01 noviembre 2014

A New Age Dawns I


El ambiente cambió en un instante. Una voz se oía en los ecos de mi mundo de inmortalidad... Me estaba invocando a su propia realidad... Parecía requerir imperiosamente mi presencia... No podía ignorar su canto ritual en la tormenta... Su clamor era cada vez más fuerte y apremiante, y su lamento me llenaba de dolor... Si precisaba verme me manifestaría en su tierra... Abandonaría mi reino y aparecería allá dónde me guiase su voz...

Envuelta en ondas de luz y oscuridad me dejé llevar por el viento que se arremolinaba a mí alrededor hasta que sentí cómo me alejaba del mundo inmortal y me trasladaba hacia otra realidad, la de los seres terrenales que invocaban a sus dioses para iluminar la oscuridad de su mente y visionar aquello que nunca podría serles revelado...


Continuará...

28 octubre 2014

Crystal winds

El aire nocturno era tan puro y helado que por un momento solo pudo pensar con nostalgia en la calidez de los hogares de las gentes que habitaban en el desierto. El sonido de unas campanillas le alejó de sus pensamientos y le hizo recordar su misión. Däyn avanzó entre la nieve dejando huellas de sus pasos, que formaban un sendero irregular debido a que trataba de buscar en vano algún atajo entre las dunas que le llevara al hermoso pueblecito que se ocultaba entre ellas. 

Cuando llegó al lugar vislumbró a algunas de sus gentes que se reunían en torno a una alegre hoguera para asar los salmones que habían pescado en uno de sus agujeros en el hielo. Al verle, sonrieron abiertamente y le indicaron por señas que se acercara, pues sabían que no compartían la misma lengua. El joven se aproximó y pudo ver que se encontraba en medio del poblado, donde se alzaba un tótem cuya base tenía grabados símbolos lunares y zodiacales, mientras que el resto estaba tallado con símbolos que le eran desconocidos. Uno de los niños de la aldea le cogió de la mano y le hizo acercarse hacia unas pieles dibujadas que estaban sujetas con trozos de madera. Las señaló y según dedujo comenzó a contarle la historia de su pueblo desde sus orígenes. Lástima que no pudiera entenderlo. Cuando hubo acabado, una niña se acercó y le ofreció amablemente un trozo de pescado. Däyn lo aceptó y se unió al resto del poblado, que aquella noche cenaba a la luz de las estrellas. 

Después de la cena, uno de los hombres le dio unos trozos de madera y le guiñó un ojo. Eran gentes intuitivas y sabían perfectamente lo que hacía allí, seguramente porque su chamán era capaz de ver más allá del velo de la visión humana. Caminó entre las casas y en uno de los extremos de la aldea decidió ocultar la caja para que le fuera revelada llegado el momento. Demostraría que era digna de su contenido si lograba resolver el puzzle. El joven unió las piezas sobre la nieve, que brillaron al estar juntas, se abrieron y formaron una oquedad en la que escondió la caja. El puzzle se cerró sobre si mismo y sobre la madera aparecieron tres dibujos, uno en cada pieza: un sol, una estrella y una luna. Däyn deshizo el puzzle y dejó los fragmentos en la nieve. 

Era el momento de ir tras ella. El viento comenzaba a levantarse con fuerza y había empezado a borrar las huellas que había dejado anteriormente en la nieve. Aquello le recordó que en su viaje hacia el norte había conocido a un sabio que le había mostrado una interesante forma de desplazarse... los vientos de cristal. Con una sonrisa, se concentró y al poco tiempo unos finísimos cristales aparecieron ante el danzando. La luz de las estrellas los hacía brillar místicamente, y, mientras contemplaba su belleza, se dejó llevar en su abrazo... 


El lugar era muy oscuro y no había luna. La única luz que podía guiarle era la antorcha que custodiaba la entrada a la cueva. El silencio era profundo, debía moverse con cautela si no quería que le descubriera, aunque en el fondo quería hablar con ella. Quería contarle todos aquellos misterios, ser su guía en el camino... pero sabía que no podía, era un... 
Unos pasos le apartaron de sus cavilaciones. Se acercaba. Se escondió a un lado de la cueva, no podría verle entre tanta oscuridad siempre que se alejara de la tea. Justo en aquel instante, salió mientras el viento la reclamaba para llevarla al norte. La contempló mientras desaparecía con los símbolos de su destino grabados en la mano...



Dedicado a Dani, ¡feliz cumpleaños poeta!

20 octubre 2014

Aube (II)


Era un lugar etéreo y muy hermoso. Las paredes y el suelo eran de piedra, pero a través de ellos se veían fragmentos de cielo del mundo mortal, con sus nubes y luz solar iluminando de azul la atmósfera. Tanto el techo como las paredes tenían grabados en una lengua desconocida que parecía muy antigua, tal vez céltica, o incluso indoeuropea. Trató de descifrarla, pero no fue capaz. Tan solo pudo perderse en la belleza y misticismo que le confería a aquel sereno lugar. Después comenzó a pasear y descubrir los rincones más ocultos de aquel silencioso espacio, donde solo la melodía de unas campanillas le recordaba sus lazos con el mundo inmortal. El tiempo parecía detenerse entre aquellos muros sin fronteras, de modo que no sabía decir si llevaba instantes o siglos errando por la estancia... Todo era volátil y al mismo tiempo en perfecto equilibrio. El aire era puro y el éter fluía sutilmente entre los muros llenando la estancia de una atmósfera de armonía y serenidad. Cuando volvió a mirar los grabados de las paredes, la lengua desconocida cobró significado y pudo leerla como si la conociese de siempre. Revelaba todos los misterios de la humanidad y del enigmático cosmos que moraban. El origen de la vida y la creación del universo; los secretos del firmamento y de todas las estrellas que lo conformaban; el significado de las pinturas de sus ancestros en las cuevas; la filosofía de los antiguos griegos y romanos; los misterios que rodeaban a todas las civilizaciones que en algún momento habían existido sobre la faz de la tierra; No existían secretos para ella en aquel espacio de inmortalidad...

Un cambio en el ambiente hizo que sus ojos dejaran de reflejar la eternidad por un instante. Un portal en el cielo azul se abrió para darle la oportunidad de regresar a su mundo mortal. Si ese era su deseo, podía cumplirlo... Tan solo debía escribir su historia, los detalles de cómo quería que fuera esa vida... Tenía que decidir, o la eternidad en aquella esfera, u otra vida en la tierra. Sin pensarlo, fue hacia la escribanía y tomó la pluma...

"Nacería en un remoto pueblo del norte. Una aurora boreal presagiaría sus poderes de sacerdotisa. Sería un invierno duro y la nieve lo cubriría todo. Ella sería la esperanza para sus porvenires... Su infancia sería feliz y tranquila. Crecería entre la naturaleza salvaje y las luces del norte. Aprendería las artes de la magia, la curación y la filosofía. Y entonces se iniciaría como sacerdotisa... Los rituales secretos en el silencio de la noche. Las constelaciones, las runas arcaicas y las profecías de sus ancestros. Los solsticios y los equinoccios, el influjo de la luna. Todos los enigmas de su civilización y su sabiduría... El paso de las estaciones le otorgaría sus dones. Las fuerzas de la naturaleza se doblegarían ante su poder. Sus hermanas la revelarían como la elegida. Y entonces sería la nueva Suma Sacerdotisa de su orden... La paz de su mundo no duraría para siempre. El devenir de los cambios no podría eludirse. La rueda de la fortuna rotaría y el cosmos sentiría su fugacidad. Lo oculto se desvelaría en los albores del siglo y la iluminación traería oscuridad... "

La joven suspiró y posó la pluma. Era duro escribir los aspectos negativos de su existencia, pero era esencial. La fuerza de su carácter sólo se forjaría a través de los infortunios a los que se sometería por voluntad propia. Y pensar que cuando se hallaba en tierra desconocía toda esta verdad...

"El templo sería erigido durante la primavera. Su orden invocaría a la luz en verano. La oscuridad trataría de conquistarles durante el otoño. Y las tinieblas serían desterradas en invierno... Un eclipse de sol profetizaría un cambio en los hados. La alineación de los planetas sería signo inequívoco de paz. Un eclipse de luna pronosticaría el comienzo de una nueva era. La triada simbolizaría el inicio de su decadencia... Nombraría una sucesora digna de su destino. El templo sería custodiado por ella y sus hermanas. Su retiro sería dulce y apacible lejos de la realidad de la orden. Una aurora boreal predeciría el fin de sus amaneceres. Y entonces su existencia en el mundo se extinguiría..."

La joven dejó de escribir. La luna brillaba a plena luz del día entre las nubes del cielo mortal creando una bella imagen que le daba un aire místico al azul de la atmósfera. Aquella tranquilidad hacía que sus pensamientos fluyesen suavemente... Ese sería el hilo conductor de su existencia en la tierra. Había nacido para ser sacerdotisa, y lo sería siempre y cuando aún fuese posible en aquel mundo. Era su destino, el que escribía una y otra vez durante las distintas épocas que existía en el universo efímero, donde cada vez revelaba más secretos. Los mundos antiguos eran hermosos, su alma estaba enamorada de ellos, y por ello regresaba siempre. Cuando ya no pudiera volver a esos reinos de sabiduría arcana, cuando los rituales se hubieran olvidado, cuando los misterios del mundo ya no fueran desvelados por los seres iluminados, entonces cruzaría a aquella tierra de su visión. La joven tomó la pluma y prosiguió escribiendo su destino para renacer en el mundo...


The end.