbuco, todo menos... ¡El novio de Princesa! Él solo tenía ojos para Absalón, que no paraba de menear su estambre delante de la joven... ¡Qué traaaumaa!

El súcubo de nombre desconocido se acercó a Absalón, que la miró sin ninguna emoción reflejada en su rostro y...



*** 

* Por su salud mental, Märga olvidó lo que vieron sus ojos antes de poder cerrarlos. *  

***


Las brisas de Ëscôciä, el viento de Êdimbürgh, mecían con suavidad la nieve a su alrededor, que se arremolinaba dulcemente en el hermoso valle. Esa preciosa visión y el sonido del viento fue todo lo que Märga intentó grabar a fuego en su memoria para no recordar...

- ¡Bueno, bueno, bueno, ya está libre, vamos a ver a las ninfas! ¿no?

Todos se hallaban sonrojados por la macabra danza de seducción que acababan de contemplar sin poder apartar la mirada, pues aquella divina mujer era hipnótica.

- Voy a... Eh...

Una lluvia de chispas envueltas en bruma plateada envolvieron a Princesa, que desapareció un instante para volver a recuperar su apariencia habitual.


- ¡Oh! ¡Que hermosura! -se deleitó su novio. 
- Vaya... -Princesa parecía terriblemente decepcionada y la meiga sintió pena por ella, aunque le alegraba que su novio estuviese contento de nuevo. Y de no tener más rivales, por qué no admitirlo... ¡Y qué más daba, si era un hombre! suspiró.
- Lo mejor será que vayamos hacia las ninfas, no quiero perder más tiempo... -dijo con voz razonable. Polvo de Galleta, como esperaba, asintió fervientemente y empezó a meter prisa al resto.
- Aún no nos hemos divertido lo suficiente...

En un movimiento cautivador, el súcubo tomó al Ëdeweiss de la mano y lo hizo desaparecer junto a ella.

A Märga le estaba dando otro colapso.

- ¿Dónde... demonios... se lo ha llevado? -preguntó con un hilo de voz, porque su ira no la dejaba hablar. El Clan Siniestro se retiró hacia atrás...
- Yo... Supongo... Que hayan ido a... "divertirse" -trató de adivinar Chico-chica, un poco molesto.
- ¡Es tu amiguita, vuelve a invocarla!
- Temo... Su ira...
- ¡¿Y la de la meiga no?! ¡Mírala como está! -dijo El doble de chico-chica señalándola. Märga tenía la mirada perdida y desprendía un aura inenarrable de furia.
- Vamos a calmarnos... Dejémosles un rato, el tiempo suficiente para que... ponga a punto su estambre y luego ya vamos con las ninfas... ¡O vamos yendo, para no tener que esperar..!

Miraron con cautela a Märga, que estaba totalmente evadida de la realidad. Polvo de Galleta se acercó y la cogió suavemente de la mano.

- Así será más fácil viajar... Como el súcubo se ha llevado a la flor -a la meiga le dio un tic en el ojo- cuando le invoquemos ya estaremos con las ninfas, y eludimos su desnudez por el mundo un poco... -dijo con mucha suavidad.
- Tienes razón -contestó Märga con voz lejana, y se dejó llevar por Polvo.
- ¿No estarán indignadas porque retiramos su maldición? Ahora ya no es flor, si no hombre... -susurró Km3.
- ¿Maldición o bendición? -preguntó el novio de Princesa.
- ¡No empecéis otra vez! -atajó Polvo de Galleta. Mi señora dice que hay que ver a las ninfas para que le dejen irse del valle voluntariamente...
- Bueno, eso de "voluntariamente..."

- Que si, que Pänsy fijo que en el fondo es buen partido.

Märga les oía como en un sueño.

- ¿Y cómo llegaremos hasta ellas? -cuestionó Princesa por sorpresa.

- Pues estarán cerca de algún manantial, un arroyo, una arboleda... ¡Fijaos bien! Seguro que no están lejos de sus flores...
- No son dríadas... -comentó Km3.

Qué día, que vida, tan larga... 



Por una vez, tuvo razón. En cuanto se aproximaron a uno de los manantiales más puros y cristalinos que habían visto jamás, vieron a unas ninfas jugueteando en sus cercanías. No sabían qué tenían que hacer, así que simplemente se acercaron con cautela. En cuanto percibieron su presencia, las ninfas cesaron su solaz y les contemplaron con curiosidad.

- ¡Una meiga! ¡Convertida en hombre! -rió una de ellas, con cabellos color del mar. Märga despertó de su ensoñación iracunda y las miró de tal modo que todas callaron al punto.
- Venimos a liberar a una de vuestras flores -dijo con voz autoritaria. Las ninfas revolotearon y parecieron enfadarse ligeramente. Polvo de Galleta contuvo el aliento.
- ¿Y quién sois para pedirnos tal favor? Las flores no pueden abandonar el valle, lo hacen más hermoso...
- Necesitamos a Absalón con nosotros. Es un... asunto mágico -inventó, aunque no era del todo mentira.
- ¿Absalón?


Las ninfas comenzaron a murmurar entre sí y Märga perdió la paciencia.

- Os lo suplico, pequeñas deidades, tenemos que llevárnoslo. Sobre nosotros -cogió a Polvo de Galleta, que las miraba implorante- pesa una terrible maldición y se quedará así si no liberamos al Ëdeweiss.
- ¿Y eso qué tiene que ver? No parece haber relación entre ambos hechos... -contestó una ninfa rubia.
- Os lo suplico, bellas alseides -le reventaba tener que halagarlas en aquel momento, pero no quedaba otro remedio- liberad a ese hombre. 

- Los misterios eleusinos no nos lo permiten, la via sagrada no puede romperse...

Märga estaba a punto de maldecir a las ninfas por siempre jamás. Lejos quedaban aquellos tiempos en que hacía el bien. Al carajo, estaba harta de ser Polvo de Galleta.

- Alseides, Auloníades, Napeas... Dejadnos a ese hombre, no os pido más.


De nuevo, algo en su aura hizo retroceder a las ninfas, que se miraron unas a otras.

- ¿Absalón, decís? Es mío.


Una de las ninfas, de cabello oceánico, ojos verdes y cuya belleza competía con la del súcubo, miró al grupo. La meiga tomó conciencia de los integrantes del Clan Siniestro en ese momento y soltó un bufido. Todos contemplaban a las ninfas extasiados, todos menos Polvo de Galleta y el novio de Princesa... Pues al final no hacía falta fingir el enamoramiento...

- Me parece estupendo. Toma otra flor y hazla tuya, necesito a tu hombre -pidió Märga. La ninfa rió y negó con su cabecita.
- No, no, no... Para liberarlo necesito un favor.

- ¿Más favores?

Una ráfaga de fuego voló sobre el manantial y las ninfas chillaron.

- Libéralo o te juro que aniquilo este valle y sus bosques hasta que no queden ni las cenizas...

El Clan Siniestro ahogó un grito. ¡No podía hablarle así a las ninfas!


- ¿Quién te crees...?
- Tú, invoca al súcubo.

Chico-chica obedeció y volvió a pronunciar las palabras de magia negra. Las ninfas se cubrían los oídos horrorizadas. El súcubo apareció con Absalón de la mano y miró displicente a las criaturas.


- Este hombre... Me pertenece. Su hechizo, su conjuro, ahora es mío. 
- ¡Has..! -se escandalizó la ninfa- ¡Has... profanado mi flor! -se enfureció.
- ¿Ya no la quieres? Dánosla -exigió Märga rodeando a las ninfas de fuego.

- ¡Malditos!

La ninfa se acercó a Absalón y el súcubo se puso delante de ella. 


Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños neni!

27 julio 2019

Supernova

El pueblo parecía muy alegre y bien iluminado, y Wherynn se dio cuenta de que nunca habían estado en él de noche. La inscripción conmemorativa de la fundación del pueblo por Hengist de Woodcroft relucía en la oscuridad.

- Hengist... ¡y Horsa! -rió la chica para sí.
- ¿"Horsa"?
- Nada, nada... -respondió ella, divertida.
- ¡Nunca entiendo cuando dices eso! -se desesperó Ädri.

Su amiga le dio un pequeño empujón y señaló a los Slytherin, que recorrían las calles ágiles y elegantes como si fuesen espíritus. Se dirigieron a la calle principal, pasaron de largo la tienda de Zonko y la Oficina de Correos y penetraron en un lugar con un descuidado letrero con el dibujo de la cabeza de un puerco cortada y sangrando.

- Cabeza de Puerco, cómo no... -siseó Ädri.
- Vamos... -susurró Wherynn entrando con discreción.

Nunca habían estado en aquel lugar. La única habitación que poseía era pequeña, lúgubre, sucia y cubierta de serrín y desprendía un curioso e intenso olor a cabras. Los cristales mugrientos no dejaban pasar la luz y estaba iluminado tenuemente con velas.

- Qué asco de sitio... yo no me tomo algo aquí ni muerto -comentó Ädri mirando críticamente la taberna.
- ¡Oish, finolis! ¡No hemos venido a cenar!
- Pues es una pena, tengo muchísima hambre... Pero aquí fijo que cojo la peste -se lamentó.
- ¡Mira!

Los Slytherin se reunieron en una de las mesas más apartadas y esperaron a que el mesonero les sirviera unas cervezas de mantequilla. 

- Ahí -señaló Wherynn a una esquina polvorienta muy cerca de la mesa.

Cuando se ubicaron, trataron de escuchar de qué hablaban.

- Bien... Cuando el anciano se distraiga subiremos al piso de arriba... Y ya sabéis qué hacer... -dijo el que parecía ser el líder.
- Siempre. 
- ¿Tenéis las pociones?

Dos de los vampiros asintieron.

- Bien, pues en el momento preciso os vais a Dervish y Banges, cogéis "eso" y lo traéis para acá... -Ädri y Wherynn se miraron- sed discretos, no queremos intrusos...
- Lo que ocurrió antes en La Casa de los Gritos es imperdonable... -murmuró una de las chicas.
- Filch y la bibliotecaria son inofensivos... 
- ¡Pero qué asco!

Ädri se rió. Por una vez estaba de acuerdo con ellos.


Esperaron un rato escuchando conversaciones insulsas de los Slytherin y observaron cómo volvían a tomarse poción multijugos. El estómago de Ädri rugía y Wherynn empezaba a ponerse de mal humor. Al fin, dos de los vampiros se levantaron y salieron de la estancia sigilosamente.

- Pero a ver, ¿nadie se cuestiona que hacen siete... ¡siete! tíos iguales tomando cerveza de mantequilla? ¡Si se les ve a la legua que son vampiros! -exclamó el chico.
- Quizá nadie quiere cuestionárselo porque se alegran de que sus cuellos estén a salvo... -dedujo Wherynn.
- Tú si que quieres que te muerdan el pescuezo...
- ¿Esos?
- No... "esos" no...
- ¿A qué viene esa insinuación? -se mosqueó Wherynn.
- Susurras en sueños...
- ¿QUÉ?

Maldita sea. ¿Se habría ido de la lengua aquella noche en la Sala de los Menesteres? Ädri reía y Wherynn trató de controlarse. Podía ser muy cruel cuando tenía hambre...

- ¡Han vuelto!
- ¿¿Por qué no los hemos seguido?? -se dio cuenta la Gryffindor.
- ¡Oh!

Sí, el ayuno les distraía demasiado.

Los dos vampiros sonrieron y trataron de escabullirse al piso de arriba. Un mago tenebroso -o al menos tenía muy mala pinta- se levantó al punto y alzó su varita.

- ¿Dónde creen que van?

Los dos alumnos le miraron con la misma expresión anonadada.

- ¿Quién se cree que es? -preguntaron mientras los otros vampiros se levantaban a su vez.
- ¡Está bien, está bien! ¡No quiero duelos en mi taberna! -dijo molesto el dueño.

Wherynn miró al mago tenebroso. Su expresión le resultaba familiar, así como su extraño tono de voz.

- Esos dos trataban de subir a sus aposentos... -respondió el mago sentándose lentamente -supongo que le interesa... 
- ¿Arriba? -se extrañó el dueño.

Todo ocurrió muy deprisa. Los hechizos comenzaron a volar y el dueño de Cabeza de Puerco cayó al suelo víctima de un Desmaius. Otros dos magos y brujas que se encontraban en el lugar también acabaron por los suelos tras dañar a tres de los vampiros y el mago tenebroso logró derrotar a dos de ellos antes de caer fulminado presa de un Impedimenta lanzado por los cuatro vampiros que quedaban en pie a la vez.

- ¡Menudo tipo duro! -exclamó el líder.
- ¡Vamos, rápido!

Los vampiro se lanzaron detrás de la barra y Wherynn y Ädri, que se habían escondido, les siguieron. Pasaron por otra puerta que conducía a una desvencijada escalera de madera y subieron hasta una salita provista de una alfombra raída y una pequeña chimenea sobre la que colgaba un enorme retrato al óleo de una niña rubia de expresión dulce y ausente.

- Vamos, abre -dijo una de las chicas, borde.

La niña pareció triste por un momento, se dio la vuelta y se alejó por un largo túnel pintado tras ella. Desapareció unos instantes en los que Ädri y Wherynn contuvieron el aliento y de repente, al fondo del lienzo, apareció un puntito blanco. La figura de la niña regresó, el retrato osciló como una puerta y reveló la entrada a un túnel. Dos de los Sly se colaron en él y cuando se hubieron alejado lo suficiente, Ädri hizo un gesto a su amiga. Casi al mismo tiempo desmayaron a los dos vampiros que se habían quedado atrás vigilando y subieron a la repisa de la chimenea para entrar por el pasaje. Se encontraron unos desgastados escalones de piedra que mostraban que el pasadizo era muy antiguo. Casi en plena oscuridad caminaron por un suelo de tierra erosionado cuya pendiente se hacía más pronunciada mientras avanzaban. Wherynn escuchaba los pasos de los vampiros en la lejanía y los gruñidos del estómago de su amigo tras ella. Lástima no estar en el pasadizo que llevaba a Honeyduckes... Tras doblar una esquina llegaron al final del túnel. Unos escalones conducían hasta una puerta igual a la que ocultaba detrás el retrato de la niña y al atravesarla Wherynn contuvo un grito.

- ¡La Sala de los Menesteres! -exclamó atónita.


Dedicado a Adrián, ¡feliz cumpleaños!

19 julio 2019

Hogwart's Mysteries

Los crujidos del bosque era lo único que rompía el profundo silencio. Wherynn suspiró. ¡No podía ser tan difícil! Con su rápida inteligencia y uniendo sus fuerzas podrían...

- Uy... -se le escapó.
- ¿Qué? -preguntó el Ravenclaw.
- Nada... -se apartó sonrojándose ante sus pensamientos intrusivos. ¿Qué demonios le pasaba?

Sÿl se movió de forma convulsa y el prefecto asió con más fuerza su varita.

- En serio, chicos... Me está costando mucho... -dijo apretando los dedos.
- Maldita Sÿl...
- ¡Maldita!

Wherynn miró a su amigo, que parecía haberse iluminado repentinamente.

- ¡Tenemos que ir a la Sección Prohibida!

El silencio se hizo aún más profundo.

- No creo que sea buena idea... -dijo entre dientes el otro Ravenclaw.
- En la Sección Prohibida no va a aparecer nada sobre la varita... Es como los Horrocruxes u otros temas oscuros...
- ¿Horrocruxes?

Los tres se miraron unos a otros y Sÿl aulló con todas sus fuerzas rompiendo el hechizo. Antes de que les diera tiempo a reaccionar, Wherynn lanzó un Petrificus Totalus y los Ravenclaw un Incarcerous y un Desmaius. Sÿl cayó nuevamente en el suelo, totalmente groggi y encadenada. 

- Va a quedarse tonta con tantas caídas... -suspiró el Ravenclaw, aproximándose a ella con precaución.
- Aún está bajo la maldición de la varita, pero ha perdido mucha fuerza...
- ¿Habéis pensado lo mismo que yo? -preguntó el Ravenclaw sexy. Su amigo afirmó con la cabeza y Wherynn volvió a sonrojarse, agradecida de que nadie pudiera leer sus pensamientos y lamentando internamente que Sÿl no estuviera cuerda para burlarse de ella. La echaba de menos. Los prefectos notaron su sonrojo y la joven se movió hacia las sombras, cerca de la varita yaciente en la maleza.
- ¿Creéis... que la varita es un Horrocrux? 
- Bueno, el libro que la menciona, y deduzco que los tres lo hemos leído... No dice nada al respecto... pero podría ser...

Wherynn le miró largamente. Sus ojos brillaban con la tenue luz de las estrellas y un rayo de luna iluminaba su cabello ondulado. En serio, maldita varita no, malditas hormonas... 

- Tiene mucha historia. Para empezar ni siquiera sabemos cómo ha llegado al castillo... 

El otro prefecto era incluso más atractivo con su perfecta sonrisa y sus ojos oscuros. ¿Y si se lanzaba un hechizo para concentrarse?

- ¿No llevaréis encima alguna Poción Agudizadora de Ingenio por casualidad? -preguntó desde las sombras.
- ¿Para pensar con más claridad?
- Si... Para eso... -disimuló mirando la varita.
- Como haga el mismo efecto que el Felix... -musitó el Ravenclaw, mirándola con culpabilidad.
- No pasa nada... -dijo ella tocándose las costillas. No podía estar enfadada mucho rato con él. 
- Bueno, si tu dices que vayamos a la biblioteca... Allá iremos. 

Los chicos lo miraron.

- ¿Tú crees?
- Eres el que se ha tomado el Felix Felicis. Confiamos en ti -terció su amigo.
- ¿Y Sÿl? No podemos dejarla aquí... 
- ¿Hay algún sitio del castillo lo suficientemente seguro como para dejarla sola?

Wherynn sonrió. Por supuesto que lo había.


La Sala de los Menesteres resultaba muy útil cuando necesitabas un sitio hecho a la perfección para ti. Dejaron a Sÿl acomodada en un sillón de terciopelo después de hacerle tragar una buena cantidad de poción adormecedora y se fueron directos a la biblioteca con la mayor discreción posible.

- ¡Oh! ¡Esperad! ¡Tengo que ir a la Torre de Griffindor un momento!
- ¿Ahora? 
- ¡Esperadme aquí! -se despidió rápidamente Wherynn


Al poco tiempo regresó ufana con unas botellitas que les tendió al punto. 

- Bebeos esto -ordenó.
- ¿Qué es?
- ¡Poción Multijugos! Así calcularemos mejor que no dejamos a Sÿl sola más de una hora ni la varita tirada en el bosque...
- Me parece una imprudencia haberla dejado allí, a pesar de los hechizos...
- Solo será un rato, y de todos modos desprende tal oscuridad que nadie se acercaría... Salvo Mr. Felix, claro -dijo mirando a su amigo, que sonrió divertido.
- Me sentía poderoso... No era desagradable, podría haber alcanzado todos mis sueños... -contestó con voz soñadora.


La biblioteca estaba en completo silencio. Wherynn recordaba su última aventura allí con Sÿl con añoranza. Le daba la impresión de que hubiera sido diez años atrás...

- ¿Por dónde empezamos?
- ¡Oh!

El Ravenclaw se tapó la boca y pareció consternado.

- Se me ha pasado el efecto del Felix Felicis...
- Bueno, hombre, no pasa nada... -le consoló la chica.
- ¿Y ahora cómo vamos a saber..?
- Lo sabremos -afirmó el otro. Wherynn sonrió.
- Sed discretos, no toméis nada raro y nos vemos aquí en media hora... Si alguien encuentra algo interesante que lance chispas rojas, salvo que vea a Filch...
- Ehm... Filch no será un problema hoy... -dijo el prefecto sexy mirando a su amigo pícaramente.
- ¿Por? -preguntó ella, perdida.
- Bueno... Pasó cerca cuando fuiste a la Torre Gryffindor junto a la Señora Norris... Y si soy capaz de lanzar un Imperius, ¿Cómo no lanzar un sencillo hechizo que les deje fuera de juego?

Wherynn admiró su osadía. ¡Qué pillo!


El tiempo pasaba y no encontraba nada. La biblioteca estaba de lo más tranquila y saber que la presencia de Filch no les iba a importunar la dejaba pensar con más claridad. Miró por uno de los grandes ventanales y contempló la luna creciente. ¿Cuánto tiempo podrían contener la varita?

Unas chispas rojas la distrajeron. Venían de algún lugar al norte de la biblioteca y se dirigió hacia allí con premura. ¿Qué habrían encontrado? 


Cuando llegó al lugar no había nadie.

- ¿Chicos..? -preguntó quedamente. Vio un bulto extraño en el suelo y se acercó. Mr. Felix estaba tendido en el suelo, con los ojos en blanco. ¿Qué demonios..?

Un golpe por detrás de algún hechizo la derribó. Lo último que vio fue la figura del prefecto acercándose a su cara mientras caía a su lado. 


Sÿl caminaba sigilosa y todo lo sexy que podía. Se sentía dueña de sí misma, confiada, invulnerable y en la biblioteca no había salientes contra los que dejarse la frente, así que también poderosa. Le faltaba su varita maldita, pero se conformaría de momento con la suya propia, que molaba menos pero le valía. 

- Polvo peruano de oscuridad y el otro Ravenclaw no se entera de mis chispas rojas... ¿Qué habrá pasado en el bosque? Recuerdo que me estaba a punto de batir en duelo con él... Y luego me sentí muy bien... Y me desperté en la Sala de los Menesteres encerrada. ¿Nos habremos acostado y se avergüenza de mi? -pensó para sí.

Se paró en seco. ¿Qué pensamiento tonto e indigno era ese? Sus ojos brillaron verdes y volvió a su plan orginal. O-ri-ginal. ¿Uhm? No sabía dónde se encontraba, pero le encontraría. Miró rápidamente hacia atrás. Notaba una presencia... ¿Filch? ¿Uno de los fantasmas? 

- ¡Imperio!

Volvía a sentirse tan bien...


El Ravenclaw la miró anonadado mientras los efectos de la poción multijugos se pasaban. ¿Cómo habría logrado escapar de la Sala de los Menesteres? Menos mal que estaban en terrenos de Hogwarts y nadie cuestionaría el lanzamiento de dos Imperius la misma noche, los profesores tienen sus razones... Un escalofrío le recorrió la espalda. 

- ¿Dónde se habrán metido los otros dos? Sÿl venía de allí... -dijo para sí mientras llevaba a Sÿl a su lado, dócil y feliz. Pronto encontró a sus amigos desmayados juntos tendidos entre un montón de libros. Una punzada de celos le invadió, pero no dejó que le dominara. Uno de los dos al menos había peleado contra Sÿl y claramente perdido... No podía despertarlos sin liberar a Sÿl, así que hizo lo único que se le ocurrió. Cogió la varita de Wherynn y encerró a Sÿl en una jaula por si trataba de volver a resistirse a la maldición, aunque parecía más sencillo controlarla esta vez. Miró la varita. Se sentía ligera y cómoda entre sus dedos, a pesar de ser muy pequeña para su mano. Como si conectaran de alguna forma... Despejó la mente y despertó a sus amigos, que se miraron confundidos por su proximidad y al tratar de levantarse rápidamente chocaron sus frentes.

- ¡Ay!
- ¡Auch! ¿Estás bien? -le tendió una mano el Ravenclaw, más rápido y caballeroso.
- Si... -Wherynn se levantó y miró alrededor. ¿Qué leches hace Sÿl en una jaula..? -Vio que el Ravenclaw tenía su varita y se la ofrecía.
- Tenía que despertaros y temía que se liberara del Imperius...
- ¿Otro Imperius? -le censuró con la mirada su amigo.
- Sí... Está muy tranquila ahora, no me está costando tanto...
- ¿Las chispas rojas eran tuyas? -cuestionó Wherynn mirando a su amigo.
- Pues si, Whers, las lancé porque había encontrado una cosa, pero la loca me atacó...
- ¿Y qué es? -le interrumpió.

El Raven cogió uno de los volúmenes, negro y polvoriento, y lo abrió. Sus páginas parecían manchadas de sangre y otros fluidos irreconocibles y las páginas estaban tan muy gastadas, tanto que casi resultaba ilegible.

- Pues algo sobre una runa...

La joven se quedó lívida y le arrancó el libro de las manos para leerlo ella misma. Cuanto más leía más aumentaba su palidez.

- Tenemos que volver al bosque pero ya.
- ¿Qué..? -preguntó el joven.
- Os lo contaré de camino. ¿Crees que podrás contenerla hasta entonces?
- Pues...

El otro Ravenclaw hizo un gesto y no pudieron evitar reírse. A Sÿl le iba a tocar volver a desmayarse.

- En serio, se va a quedar tonta pero...

De repente la chica se liberó del conjuro y sus ojos brillaron furiosos.

- ¡¡Todos caeréis!! ¿Dónde está mi varita? -vociferó.
- ¡Expelliarmus! Pues estaba en tu túnica... -dijo Wherynn mientras el prefecto sexy le modulaba la voz a Sÿl para que no chillara histérica.
- ¡Esa no! ¡La varita de mis ancestros! -trató de gritar con voz ronca.
- Te me vas a quedar afónica, no grites que ya ves que tu voz ha sido encantada... -respondió Wherynn preocupada para ganar tiempo.
- ¡Está en el bosque, y me vais a llevar hasta ella!
- ¿Y tú nos vas a obligar? -preguntó con voz inconscientemente seductora el Raven que la había portado en su momento.
- ¡La quieres para ti pero no la tendrás! ¡Es mía! -trató de zafarse ella de su encierro.
- No la quiero... -se defendió él.
- ¡Aún la amas!

Eso no tenía ningún sentido y Sÿl parecía fuera de sí.

- ¿Tú... te has enamorado de la varita? -susurró Wherynn aún tratando de ganar tiempo para trazar un plan.
- ¡O del esqueleto que se la dio! -añadió el Ravencaw riendo dándose cuenta de su estrategia.
- ¡Slytherin dominará! ¡Hogwarts será mi reino de...!

La chica cayó desmayada y se dio de bruces contra el suelo.

- ¡Pobre, está sangrando! -exclamó Wherynn curándola con cariño. Está como una cabra y maldita, pero aún es mi amiga...
- ¿Qué está sucediento aquí?

La voz de Snape les heló la sangre en las venas.



Dedicado a Sylvia, ¡feliz cumpleaños pipipotter!