07 septiembre 2020

The Beginning of the End

Sin preámbulos, el momento de despedirnos ha llegado. Tras doce largos años llenos de miles de experiencias que me han cambiado y hecho madurar y se reflejan en mayor o menor medida en este mejor amigo que me ha acompañado en mis aventuras y desventuras, este año cierro las historias de cumpleaños y las puertas de Astralia y Sovngarde *para siempre*, como prometí que haría si esto llegaba a su fin. Con lágrimas en los ojos y la frustración de ver que algo que me hacía tan feliz ahora está vacío para mí. Viendo que ni siquiera recuerdo las historias que escribo porque ya no significan nada, pues he alcanzado tal estado mental que me ha robado cualquier atisbo de creación que me ha salvado durante tanto tiempo del mundo real. Algunas historias tremendamente complejas y largas me llevará un montón de espacio acabarlas, por orgullo de escritora no voy a dejarlo a medias ahora por impaciencia, aunque precisamente lo último que me apetece es escribir. En serio, os parecerá una tontería como una catedral pero para mí es el fin de una era, un cambio enorme que no sé si sabré disfrutar por lo agridulce.


Gracias a los que habéis estado ahí a lo largo de estos largos años.


Premios de la Academia Milan Manor:

Mejor historia: Teonimia (Cosmogony)
Mejor guión original: Aerach deilín bruane.
Mejor guión adaptado: Idolatress ()
Mejor montaje: Delicate.
Mejor fotografía: The Covenant.
Mejor director: Wherynn. 
Mejor personaje masculino: Däyn.
Mejor personaje femenino: Ërov.
Mejor personaje revelación masculino: Ëdpôr.
Mejor personaje revelación femenino: Vênräedna.
Mejor nombre de personaje masculino: Thöw (secundario).
Mejor nombre de personaje femenino: Ödyhn. 
Mejor interpretación: Srynna.
Mejor interpretación conjunta: Lêandrö/Prôed. 


Dedicado a Alias Pseudónimo, por todos estos años maravillosos.

08 agosto 2020

The Covenant

- Te... tú... ¡lo has asesinado!
- ¡Pu-ri-fi-ca-do! -recalcó Srynna con retintín.

Discutir no parecía oportuno pero es que tenía tal tormenta de emociones que no podía controlarse. Quería besarla, abofetearla, morir para sentirse puro y no tener sobre su espalda el peso de haber tocado esa cosa espantosa, preguntarle a Wherynn qué carajo con sus poderes, reír, llorar, y por qué no, tenía un poco de hambre a pesar de las arcadas... ¡Qué caos!

- ¿Y ya está, se acabó? -preguntó Srynna, curiosa. La atmósfera era más ligera y se sentía extrañamente alegre... Tampoco iba a negar que le gustaba la sangre y eso...
- ¿Qué te crees? ¿No sientes aún el vacío?
- No me hagas darte de nuevo el sermón de los elementales, el bien y el mal...

Sintió un escalofrío y un pequeño dolor punzante en la muñeca. Quizá había heridas que nunca sanaban del todo...

- ¡Me dan igual tus sermones! ¡A que te escupo!

La ermitaña se ofendió. Él nunca le hablaba así. El guerrero se dio cuenta y se disculpó inmediatamente.

- ¡Serás borde! Yo solo quiero decir que tenemos que restaurar el equilibrio de todo, y que los elementales... Fíjate bien -apuntó Srynna.

Jeanpo miró alrededor. No veía nada, pero sentía una extraña sensación... Los elementales no podían abandonar la estancia y sin embargo sus espíritus parecían danzar al ritmo eufónico del corazón de la sacerdotisa...

- Les atrae el bien y el mal... Y ahora el bien suena más atractivo...
- ¿Qué quisiste decir con que Twilith había vuelto al otro mundo?
- ¡El rey escocés del otro mundo!

El guerrero la miró sin saber qué responder.

- ¡Si, hombre! ¡Ah, olvídalo! ¿Qué es..?

Las palabras murieron en sus labios cuando vio los hilos de plata. Los cogió con suavidad y los dejó caer con lentitud aterrorizada sin atreverse a mirar hacia arriba. El atroz grito de su amigo confirmó sus peores temores, y más cuando esté cayó desmayado del horror. Srynna se quedó en profundo silencio luchando contra sus instintos.

- No, no, no... Recuerda a Orfeo y Eurídice, no mires hacia atrás... Bueno, hacia arriba...

La curiosidad le podía pero temía que ocurriera algo horrible. Se agachó junto al guerrero yaciente, cuya mueca de terror era indescriptible y se había desvanecido con los ojos abiertos de espanto y pensó en cómo cargarlo. Antes de que pudiera conjurar ningún hechizo, Minethlos lo cogió en brazos.

- Gracias, Min, eres un encanto -Ese caramelo se estaba convirtiendo en su mejor amigo- Vamos a por Wherynn.

No pudo evitar un pequeño escalofrío cuando vio unas telas negras pendiendo del techo y algo que no llegó a vislumbrar... ¡Pero no! ¡Era como un eclipse de sol, no podía mirarlo directamente o quedaría ciega! ¿Tal vez con un espejo..? ¡No!

La ermitaña salió de la estancia seguida del caramelo y se quedó contemplando a su amiga, que estaba en trance. Su luz les protegía y se sentía segura custodiada por ella y Minethlos. La daga brilló en su túnica y se asustó al oír el fuerte chasquido de la puerta de la sala del trono cerrándose de un fuerte portazo, con el que levantó una polvareda.

- Y... ¿Ahora?

Wherynn seguía en su trance de luz y naturaleza y notó que su fulgor alejaba todo mal de ellos, pero a su vez no podía hablar con ella o pedirle consejo sobre qué hacer por las cavernas de Twilith Teg.

- ¿A tí se te ocurre cómo hacerla volver? -preguntó a Minethlos, a sabiendas de que no le respondería. Un copo de nieve creado por la sacerdotisa volvió a reflejar un ojito y Srynna sonrió. ¡Viggo! 
- Hola, ermitaña. Habéis purificado a mi amo.
- ¡Exacto! -exclamó ufana mirando a Jeanpo y lamentando que estuviera desmayado y no pudiera oirle.
- Pero aún queda mucho por hacer. Las cuevas están infectas como habéis podido observar...

Srynna miró a lo lejos y vio unos fanales oscilando peligrosamente, como si la oscuridad se los quisiera tragar. Retrocedió instintivamente.

- ¿Y qué debo... debemos hacer?
- Purificarla.

La ermitaña guardó silencio.

- ¿Cómo?
- La daga es más poderosa ahora que encierra las fuerzas de la naturaleza. Y es la naturaleza la que necesita ser restaurada en estas cuevas...
- ¿Tú sabes... lo... lo que hay en..?

Viggo encogió en su pequeño copo de nieve.

- No oséis mencionar esa fuerza oscura maldita.
- Tenemos que conocerla para combatirla...
- ¡No puedo decir nada! 

El elemental comenzaba a ponerse agresivo y Srynna recordó lo volubles que podían llegar a ser.

- Mi amo está corrupto. Todo en esta cueva lo está...
- Pero los hilos...

Estaba segura de que si Wherynn o Jeanpo estuvieran conscientes le rogarían que se callara para no meter la pata, ¡pero por una vez podía hacer lo que quisiera sin ese par de tiranos! Rió ante su propio pensamiento, aunque su risa acabó al punto cuando vio la mueca de terror del elemental de agua.

- No... podemos traicionar...
- ¿Al mal? ¡Claro que sí! La alianza...
- ¡SHHH!

Srynna chilló levemente del susto. ¡Así que Wherynn era parcialmente consciente! 

- Haced caso a la sacerdotisa -musitó el elemental con apenas un hilo de voz mientras Srynna ponía morros- no es un lugar seguro...
- ¡Pero necesito una pista!

El silencio se hizo tan profundo que la ermitaña creyó que nunca más volvería a escuchar ningún sonido.

- Queen Mab... -susurró el elemental antes de desaparecer.

Todo cobró sentido.


Dedicado a Saryna, ¡feliz cumpleaños!

27 julio 2020

Arch Enemy

Cuando vio lo que les rodeaba no tuvo ninguna duda, tenía que ser la Sala de los Menesteres. Estaba llena de cachivaches, objetos rotos olvidados entre el polvo y cosas de lo más diverso. Parecía una especie de desván gigante en el que generaciones y generaciones de alumnos de Hogwarts habían acumulado...

- ¡Cuánta mierda!

Bueno, ella hubiera escogido palabras más bonitas.

- ¿Qué significa esto?
- Que hasta en una escuela de magia la gente tiene síndrome de Diógenes... 
- ¡Goggy! -se exasperó la chica.
- Oye, ¿pero estos no decían que iban a Dervish y Banges? ¿Qué carajo hacen en la Sala de los Menesteres?
- ¡Pues será un atajo, yo que sé! ¡Vamos a seguirles! -le instó.

Razón no le faltaba. Cuando los dos vampiros dejaron de caminar entre pilas de libros, frascos de poción rotos y otras cosas que preferían no recordar -OH DIOS MIO OH DIOS MIO OH DIOS MIO, ¿¿juguetes...??- Wherynn no había dejado acabar a su amigo y se había alejado rápidamente de allí- llegaron a un lugar donde se encontraba un armario viejo y sucio.

- Tú tienes mejor gusto con el mobiliario..
- ¿Te has fijado? -dijo ella sin hacerle caso- Es un armario evanescente.

Ädri miró a su amiga, sin dar crédito.

- ¿Un armario evanescente en Hogwarts?
- Si.
- Oh...

Wherynn notó algo sospechoso en su compañero y se lo quedó mirando.

- ¿Pero tú sabes lo que es un armario evanescente? -preguntó, socarrona.
- Eh... ¡Claro que sí! -afirmó él, muy seguro de sí mismo.
- ¿Y qué es?

El chico se quedó mirando fijamente al objeto observando los movimientos de los Sly a ver si podía deducir algo.

- Pues es un armario... Viejo... Que... Cuando lo abres te metes...
- ¡No deberían meterse! ¡Son aparatos muy engañosos y temperamentales! -exclamó Wherynn.
- ... Y es como una... red flu, y te lleva a ¿Dervish y Banges..? A todo esto, ¿para qué necesitarán visitar una tienda de reparaciones de instrumentos mágicos?


La chica rodó los ojos y le explicó a su amigo lo que era un armario evanescente. Ädri asintió con superioridad preguntándole que para qué le explicaba cosas obvias y ella contuvo la risa.

- No tiene ningún sentido que haya otro armario en Dervish y Banges...
- ¡Oh, espera..! ¿Hemos oído bien?
- ¿Qué?
- ¿No querrían decir...?
- ¡Borgin y Burkes! -adivinó la chica.
- ¡Tendría mucho más sentido!
- ¡Es que ni ellos saben a dónde van! ¡Qué estúpidos! ¿Y tú por qué miras a todos lados? -se extrañó Wherynn.
- Cabe la posibilidad de que alguien se haya dejado una empanada de calabaza olvidada por aquí... -comentó el chico, que aún tenía hambre.
- Va a estar guapa... ¡Mira!

La chica asió con fuerza a su amigo y vio cómo uno de los vampiros desaparecía mientras el otro vigilaba.

- ¿Lo desmayamos? -propuso Ädri.
- Pues no sé.. Mejor esperamos a ver qué trae el otro y luego los confrontamos.
- ¿Y si trae un arma de destrucción masiva?
- ¿Tú crees?
- Si realmente va a Borgin y Burkes...
- ¡Mira, ya vuelve!
- ¡Qué rapidez!

Wherynn sintió deseos de darle una colleja a su amigo pero se contuvo. El vampiro traía consigo una cajita pequeña envuelta en un pañuelo rojo y no podían ver su contenido.

- Bueno, tampoco podíamos pensar que lo iban a traer ahí al aire... -razonó Wherynn.
- Y hablando de cosas raras... ¿Por qué han venido a esta sala a través de un pasadizo en Cabeza de Puerco pudiendo usar la puerta normal? -preguntó Ädri.
- Pues ahora que lo dices... ¡No me había fijado!
- A lo mejor no saben entrar por la otra puerta...
- ¿Entones ya lo tienes? ¿Te lo ha dado sin problemas? -preguntó el Sly, emocionado.
- Si... Creyendo que soy un vampiro peligroso no ha habido ningún problema... -respondió el otro con una voz que les puso los pelos de punta.
- Tío, esto va a ser brutal...
- ¿Pero de qué van?

Wherynn miró a su amigo, sin entender.

- Habían dicho en la Casa de los Gritos algo de robar no se qué de Hogsmeade (y mira que se han ido hasta el Callejón Knockturn ni más ni menos) y mantener viva la maldición de la Casa...
- Como ya hicieran sus ancestros, si, lo dijo el tío con voz de pito...
- Y hablando de tíos con pito, ¿Cómo estará tu amiguito el Ravenclaw?

Wherynn se sonrojó involuntariamente.

- ¿¿A qué viene eso Goggy Golosina??
- A nada, es que me acordé de él, como le dejé ahí paralizado...
- ¡Céntrate! ¿Por qué estamos asumiendo que han ido a Borgin y Burkes? ¡A lo mejor han ido a Dervish y Banges de verdad!
- ¿Unos Sly?
- ¡Cuidado, se mueven! ¡Sigámosles!

Wherynn tiró de su amigo para que fuera con ella mientras el chico miraba a su alrededor suspirando por algo de comer. 



Dedicado a Adrián, ¡feliz cumpleaños!