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27 diciembre 2020

Quetzalcōhuātl

Se quedaron boquiabiertos. A Pichu le estaba dando síndrome de Stendhal total y no sabía hacia cuál de todas las maravillas que abarcaban sus ojos mirar.

- ¡Oh, reacción romántica ante la acumulación de belleza! ¡Oh, exhuberancia del goce artístico! -estropeó el momento el arqueólogo listillo.
- ¡No tienes corazón! -exclamó Pichu, extasiado ante la hermosísima pirámide que se erigía ante ellos.
- ¡Escuchad!

Todos guardaron silencio ante las palabras de Mama Quilla y comenzaron a oir una suave melodía que parecía nacer de la mismísima pirámide. Pichu no cabía en sí de emoción y ni siquiera se dio cuenta de que la imagen de Viracocha, el esplendor originario, Señor Maestro del Mundo, brillaba en su trono con la piedra preciosa de su torso refulgiendo. 

- ¡Vamos a investigar el sepulcro! -propuso Pichu admirando el atardecer y lo bucólico de aquella escena que parecía pertenecer a un sueño.
- ¡No!

Pacha Mama parecía de nuevo muy incómoda. La pirámide le provocaba un sentimiento que no sabía cómo describir. Su brillo mágico le recordaba a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, dios de la luz y de la vida. Buscó en los cielos del crepúsculo a Xólotl, la estrella vespertina, pero no logró encontrarla. El gemelo precioso...

- ¡Oh!

Pichu de pronto entendió lo que ocurría con su arqueóloga favorita (y traidora, que no olvidaba que le había leído el diario). La miró con ternura y los ojos de ésta se humedecieron.

- Xib'alb'a... El inframundo. 
- ¡Venga jefe, saca el móvil y cuéntanos el Popol Vuh! -pidió con sorna el arqueólogo que le caía mal.
- "El Popol Vuh es una recopilación de narraciones míticas, legendarias e históricas del pueblo k'iche..." ¿Ah, no lo decías literalmente? -preguntó Pichu al ver sus caras.
- En serio... 
- ¡Es el Libro Sagrado de los mayas! No deberías...
- ¡Silencio! -estalló Mama Quilla. 

La pirámide comenzó a refulgir y de pronto la escena empezó a desdibujarse como si se tratase de una pintura al óleo bañada por fina lluvia. El lienzo se desvanecía y las pinceladas se perdían en el infinito. 

¡Pichu!
 
El joven arqueólogo alzó la mirada hacia los dioses.


Xib'alb'a, el reino de los muertos. Regido por las divinidades de la enfermedad Hun-Camé y de la muerte Vucub-camé. 

- 'Abandon hope all ye who enter here'... -susurró con voz sombría Pichu recordando el Infierno de Dante.
- ¡Bienvenidos a Guatemala! -bromeó el arqueólogo listillo para aliviar la tensión.
- ¿En serio? No estamos en la "tradicional" entrada de Alta Verapaz, eso seguro... -contestó Mama Quilla.

El mundo telúrico de Xib'alb'a estaba gobernado por unos ríos encantados con árboles espinosos -¡jicaros! presumió Pichu de conocerlos- que descendían de los barrancos por los que estaban penetrando en su interior. Lograron esquivar con suma cautela las profundas espinas que amenazaban con atravesar su piel y entonces llegaron al borde del río de la Sangre. En completo silencio pasaron por él y llegaron a un río de agua natural. Pichu trataba de recordar el Popol Vuh mientras observaba a su amiguito pokémon, que permanecía tranquilo y silencioso sobre su hombro. ¡Qué ricura!

- Bueno... ¿Y ahora qué?

Tras atravesar el último rio, llegaron a un lugar donde se cruzaban cuatro caminos. Un camino rojo, un camino negro, un camino blanco y un camino amarillo.

Continuará...


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños majo!

27 diciembre 2019

Teonimia (Cosmogony)

Aquel lugar era tan increíble y majestuoso que le dejó literalmente sin respiración. A continuación se puso a toser como un loco. ¿Quién le mandaba tocar nada y levantar semejante polvareda?

- ¿Estás bien? -preguntó Mama Quilla, preocupada, poniendo una mano en su espalda.
- Si... -respondió con dificultad- A ver si resulta que tengo alergia...

Tras el imponente trono las paredes de piedra se alzaban a gran altura hasta el hueco en la roca por el que se filtraba la luz. No parecía un lugar por el que pudieran escapar, así que miró los alrededores. Un foso relativamente profundo con restos de vegetación seca y antorchas que se mantenían misteriosamente vivas en algunas columnas... ¿Cómo podía ser posible?

- Este lugar... Quiero irme -terció de repente Pacha Mama.
- ¿Por? 
- No lo sé... No me gusta...
- ¿Temes la ira de Viracocha? -cuestionó el arqueólogo listillo con sorna.
- ¡No tiene gracia! No sabemos lo que le pasa, y aquí mismo hay una imagen del dios... No puede ser simple casualidad...
- ¡Oh, dios de los báculos! ¡Oh, dios de las varas! No nos hagáis daño... 

Pichu emitió unos pequeños rayos en sus mejillas y el arqueólogo guardó silencio al punto. 

- Tendrías que ser más respetuoso... La verdad, no sé por qué te dedicas a estudiar antiguas civilizaciones si te vas a reír de sus creencias... -le regañó Pichu.
- Bueno... En fin -dijo el joven mirando hacia otro lado y fingiendo interés absoluto por las piedras.

El joven aqueólogo lo ignoró y paseó por la estancia. Ciertamente la figura de Viracocha era impresionante y le intrigaba especialmente la enorme piedra preciosa que parecía adornar su cuerpo.

- Pichu... Por favor... -dijo Pacha Mama con un hilo de voz.

Pichu la miró con afecto pero pasó de ella. No iba a molestar a los dioses ni a turbar su descanso ni su paz, solo quería respuestas... Respetuosamente, eso siempre. Le devolvió una sonrisa cálida que pareció reconfortar a la chica. Tampoco era cuestión de ser un jefe borde, ¿Es mejor ser temido o amado? De aquí surge la controversia. ¿Ser o no ser? Esa es la cuestión... ¿Pero por qué se ponía a citar mentalmente a Shakespeare y Maquiavelo?

- ¡Eh! Despierta Bella Durmiente, creo que he encontrado algo...

Pichu estaba tan empanado que ni siquiera se sintió ofendido. Aquel sitio despertaba su imaginación y sus pensamientos vagaban en un sinfin de conexiones e hipótesis. ¡Ay, pero cómo le gustaba la arqueología! Bajó hasta donde se encontraba su compañero, cerca del foso, y se agachó donde le indicaba.

- ¿Ves? Esos extraños símbolos...
- "Apu Qun Tiksi Wiraqucha", el nombre en quechua que se le dio durante la época de los evangelizadores católicos, así al añadir palabras a su nombre original recalcaban su calidad de ser supremo.

Estaba orgulloso de sí mismo, ¡Se había acordado! El arqueólogo que le cuestionaba le mirada alucinado.

- ¿Qué? 
- Pero... Yo... Solo decía que podíamos usar esas cuerdas...

Entendía su confusión. Lo único que él veía en la roca era una soga atada con nudos de cualquier manera. Él veía un quipu, porque era un Amauta. Así de sencillo .

- Me.. estás diciendo que sabes... ¿leer cuerdas? -preguntó Mama Quilla con renovado respeto. 
- ¡Pues claro! ¡Por algo soy el jefe! -presumió. 
-¿Y esa qué pone?

El aqueólogo que le caía mal le mostró una cuerda más abajo.

- Esa es una cuerda normal y corriente atada con nudos, ¡No seas estúpido! Pero nos puede servir...
- ¡No, no toques nada! Podría... Despertar una nueva maldición... -suplicó Pacha Mama.
- ¡Oh..! Está bien... De todos modos tenemos cuerda de sobra, no pasa nada, tienes razón.

El joven se levantó y movido por algún tipo de intuición sus ojos se posaron en una pared de lo más sospechoso. Parecía haber sido usada no hacía mucho tiempo (tal vez un par de siglos) y la piedra parecía diferente... Pero no sabía decir en qué...

- Venid, vamos a explorar esta pared.

El arqueólogo listillo rezongó y junto a las otras dos chicas le siguió. Pichu manoseaba las piedras en busca de algo que ni él mismo sabía que podía ser. La piedra preciosa del pecho de Viracocha brilló fugazmente, pero nadie se dio cuenta.

- Mirad por ahí, a ver si encontráis la manera de mover este muro...
- ¿Cómo..?
- ¡No me discutas! Sé que puede moverse, lo sé...
- ¡Pi, pi, pi!

Pichu miró a su amiguito, que había estado muy silencioso. El pokémon le miraba con cariño y entrecerraba sus ojitos en una mueca divertida. ¡Qué gracioso!

- Yo no encuentro nada -farfulló el arqueólogo que le caía mal, cansado.
- Ni yo...
- Pues... ¿Esto servirá?

Algo que parecía una brillante moneda incrustada en la pared relucía ahora que la chica le había retirado la capa de polvo que la cubría.

- Es del mismo material que la "Sala Brillante"... -concluyó Pichu tras inspeccionarla.
- ¿Y tú como lo sabes?
- ¡Tengo ojos! Y soy muy observador... Por cierto, llevas la bragueta bajada.

El joven enrojeció y Mama Quilla pareció decepcionada. ¿Ein?

- Voy a tocarla... -exclamó teatralmente sin saber por qué.
- Yo ya la he tocado y no ha pasado nada... -recordó Pacha Mama.
- ¡Pero tú no tienes poderes..! ¡Poderes... de deducción! -completó Pichu. ¿Quizá la falta de aire puro le afectaba?
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Creo que hay otro botón oculto como este... En algún lugar de la sala.

Los arqueólogos miraron la inmensa estancia.

- ¿Estás de broma? ¡Tardaremos días en examinarlo todo..!
- Está aquí.

Pacha Mama dejó al descubierto otro botón un poco más abajo del primero.

- ¿Y por qué dos? ¿La dualidad? ¿El Sol y la Luna? ¿El Bien y el Mal?

Los ojos de Viracocha en el trono refulgieron un instante.

- Puro instinto... Vamos a apretarlos...

Las chicas ahogaron un grito cuando un tremendo sonido de piedras moviéndose inundó la sala. El eco era insoportable y todos se taparon los oídos, excepto Pichu, que debía seguir tocando los pulsadores para que el muro cediera y estaba medio tarumba. Una fuerte ráfaga de aire fresco llenó la sala y el polvo se levantó cubriendo parcialmente la vista como una terrible neblina.

- ¡Nooo! -gritó Pichu entre estornudos y toses estentóreas saliendo al exterior. Sus compañeros le siguieron sin pensar y de pronto llegaron afuera, a una puerta al pie de unas escaleras. 


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños salao!

27 diciembre 2018

Kay Pacha











Las aguas habían descendido y el brillo cegador se había apagado. Pichu miró alrededor comprobando que ninguno de los muros había sido dañado en el proceso y que todos estaban bien.

- ¡El panteón de los dioses se vengará por la afrenta infligida a su templo! -gritó el que se creía Viracocha.
- Acabamos de salvar este lugar del agua, no creo que los dioses se enfurezcan precisamente por ello... ¿Estáis todos bien? -preguntó preocupado. Al fin y al cabo era su expedición.
- Si -dijeron todos casi al unísono, salvo el chico que no sabía nadar y que aún estaba muy asustado y el arqueólogo listillo, que parecía muy molesto.
- ¡Oh, esposa de Inti, libérame de mis ataduras! -rogó Viracocha. 
- Madre Luna no va a salvarte... ¿Antes dijiste que esta era tu tumba?

Viracocha le miró entre furioso y halagado.

- ¡Recordáis mis palabras, mortal!
- ¡Amauta! Soy un amauta, un hombre sabio...

Una risita despectiva resonó con el eco de la sala, pero Pichu la ignoró.

- Este es un santuario dedicado en mi honor, ¡Tratadlo con respeto! -exigió el arqueólogo de ojos dorados.
- Pero no es Quisuar Cancha, ¿no? -preguntó el arqueólogo que le cuestionaba para demostrar que él también sabía cosas (y no necesitaba mirar el móvil).
- Desde este templo sagrado se originó el mundo tal y como lo conocéis.

Pichu le miró fascinado. Viracocha había comenzado su obra en el mundo de los antiguos tallando en piedra las figuras de los dos primeros seres humanos, un hombre y una mujer. Colocó las estatuas en diferentes sitios, y éstas se fueron animando a medida que les otorgó un nombre, cobrando vida en la oscuridad del mundo primigenio mucho antes de que el dios iluminara el mundo con su luz, que solo poseía el resplandor de Tití, el puma salvaje y ardiente que vivía en la cima del mundo. Por eso aparecían jaguares en las figuras totémicas del Imperio Inca... Le sonaba haber visto alguno por las cercanías...

- ¡Pichu! ¡Regresa!
- ¿Si? ¡Sí! Aquí estoy, estaba escuchando... 
- ¡No has oído lo último que ha dicho, fijo!
- ¿El qué?

La arqueóloga se desesperó.

- ¡Sobre este santuario pesa una antigua maldición de las tribus..!
- ¡No lo digas, no desveles el misterio! -rogó Pichu con voz de Sméagol. 
- Pero vamos a ver, ¿cuántas maldiciones pesan ya sobre nuestras espaldas? -cuestionó con tono grandilocuente el arqueólogo que no sabía nadar.
- Unas cuantas, a decir verdad... Es decir, no... A ver... -Pichu no sabía cómo explicarse ni hasta qué punto debía hablar. El pokémon Pichu se subió a su hombro y por un momento se sintió como un pirata... Ay, a ver si sus compañeros tenían razón y se le estaba yendo la olla...

Un gran sonido de paneles moviéndose interrumpió sus pensamientos. Uno de los muros comenzó a desplazarse verticalmente y una nube de polvareda les recibió mezclándose con los restos de agua del suelo, ennegreciéndola. 

- Veamos... al próximo que vuelva a tocar cualquier mecanismo misterioso sin mi permiso, ¡está despedido! -amenazó Pichu.
- Lo siento... -dijo la arqueóloga que se hacía pasar por Pacha Mama.

Pichu se asomó con precaución e iluminó la estancia con su móvil. Estaba repleta de telarañas, polvo y parecía que no había sido explorada en siglos, quizá desde su propia construcción. Miró a Viracocha, que estaba inusitadamente silencioso y miraba casi horrorizado a la oscuridad de esa estancia. ¿Reaccionaba así por lo que contenía su interior o porque lo habían descubierto?

- Bueno, yo voy a explorar... Pacha Mama, Mama Quilla y tú -señaló al arqueólogo listillo- os venís conmigo. 
- ¿Yo? -preguntó el chico, confuso.
- Si, claro, no me fio ni un pelo de ti así que te vienes. Los demás vigilad a Viracocha, al otro y pobres de vosotros como oséis tocar algo... Si en un par de horas no hemos vuelto, os doy permiso para que tú y tú -esta vez señaló a la arqueóloga que le caía bien y a otro de los chicos- nos sigáis y nos rescatéis o lo que sea...
- ¿Y yo me tengo que quedar con los lunáticos? -se quejó uno de los arqueólogos.
- No son peligrosos, están maniatados y parece que nuestro Viracocha ha entrado en trance o algo...

El joven miró a Viracocha, que abría la boca en gesto de terror mudo y parecía querer revelar alguna de sus grandes verdades pero algo lo detenía... Esas muecas tendrían que ser suficientes como para disuadirlo de entrar en la estancia polvorienta pero a esas alturas estaba en modo Indiana Jones total y quería seguir adelante.

- Os iremos dejando señales de tiza en las paredes por si nos perdemos... o cualquier otro tipo de señal suponiendo que las paredes sean valiosas. Confío en que seáis lo suficientemente inteligentes como para seguirlas... -les dijo Pichu- De momento me llevo cuerdas, linternas y algún vívere, tengo hambre... 

El arqueólogo listillo rodó los ojos.

- ¡Adelante!

Pichu se internó en la oscuridad, iluminando con la linterna, y se encontró en una amplia sala de piedra sin nada llamativo en su interior a simple vista. Ningún dibujo ni señal, solo dos pasillos que llevaban a las profundidades de la cueva.

- Este va hacia ligeramente hacia arriba y este hacia abajo... ¡Por el de abajo! -terció Pichu, seguro de sí mismo.
- ¿Por qué? -preguntó la arqueóloga Pacha Mama.
- El aire no está tan viciado aquí abajo... En caso de duda, Meriadoc, ¡sigue siempre tu olfato!
- Vale, seguimos instrucciones de Gandalf... ¿A él le atacó un Balrog, recuerdas?
- Oh, no creo que encontremos Balrogs por aquí... Aunque a este paso quién sabe... -musitó para sí Pichu. El pokémon pareció reírse. 

Descendieron por la escalinata durante lo que pareció una eternidad hasta encontrarse en otra sala de piedra toscamente labrada con más símbolos de nativos de la zona y sus dioses. No parecía tener ninguna salida, por lo que Pichu se decepcionó.

- Esto... ¿Son tumbas? -preguntó caminando con cautela Mama Quilla.
- Bueno, tampoco sería tan extraño que fuera un yacimiento... -dijo Pichu mirando a su alrededor. El pokémon bajó de su hombro y empezó a saltar por la sala muy alegre.
- ¿Qué le ocurre?
- No sé... ¿Qué pasa, pequeñín? ¿Has encontrado algo interesante?

Pichu fue hasta una de las esquinas de la sala y lanzó unas pequeñas chispas. El arqueólogo lo siguió e inspeccionó los alrededores.

- ¡Mirad, restos arqueológicos!

Trozos de vasijas y algunos Mullu se encontraban en una oquedad del muro. 

- ¿Qué es eso? -preguntó Pacha Mama.
- Pues Mullu, un molusco de coloración rojiza que se usaba como medio de cambio antes de la conquista española. También como ofrenda para ritos funerarios, ornamentación, joyería, máscaras o pequeñas estatuillas... -contó Pichu desde la esquina mirando su móvil con disimulo. ¡Si que le llegaba lejos la cobertura!
- Interesante... Oye, he encontrado una palanquita. ¿Puedo pulsarla? -preguntó con cierta sorna el arqueólogo listillo.
- Veámosla -dijo Pichu, encantado y hasta sorprendido de que le hubiera pedido permiso. ¡Así no podría despedirle! - Sí... parece una palanca normal y corriente, presiónala a ver qué pasa.

El arqueólogo volvió a rodar los ojos y tiró de la palanca. No se movió.

- No se... mueve... -dijo.
- Dale con más fuerza -aconsejó Pichu.
- ¿Te crees que no lo hago? ¡Ayúdame!

Juntos tiraron de la palanca arriba y abajo alternativamente pero no se movía.

- Aquí hay un botón.

Mama Quilla señaló al muro contiguo, donde cubierto de telarañas había un botón de aspecto oxidado.

- Uy, uy, uy, esto me huele a trampa... Apartaos hasta la puerta y dadme un palo -ordenó Pichu.
- ¿¿Y de dónde vamos a sacar un palo?? -preguntó el otro chico.
- Pues una piqueta, un boli, no sé, algo alargado...
- ¿Te vale este bocata?

Pichu miró a la arqueóloga y se encogió de hombros.

- Qué remedio...

Tapó cuidadosamente el bocadillo y cuando todos estuvieron al otro lado de la puerta presionó con cuidado el botón. Al punto se oyó un ruido, unas cuantas flechas herrumbrosas salieron de diferentes direcciones y un pequeño altar con un cofre surgió del suelo.

- ¡Os lo dije! -exclamó ufano.
- Bueno, también podía haber sido un mecanismo que cerrase esta puerta y nos hubiera pillado en medio dejándonos encerrados... -razonó el arqueólogo listillo. Pichu le fulminó con la mirada.
- Vamos a ver qué es ese altar...
- ¡Oh, mirad esto!

Pacha Mama había entrado por una puerta secreta surgida en el muro justo al lado izquierdo de la escalinata y les gritaba desde el otro lado.

- ¡Has ido sin mi...! ¡Ooh!

Cuando Pichu llegó hasta ella, vio una enorme sala de piedra iluminada por una tenue luz que procedía del exterior y en medio de la misma un hermoso círculo que llevaba por unas escaleras a un trono con la imagen de Viracocha tallada. 


Dedicado a Pichu, ¡feliz cumpleaños bollu!

27 diciembre 2017

Chuqui illa

Una cascada de agua comenzó a manar de varios salientes en la roca que se encontraban fuera de su alcance. Viracocha reía enloquecido y relataba profecías sobre las aguas y su poder destructor a voces, lo que no les permitía concentrarse para intentar buscar una solución. Pichu estaba enfadado y preocupado. ¿Cómo saldrían de esta?

- No has visto muchas películas sobre arqueología, ¿Me equivoco? ¡Nunca debes presionar palancas misteriosas! -gritó al joven.
- ¡Pi, pi, pi! -corroboró su amigo pokémon. 
- Bueno, entonces siguiendo la estela de las pelis, deberíamos buscar otra palanca que solucione este entuerto -dijo la arqueóloga que le caía bien, aunque ya no tanto. 
- ¡Claro, como si esto fuera una peli! -exclamó Pichu.
- Pero acabas de decir...
- ¡Buscad una roca con forma especial, o un significado secreto en algún muro, ¡Algo! -la interrumpió con voz de Sméagol y un cierto deje desesperado.

Los arqueólogos de la expedición se pusieron a rebuscar por todos lados pero no encontraron nada. El agua comenzaba a cubrirles por encima de las rodillas y Viracocha seguía con sus augurios apocalípticos.

- ¿Alguien puede callar a ese lunático? ¿Otro calcetín, quizá? -propuso uno de los chicos.
- ¡Tratad con respeto a vuestros dioses o su ira caerá sobre vuestra estirpe!
- Mi linaje no da para mucho... créeme... -dijo otro de los jóvenes.
- ¡Aquí!

Pichu se dirigió a un pequeño altar de sacrificios que había pasado desapercibido hasta entonces, donde su pequeño amiguito daba saltos de felicidad y parecía muy contento. 

- ¿Qué es esto, pequeñín? -preguntó cariñoso- ¡Oh! ¡Mirad esto!

Detrás del altar había un panel de roca y cuando Pichu lo tocó, éste se giró dando paso a una hermosa composición de un chamán adorando a los dioses, representado con vivos colores cálidos y tonalidades de la naturaleza.

- Esto representa a la Serpiente Emplumada y solo el chamán posee la luz de la sabiduría, que se simboliza con esta luz de aquí... -señaló a la parte derecha del panel.
- Encantador, pero jefe, el agua empieza a cubrir la cintura...
- ¡Sí, sí! Debemos buscar una especie de puertecita como ésta de la luz...
- ¿Cómo? -preguntó otra chica.
- No sé, tal vez como... ¿esto? 

Pichu calcó en una de las piedras, pero no ocurrió nada. Las arqueólogas comenzaron a tocar las piedras de alrededor hasta que una de ellas dio con otra palanca, que bajó sin consultar ninguna opinión. El agua empezó a caer con más fuerza y de más agujeros.

- ¡Solo los dioses y chamanes poseen la luz, los insensatos mortales perecerán bajo el diluvio! -gritó Viracocha, ufano.
- ¡Que yo soy de tu corte de Amautas! ¿Recuerdas? ¿Y qué hemos dicho de tocar cosas? -dijo Pichu a la chica, entre irónico y molesto.
- ¡Tú lo ibas a tocar de todos modos! ¡A mi no me eches la culpa! -chilló ella, un poco histérica.
- ¡No sé nadar! -confesó uno de los chicos atemorizado viendo que el agua ya le llegaba a las axilas.
- ¡Se me moja el móvil! -gritó otro.
- ¡Tú súbete en algún sitio y todos con el móvil en alto, como hago yo! -ordenó Pichu- ¡Que a mí ya se me acabó la garantía!

El arqueólogo con el calcetín en la boca rodó los ojos. ¿Cómo podía ese Pichu ser tan estúpido?

- ¡Mirad lo que hace Pichu! -gritó una de las arqueólogas.

Todos miraron hacia Pichu, que tenía el móvil en lo alto y por un momento se sintió ridículo, aunque claramente era el más listo de todos.

- ¡No él! ¡Él! -señaló la chica.

El pokémon saltaba por las paredes sirviéndose del relieve irregular de las rocas y presionaba suavemente con sus patitas por encima de las mismas, consiguiendo que los chorros de agua se detuvieran en su totalidad.

- Mediador entre las aguas y las fuentes de población... Digo... las fuentes de población y las aguas... -murmuró Pichu. 
- ¡Sigo sin saber nadar! -gritó el chico de antes, literalmente con el agua al cuello.
- ¡Y yo sigo diciendo que te subas... aquí por ejemplo! -sugirió Pichu señalando al altar con el móvil.


Las cascadas de agua dejaron de fluir de los muros y los arqueólogos se miraron unos a otros, completamente empapados y cubiertos de agua casi en su totalidad.

- ¡Bien hecho, Pichu! -alabó Pichu al pokémon, que sonreía con la mirada.
- ¿No sería cosa de sacarle el calcetín de la boca? -preguntó una de las chicas fijándose en el arqueólogo listillo- a ver si se va a ahogar...
- No creo...
- ¡Me podía haber ahogado! -corroboró el joven cuando se vio liberado de su atadura.
- ¡No seas dramático! Tú mismo te lo has buscado cuestionándome todo el rato... -respondió Pichu con poca amabilidad.
- ¡Los dioses infligirán su castigo a los..!
- ¡Qué siiiiiii! -exclamó la chica que se hacía pasar por Pacha Mama- ¡Lo hemos entendido! ¡Basta!

Viracocha guardó silencio aunque todavía parecía trastornado con sus ojos dorados.

- ¿Y cómo abrimos la puerta de la cámara?
- En pársel, naturalmente -respondió Pichu, muy tranquilo.
- ¿Qué?
- ¡Oh! Perdonad, estaba distraído. Hallando la luz. 

El arqueólogo que le caía mal puso un gesto sarcástico pero se guardó sus comentarios.

- Me refiero al panel, no me miréis así -aclaró Pichu- Lo dice bien claro.
- ¿Puede tu amiguito encontrar esa luz? -cuestionó uno de los chicos.
- Veamos. ¿Pichu, puedes encontrar esto? -señaló Pichu por debajo del agua al pokémon.
- ¡Pi, chu! ¡Pichu!

El animalillo saltó por los muros y se acercó a uno de los salientes de agua en la roca. Olisqueó por la zona y trató de ojear dentro de la oquedad.

- ¿Qué demonios hace?
- ¡Más respeto a Chuqui illa, el relámpago! -volvió a gritar Viracocha.
- Por una vez le doy la razón -asintió Pichu. Si confiárais más en él...
- ¡Pi!

Pichu se detuvo cerca del panel, frente al rostro de uno de los nativos, que parecía un chamán con ojos de esmeralda. 

- ¡Mirad eso! Se parece al tipo del panel... ¡Ya está! ¡Tenemos que buscar un nativo como ese con ojos de ónix! ¡O de azabache!

Los arqueólogos se miraron entre ellos cuestionando una vez más la posible demencia de su jefe.

- ¡Ojos oscuros, ojos negros! ¡Como él! -señaló al panel.

El grupo se puso a inspeccionar cuidadosamente las paredes hasta que uno de ellos dio con un nativo muy semejante al del panel principal.

- ¡Este se parece! ¡Tiene ojos de roca negra!
- Roca, roca... es turmalina, inútil -dijo Pichu en voz baja con su tono de Sméagol -¡Lo ha encontrado! ¡La luz debe andar cerca!

Efectivamente, a una distancia similar del chamán se encontraba una piedra reluciente cuyo brillo se desdibujaba bajo el agua, pero indudablemente dorada.

- ¿Y qué es lo que significa?
- ¿Alguno de vosotros ha sido mayordomo alguna vez?

Nadie respondió, sin entender a qué podía referirse el loco de su jefe.

- Solo lo decía para romper la tensión... -comentó con ligereza Pichu, que a pesar de todo seguía dándole vueltas a quién sería el traidor- Esto... bueno, voy a pulsar en la lucecita a ver si...

La Sala Brillante, como la había bautizado, resplandeció con un brillo cegador aún más acusado debido al agua que les dejó sin visión por unos instantes. Lo único que notaron con certeza era cómo el agua bajaba de nivel y un fuerte sonido a rocas se oía en la lejanía. 


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños Pichu!

27 diciembre 2016

Chulel

Los arqueólogos llevaban horas examinando la cámara concienzudamente pero no habían encontrado nada que pudiera explicar la maldición bajo la cual parecía encontrarse su compañero de expedición.

- ¿Qué piedra preciosa será esta? Parece ámbar...-murmuró una de las chicas acariciando los muros.
- El ámbar es una resina fósil, dudo que sea eso -dijo Pichu.

- A mi me inquietan más éstas imágenes de nativos de otras partes del mundo... ¿Cómo podían conocerlos? -preguntó otra.
- Bueno, el Machu Picchu es una llaqta construida antes del S.XV, para aquel entonces los españoles estaban a punto de descubrir América, pero ya sabemos que otros nativos de otras zonas habían llegado a este lugar mucho antes... -continuó Pichu.
- Ilumínanos... -murmuró el arqueólogo que le caía mal. Pichu fingió no oírle pero le apetecía muchísimo churrascarlo un poco... Como se pusiera tonto...
- ¡Mirad, creo que he encontrado algo!

En uno de los huecos de las paredes la piedra parecía ligeramente erosionada. Uno de los jóvenes introdujo el dedo en un agujero y pegó un grito.

- ¿Qué ocurre? -exclamó Pichu, preocupado.
- ¡He tocado una telaraña! ¡Qué asco!

El grupo rió y el joven al que habían desmayado con la electricidad del pokémon despertó justo en ese instante.

- ¡No toquéis mi tumba!

Pichu se giró rápidamente y le miró a los ojos, que brillaban con un extraño tono dorado, mientras el silencio reinaba en la estancia.

- ¿No debería tener una voz cavernosa o algo así? -susurró casi imperceptiblemente el arqueólogo listillo. Pichu le lanzó una mirada furibunda.
- ¿Quién eres?
- Soy Viracocha, el esplendor originario, Señor Maestro del Mundo.
- Y ya tenemos dos locos en el grupo... -suspiró el joven. Pichu volvió a mirarlo mal.
- Dinos, gran Viracocha, primera divinidad de los peruanos, cuyo culto... supone un concepto de lo abstracto y lo intelectual... solo destinado a la nobleza...
- Deja de andarte por las ramas y leer en el móvil, Pichu ¿Qué quieres? -preguntó el arqueólogo.
- ¿Cómo osas tratarme así? ¡Mi ira os llegará a través de Inti con terribles desgracias! -gritó el chico.

Algunas de las chicas soltaron chillidos de terror y su arqueóloga favorita se acercó al joven.

- Tranquilo... yo soy Pacha Mama, la Madre Tierra... puedes hablar conmigo... -trató de convencerlo.
- Y yo Mama Quilla, esposa de Inti, Madre Luna, madre del firmamento... -dijo otra de las chicas entendiendo a su amiga.

- No reconozco vuestros rostros... -dijo el joven.
- Ahora yo le digo que soy Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, y busco el Chulel, no te fastidia... -murmuró el listillo- ¡Guerra de deidades!
- Yo soy parte de su corte terrenal de Amautas -afirmó Pichu sin hacerle caso- enseño matemáticas, cosmovisión andina, normas morales, religiosas, históricas...
- El Iluminado, noble Viracocha -dijo el arqueólogo con voz burlona.
- En serio, como sigas así Pichu...
- ¡Pi! -corroboró el pokémon.
- ¡Pichu!

Pichu y el pokémon miraron al joven Viracocha, cuyos ojos parecían desprender electricidad a su vez.

- ¡Pi! ¡chu! ¡pi, pi, pi!
- ¡Mi pequeño amigo!

El pokémon saltó a brazos de Pichu y se escondió en su regazo.

- Habéis atado a uno de vuestros dioses, humanos desagradecidos. Nosotros bendecimos vuestras existencias... ¡Mama Quilla, Pacha Mama! ¡Soltadme!

Nadie sabía qué hacer porque temían cómo pudiera reaccionar aquel joven.

- Estáis bajo un influjo maligno, señor...

No tenía que haber dicho eso.

- ¡Cómo! Mama Quilla, señora de los mares y los vientos, ¿Qué decís? ¡eso es imposible! -dijo el chico mientras intentaba soltarse de sus ataduras- las maldiciones son para los humanos que osan retar a sus dioses y desobedecerlos...
- ¡Pi, pichu!
- ¿Qué hace Chuqui illa en brazos de ese Amauta?
- Chuqui illa... -repitió Pichu.

Quizá eso tenía sentido. El rayo. No, el relámpago. La deidad que controlaba la lluvia, el granizo y los relámpagos. Mediador entre las fuentes de agua y la población...

- Y puede ser que por eso desaparecieran, porque aquella misteriosa enfermedad... -murmuraba en voz baja- tengo que apuntar esto en mi diario... mi tessooro...
- A ver, ¿Quién cree que Pichu debería estar al margen de esta expedición? ¡No está en sus cabales! ¡Vamos! -propuso el arqueólogo listillo.
- Yo no provocaría a un tío que tiene a un Pichu en brazos...
- ¡Atadle! -ordenó Pichu.

Esta vez el resto del grupo le hizo caso y entre todos redujeron al joven arqueólogo, que estaba muy descontento y no entendía nada.

- ¡Seguís a ese lunático! ¡Estáis todos locos!
- Ponedle un bozal, digo... tapadle la boca con un trapo. ¿Y tú qué haces con la mano ahí metida?

Antes de que pudieran reaccionar y sin que nadie lo esperara, el arqueólogo que había encontrado un pequeño agujero en la pared había seguido hurgando en ella hasta abrir un orificio mayor y había dado con algún tipo de mecanismo que parecía un botón. La cámara comenzó a temblar y Viracocha empezó a recitar versos sobre la destrucción de la humanidad que según él le transmitía el conocimiento sobre el futuro de Inti.

- Bien, perfecto. Había una puerta en la cámara y se ha cerrado. A este paso y con todos los que somos nos quedaremos sin oxígeno... pronto.

El arqueólogo optó por no decirle a su jefe que eso era bastante obvio y que para ser "maestro de matemáticas" no tenía mucha idea...

- ¿Y ahora qué hacemos? -preguntó una de las chicas, asustada.
- ¡Que el gran Pichu nos guñliieee! -trató de acabar la frase el arqueólogo con un calcetín en la boca.
- ¿Le habéis metido un calcetín usado? Pobre, tampoco merecía eso... -se compadeció Pichu.
- ¡No! Lo llevaba en la mochila por si llovía, está limpio -respondió el chico que le había tapado la boca.
- ¡Eso ahora no importa! ¿Cómo salimos de aquí? -chilló otra de las chicas con un deje de histerismo en la voz.
- ¡Eh! ¡He encontrado otro botón!

Sin que nadie pudiera evitarlo, el chico presionó la palanca hacia abajo.


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños neno!

27 diciembre 2015

Hunab K'u

- "Al igual que otras poblaciones de la región andina, los incas creían que la vida continuaba tras la muerte. Los muertos entraban a formar parte del misterioso mundo de los huacas, término que designaba genéricamente a todo aquello (amuletos, ídolos, santuarios) que guardaba conexión con un poder sobrenatural, con una fuerza oscura". Bla, bla, bla... "morada confortable, ajuar adecuado...", "si no se sentían agusto o se veían abandonados arrastrarían el alma de un pariente que les hiciera compañía...", bla... "chulipas, torres redondas o cuadradas que se construían con gruesos bloques de piedra superpuestos", "embalsamados en posición fetal o sentados, mantas tejidas que son obras de arte, si el difunto tiene cierta jerarquía se les ponía una máscarilla de oro..."
- Este tenía "cierta jerarquía" fijo... -interrumpió uno de los arqueólogos contemplando la estancia.

Pichu le miró un instante y continuó leyendo.

- "Alimentos... cuenco... herramientas cotidianas... objetos a los que había mostrado afecto..." y eso es todo -acabó de leer.
- ¿Cómo puedes tener cobertura aquí? -se extrañó una de las arqueólogas.
- Mi móvil es insuperable. Para la tecnología actual.
- ¿Y siendo un experto no podías simplemente contarlo? ¿Tenías que leerlo?

El joven arqueólogo lanzó una mirada furibunda a su compañero.

- Probablemente nos hallamos ante una tumba de alguien de noble estirpe... 
- No me digas...
- ¿Tienes algún problema?

El arqueólogo del que sospechaba sonrió de medio lado y negó con la cabeza.

- Pues a mi me parece que sí, siempre me cuestionas -corroboró Pichu.
- No te estoy cuestionando... Simplemente... dudo de... tus capacidades -respondió el arqueólogo arrastrando las palabras.

El pokémon Pichu encendió sus mejillas con pequeños rayos y Pichu sonrió. 

- No te voy a echar de la expedición... todos sois sospechosos, no me voy a deshacer de ninguno de vosotros... -al carajo el plan, se sentía seguro de sí mismo y su instinto le decía que era correcto desvelar sus planes. Aunque pareciera poco lógico.
- ¿Todos sospechosos de qué? -preguntó una de las chicas.
- Faltan enseres y apuntes... 
- Es por la maldición.

Pichu miró a su arqueóloga favorita. La única de la que realmente no sospechaba, lo que la hacía aún más sospechosa a sus ojos. Si alguno de ellos fuera mayordomo todo sería más fácil... ¡Oh! ¡ya se volvía a desviar del tema!

- ¿Qué maldición? ¿Esa que mencionasteis ayer? -preguntó alguien.

El joven, casualmente, miró a otro de los arqueólogos, y vio que movía los labios articulando las palabras "galleta no seas tu vida" a su compañera. ¿"Galleta no seas tu vida"? 

- Galleta...
- Genial, ya se ha vuelto loco otra vez... -suspiró el arqueólogo, contento de poder seguir desacreditándolo.
- ¡Cállate, no seas estúpida! ¡Prendedlo! -gritó Pichu eufórico señalando al chico. 

Nadie se movió y el joven le miró como si no estuviera en sus cabales, aunque algo inquieto.

- ¡Pichu, ataca! ¡pero no le hagas daño!

A pesar de la confusa orden, el pequeño pokémon saltó y le lanzó una descarga eléctrica al chico lo suficientemente fuerte como para hacer que se desmayara. Los demás arqueólogos miraban al Pichu humano entre horrorizados y temerosos. 

- ¡Se acabó de miramientos! ¡Si no queréis que os desmaye uno por uno, más vale que habléis! -amenazó el joven con rostro crispado.
- Tu amiguito parece no aguantar su propia electricidad... -observó el arqueólogo del que sospechaba. 

Ciertamente, el pokémon lloraba silencioso y se abrazaba a sí mismo. Pichu se enterneció, lo cogió en brazos y lo acunó cariñosamente. 

- ¡Hablad, insensatos! -lo de hacer de malo le estaba gustando mucho, aunque copiara frases a otros que ni siquiera eran malos... ¡concéntrate, Pichu!
- Es por la maldición -repitió la chica- pierden noción de sus actos, actúan a través... de la voluntad de otro... -explicó.
- ¿No será que alguien es sonámbulo por aquí? -preguntó alguien.
- ¿Y tú cómo sabes...? -empezó Pichu, que no quería revelar todo lo que sabía en aquel momento.
- Lo he leído... en tu diario -reconoció. Pichu puso cara de decepción. ¡Su arqueóloga le había engañado! 
- ¿Y qué hacías husmeando en mis cosas?
- Es que... estaba limpiando... y se cayó, y me pudo la curiosidad... ¡pero yo no he robado nada! -exclamó ante las miradas acusadoras del resto.
- ¿Y crees que... está bajo los efectos de la maldición? -susurró Pichu con voz trémula.
- Creo que la clave para saberlo está en esta cámara. Aunque si recomiendo que le maniatemos antes de que despierte...

Dos de los arqueólogos sacaron unas cuerdas y ataron al joven, que permanecía desmayado.

- Bien hecho, Pichu -alabó el joven arqueólogo en voz baja al pokémon- estate atento a mi señal y no te hagas daño...
- ¡Pi!


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños bloggero!

27 diciembre 2014

The Jaguar God

Justo al despuntar el alba, Pichu abrió los ojos. Había tenido un extraño sueño en el que unas figuras celestes hacían formas en el firmamento y le revelaban los misterios de la fabricación de los huevos de gallina en un recóndito lugar del África tropical. Al momento se despertó en él nostalgia por el chocolate, hacía bastante tiempo que no comía nada... 

- ¿Pichu?
- ¿Sí? -contestó él volviendo a la realidad.
- Ya estamos listos.
- ¿Así, sin desayunar? ¿No es muy temprano?
- Son casi las 11...

El joven arqueólogo miró en derredor. Debía de haberse vuelto a dormir mientras pensaba...

- Voy enseguida.


Un rato más tarde estaban frente a la caverna que había descubierto. Uno a uno fueron entrando despacio y observando las paredes, que no tenían nada de particular. Pronto llegaron a la bifurcación en la que Pichu había girado hacia la izquierda.

- Aquí fui hacia la izquierda...
- Bien, entonces dividámonos -propuso el arqueólogo del que sospechaba.
- No... quiero enseñaros cosas interesantes que hay por ese camino, lo mejor será permanecer juntos.

Nadie se quejó ni se opuso, lo que dificultaba su labor para descubrir al traidor o traidores. El camino era relativamente fácil de seguir porque al ir retirando la cuerda la primera vez que entró había dejado un rastro en el polvo del suelo. No quiso decir nada acerca de unas pisadas que había visto en algunos tramos, seguramente solo se trataría de algún animal que paseaba por allí, quizá algún camaleón...  

- ¡Mirad que dibujos! ¡Son una preciosidad! -exclamó una de las arqueólogas- ¡Y hay trazas de escritura!

Pichu sonrió. Le encantaba la arqueología, sobre todo cuando hacían descubrimientos de aquel calibre. La historia podía cambiar en cualquier momento dependiendo de lo que pudieran encontrar, y aquella cueva parecía clave en la historia de los incas, probablemente incluso más de lo que imaginaba...

- ¡Pi!

No se había dado cuenta de que el pokémon les seguía desde el principio y saltaba a su alrededor.

- ¿Qué pasa, amiguito? ¿Les enseñamos el resto de maravillas?

El pokémon saltó con alegría y les condujo por el pasillo que llevaba a la majestuosa "Sala Brillante" como la había nombrado Pichu en su mente.

- ¡Oooh! -exclamaron los arqueólogos al unísono al ver la piedra preciosa que recubría la cámara por completo.
- ¿A que es genial? 
- Pichu, es... ¡es increíble! ¡Debemos extraer muestras!
- ¡Nooo..! mi... tesss...oooroo...
- ¿Pichu?
- ¿Eh? No, que no quiero que toquéis nada, es demasiado bonita... tiene que haber algún rincón oculto donde podamos tomar muestras sin deteriorar la caverna.

Los arqueólogos trataron de ahogar sus risitas, aunque no pasaron desapercibidas para Pichu. Qué, a veces se le iba un poco la pinza, pero es normal en los artistas... Los artistas de la ciencia, qué. No todos los artistas tienen que ser pintores, músicos, escritores... Algunos simplemente se dedican...

- ¿Qué mascullas, chiflado?
- ¿Eh, qué? ¡Un poco más de respeto al jefe de la expedición!
- Mira. 

El joven le mostró una rara piedra que jamás había visto y no sabía identificar.

- ¿Qué es? ¿Dónde la has encontrado?
- Creo que hay una tumba en esta cámara... y lo más peculiar... -dijo mientras le indicaba el sitio dónde había encontrado la piedra- es que hay imágenes de deidades, sacrificios, y un pokémon...

Pichu se quedó boquiabierto. No era posible... no podía...

- ¿Pichu? -preguntó dirigiéndose al pokémon, que cerró los ojos a modo de sonrisa. 



Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños bollu!

27 diciembre 2013

La'petach Chatat

Los otros arqueólogos esperaron a que Pichu despertara de su ensimismamiento. Como tardaba demasiado, una de las arqueólogas agitó la mano delante de sus ojos haciendo que volviera en si. 

- ¿Qué maldición? ¡no me pagan lo suficiente como para lidiar con una maldición!
- Y aún no sabe lo de la misteriosa enfermedad...
- ¿Una enfermedad? ¿es contagiosa? -preguntó otro arqueólogo, preocupado.
- ¡Vaya! ¡debería dejar de hablar en voz alta!
- ¡Pi!

El sonido de un trueno hizo que el animalillo se alegrara. Como pokemon eléctrico le encantaban las tormentas. 

- Otra vez tormenta... Parece que la lluvia no...
- ¡Qué lluvia ni qué tormenta! vamos a la tienda grande y nos cuentas todo eso de la maldición y la enfermedad.

Resignándose, Pichu les acompañó hasta la tienda de campaña. Una vez se acomodaron, les miró uno a uno por turnos. Se suponía que tenía un equipo de confianza, pero si faltaban útiles y apuntes ¿hasta qué punto era sensato revelarles información?

- Pues veréis...

Pensó en mentirles. Quizá podría inventarse algo lo suficientemente plausible como para que los posibles traidores sintieran curiosidad para seguir robándole material, pero sin desvelar lo que ocurría realmente. Cuando viera quién era digno de confianza y quién no, les contaría lo que sucedía de verdad. Si, era un buen plan. 

- ¿Qué? -apremiaron.
- Si, perdón, estaba pensado cómo resumirlo. Hace unas semanas descubrí que los habitantes de Machu Picchu podían haber desaparecido a causa de una extraña enfermedad que contrajeron y les redujo literalmente a cenizas...
- ¿Cómo? -preguntó la arqueóloga, enarcando una ceja.

- A ver... -debía pensar rápido- según las pruebas de laboratorio, es una enfermedad desconocida que afectó a este grupo. Nadie sabe cuál es su origen, ni si tiene cura, pero el caso es que acabó con ellos y destruyó sus cuerpos de manera que apenas quedan restos.
- ¿Y cómo los has encontrado? -observó un arqueólogo. 
- Mandé unas pruebas de suelo. Quiero decir, mandé algunas muestras de tierra para analizarlas, por curiosidad -se corrigió rápidamente.
- ¿Y por qué no nos habías contado esto? -inquirió el mismo arqueólogo.
- Bueno... no quería que os ilusionarais inútilmente, ya sabes... creyendo que habíamos descubierto algo. Es decir, descubrí lo de la enfermedad, pero quise investigar un poco por mi cuenta para poder contar con más datos antes de decíroslo. ¡Pues si que mentía bien!

El pokemon corría y saltaba bajo la tormenta, ajeno a toda preocupación. Pichu lo miró y sonrió. Tenía que proteger a su amiguito.

- ¿Y lo de la maldición? -preguntó la chica.
- Oh... eso está ligado a la enfermedad. Los habitantes de Machu Picchu seguramente creerían que había sido un castigo de los dioses, de todos modos estoy buscando material sobre creencias Incas para ver si todo encaja.
- A mi si que me parece que lo que nos cuentas no encaja...

Otra vez ese arqueólogo. ¿Debía sospechar de él? ¿O es que solo estaba de mal humor porque no había compartido sus "hallazgos"?

- Ya os digo que estoy investigando, por ahora solo estoy elaborando hipótesis, pero aún no tengo ninguna certeza... de todos modos estoy cansado, no pienso con claridad. He descubierto una caverna, eso si, y me gustaría que la explorásemos a fondo en cuanto sea posible. Eso no tenía problema en contárselo.
- De acuerdo... la tormenta está arreciando y tu amigo parece encantado -sonrió el joven. Ya no parecía tan malo. De todos modos, convenía que se fijase bien en cómo actuaban todos, no podía levantar sospechas y necesitaba aliados.
- Si, es adorable. Bueno, voy a apuntar algunas cosillas que he visto en la caverna, pronto la exploraremos con los útiles adecuados, suponiendo que aún nos queden bastantes... -lanzó a modo de indirecta. Nadie se dio por aludido.
- Muy bien, mientras tanto esperaremos a que llegue el resto, seguro que ya han conseguido víveres para estar aquí por lo menos una semana más sin necesidad de acudir al pueblo -comentó una de las arqueólogas.
- Claro... es mejor que estemos todos unidos... para buscar novedades, ya sabéis... Creo que voy a acostarme un rato, me vendrá bien un poco de paz -dijo Pichu mientras los truenos ensordecían sus palabras.



Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños neno!

27 diciembre 2012

The sound of earth

Aquella caverna era un autentico laberinto repleto de hermosas pinturas. Las antiguas civilizaciones habian dejado su huella en las paredes contando sus viejas historias, leyendas, y dibujando escenas de la vida cotidiana. Nunca penso que encontraria formas de escritura en aquella zona, menos aun en una cueva tan peculiar. Se preguntaba que sistema de orientacion utilizarian los antiguos, el hacia rato que se habria perdido si no fuera por la cuerda.

- ¡Pi! ¡pichu!
- ¡Ahi estas! -exclamo Pichu al ver aparecer al animallilo tras uno de los recodos- ya podemos salir.
- ¡Pichu!

Parecia que el pokemon queria que lo siguiera, pero Pichu estaba cansado de dar vueltas. Solo queria salir afuera y disfrutar del sol, o de la tormenta, le daba igual, lo que fuera por un poco de aire fresco.

- ¡Pi, pi, pi! ¡chu!
- Vaale, pero demonos prisa, vendre a explorar mas tarde con los utiles adecuados.

El animalillo le guio a traves de unos pasillos y Pichu se dio cuenta de que ya no tenia mas cuerda.

- ¿Estamos lejos? si continuo me perdere...

Un brillo en el pasillo que habia atravesado su amigo hizo que Pichu no resistiera la curiosidad y se asomara. Ante si habia una preciosa camara repleta de algun tipo de piedra preciosa e imagenes de nativos de la zona y de otras partes del mundo. ¿Como era posible? Su estudio de los Incas unido a sus descubrimientos le acercaban cada vez mas al gran secreto.

- Muchas gracias, Pichu, ¡era justo lo que buscaba! solo me queda regresar y dejar algun tipo de marca para volver a acceder a este lugar. Veamos... no llevo tiza ni nada que pueda servirme... ¿que hago? -pregunto en voz alta con su caracteristica voz de Sméagol. 

Tras pensarlo detenidamente decidio rayar ligeramente las paredes con una piedra, de forma que cuando volviera ni siquiera le hiciera falta utilizar la cuerda. Poco a poco fue guiando el camino y al cabo de un rato llego al punto en el que la soga se habia roto. Como no habia tirado de ella, encontro unos metros mas alla el otro cabo y continuo hasta salir de la cueva. El sol se habia ocultado tras unos nubarrones pero no parecia que fuese a llover. 

- Tengo que apuntar mis descubrimientos en mi diario arqueologico -siguio el joven, incapaz de librarse de la costumbre de hablar solo. 
- ¡Pi!
- ¡Pichu!

Una de las arqueologas que le acompañaban aparecio entre los matorrales con aspecto enfadado.

- ¡Hola! ¿que haces aqui? -pregunto Pichu.
- ¡Buscarte! creiamos que habias desaparecido...
- Solo estaba dando una vuelta, no pasa nada.
- Ehmhmh... si que pasa algo... el campamento...
- ¿Si?

Ambos volvieron rapidamente al campamento mientras la joven le contaba como cuando se habian levantado faltaban algunos utiles y apuntes sobre la excavacion, y sin embargo no habia ningun tipo de huella que delatara que o quien podia haberse llevado las cosas. 

- Nadie puede haberse llevado nada, es un equipo de confianza.
- ¿Entonces que sugieres? alguien nos esta traicionando.
- Pero no tiene sentido, aunque... 
- ¿Aunque?
- La maldicion... -susurro Pichu perdiendose en sus pensamientos.



Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños majo!

27 diciembre 2011

The Goblet of Fire


El aire puro del Machu Picchu le hacia sentir vivo. El joven arqueologo se encontraba solo aquella mañana paseando por las ruinas de la antigua civilizacion tratando de ordenar sus pensamientos. Sus compañeros aun no se habian levantado y los primeros rayos de sol empezaban a surgir en el firmamento tiñendolo de dorado. Habia visto tantos hermosos amaneceres en aquel sitio... habian sido los mejores meses de su vida, sobretodo al descubrir a su pequeño amigo pichu. ¿Donde estaria el pequeñin?

- ¡Pichu! ¡pichu! vaya, me siento tonto, parece que me llamo a mi mismo... -rio.
- ¡Pichu!
- ¡Aqui estas!
- ¡Pi!

El animalillo se alejo y Pichu le siguio, divertido. Las piedras y los escalones de hierba dificultaban su paso, pero estaba adquiriendo una gran agilidad. En ese momento tropezo con una roca y se cayo de bruces. ¡Pues vaya!

-¡Pi, chu!
- Si, ya voy... -contesto Pichu frotandose su rodilla dolorida- suerte que no me ha visto nadie...
- ¡Pi, pi, chu!

El arqueologo se levanto y continuo siguiendo a su amigo. Parecia conducirle a las afueras del poblado, lejos de las ruinas y del campamento. ¿Que querria mostrarle? Solo habia rocas y vegetacion, musgo y maleza. Y hacia frio, bastante frio. Una sombra oscurecio el paisaje. ¿Otra tormenta?

- ¡Pi! ¡pichu! -exclamo el animalillo introduciendose en una pequeña cavidad.
- ¡Eh! yo ahi no puedo entrar. ¡Pichu! -llamo Pichu, asomandose al agujero. Toco la roca y descubrio que se deshacia entre sus manos. En poco tiempo logro abrir un boquete lo bastante ancho como para que parte de la estructura se desmoronase y dejase al descubierto una cueva. Cogio su linterna y se interno en la oscuridad.
La caverna parecia bastante estrecha y afortunadamente solo tenia un camino, con lo cual no habia perdida. Pichu anduvo durante un rato sin encontrar al animalillo, que no acudia a su lado a pesar de que lo llamase, y de pronto se vio ante una solida pared. La cueva tenia dos bifurcaciones, izquierda y derecha. No debia haber cantado victoria tan pronto...

- Veamos... llevo una cuerda, asi que no pasa nada. La ato aqui -dijo mientras amarraba firmemente la soga a una roca puntiaguda que surgia del suelo- y asi no me pierdo. Y no se para que hablo en voz alta, si estoy solo. Bien, ¿y ahora por donde voy? -penso. ¡Izquierda!

Pichu emprendio el camino que habia escogido esperando encontrar al pokemon y llamandolo constantemente. La soga era muy larga, asi que podia moverse con libertad. La caverna comenzaba a ser un laberinto y el joven fue eligiendo rutas al azar segun le apetecia. De pronto, escucho un sonido extraño a lo lejos. Instintivamente tiro de la cuerda, y la noto floja. Tiro otra vez y se detuvo. Aja, si hacia como en las peliculas y seguia tirando se encontraria con la cuerda en la mano y cara de imbecil. No, no, no, daria la vuelta.

- ¡Vaya! ¡no me he fijado si habia pinturas rupestres! -exclamo al iluminar una de la paredes, que desprendia un brillo rojizo- pues asi me entretengo en el viaje de vuelta. ¿Donde se habra metido Pichu? ¿Y por que sigo hablando en voz alta?
- ¡Pi! -sono en la distancia.
- ¡Eh! ¡Pichu! creo que venia de este pasillo -comento consigo mismo asomandose a una de las galerias- a ver... puedo seguir dejando la cuerda como rastro, con tal de no tirar fuerte... nadie va a ir y alejarla de la roca donde la ate... ¿no? ¡a la aventura!



Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños bloggero!

27 diciembre 2010

World of make believe

Cuenta la leyenda que los habitantes del Machu Picchu desaparecieron repentinamente un dia, siglos atras. La ciudad perdida de los Incas siempre ha ejercido un atractivo especial en todos los que se interesan por su historia, y con Pichu no iba a ser menos. El afamado arqueologo, que le debia su nombre a aquel lugar, estaba profundamente interesado en los misterios que le ofrecia y por eso se decidio a investigar el sitio, acompañado de una expedicion arqueologica que el mismo dirigia.

- ¡Es increible! -exclamo una de las arqueologas cuando sus ojos se posaron por primera vez en el lugar.
- Absolutamente -coincidio Pichu, que empezo a bajar a saltos hacia las ruinas.
- ¡Espera! ¡no nos dejes con todo aqui! -grito alguien señalando las mochilas y los diversos enseres que portaban.

Pichu no podia esperar, llevaba años soñando con una oportunidad asi. Por fin estaba frente a las ruinas que le habian dado nombre, sabia que algun misterioso secreto se encontraba enterrado en ellas y queria ser el primero en descubrirlo, debia ser el unico...

- ¡Mi tesssoooroo! -dijo imitando al conocido Sméagol- ¡eeelloss me lo robaaaron!
- ¿Pero que dices?

- ¡Ah! -exclamo sonrojandose y riendo- nada, solo me he emocionado al estar aqui, es un sitio privilegiado para investigar.

El arqueologo le miraba de soslayo dubitativo, no podia creer que aquel desequilibrado fuera su jefe, pero claro, habia sacado unas notas excelentes y se suponia que era inteligente. Quizas un genio. Y todos los genios estan locos. La sonrisa que le dedicaba era una prueba de ello, pero solo porque sonreia mirando hacia el infinito y señalaba algun punto indeterminado. El arqueologo, extrañado, se giro y vio un tremendo nubarron que se aproximaba hacia donde estaban y repentinamente empezo a llover copiosamente.


- ¡Todos a las tiendas de campaña!
- ¡Pero si aun no estan montadas!
- ¡Solo es lluvia! -grito Pichu, que paseaba relajado por las ruinas, disfrutando de los mensajes grabados que se volvian mas nitidos con el agua.
La tormenta duro poco tiempo y el sol comenzo a brillar intensamente. Los investigadores apenas podian creerselo y Pichu les explico que era algo natural del clima de la zona, asi que podian comenzar su trabajo. Las investigaciones en las ruinas durarian algunos meses pero no queria perder mas tiempo, estaba deseando encontrar algo. 



La mañana transcurrio de forma apacible hasta que una de las arqueologas, que acababa de encontrar un plato de arcilla, lo dejo caer al suelo con un fuerte estrepito.

- ¡Una pieza de artesania! ¡que ha pasado! -gimio Pichu, que volvia a poner voz de Sméagol de forma inconsciente.
- Acabo de ver... no es posible...
- ¿Que?
- Un animal... era pequeño y amarillo... ¡ahi esta! -señalo.
Pichu miro hacia donde apuntaba pero no vio nada.
- Sera cualquier animal normal... nada que justifique romper un plato...
- ¡No! era... era como... -comezo la chica sonrojandose.
- ¿Como que?
- ¡Ahi!


Esta vez Pichu se giro con rapidez y pudo ver una oreja negra y amarilla y una cara alegre. Jamas habia visto nada igual.

- ¿Lo has visto? era... ¡un pokemon!
- ¿Como va a ser un pokemon? -rio el joven arqueologo, aunque puso un leve gesto casi imperceptible- ¡no existen!
- ¡Era un pichu!
- Que casualidad... - Estamos en el Machu Picchu, con vuestro jefe llamado Pichu ¡y nos encontramos un pichu! demasiado raro para ser cierto...
- ¡Pichu! -dijo el animalillo, provocando que los otros dos se giraran. Estaba muy cerca de ellos y sus mejillas despedian pequeños rayos.
- Pobrecito, debe de haberse cargado de electricidad con la tormenta...


La chica no podia articular palabra y no entendia como su jefe podia estar tan tranquilo, sonriendo de aquella forma y alzando la mano hacia el animalillo. Nadie sabia que Pichu se habia encontrado unas tablillas antiguas en sus investigaciones que revelaban la posible existencia de aquel pokemon y habian dado vida a toda clase de leyendas. No lo habia revelado porque este seria su gran descubrimiento.

- ¡Pi! ¡pichu! -dijo el animalillo, que saltaba alegremente alrededor del arqueologo, que le habia caido muy bien.
- ¡Mira, sabe como me llamo! -bromeo Pichu.
- ¡Tenemos que..!
- No tenemos que. Ni debemos de. Este sera nuestro secreto.
- ¡No podremos ocultarlo durante mucho tiempo!
- Pero si lleva oculto hasta ahora... un poco mas de tiempo no significa nada. Os prohibo hablar de esto, ¡va por todos! -grito. Muchos de sus arqueologos se giraron y quedaron anonadados ante la imagen que veian, dudando de si era real.
- ¡Pichu! -dijo el pokemon.
- ¡Ese soy yo! ¡ven pequeñin, toma! -contesto dandole una galleta.
- ¡Pichu!
- Tu sabes algo mas de lo que dices...
- ¿Yo? -contesto Pichu, dandole otra galleta a su nuevo amigo.
- Si... ¡y nos lo vas a contar!
- Esta bien... -contesto el arqueologo incorporandose y mirando al animalillo.



 Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños Pichu!