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09 octubre 2020

Amoena orbis terrarium

Lo que ocurrió en ese momento sí que fue inenarrable. Märga tardaría años en olvidar aquella escena nocturna en los manantiales. Quizá lo mejor fuera hacer un impasse en sus recuerdos y desvanecer los últimos acontecimientos... Su memoria iría de la creación del Clan Siniestro a... Bueno, a un futuro que aún no había ocurrido... Buff, era mucho que omitir, y como ya había dicho: "qué traaauma". El caso es que habían logrado liberar a Ëdeweiss porque la ninfa de cabello oceánico ya no la quería después de... De uno de esos recuerdos que iba a olvidar.

- ¡Qué bien, por fin podemos ir a ver a Pänsy con su Absalón! ¡Y todo gracias al súcubo! -dijo Polvo de Galleta lleno de felicidad mientras contemplaba la belleza de la nieve contrastando con el cielo nocturno.
- ¿Y este chico no tiene frío? -preguntó El doble de chico-chica, bastante incómodo por su desnudez.
- No parece que le afecte... -comentó Princesa mirando por millonésima vez su estambre. Su novio estaba tan feliz de haberla recuperado que no sabia si alegrarse o enfadarse por su comportamiento inapropiado.
- Parece que olvidáis que vamos por el mundo con un hombre desnudo...
- Y digo yo, ¿no se le puede echar una manta encima o algo?

La meiga miró con una ira helada a Km3 y éste calló al punto. ¿Si fuera tan fácil como "echarle una manta encima" (pensó con retintín) no lo habría hecho ya?

- Está hechizado. No se le puede cambiar. 
- Pero...
- Pero nada. Es parte de su conjuro, al fin y al cabo es una flor... ¿Y ésta cuando se larga? -pensó para sí. El súcubo iba de la mano de Ëdeweiss y Chico-chica le echaba miradas furibundas a la flor y sin poder evitarlo de adoración a la hipnótica mujer a pesar de su envidia.
- Tiene que acompañarnos para que Absalón no vuelva a caer en el embrujo de las ninfas -contestó como si le hubiera leído los pensamientos.
- ¡Ah! Bien... 

La verdad es que no le hacía ninguna gracia tener que viajar con esa criatura, pero quizá su belleza distrajera a la gente de Absalón... Miro con nostalgia a Polvo de Galleta. Quería su cuerpo de vuelta.


Viajar durante la noche había sido una buena idea ya que la oscuridad les protegía de miradas indiscretas, y como ya había dicho en alguna ocasión conformaban un grupo de lo más pintoresco y llamaban la atención por doquier. Märga, convertida en Sexy de Galleta, Polvo de Galleta y su inexplicable empeño en ondular su cabello -que por cierto le quedaba estupendamente, tenía que probarlo cuando fuera ella misma-, el sensual súbuco... y el hombre en pelotas. "Pintoresco" era decir poco...

- ¿Cómo decís que vamos a viajar hasta el puerto?

La cuestión era muy difícil, por no decir imposible, de resolver. Viajar de Êdimbürgh "allende los mares" al valle de Pänsy solo podía hacerse en barco -por la maldición de la dichosa florecita- y sería  durante casi una luna. Una luna de hombre desnudo en un sitio reducido... Aunque permaneciera en el camarote con el súcubo y cuantas barbaridades se les ocurrieran para entretenerse, primero tenían que subir al barco. ¿Y qué capitán les permitiría viajar en aquellas condiciones?

- Lo más difícil me parece que será llegar al embarcadero sin que nos apresen... -suspiró Märga. En serio, ¿era necesario que fuera en bolas? Estúpida Pänsy...
- ¿No podéis hechizar a todo el mundo para que lo perciban de otra manera?

La meiga se quedó mirando boquiabierta al súcubo. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

- ¡Eres un genio! ¡Alterar su percepción! 

El súcubo sonrió con sinceridad y al punto le pareció más humana.

- Será complicado porque en el puerto hay mucho movimiento, pero no es inverosímil... ¡Me encanta! ¡Es la solución perfecta! En cuanto os encontremos un camarote basta con que no salgáis a menudo y... ¡Me encanta! 
- De nada, Märga la meiga. Tus poderes son conocidos en los caminos, incluso para nosotros, seguro que podréis con un hechizo así -dijo mientras Chico-chica la miraba orgulloso por haberla invocado.

Pues sí, si que podía. Y sí, fue útil. Arribaron al fondeadero -lo mejor era empezar con la jerga marinera lo antes posible para familiarizarse- y lo único que la gente podía ver era el extraño grupito de amigos en el que había dos parejas, una de ellas hermosos como elfos... Y eso que había cambiado también la percepción que la gente tenía del súcubo, para que no llamara tanto la atención...

- ¡Estamos en el barco! ¡Rumbo al valle de Pänsy! -se alegró Polvo de Galleta, que cada vez se veía más cerca de recuperar su cuerpo original.
- ¡Y los camarotes son fantásticos!
- ¡Mirad que vistas!

Solo se veía la uniforme superficie del océano interminable, pero Märga les entendía. También estaba emocionada.

- Bueno, ahora solo falta que no salgáis mucho del camarote y...
- No creo que eso sea posible.

La meiga miró al súcubo y por un instante sintió un escalofrío de terror. ¿Se la iba a armar?

- Yo tengo asuntos que atender en las noches, entenderéis que es mi naturaleza, Märga la meiga...
- Eh... Sí... ¿Pero puedes hacerlo con discreción? -preguntó mientras la apartaba lejos del resto, que charlaba animadamente.
- Por supuesto.
- ¿Y cómo mantendrás tranquilo a...?
- No hay problema -dijo mirando al manflorita y guiñándole un ojo, para disgusto de Princesa- está bajo mi conjuro de amor, dormirá soñando conmigo cada noche...

En serio, es que esa voz la seducía hasta a ella.

- Está bien, tu haz... Lo que tengas que hacer, pero ten cuidado.
- Los demonios somos sigilosos, no os preocupéis...

Por un momento sintió que visitaría su propio camarote, pero no era posible porque le había tocado compartirlo con Polvo y no se atrevería a tocarlo con cuerpo de mujer... ¿Verdad? ¡Además, ella era Sexy de Galleta...! 


Tras dos semanas en la mar, nada extraordinario había ocurrido. Ninguna tormenta, ningún desvío. Lo que fuera que hiciera el súcubo en las noches pasaba desapercibido, pues su apariencia real solo emergía cuando estaba alejada de Ëdeweiss, con lo cual nadie la relacionaba con la hermosa joven que acompañaba al muchacho. Y hasta se estaban haciendo buenas amigas, para desconcierto de ambas.

- Habéis sido muy sabia, meiga. Os agradezco el cambio de percepción, pero confío en que solo se mantenga en el tiempo que estoy cerca de Ëdeweiss... -dijo con su sicalíptica voz.
- Claro, luego liberaré la visión del mundo sobre tí. La verdad que te agradezco todo lo que estás haciendo por nosotros...

¿Y por qué lo estaba haciendo?

- No es por Chico-chica. 

Genial, otra que le leía el pensamiento.

- ¿Qué quieres decir?
- El don del brujo sin nombre -dijo misteriosamente con una sonrisa sibilina.

Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños bollín!

09 octubre 2019

Aerach deilín bruane

¿Pero a quién en sus cabales se le ocurriría invocar a un súcubo? Aquella mujer-demonio de belleza incandescente la ponía de los nervios... ¿No podía haber sido solo una alucinación hipnagógica de Chico-chica, tenía que ser real?

- Necesitamos tu inestimable poder para que liberes a este hombre de su enamoramiento...
- ¡No! -se le escapó a Princesa- ¡No... tardéis en hacerlo!, hermoso... demonio?

Märga rodó los ojos. Ojalá el súcubo les diera su merecido... ¡Bueno, no!

- Por supuesto, no podría negarle nada a mi mejor amante.

Chico-chica sonrió orgulloso y un poco sonrojado y Märga tuvo que contener sus arcadas. Quizás es que era muy superficial pero de verdad que no entendía... Ahora que se fijaba, todos miraban embobados al súbuco, todo menos... ¡El novio de Princesa! Él solo tenía ojos para Absalón, que no paraba de menear su estambre delante de la joven... ¡Qué traaaumaa!

El súcubo de nombre desconocido se acercó a Absalón, que la miró sin ninguna emoción reflejada en su rostro y...



*** 

* Por su salud mental, Märga olvidó lo que vieron sus ojos antes de poder cerrarlos. *  

***


Las brisas de Ëscôciä, el viento de Êdimbürgh, mecían con suavidad la nieve a su alrededor, que se arremolinaba dulcemente en el hermoso valle. Esa preciosa visión y el sonido del viento fue todo lo que Märga intentó grabar a fuego en su memoria para no recordar...

- ¡Bueno, bueno, bueno, ya está libre, vamos a ver a las ninfas! ¿no?

Todos se hallaban sonrojados por la macabra danza de seducción que acababan de contemplar sin poder apartar la mirada, pues aquella divina mujer era hipnótica.

- Voy a... Eh...

Una lluvia de chispas envueltas en bruma plateada envolvieron a Princesa, que desapareció un instante para volver a recuperar su apariencia habitual.


- ¡Oh! ¡Que hermosura! -se deleitó su novio. 
- Vaya... -Princesa parecía terriblemente decepcionada y la meiga sintió pena por ella, aunque le alegraba que su novio estuviese contento de nuevo. Y de no tener más rivales, por qué no admitirlo... ¡Y qué más daba, si era un hombre! suspiró.
- Lo mejor será que vayamos hacia las ninfas, no quiero perder más tiempo... -dijo con voz razonable. Polvo de Galleta, como esperaba, asintió fervientemente y empezó a meter prisa al resto.
- Aún no nos hemos divertido lo suficiente...

En un movimiento cautivador, el súcubo tomó al Ëdeweiss de la mano y lo hizo desaparecer junto a ella.

A Märga le estaba dando otro colapso.

- ¿Dónde... demonios... se lo ha llevado? -preguntó con un hilo de voz, porque su ira no la dejaba hablar. El Clan Siniestro se retiró hacia atrás...
- Yo... Supongo... Que hayan ido a... "divertirse" -trató de adivinar Chico-chica, un poco molesto.
- ¡Es tu amiguita, vuelve a invocarla!
- Temo... Su ira...
- ¡¿Y la de la meiga no?! ¡Mírala como está! -dijo El doble de chico-chica señalándola. Märga tenía la mirada perdida y desprendía un aura inenarrable de furia.
- Vamos a calmarnos... Dejémosles un rato, el tiempo suficiente para que... ponga a punto su estambre y luego ya vamos con las ninfas... ¡O vamos yendo, para no tener que esperar..!

Miraron con cautela a Märga, que estaba totalmente evadida de la realidad. Polvo de Galleta se acercó y la cogió suavemente de la mano.

- Así será más fácil viajar... Como el súcubo se ha llevado a la flor -a la meiga le dio un tic en el ojo- cuando le invoquemos ya estaremos con las ninfas, y eludimos su desnudez por el mundo un poco... -dijo con mucha suavidad.
- Tienes razón -contestó Märga con voz lejana, y se dejó llevar por Polvo.
- ¿No estarán indignadas porque retiramos su maldición? Ahora ya no es flor, si no hombre... -susurró Km3.
- ¿Maldición o bendición? -preguntó el novio de Princesa.
- ¡No empecéis otra vez! -atajó Polvo de Galleta. Mi señora dice que hay que ver a las ninfas para que le dejen irse del valle voluntariamente...
- Bueno, eso de "voluntariamente..."

- Que si, que Pänsy fijo que en el fondo es buen partido.

Märga les oía como en un sueño.

- ¿Y cómo llegaremos hasta ellas? -cuestionó Princesa por sorpresa.

- Pues estarán cerca de algún manantial, un arroyo, una arboleda... ¡Fijaos bien! Seguro que no están lejos de sus flores...
- No son dríadas... -comentó Km3.

Qué día, que vida, tan larga... 



Por una vez, tuvo razón. En cuanto se aproximaron a uno de los manantiales más puros y cristalinos que habían visto jamás, vieron a unas ninfas jugueteando en sus cercanías. No sabían qué tenían que hacer, así que simplemente se acercaron con cautela. En cuanto percibieron su presencia, las ninfas cesaron su solaz y les contemplaron con curiosidad.

- ¡Una meiga! ¡Convertida en hombre! -rió una de ellas, con cabellos color del mar. Märga despertó de su ensoñación iracunda y las miró de tal modo que todas callaron al punto.
- Venimos a liberar a una de vuestras flores -dijo con voz autoritaria. Las ninfas revolotearon y parecieron enfadarse ligeramente. Polvo de Galleta contuvo el aliento.
- ¿Y quién sois para pedirnos tal favor? Las flores no pueden abandonar el valle, lo hacen más hermoso...
- Necesitamos a Absalón con nosotros. Es un... asunto mágico -inventó, aunque no era del todo mentira.
- ¿Absalón?


Las ninfas comenzaron a murmurar entre sí y Märga perdió la paciencia.

- Os lo suplico, pequeñas deidades, tenemos que llevárnoslo. Sobre nosotros -cogió a Polvo de Galleta, que las miraba implorante- pesa una terrible maldición y se quedará así si no liberamos al Ëdeweiss.
- ¿Y eso qué tiene que ver? No parece haber relación entre ambos hechos... -contestó una ninfa rubia.
- Os lo suplico, bellas alseides -le reventaba tener que halagarlas en aquel momento, pero no quedaba otro remedio- liberad a ese hombre. 

- Los misterios eleusinos no nos lo permiten, la via sagrada no puede romperse...

Märga estaba a punto de maldecir a las ninfas por siempre jamás. Lejos quedaban aquellos tiempos en que hacía el bien. Al carajo, estaba harta de ser Polvo de Galleta.

- Alseides, Auloníades, Napeas... Dejadnos a ese hombre, no os pido más.


De nuevo, algo en su aura hizo retroceder a las ninfas, que se miraron unas a otras.

- ¿Absalón, decís? Es mío.


Una de las ninfas, de cabello oceánico, ojos verdes y cuya belleza competía con la del súcubo, miró al grupo. La meiga tomó conciencia de los integrantes del Clan Siniestro en ese momento y soltó un bufido. Todos contemplaban a las ninfas extasiados, todos menos Polvo de Galleta y el novio de Princesa... Pues al final no hacía falta fingir el enamoramiento...

- Me parece estupendo. Toma otra flor y hazla tuya, necesito a tu hombre -pidió Märga. La ninfa rió y negó con su cabecita.
- No, no, no... Para liberarlo necesito un favor.

- ¿Más favores?

Una ráfaga de fuego voló sobre el manantial y las ninfas chillaron.

- Libéralo o te juro que aniquilo este valle y sus bosques hasta que no queden ni las cenizas...

El Clan Siniestro ahogó un grito. ¡No podía hablarle así a las ninfas!


- ¿Quién te crees...?
- Tú, invoca al súcubo.

Chico-chica obedeció y volvió a pronunciar las palabras de magia negra. Las ninfas se cubrían los oídos horrorizadas. El súcubo apareció con Absalón de la mano y miró displicente a las criaturas.


- Este hombre... Me pertenece. Su hechizo, su conjuro, ahora es mío. 
- ¡Has..! -se escandalizó la ninfa- ¡Has... profanado mi flor! -se enfureció.
- ¿Ya no la quieres? Dánosla -exigió Märga rodeando a las ninfas de fuego.

- ¡Malditos!

La ninfa se acercó a Absalón y el súcubo se puso delante de ella. 


Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños neni!

09 octubre 2018

Absalón, the Ëdeweiss

La brisa mecía un mechón de pelo ondulado de la meiga mientras el grupo contemplaba el valle de la bruja. ¿En serio tenían que bajar por un Ëdeweiss manflorita para Pänsy? ¿No podía buscarse un novio ella misma? ¿Cuándo se había ondulado SU pelo Polvo de Galleta, y lo más importante, por qué?

- ¿Cuando..?
- Bueno, lo mejor será acabar cuanto antes con esta pantomima. Vamos a Êdimbürgh, convencemos a un hombre desnudo de liarse con Pänsy y le decimos que es el Ëdeweiss.
- ¿En serio? ¿Pero os creéis que la bruja no se va a dar cuenta? -razonó Chico-chica para admiración de Märga.
- ¿Y qué sugieres que hagamos? -lloriqueó Polvo.
- ¡Pues lo que dice la meiga, ir, coger la flor, levantar el conjuro..!
- ¡Eso nos llevaría milenios!
- ¡Exagerados! ¡Su magia es poderosísima!
- ¡Si lo fuera tanto..!

Polvo de Galleta se calló al punto cuando vio la expresión tenebrosa de Märga.

- ¿No dijisteis que queríais aventuras?
- ¡Pero no así! ¡Mi cuerpo!

Cuando la meiga logró convencerles de bajar al valle y ponerse a buscar la flor, unos finos copos de nieve comenzaban a caer en el paisaje.

- ¡Oh, qué bonito! -exclamó Princesa.
- Yo no me entretendría con eso, es nieve mágica...
- ¿Maldita o bendita?

Era el día de las preguntas tontas, estaba claro.

- Concentraos, es una flor blanca o roja, así... -dibujó en el aire una flor que nadie entendió, pero todos asintieron- y no pasa nada si la tocáis, pero no intentéis arrancarla.
- ¿Dónde se encuentra?
- ¿Y cómo quieres que yo lo sepa? -contestó la meiga con un extraño acento que le salió del alma -Hemos venido a buscarla. ¡Buscad!


Pasadas unas horas no parecía haber rastro de la flor, hasta que Chico-chica dio un chillido de emoción.

 ¡Mirad, la he encontrado!

El chico señaló una preciosa flor roja y blanca de largos estambres dorados que relucía entre la nieve. Märga se aproximó con cuidado a ella y la tocó. No ocurrió nada, como esperaba.


- Sí, es esta,
- ¿Y ahora qué? -preguntó impaciente Polvo de Galleta.
- Pues... Tendréis que dejarme a solas un rato.
- ¿Con el hombre desnudo? -gimió Princesa por sorpresa con voz algo celosa. Su novio bufó.
- Como te habrás fijado, es una simple flor. Tengo que concentrarme para romper su bendición y no es nada fácil... Pänsy me lo pidió a mi porque sabe que puedo, pero necesito paz y tranquilidad para lograrlo... -y con vosotros cerca no es nada fácil, pensó.
- Vale, os daremos privacidad a ti y a la flor... -suspiró la chica.

Los chicos se alejaron un poco y Märga les hizo un gesto de que se alejaran más. No quería que pululasen a su alrededor mientras intentaba aquel difícil conjuro.


El atardecer caía suavemente en el valle mientras los chicos miraban con disimulo a la meiga desde la lejanía.

- ¿Creéis que es capaz de hacerlo? No parece muy segura...
- Pänsy cree que puede.
- Pänsy quiere un novio salido de una flor -recordó El doble de chico-chica a Km3.
- Bueno...
- ¡Es Märga la meiga! Yo confío en ella -afirmó Polvo de Galleta.
- ¡Mirad!

Una luz cegadora se abrió en el valle y los chicos decidieron acercarse a toda prisa. Entre bruma dorada y chispas vieron aparecer a un apuesto hombre desnudo que parecía confundido. Märga sonrió orgullosa de sí misma.

- ¡Vaya con el manflorita! -comentó casi para sí Princesa por sorpresa evaluándolo con la mirada.
- Tenía los estambres muy largos... -cuchicheó Km3 mirando a cierta zona.
- ¡A Pänsy le va a encantar! -sonrió Polvo de Galleta complacido.

Märga estaba contenta por haber roto el conjuro, pero la parte más complicada comenzaba en ese preciso instante... ¿Cómo iban a llevar al hombre desnudo a través de tanta distancia sin encontrarse con nadie?

- ¡Oh, hermosa princesa!

Sin que nadie lo esperara, el hombre desnudo se arrodilló ante Princesa por sorpresa, que parecía sorprendida y encantada a partes iguales. Su novio le miraba furioso. 

- ¡Sois la bella dama de mis sueños! ¡Nunca se vio hermosura igual!
- Os he liberado del hechizo... -dijo Märga intentando llamar su atención. No es que estuviera molesta de que el hombre solo se hubiera fijado en Princesa y ni la hubiera mirado... Un momento... ¡Si tenía cuerpo de hombre! Claro, claro...
- ¡Mi princesa prometida! ¡Mi alma gemela! -suspiró el hombre completamente extasiado.
- ¿Pero qué dices, insensato? ¡Tú vas a ser el amante de Pänsy, no te fijes en ella! -chilló desesperado Polvo.
- ¡Y tiene novio! -gritó el novio de Princesa. La chica estaba encantada de recibir tanta atención.
- ¡Es mi amor verdadero, ni Pänsy ni nadie ocupará jamás mi corazón!

Sin que se lo esperaran, el hombre se puso en pie y le plantó un beso de película a la joven, que correspondió entusiasmada. Al instante una lluvia de chispas doradas les rodeó y Princesa se vio convertida en una adorable joven que hacía sombra a la inmensa belleza de la meiga, o de Polvo de Galleta en ese momento.

- ¡Qué espanto! ¿Qué le ha hecho a mi Princesa? -se horrorizó su novio.

La belleza está en los ojos del que mira.

- ¡Mi amor! ¡Ëdeweiss a su servicio, mi señora, ahora y siempre! ¡Os amo! -exclamó con fervor el hombre.
- Yo... -por fin parecía que Princesa tomaba conciencia de lo que estaba ocurriendo.
- ¡Sois tan hermosa y perfecta!
- Desde luego es el hombre adecuado para Pänsy, bailándole el agua cada instante... -comentó en un susurro Km3.

Märga estaba anonadada. ¿Cómo podía salir todo tan mal? Aquel manflorita afrodita afrodisiaca se había enamorado de la mujer incorrecta y no se lo podía llevar así a Pänsy… Y había agotado sus fuerzas liberando esa flor del hechizo, necesitaría varios días para poder realizar el conjuro de nuevo sobre una nueva flor... Todo era increíble. ¿Cuántos Absalón habría por el mundo?

- Un momento... ¿Has dicho que te llamas "Ëdeweiss"? -cuestionó Märga al hombre sin poder evitar mirarlo directamente a... el estambre. ¿¿Qué hacía??
- Sí, señor.
- ¿Señor? Ah, si... Pero... ¿No eres Absalón, como todos?
- Todos somos únicos, señor.

¿Podía ser que Absalón fuera una flor concreta? ¿Tal vez se equivocó y tendría que haber elegido una de las flores blancas?

- ¿Qué demonios significa eso? -rugió Polvo de Galleta.
- La verdad es que no tengo ni idea...
- Vuestro don del brujo sin nombre sería ideal en esta situación aciaga... -observó Chico-chica.

¡Ya empezaban con los vocablos medievales!

- Mirad, no entiendo nada. Esto no tendría que estar ocurriendo -dijo Märga.
- ¡La maldición de las ninfas! -exclamó el novio de Princesa dándose cuenta.
- ¿Qué? 
- ¿No será la respuesta? 
- No creo... Aunque pudiera... -dudó Märga.
- ¿Entonces que es? -gimoteó Polvo de Galleta.
- ¡No lo sé! Dejadme pensar...

No sabía si era el destino o Pänsy quien se reía de ella, pero esto pasaba de castaño oscuro. Ëdeweiss contemplaba arrobado a Princesa, que había encontrado un charco de lluvia y admiraba su recién descubierta belleza mientras su novio la miraba con disgusto al verla convertida en un monstruo.

- Quizá el beso de amor erróneo... ¿Quién le manda ser tan besucón? -murmuró Märga, enfadada.
- ¿Qué haremos, mi señora? ¡Quiero mi cuerpo! -lloró Polvo una vez más.
- Ay... pues no va a quedar más remedio que hablar con las ninfas...

El grupo casi al unísono ahogó un grito de horror.

- Que son ninfas, ¿eh? No arpías, o súcubos...
- ¡Súcubos!

Märga contempló a Chico-chica, que de repente parecía ruborizado.

- Yo... una vez conocí a... una... -se sonrojó. Polvo de Galleta casi se desmaya- era hermosísima, una belleza terrenal del inframundo -eso no tiene sentido, pensó Märga, pero optó por callar- yo...tengo un retrato suyo...

El chico rebuscó en sus pantalones y sacó un pequeño retrato que mostró a sus amigos.


- Muy bonita, ¿y qué demonios...? Nunca mejor dicho...
- Ella... bueno, digamos que quedó encantada conmigo y me regaló su retrato, dijo que podría invocarla siempre que me hiciera falta...

La meiga estaba colapsando. No sabía qué era peor, si conocer las dotes de Chico-chica (que al final al parecer era hombre), saber que un súcubo le había... Y se había quedado "encantada", o que tuviera conexiones demoniacas y mágicas tan fuertes... Y ella sin saberlo. Ni entenderlo, por supuesto. Se tocó la sien, le dolía. Seguro que le estaba dando un tirón en el cerebro.

- ¿Y cómo crees que nos ayudaría un súcubo?
- Yo...
- ¿No lo habrás contado solo para presumir?
- ¡No! Ella puede hacer cosas...
- Y tanto...
- … Tiene poderes -fulminó con la mirada a Km3- y sería una protección contra las ninfas.
- Las ninfas son buenas, aunque maldigan flores... -dijo Märga bajando la voz en la última frase.
- Pero son envidiosas y odian ser rechazadas. Cuando su Ëdeweiss sea seducido por mi súcubo le liberarán del amor de Princesa para que sea suyo... Y entonces nosotros nos lo llevamos para Pänsy. Haremos de señuelos y nos enamoraremos de las ninfas, o fingiremos que lo hacemos...
- No será difícil fingirlo... -aseguró el Doble de chico-chica.
- ¿Hola? ¡Yo sigo teniendo poderes! ¡No hace falta tanto lío!
- Descansad, meiga, yo me ocupo...
- ¡No..!

Antes de que pudiera detenerlo, Chico-chica pronunció unas palabras prohibidas de magia negra y unas ondulaciones negras aparecieron en el paisaje. De entre el círculo de oscuridad surgió lenta y sensualmente la figura de una mujer de belleza irreal e indescriptible, con cabellera cobriza y ojos de fuego, cubierta de tatuajes en su cuerpo y livianos ropajes negros. Una diadema de rubíes en su frente, acompañada de unos pendientes y un collar marcaban su estatus como reina de los demonios. Sus ojos eran hipnóticos.

- ¿Qué puedo hacer por vos, mi señor?

Su voz era tan sicalíptica que todos, incluida Märga, contuvieron el aliento.


Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños preciosa!

09 octubre 2017

Aphrodisiac Aphrodite

Despertarse con el sonido del mar era una delicia. Con el picoteo de una gaviota en sus pies, no. Märga abrió los ojos de golpe y espantó al pájaro, que había dejado un atún en su huida y graznaba asustado. ¿Pero qué..?

- No, ahora no... Luego, luego... 

Princesa por sorpresa murmuraba en sueños y soltaba unas risitas... peculiares... Sí, las llamaría "peculiares" en su mente, mejor. La meiga salió del refugio, se estiró y contempló el océano. Se sentía diferente, más ligera, y le dolía el cuello. Pero con una felicidad y paz interior que no era capaz de entender ni describir. ¿Tendría que ver con lo ocurrido el día anterior? Quizá simplemente con encontrarse en el bello Êdimbürgh en silencio mientras todos dormían, sin preocupaciones por el momento, sin que el alba hubiese despuntado del todo... Tal vez el brujo sin nombre le había concedido el don de la poesía...

- Ay, sí... No, no, no...

Märga rodó los ojos. Mejor se alejaba un rato mientras Princesa seguía soñando...


Cuando tiempo más tarde el Clan siniestro se despertó la meiga no estaba con ellos.

- ¿Veis? ¡La habéis espantado! -sollozó Polvo de la Galleta, que ya se veía siendo mujer durante el resto de su vida.
- Que no, que habrá ido a tomar un baño o refrescarse...
- ¿Cómo podéis saberlo? ¡Le estamos dando muchos problemas!
- Sí -coincidió Chico-chica- viajar con nosotros no ha resultado fácil por los hechizos de esa bruja, pero a partir de ahora todo irá mejor. Cumpliremos esa promesa, recuperarás tu cuerpo original y la pobre meiga podrá vivir en paz y dedicarse a sus quehaceres -le consoló.

La meiga, que acababa de llegar al refugio y no había podido resistir la tentación de escuchar a hurtadillas lo que estaban diciendo, se emocionó. ¡Eran encantadores! Soltó una lagrimilla y se la enjugó. ¡Qué chenchible estaba!

- Hola, chicos -saludó- solo estaba paseando por los alrededores, respirando el aire del océano...
- ¡Quiero mi cuerpo! ¡Ya! ¡Por favor, no puedo seguir así! -casi lloró Polvo de Galleta.
- Tú eres una meiga y ayudas a la gente... -dijo el novio de Princesa con un cierto tono crítico. ¡A ver si no eran tan sensibles como parecían!
- No pasa nada, hoy mismo resuelvo el favor de Pänsy y todos como siempre. Solo procurad que no os embrujen para no perder más tiempo... -contestó con una pizca de ironía. 
- ¡Oh..!
- ¡Ssshh! Tiene razón... -asintió El doble de chico-chica.

Tras recoger el refugio y desayunar unos bollos de almendras conjurados por la meiga aunque el Clan siniestro le rogara chocolate, comenzaron la caminata.

- No entiendo por qué tenemos que subir esta montaña...
- ¡Por favor! ¡Que solo es un montículo! ¡Un valle! Digo... ¡una colina!
- Para mí es como una cumbre escarpada... -farfulló Km3.
- Si desayunarais con más energía...
- ¿Eres meiga o..?

Märga le echó una mirada a Chico-chica, que cerró la boca al punto.

- ¡No os metáis con ella! Todos estamos agotados por tanta aventura, pero pronto acabará. Solo un último esfuerzo.

Pero qué exagerados, se nota que no están de caminar... -pensó Märga contemplando el pequeñísimo montículo que estaban subiendo cuesta arriba.

- ¿Por qué no quieres contarnos en qué consiste ese favor?

La meiga se detuvo y los amigos se pararon junto a ella, respirando con fuerza y observándola con cautela por si desataba su ira.

- Princesa...
- ¿Princesa..?
- ¡Son nombres en clave! Secretos...
- Responde.

Märga les miró uno a uno y suspiró exasperada.

- Prefiero no contároslo hasta que sea totalmente imprescindible... Lo que ocurrirá en breve.
- ¿Cuál es la razón? -preguntó El doble de chico-chica.
- Es... algo humillante.
- ¿Para todos o solo para ti? -cuestionó Princesa por sorpresa.
- Para todos, me temo... Extraño, no puedo decir más. Prosigamos.

Cuando llegaron a la cúspide, Märga les señaló el valle que se extendía bajo sus pies. 

- ¡Oooh! ¡Se parece al valle de la bruja! -exclamó Polvo.
- En parte lo es. Ese valle existe a lo largo y ancho de todo el mundo, réplica tras réplica pero cada uno tiene su propia idiosincrasia. 
- No he entendido nada... -murmuró Km3.
- Que todos esos valles son únicos y especiales aunque sean la réplica del valle de Pänsy -explicó la meiga.
- ¿Y qué tiene este de particular?
- Una flor blanca o roja llamada Ëdeweiss...
- ¿"Edelweiss"? ¿No crecen en la alta montaña?
- "Ëdeweiss", la Afrodita Afrodisiaca-matizó Märga- una flor que...
- ¡Nos estamos yendo del argumento principal! -volvió a exclamar Polvo de Galleta.
- ¡En absoluto! Cuando consigamos la flor...
- ¡Quiero, no, ¡necesito! mi cuerpo! -rugió Polvo al borde de las lágrimas.
- ¿Por qué tanto empeño?
- ¡La naturaleza! -gimoteó el chico, rindiéndose.

Ooops. ¡Ay, pobre! Märga no sabía si reír o llorar. Qué extraño que el hechizo estuviera tan perfeccionado... Ella de momento no... ¡Brrrr! Prefería ni pensarlo.

- Tranquilo... cuando consigamos esa flor...
- ¡Vamos!
- ¡Al próximo que hable cuando digo "flor" acabará probando uno de mis hechizos!

Los chicos se disculparon al unísono por interrumpirla constantemente y se dispusieron a escucharla.

- Cuando se encuentra la flor -dijo haciendo énfasis y callando un segundo para después continuar- no se puede recoger simplemente. Se requiere un poderosísimo hechizo para romper su bendición. 
- ¿Su "bendición"? ¡No será su "maldición"? ¡No me conjuréis, os lo ruego! -imploró Chico-chica.
- Está bien -rió Märga. No, tiene una bendición de las ninfas y ondinas que no permite retirarlo del valle, pero si la anulamos entonces podremos dársela a Pänsy.
- ¿Todo este rollo por una simple flor? -preguntó Km3.
- Bueno... no es solo eso... 
- ¿Qué tiene de especial?
- Pues resulta que... como os lo diría...
- Oh, oh... ¿Ëdeweiss decís? 

Polvo de Galleta parecía haber caído en la cuenta de algo de suma importancia.

- Si...
- Estamos apañados...
- ¡Dejaos de misterios y explicádnoslo de una vez! -apuró Chico-chica.
- La flor viene con una promesa de amor. Quien la libere hará que se convierta en un hombre apuesto y se enamore de una dama... Y este hombre tiene un nombre: Absalón. 
- ¿La bruja quiere un... amante?

Las risitas hicieron eco por doquier.

- No... bueno, sí... Es complicado.
- ¿Y humillante por qué? Bueno, más allá de no poder encontrar un pretendiente por ti mismo... ¿o ya se conocían?
- Es que a ver... Como os lo digo...
- Es complicado... -la apoyó Polvo.
- Muchísimo. La flor, el hombre -aclaró- a su vez está maldito por las ninfas.
- ¿Maldito o bendito?

¡Cuántas preguntas aquella mañana!

- La flor se convierte en hombre, viene con la bendición del amor eterno pero maldición por las ninfas, que han convertido a un hombre en flor.
- Un manflorita...
- ¿Quién ha dicho eso?
- Los espíritus de este valle...

Tras un instante en el que miraron a su alrededor sin ver ni sentir nada, Märga carraspeó.

- Y el hombre viene desnudo.
- ¡Uhm! -exclamó Princesa para disgusto de su novio.
- Y eso es importante por que...
- Por que... No se le puede vestir, no podemos actuar sobre él más allá de los hechizos que porta consigo.
- Surrealista... -admiró Polvo de Galleta.
- ¡Ya te digo! -corroboró El doble de chico-chica.
- ¿Y cuál es el truco? ¿Qué te ha pedido exactamente Pänsy?
- Llevarlo a su valle... 
- ¡Sin transporte! -chilló Princesa, no se sabía si emocionada o conmocionada.
- ¡Cuánto tendremos que andar! -lamentó Km3 por su parte.
- A mí me preocuparía más lo de que tengamos que ir por el mundo con Absalón... -empezó la meiga.
- ... ¡como lo han traído al mundo! -completó Polvo.
- ¡Eso, Polvo!
- Inaudito... -suspiró el novio de Princesa por sorpresa.
- ¿Entendéis ahora lo que ocurre? -preguntó Märga en un suspiro.


Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños guapísima!

09 octubre 2016

Anywhere

No podía creerse que aquella panda de pazguatos la hubiera engañado. O más bien, que hubiera caído en la trampa de Polvo. Estúpida Pänsy, en serio...

- Dame mis poderes, engendro infernal -ordenó Polvo de Galleta.
- ¿Cómo? Mira bonita, digo, bonito... le vas a pedir los poderes a quien yo te diga... -se enfadó Märga. Estaba perdiendo la paciencia.
- A ti, que me los has robado. ¡Ladrón!
- ¡Dale sus poderes, bellaco! -chilló Chico-chica, enervado.
- ¿Bellaco? ¿Pero de qué época salís? -preguntó la meiga, alucinada.
- No voy a perder más tiempo contigo. Si no me das mis poderes... -amenazó Polvo.
- ¿Qué? ¿Vas a torturarme?
- ¡Buena idea! -dijo Princesa.

En buen lío se había metido...


La pira ardía con fuerza al atardecer. El Clan Siniestro, como ella misma les había llamado (¡porque ella les había creado! ¡encima!) había reunido un círculo de piedras y madera para encender una hoguera. Märga se sentía como si estuviera en un entierro vikingo y no le gustaba nada...

- ¿Vais a quemarme viva? ¿en serio? ¿así pretendéis arrebatarme los poderes? -se burló tratando de parecer más valiente de lo que se sentía.
- Tuya es la decisión. Devuélveme mis poderes o te meteremos en la hoguera.
- Lo suyo era que me hubierais metido en la pira y después la hubierais encendido, así os vais a quemar vosotros también -observó Märga. ¿¡Pero por qué les daba más ideas!?
- Anda, pues es verdad... -coincidió El doble de chico-chica.
- ¡Ya lo sé! ¡Invoquemos a mi amiga Pänsy!

La meiga no podía más. ¿A quién había matado para merecer esto? "Mi amiga Pänsy", dice...

- ¡Oh, poderosa Pänsy, acude a mi ruego! ¡Vos que sois tan bella y yo que os... vamos, ayudadme -murmuró Polvo.
- ¡Ruego! -exclamó Km3.
- ¡Luego! -contribuyó Princesa por sorpresa.
- ¡Huevo! -dijo Chico-chica.
- Yo de verdad que... -pensó Märga.
- ¡Yo que os conmuevo! qué grande soy haciendo rimas... -se admiró Polvo de Galleta.
- ¿Pero cómo va a acudir a una súplica tan cut..?

Para sorpresa de Märga, Pänsy se materializó y soltó otra de sus pánfilas risitas.

- Hola, Märga la meiga.
- ¡Hola! -se oyeron dos voces al unísono; una sarcástica de la auténtica meiga y una alegre de Polvo de Galleta.
- Ya te has reído bastante, ¿no? Me pediste un favor y si no les haces volver a la cordura no podré cumplirlo...
- Bueno... a lo mejor ya no me interesa tanto... -dijo Pänsy retorciéndose un mechón de pelo.
- ¿Por qué hablas con ese? -preguntó Polvo de Galleta, extrañado.
- Solo le sigo la corriente, tranquilo. ¡Bonita fogata!
- Quieren quemarme viva... a mi no me hace ninguna gracia...
- ¡Oh, no seas dramática, querida!

Pänsy movió las manos y el fuego se apagó de inmediato. Después congeló (literalmente) al Clan Siniestro para ahogar sus protestas.

- ¡Qué frio! -exclamó Märga, viendo que la hechicera creaba una pequeña tormenta de hielo a su alrededor.
- Mantiene el cutis fino. Y ahora... ¿Qué podemos hacer?
- No entiendo nada...
- No sé si prefiero ese favor o pedirte algo más... difícil...
- ¡Ay, que me conguelo! ¿Más difícil?
- Tu no eres la única que tiene tratos con el brujo sin nombre...
- ¿Con Milla Náutica? -preguntó la meiga sin poder evitarlo.

Algo cambió en el ambiente. Pänsy se quedó anonadada, la tormenta cesó y el grupo se descongeló.

- ¡Märga! ¡y la hechicera! -exclamó Polvo de Galleta.
- ¿Cómo hemos llegado aquí?
- ¿Ya es Êdimbürgh?
- ¿Por qué estáis atada?
- ¿Y esa pira?
- ¿Qué esta ocurriendo?

Todos hablaban a la vez muy confusos pero Märga no podía dejar de mirar a la hechicera, que parecía haber entrado en trance y la miraba boquiabierta. Solo faltaba que le hiciera una caída de ojos...

- Habéis... dado... nombre... al brujo... -musitó casi sin voz.
- ¿Qué?
- ¡Oh, por fin!

Chico-chica parecía encantado y Märga no sabía qué hacer ni cómo sentirse. El chico (¿o chica?) fue a desatarla y la meiga le sonrió amablemente.

- ¿Alguien me puede explicar qué tiene de especial..? -comenzó a preguntar.
- El brujo sin nombre no tiene nombre, pero de vez en cuando alguien le da uno -explicó Chico-chica- y entonces adquiere un don.
- Vale... ¿Qué don?
- Tú... -murmuró Pänsy, aún en trance.
- Has de descubrirlo por ti misma.
- Pues no quiero sonar borde, pero no le veo el interés...
- ¡¡Jamás niegues el don del gran brujo sin nombre!! -gritó Chico-chica arrepintiéndose al instante.
- Nunca... grites... a una... meiga... -dijo Märga muy despacio con voz amenazadora.
- Lo siento, gran señora, me he dejado llevar... ya conocéis mi admiración por el brujo...
- ¡Maldita sea!

Pänsy movió las manos y desapareció en la niebla.

- Bueno... como no me ha dicho lo contrario... supongo que el primer favor sigue vigente... -susurró la meiga.
- ¿Qué? -preguntó Polvo de Galleta.

Märga les explicó lo ocurrido y Polvo le agradeció el cambio de imagen, se veía muy favorecido pero no le había parecido adecuado mencionarlo antes.

- Así que sigamos con el plan inicial, aunque de momento voy a conjurar un refugio, tendremos que pasar la noche aquí en la costa -dijo la meiga mirando al cielo tachonado de estrellas donde ya brillaba una luna creciente casi llena.


Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños cuqui!

09 octubre 2015

All about us

Tenía que ser cauta y pensar con rapidez. Actuar impulsivamente no le iba a servir de nada. Aquella tonta solo quería divertirse un poco con ella, pero no le iba a dar esa satisfacción. 

- Bien, lo primero es cambiar un poco mi aspecto para poder moverme con libertad y que no me reconozcan... Veamos...

La meiga se trasladó al pueblo más cercano y se dedicó a ir de compras y cambiar su pelo. Estaba tan distraída con aquello que casi se olvida de cuál era su verdadero cometido.

- Ajá, con esta chaqueta de cuero y este nuevo peinado, aparte de más guapo estoy irreconocible. Ahora soy Sexy de Galleta. 

Una anciana que pasaba por el lugar la miró detenidamente para después alejarse a gran velocidad. Seguramente la había asustado hablando sola y refiriéndose a "sí mismo" como "Sexy de Galleta". Ahora solo le quedaba volver a encontrar al grupo e improvisar una actuación convincente para acercarse a ellos.


Los encontró bajo un tejo reunidos cerca de donde se habían materializado. Parecían absortos en una fascinante conversación, y no pudo evitar sentir cierta repulsión al ver cómo su homónimo coqueteaba con todos sus amigos. Incluso le pareció que flirteaba un poco con Princesa... Pobre chica, no tenía nada que hacer ante sus encantos. O los de Polvo de Galleta, vaya. ¡Qué jorror, qué terror!

- Como os decía, mis poderes son grandiosos y fascinantes. Puedo mover montañas, conjurar el tiempo y cautivar a todos los que me rodean -le oyó decir Märga a Polvo-. Puedo hechizar los elementos, embrujar los sentidos y encantar las esencias. Todo me pertenece, y pertenezco al todo. 
- Menuda labia tiene... -murmuró la meiga para sí.
- ¡Cuéntanos más, poderosa Märga! -suplicó Chico-chica, embelesado.
- ¡Queremos escuchar tus magníficas historias! -pidió Km3.
- Ojalá fuera tan hermosa como tu... -suspiró Princesa.

Märga no se lo podía creer. O Polvo de Galleta estaba tan hechizado que realmente se creía que era ella, o estaba echándole mucho cuento para presumir delante de sus amigos. No podría tener poderes a menos que alguien se los concediera, y empezaba a temer que Pänsy tuviera aquello entre sus planes... ¡Estúpida bruja..! Lo mejor sería acercarse y tratar de encajar en el grupo con su nueva apariencia. Esperaba que aquello funcionase...
La meiga se dejó ver entre las rocas y fingió contemplarse a sí misma con devoción. Polvo de Galleta sonrió complacido y los demás la miraron con recelo. Posiblemente no querían competencia para gozar de la atención que Polvo les brindaba. 

- ¡Hola..! ¿Vos... sois... la poderosa meiga de la que todos hablan?

Sus palabras parecieron ejercer el efecto deseado. El chico sonrió ampliamente, asintió y la invitó a sentarse junto a ellos. A Märga le costaba mirarse con veneración sabiendo que no se encontraba precisamente ante un espejo y que aquel tonto ocupaba su cuerpo. La adulación sería el único camino posible, sin embargo, así que jugó su rol con toda la maestría de la que fue capaz. 

- Estoy en el camino de recuperar mis poderes, que me fueron arrebatados cruelmente por vasallos indignos de mi condición... -le contó al poco rato el chico- Por una persona que de hecho se parece un poco a vos...

La meiga no entendía a qué venía aquella forma de expresarse tan medieval y grandilocuente de repente, pero decidió responderle de manera semejante.

- No me complace parecerme a un enemigo vuestro... pero sí a alguien sobre cuyos vuestros ojos se han posado.

Märga guardó silencio tras la frase, meditando que tal vez no tenía mucho sentido. Sin embargo, pareció encantarle a Polvo. Bien.

- ¿Queréis uniros a nuestra aventura? Sois bello y me encantaría conoceros más...

El sonido de desagrado que emitió Märga inconscientemente fue cubierto por los suspiros de protesta de los demás, viendo que empezaba a ser la favorita de "la meiga". Y por cierto, "sois bello", anda que no se quería Polvo... aunque había que reconocer que le había dejado bastante aceptable.

- ¿Y en qué consiste? ¿cómo pretendéis encontrar a ese joven?
- ¡Oh! bueno... cuento con magia de otras personas... una hechicera amiga mía, un encanto de chica.

La meiga sonrió a la fuerza. Un encanto de chica iba a darle ella...

- Nos encontraremos pronto en esta misma hondonada, cuando consiga atraer con mis artes al joven que me robó el poder.
- ¡Ah..! y... ¿cómo vais a...? ¿hacerlo?
- Ya lo he hecho. ¡Reducidlo!

Había subestimado al grupo. Entre todos la cogieron, la maniataron con una cuerda que ni siquiera sabía de dónde había salido y la sentaron en una de las piedras.

- Ahora... me vas a dar mis poderes. No hay vuelta atrás. Ríndete.



Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños neni!

09 octubre 2014

Ádhmharaighe

- ¿¿Êdimbürgh?? ¡Eso está lejísimos, allende los mares!

Märga miró fijamente a Polvo de Galleta. No sabía qué le sorprendía más, que estuviera dispuesto a hacer lo que fuera para recuperar su cuerpo pero ir a aquel sitio le pareciera lejísimos o que hubiera usado la expresión "allende los mares". En serio, la dejaban alucinada.

- Pero bueno, os teletransportaría...
- ¡Ah, vale! entonces bien.

Alucinada.

La risita pánfila de Pänsy la sacó de sus pensamientos. Tenía que actuar con rapidez, estaba harta de ser un hombre y Polvo de Galleta parecía inexplicablemente igual de incómodo que ella. Con firmeza, les obligó a formar un círculo.

- Oye una cosina... ¿si puedes teletransportarnos, por qué nos has hecho caminar estos días? -preguntó Chico-chica. El resto del grupo asintió mostrando acuerdo. Al parecer llevaban tiempo queriendo preguntárselo.
- Primero, porque no conocía la ubicación exacta del lugar al que nos dirigíamos. Segundo, caminar es bueno, ¡so vagos! Y tercero, ¿que es eso de "oye una cosina"? Me has recordado a un amigo -sonrió la meiga. 


Poco tiempo después, el grupo se materializó en unas tierras cercanas a la costa de Êdimbürgh.

- ¿Dónde estamos? -preguntó El doble de chico-chica.
- En Êdimbürgh... ¿dónde si no?
- ¿Y qué hacemos aquí? -se interesó El novio de Princesa.

¿Le estaban tomando el pelo?

- Venimos a... en serio, ¿no os habéis enterado?

El grupo parecía extrañamente confuso.

- Soy Märga la meiga, he venido a recuperar mis poderes.

Polvo de Galleta miraba a todos por encima del hombro. ¡Ella no se daba aires! ¿Qué hacía?

- Pero...
- Silencio, Polvo. Debo encontrar el sendero de la verdad con mis artes mágicas.

La meiga no sabía qué decir. ¿Qué estaba ocurriendo? Una risita pánfila hizo eco en su mente.

- Pänsy...
- Te seguimos, Märga -dijo Princesa a Polvo de Galleta.
- ¡Yo soy Märga! -perdió la paciencia la meiga.
- ¡Mentiroso! ¡tu no eres nadie!
- ¿Cómo os atreveis? ¡estáis todos hechizados! -gritó ella.
- ¡No lo escucheis! ¡reducidlo!

Märga se vio rodeada y antes de que se lanzaran a por ella ejecutó un conjuro que le permitió desaparecer.

- ¿Adónde ha ido? -preguntó Km3.
- Ni idea... pero me ha robado la magia. Debemos encontrarle y obligarle a dármela.


La meiga apareció instantes más tarde a poca distancia de allí y se ocultó tras unas rocas. ¿Qué había pasado? Aparentemente Pänsy quería reírse a su costa embrujando a sus compañeros para que le dificultaran la tarea. ¿No tenia bastante con lo que le había pedido? Al parecer no, pero no importaba. Ella también sabía jugar, y aún conservaba sus poderes...



Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños churri!

09 octubre 2013

Apricot stone

Todos la estaban mirando, así que trató de serenarse y saludar a la recién llegada

- ¡Hola! -contestó esbozando su sonrisa más falsa. Esperaba que no se notara mucho, era solo que aún no había superado la caída de ojos.
- Me llamo Pänsy, me han dicho en el valle que me buscabais.

"Caída de ojos a lo Pänsy", pensó Märga. Al ver que no respondía, Polvo de Galleta le dio un codazo poco disimulado. Märga le miró y después se dirigió a la hechicera.

- Debo hablar con vos de un asunto muy importante... -la joven sintió un escalofrío cuando vio que la otra se atusaba el pelo de forma... ¿sexy?
- Lo se. Estás muy guapa, Märga la meiga.

Märga comenzó a enfadarse. Aquella tonta sabía perfectamente quién era, se habían conocido hacía años cuando estudiaban el arte de la magia y, a pesar de su amabilidad, aquella joven no era amiga suya. Se había juntado con otras brujas que no le caían bien y... bueno, ¡qué mas daba eso ahora!

- Ya se que me conoces... ¿por qué has hecho esto? -preguntó armándose de paciencia.
- Necesitaba verte.

Más escalofríos. ¿No podía parar con el pelo..?

- ¿Por qué?
- Con un motivo muy claro...


La joven la contempló con sus grandes ojos saltones y Märga esperó a que continuara. No lo hizo.

- ¿Y bien? -estaba perdiendo la paciencia...
- Alguien se acerca.

La meiga miró al novio de Princesa y se quedó pensativa. Le daba la impresión de que era la primera vez que hablaba en años...


- No hay nadie... -dijo Chico-chica, algo extrañado.
- Muchos habitan este valle, no todos son visibles...


El grupo comenzó a mirar hacia todos lados tratando de captar aquellas presencias, sin éxito. Todos menos Märga, que se estaba empezando a cuestionar si no sería conveniente lanzarle una maldición a la hechicera para que hablara. Luego ya la liberaría... o no... 

- Sería estupendo poder recuperar mi cuerpo, de verdad... -se dirigió Polvo de Galleta a la bruja con voz suplicante.
- Ya lo se... pero antes vuestra meiga tendrá que hacerme un pequeño favor.

Märga la contempló en silencio. ¿Cuál sería la mejor maldición? ¿Una que le hiciera crecer los ojos hasta convertirla en una suerte de criatura más grotesca aún? ¿Una que la convirtiera en la mujer más peluda del mundo?


- ¿Cuál es ese favor? -primera la escucharía, luego ya vería qué haría...

La hechicera se acercó a ella y susurró unas palabras en su oído. Märga la miró anonadada. ¿Pero qué diantres..?

- ¿Y bien? ¿recuperaré mi cuerpo o no? ¡por favor!

- Antes tengo que asimilar esto...
- Perdona, te estoy invadiendo -dijo Pänsy, alejándose de ella.

- No, de nada... -contestó la meiga distraída.
- ¿Qué hay que hacer? ¿puedo hacerlo yo? -preguntó Polvo de Galleta, desesperado. La meiga entendía que quisiera recuperar su cuerpo, pero vaya, la que había salido perdiendo más era ella...
- Märga sabrá qué hacer, no te preocupes -trató de consolarlo Princesa por sorpresa.


Se había quedado de piedra. Pero bueno, si era la única forma de recuperar su cuerpo...

- Ya se ha decidido -informó Pänsy, viendo como su rostro adoptaba un gesto de resignación- pronto volveréis a ser vosotros mismos -sonrió con dulzura.
- Si... bueno chicos, espero que estéis dispuestos a viajar lejos...
- ¿Lejos? ¿cómo de lejos? -quiso saber Km3.

- Êdimbürgh.



Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños cuqui!

09 octubre 2012

Aníron















La meiga no podia creerselo, era imposible. Aquella hechicera no tenia poder suficiente para realizar un embrujo asi... ¿o tal vez se equivocaba? Sea como fuere, tenia que desembrujar a Polvo de Galleta y recuperar su cuerpo, no queria seguir siendo el...

- ¿Donde se oculta?
- No tengo ni idea.
- ¿Y como podeis estar tan seguro que de ha sido ella?
- Mis poderes son absolutamente infalibles, jamas yerro en mis pesquisas.
- Pero no podeis haber tenido tiempo...
- ¿¿Osas dudar del gran brujo sin nombre?? -alzo la voz este.
- No, no, jamas...

El brujo sonrio amablemente y la acompaño de vuelta a la sala, donde ofrecio un te al pintoresco grupo. Mas tarde se despidieron y el brujo les deseo buena suerte.

- ¿Hacia donde nos dirigimos? -pregunto Km3.
- El brujo no ha sabido decirme donde se oculta esa hechicera, de modo que... quizas con un conjuro de orientacion... ven -dijo Märga a Polvo de Galleta. La meiga tomo unas ramitas del suelo y las dispuso de forma especial sobre la mano de su compañero. Despues pronuncio un encantamiento mientras pasaba el dedo por encima de ellas y una se ilumino - direccion sureste.


El grupo camino durante varias jornadas en las diferentes direcciones que indicaban las ramitas, hasta que se encontraron frente a una inmensa montaña que protegia un hermoso valle.

- Hemos llegado. La hechicera habita en una de esas casitas, pero ni Polvo ni yo podemos acercarnos, nos reconoceria.
- ¿No puedes cambiar vuestro aspecto y ya? -pregunto Princesa por sorpresa antes de ser guapa.
- ¿Crees que si fuera posible no lo habria hecho hace ya mucho? -respondio Märga conteniendose para no decirle algo bastante borde acerca de su propio aspecto.
- Iremos nosotros, ¿que debemos hacer? -se ofrecio El doble de chico-chica junto a Chico-chica.

Märga les dio unas instrucciones para atraer a la hechicera hacia donde estaban y cuando estuvieron listos partieron en su busca.

- Chico-chica esta mas chica cada vez que nunca... -murmuro la meiga para si.
- ¿Que has dicho?
- Nada, Polvo, nada...
- ¿"Polvo"?
- Es un nombre en clave, para que nadie nos descubra.
- ¡Ah..! ¿Pero "Polvo"?

La meiga le ignoro y oteo el valle. No se fiaba de que aquellos dos fuesen capaces de engañar a la hechicera, que por otra parte no se distinguia especialmente por su inteligencia... Vale, en realidad no pensaba que fueran lo bastante atractivos como para convencerla. ¡Ya esta, ya lo habia dicho! Aunque nunca se sabia... si, ella lo sabia. Menuda perdida de tiempo, acabaria teniendo que emplear metodos menos sutiles como...

- No la encontramos, dicen que ha partido en busca de unas hierbas -comento Chico-chica a su espalda.
- ¡Pero si acabais de marcharos!
- El valle debe estar embrujado y el tiempo pasa mas rapido aqui... -sugirio Km3.
- Es posible...
- Me agota tanta magia... ¡un poco mas de ciencia! -exclamo Polvo de Galleta.

Unas suaves pisadas interrumpieron a los compañeros. Märga miro hacia el sitio del que procedian y vio como una joven de ojos saltones se acercaba lentamente. ¡Era la hechicera!

- ¡Hola! -saludo esta con un suspiro y una caida de ojos que traumatizo a la meiga y anulo momentaneamente sus poderes.



Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños bolli!

09 octubre 2011

Agincourt

Tras un largo rato de vagar sin rumbo Märga se detuvo. Lo mejor seria elaborar un plan, no podia caminar con aquellos freakis sin mas y esperar que la respuesta se topara con ellos. Ademas, le daba vergüenza que la vieran con ese pintoresco grupo, tenia que reconocerlo. Aunque, por otra parte, tenian pinta de ser buena gente.

- ¿Por que nos detenemos? -pregunto Princesa por sorpresa antes de ser guapa.
- Tenemos que pensar que haremos -respondio la meiga con la ronca voz de Polvo de Galleta.
- Claramente, hemos de encontrar al que hechizo a nuestro amigo -comento Km3.
- Si... la pregunta es como.
- Conozco a alguien que puede ayudarnos.


Todos se giraron para mirar a Chico-chica. ¿Como podia saber el a quien acudir y la meiga no? Märga estaba empezando a ofenderse.

- El brujo sin nombre -continuo al ver que todos parecian expectantes.
- ¡Anda! ¡claro! pero es un ermitaño dificil de encontrar...
- Se donde se asienta ultimamente.
- ¿Como?
- Me debe un favor.

Märga le miro dubitativa. No estaba segura de querer saber que tipo de lazo los unia... pero que mala era, tendria que confiar en el y no pensar cosas raras.
- ¿Me puedes decir el sitio exacto? puedo teletransportanos.

Con las indicaciones de Chico-chica, que conducian a una cueva cerca de un bosque que la joven conocia, aparecieron alli mediante un conjuro en tan solo unos instantes. El otoño habia llegado al lugar hacia mucho tiempo y las hojas danzaban con la brisa a su alrededor creando una hermosa sinfonia de colores calidos. La entrada de la cueva se encontraba parcialmente oculta por la hojarasca y Chico-chica los guio hacia su interior, puesto que habia que pronunciar unas palabras para que la autentica morada del brujo apareciese. El joven les obligo a taparse los oidos para que el secreto no fuera revelado y para asombro de todos una estancia amplia y lujosa se abrio ante sus ojos surgida de varios haces de luz que emitia la propia piedra. Un hombre de pelo canoso y revuelto que llevaba unas gafas redondas y muy gruesas discutia animadamente con un grupo de compañeros, que parecian disfrutar de sus charlas filosoficas.

- ¡Bienvenido, mi querido amigo! -exclamo en cuanto vio a Chico-chica.
- ¡Compañero! -saludo Chico-chica a su vez, para despues presentarle a todos los demas. Märga se quedo atras sintiendose intimidada sin razon alguna, aquel hombre tenia algo extraño...
- ¿Y quien es esta bella dama? -pregunto el brujo.
- Es un amigo al que han hechizado, pero su aspecto pertenece a Märga la meiga, muy conocida en los caminos -dijo El doble de chico-chica mirandole como si lo idolatrara. Y eso que no lo conocia de nada.

El brujo hizo una reverencia, Märga le sonrio amablemente y le tendio la mano, que el apreto amistosamente para despues besarsela. La meiga lucho contra su deseo de limpiarse en la tunica y sonrio de nuevo, extrañada de que le hubiera besado la mano teniendo aspecto de hombre.
El brujo invito al Clan siniestro a sentarse con sus compañeros y filosofar un rato para poder hablar con Märga en privado, la joven le siguio hasta lo que parecia su aposento y se puso en guardia.

- Os tenia por ermitaño, sin embargo pareceis asentado en este lugar... disculpadme, no... -comenzo.
- Soy ermitaño y no tengo nombre, vago por el mundo sin pertenecer a ningun lugar y a la vez formando parte de todos... -el hombre se perdio en sus razonamientos y Märga le observo en silencio. No tendria nombre, pero a ella se le venia uno: Milla Nautica. Si, tenia que dejar de poner apodos a todo el mundo, aunque si no tenia nombre...
- Fascinante...
- Conozco el motivo de vuestra visita y se quien ha hechizado a vuestro amigo, que por cierto, ha ganado con el cambio...
- Muchas gracias... ¿quien ha sido?


Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños guapa!

09 octubre 2010

Auld lang syne

Hacia semanas que la vida habia vuelto a su rutina habitual. Märga se dedicaba a elaborar pociones y remedios para los habitantes de la aldea en la que vivia y seguia apareciendose en los caminos tratando de otorgar un poco de fortuna a los demas. Aquel dia estaba en su casa separando diferentes clases de hierbas cuando le entro el sueño y decidio descansar un rato.

Abrio un ojo con cautela y despues el otro, empezando a desperezarse y bostezando ruidosamente de forma profunda. Demasiado profunda. No recordaba haberse quedado dormida, pero ese extraño sueño se lo habia confirmado, no era posible que aun siguiera en Atlantis. Decidio levantarse y encontro que su cuerpo era demasiado pesado y demasiado... ¿masculino? Grito con fuerza asustada y corrio a mirarse al espejo de su habitacion, que le devolvio la cara de un chico de melena castaña que le recordaba a alguien...

- ¡Polvo de Galleta!

A veces pasaba en el mundo de la magia, una persona duerme, baja la guardia y se transforma en otra. Solo significaba que alguien habia hechizado tambien a ese chico y queria encontrar la fuente del primer conjuro. Pobre Polvo de Galleta, seguramente no le haria demasiada gracia despertarse con su aspecto sin entender nada. Bueno, y eso que el salia ganando... No pasaba nada, simplemente tendria que buscarle. Y empezaria por el ultimo sitio en donde le habia visto: la mesa bajo el melocotonero.


Sus amigos estaban sentados junto con una persona que reflejaba su imagen. Menos mal, no habian tratado de hacer nada por su cuenta, no se fiaba de sus ideas. Ugh, tampoco le gustaba la forma en que la miraban, o en que miraban a Polvo. ¿Nunca habian visto una mujer? Giro la vista hacia Princesa. Suspiro.

- Buenos dias... soy Märga la meiga...
- ¡Quiero mi cuerpo!
- Tranquilo. Dime quien te ha hechizado y lo arreglare.
- ¡Tu!
- No, yo no he sido. Bueno... he hecho que encontraras a tus amigos, pero nada mas.
- ¿Y si no has sido tu, quien? -pregunto El doble de chico-chica.
- Eso trato de averiguar.
- ¡Te ayudaremos! -grito Km3. Vaya, debia de dejar de ponerles motes a todos, seria mucho mas educado preguntarles por su nombre. Y mas aburrido.
- No sera una mision facil... alguien me busca y podria ser peligroso -trato de disuadirlos la meiga.
- Da igual, ¡nos gusta la aventura! -exclamo El novio de Princesa.
- Esta bien... seguidme.

Juntos comenzaron a caminar sin saber a donde les llevarian sus pasos ni toda la magia y retos que encontrarian en su camino. Märga sonreia para sus adentros, esta aventura prometia.




Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños meiga!

09 octubre 2009

Atlantis

Orgullosa de su obra, continuo su camino. La mañana transcurria tranquila y los rayos de sol se filtraban entre las ramas de los arboles que daban sombra al sendero creando un bonito efecto visual, pues daban un toque de alegria a las rojizas hojas que crujian al pisarlas.

De pronto todo alrededor se desvanecio y Märga aparecio delante de un elegante edificio de piedra. Las hojas que estaba pisando pasaron a ser baldosas y aire marino la rodeaba.

- ¡Eh, tu! ¡companion! -un soldado vestido de rojo con un simbolo solar en el torso se dirigio hacia donde estaba la meiga- ¿quien eres? ¡identificate!
- ¡A ver! soy Märga la meiga y no se que hago aqui...
- No me lo creo. Acompañame.
- Si hombre, que te lo crees tu.


Con un sencillo movimiento de manos Märga desaparecio y volvio a aparecerse unos metros mas alla, donde el soldado no podia verla. Confuso, regreso junto a su compañero y dio la voz de alarma.

- Vale, esto requiere un hechizo potente -dijo la meiga para si misma realizando un conjuro que lograba que los demas vieran en ella a alguien digno de confianza. ¡Cuantas veces le habia sido util!


A lo lejos diviso una playa y cerca de donde se encontraba un pueblo, por lo que opto por acercarse y buscar algo que le indicara donde estaba y por que. Por las calles no encontro un alma y al picar a las puertas nadie respondia, asi que se colo en un jardin cuya valla estaba abierta.

- ¡Hola! -saludo alguien con aspecto de sacerdotisa.
- Hola -contesto Märga echando un vistazo alrededor y percatandose de la presencia de una ventana en una de las murallas. Con otro de sus movimientos de manos hechizo a la sacerdotisa momentaneamente y aprovecho para subir por la venta con una oportuna escalera que encontro cerca.


Una vez dentro se dio cuenta de que estaba en una biblioteca. Pergaminos se extendian por todos lados y la luz del sol iluminaba la estancia a traves de una vidriera dandole un aire muy acogedor.
Escucho unos pasos que se alejaban y decidio asomarse a la puerta. Otro de los soldado avanzaba por un largo pasillo y al final de este se dio la vuelta lentamente, con lo que Märga tuvo tiempo de esconderse. Se hizo invisible y paso al lado del soldado sin que este se diese cuenta tratando de encontrar algun lugar donde pudieran decirle por que estaba alli.

- Debes ir a la Sala de los Companions -oyo que decia una voz tras otra de las puertas- sube por esas escaleras y la encontraras.
- Desde luego que hoy me las paso haciendo hechizos -penso Märga, que esta vez atraveso la puerta mediante un sencillo conjuro. Enfrente diviso unas escaleras y supuso que debian ser las que llevaban hasta la Sala de los Companions. Su instinto le decia que alli podrian ayudarla.


Tras subir las escaleras y seguir un largo pasillo al aire libre llego a una ornamentada puerta de madera. La atraveso y una vez dentro dejo de ser invisible.

- ¿Quien eres? -pregunto una joven de pelo corto que se encontraba en la estancia.
- Soy una meiga y de alguna forma he llegado a este sitio... -trato de darle la mano pero la atraveso, asi que elimino el conjuro y se disculpo.
- Has atravesado la barrera entre los mundos. Tranquila, pasa de vez en cuando. Ven conmigo.


La joven la acompaño hasta una extraña sala en las dependencias del palacio donde habia un instrumento que simbolizaba los planetas y sus movimientos. Hizo que se situara al lado y movio unas palancas.

Todo se desvanecio de nuevo y antes de que Märga comprendiera que estaba pasando reaparecio cerca de donde habia dejado al Clan Siniestro.

- Que extraño ha sido todo esto... -penso antes de empezar a caminar de nuevo.




Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños maja!