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22 junio 2020

Intermezzo Liberte (Ravenous)


Y abres los ojos tras una profunda ceguera en la que el mundo dejó de dar vueltas... El universo ante ti tras el amanecer de la vida que creías perdida, despliegas las alas y por fin puedes volar lejos, muy lejos, siempre lejos...

La libertad de poder surcar los cielos sin cadenas era una sensación que su espíritu ya había olvidado en aquel destierro eterno por el que había pasado mil vidas. Toda una existencia en el exilio de su torre de marfil la había convertido en una criatura indomable de corazón salvaje que ansiaba la locura para poder recuperar su equilibrio.

Y ahora volaba hacia el mar, al bosque en el océano donde el abismo tenía los enigmas que su naturaleza indomable ansiaba para restaurar su psique.

Su demencia nublaba sus sentidos pero seguía volando hacia el infinito sin mirar atrás. La sensación era tan mágica que ni el sonido opaco en sus oídos podía distraerla. Solo quería sentir el aire y el sol que le habían sido arrebatados no hacía tanto tiempo. Solo quería sentir el libre albedrío para poder regir su destino a voluntad.

Y volaba, volaba hacia lo desconocido en un mundo distorsionado en el que sus sentidos no le pertenecían y sin embargo parecían más agudos que nunca. Sentía la niebla en su piel y cegando sus ojos porque lo único que hacía en aquel instante era perderse en un océano de sensaciones más allá.

Esa libertad nunca la había sentido salvo en lo más profundo de su mente, en su imaginación más salvaje y en los sueños que nunca podría confesar.

Y los océanos se mezclaban en el abismo del piélago primigenio, en la fantasía que solo pertenece a los iluminados por la inspiración divina de la locura. Y sus oídos dejaban de oír la ponzoña que corría por sus venas y sus ojos dejaban de ver las sensaciones que evocaba su psique desde la vesania.

Un instante su mente se despejó en medio de la inmensidad y vio la promesa de libertad en el horizonte si dejaba atrás todo lo que una vez había impedido que cumpliera sus sueños.

Y voló en plena consciencia de su locura dejando todas las ataduras del pasado en su inconsciente para poder disfrutar de la suerte que la diosa fortuna le había concedido. No conocía una sensación mejor que dejarse llevar por el bosque oceánico bajo las estrellas ocultas tras un radiante día de sol que ya nunca tendría fin.

Todas las melodías del universo no serían suficientes para expresar su alegría en aquel instante que le pertenecía desde siempre y al que nunca más renunciaría por ningún miedo. Sus ojos perdían de vista el mundo para adentrarse en la pura imaginación repleta de posibilidades que se abría como un abanico ante ella. Sus oídos perdían la noción de la realidad para fundirse en la voz de las constelaciones, lejos de donde su mente se encontraba en épocas pasadas. Y sus sentidos se nublaban y perdían la cordura lentamente llevándola a un mundo alternativo de recuerdos difusos que no parecía pertenecerle y que siempre había sido suyo. 

...

Abrí los ojos en mis recuerdos de aquella época de lucidez y miré hacia atrás con una sonrisa retorcida sin arrepentirme de nada... Nunca más...



Dedicado a mis fuentes de inspiración.

24 mayo 2020

Spring is icumen in

https://www.youtube.com/watch?v=dZWGH0ougJI

El cielo nocturno rige el tiempo de los firmamentos. Las constelaciones contemplan solas el silencio. La oscuridad custodia los eónes de la eternidad.

La primavera relucía en la oscuridad con su belleza silenciosa. Los pétalos de las flores se marchitaban en las plantas y fluían con la helada brisa estival que anunciaba la vuelta del invierno ígneo. La naturaleza permanecía estática pero las estaciones aún se sucedían como antaño. La diferencia radicaba en que aquel instante, cristalizado en el espacio, no quedaba nadie para contemplarlo... La Madre Tierra se hallaba en una encrucijada, sola y abandonada a su suerte. Con sus hijos marchitos en la oscuridad dando la bienvenida al regreso del otoño mientras el manto de niebla cubría su visión de los bosques que renacían entre los pétalos florecientes de los finos copos de nieve que se arremolinaban entre las flores y la hojarasca crujiente en su verdor de tonalidades cálidas. La naturaleza reclamaba su poder ancestral en la quietud de aquel instante fijado en el tiempo cuando Las Moiras decidieron seccionar todos los hilos al mismo tiempo e inmortalizar la propia muerte en una era de luz. Y mientras las propias Moiras se desvanecían y con ellas todo lo que alguna vez había sido, la niebla cubrió totalmente el paisaje con sus hebras de plata y aquella época llegó a su fin en silencio...

La lluvia caía en el silencio resucitando todo el verdor. El agua se acumulaba en los ríos que reflejaban el mundo exterior. Y así ella renació...

Toda luz proyecta una sombra.

La luna iluminaba el mundo que renacía bajo el firmamento. Las constelaciones otorgaban sus dones a la naturaleza vestal. El ciclo eterno. La historia de la naturaleza volvía a escribirse en el lienzo en blanco del pentagrama de las emociones que envolvían el reino terrenal que volvería a ser un paraíso prístino...

Los brotes crecían a una velocidad vertiginosa en aquel Edén primaveral donde todo había surgido y todo volvería a surgir. Flores, árboles y ríos comenzaban su andadura por aquel mundo primigenio donde antes solo había niebla. La Madre Tierra se regocijaba ante la visión de la naturaleza recobrando sus rituales atávicos en aquel renacimiento tras la tormenta que la había destruido...

* 

El silencio era precioso de contemplar desde su trono de marfil mientras la tierra fértil daba sus frutos en medio de la bellísima ventisca de nieve que cubría los pétalos de las rosas que flotaban en medio de la tempestad estival junto a los pétalos de sus hermanas y la hojarasca marchita de los árboles que se negaban a desaparecer en el olvido como la última vez cuando Las Moiras lo destruyeron todo. Las ancianas hermanas del Destino, rejuvenecidas con el elixir de la muerte sonrieron a la Madre Tierra y tejieron sus hilos con una sonrisa siniestra y sus tijeras afiladas... 

La quietud de los ojos de la Madre Tierra pareció conmoverlas hasta lo más profundo. Quizá aquella vez sería diferente y la naturaleza podría seguir su curso en armonía sin que el equilibrio fuese roto de nuevo. Las Moiras miraron con sus ojos ciegos alrededor, al caos de eufonía de las estaciones y entonces regresaron a sus ruecas y comenzaron a tejer las historias de la naturaleza, un mundo que sería eterno en el imaginario de las crónicas del universo que ellas mismas crearían en aquel perfecto microcosmos. La Madre Tierra reconoció en aquella primavera los dones de las constelaciones y los deseos de las flores y la fortuna de los árboles que volvían a nacer para ella sin verano, sin otoño y sin invierno profanando su preciosa primavera para que al fin pudiera florecer en paz y armonía...

El cielo nocturno rige el tiempo de los firmamentos. Las constelaciones contemplan solas el silencio. La oscuridad custodia los eónes de la eternidad. Toda luz proyecta una sombra...


Dedicado a los seres de luz en la oscuridad.

12 junio 2019

Erised Rorrim


En las nieblas del destino caminaban por las brumas de la existencia como dos seres vacíos en busca de las tinieblas. Las incógnitas surgían en un ciclo infinito como dos espejos que reflejan el mundo elegido. Su voz rompió el silencio con una mentira vana, el equilibrio de los mundos se fragmentó como un cristal... El universo se rasgó en dos caminos tan parecidos como diferentes dentro del mismo espejo. Y caminaba por ambos mundos sin pertenecer a ninguno con el corazón dividido y la mente en dos realidades...

Sin existir, sin ser, un bosque bajo la piel, un viento desgarrador de mentiras su clamor, un mundo oceánico, otro oculto en el velo, un mundo sin nombre que... Su voz en los elementos, su voz en los elementos deseando ser a través de él...

Vio el camino del espejo, Erised y su reflejo, ambos giraron en sueños y se rompió en mil pedazos... El lugar estaba oscuro, una estrella cayó en tierra, un dragón murió en cenizas, un minotauro salió del laberinto, un fauno sátiro tomó su aulos y el espejo volvió a juntarse...

Entró al laberinto con el minotauro y un hilo de oro la conectaba al fauno... 


Dedicado a mis serdos de las tinieblas.

05 abril 2019

Greek Ambient


El templo al despuntar el amanecer era tan plácido como el cielo estival. La pira ardía con el fuego sagrado colmado por los deseos implorados al santuario. La vi... Insondable... Mi ruego se arrugaba en el pergamino de mi mano. Tal vez era un imposible tan irreal como la ilusión que llenaba mi corazón en aquella mañana y cada noche cuando mi imaginación volaba libremente... 

La sacerdotisa del templo me miró con sus grandes ojos oscuros... Y entonces comprendí que mi destino estaba escrito en ese pergamino por mi... Quizá permanecer oculto lo hacía hermoso... Quizá el silencio lo hacía aún más especial... El vínculo entre el fuego y el agua en el santuario creó una visión sobre la esencia del manuscrito... Para mi no existiría ese deseo más allá de mi imaginación. La sacerdotisa sonrió y desperté...


Dedicado a Pedro, por las tardes de filosofía existencial.

24 febrero 2019

Love Witchery


"El banquete en la corte aquella noche era más fastuoso que nunca, todo un símbolo de opulencia palaciega. Nuestras miradas se cruzaron como en tantas otras vidas y con una sonrisa te acercaste y me invitaste a bailar. La danza comenzó y la magia empezó a fluir con la música y los movimientos alegres de nuestros cuerpos unidos por la melodía renacentista. ¿Cómo podía no enamorarme de ti, cuando eras la alegoría del romance y el emblema de todo lo que siempre había soñado? Un noble aristócrata venido de tierras lejanas. Otros atardeceres habían iluminado tu mirada, y yo quería ser la luz que hiciese brillar el resto de tus amaneceres hasta la eternidad".

Leyendo aquel libro en el bosque soñaba con tierras lejanas mas allá de los océanos, donde aventuras y romance me estaban destinados. Quería un amor de leyenda de esos que perviven por los siglos, que cautivan la mente y para los cuales la eternidad es solo un suspiro.

Como si mis plegarias hubieran sido escuchadas por los demonios, un exótico desconocido me abordó en la foresta con promesas vacías. Alcé mi espada y me enzarcé en una guerra cuando su sonrisa ladina dejó de adornar su diabólico rostro mostrando su verdadera naturaleza. En esa batalla perdí una parte de mi misma y comencé a vagar en la oscuridad de los bosques en busca de mi ser, que había sido corrompido por la magia negra de aquella criatura. Con el tiempo volví a ver el amanecer desde las colinas, el sol entre las nubes y la belleza de lo que me rodeaba. Incrusté mi espada en la roca y abandoné mi yelmo en el lugar hasta que la hiedra y los espinos los tomaron como suyos. 

A lo lejos vislumbré un castillo fortificado con vallas puntiagudas iluminado por la luz del ocaso. Su serena belleza me conmovió y dejando el camino me aproximé con cautela sin saber qué podía hallar en su interior. La imponente majestuosidad de sus muros me llevó por diversas estancias a cada cual más hermosa y especial. Caminé como si fuera un sueño, inconsciente y dejándome llevar por la sutileza de su encanto. Y en lo más profundo de las estancias se encontraba él, el heredero del castillo de ensueño. El hombre cuya sonrisa podría iluminar el mundo durante milenios y que en ese instante solo me sonreía a mi. Nuestra unión fue próspera, la unión de dos espíritus afines. Desde el primer beso supimos que éramos almas gemelas destinadas. Nuestros caminos se habían cruzado y nunca volveríamos a los pantanos de la soledad y las guerras que ambos conocíamos tan bien. Éramos el uno para el otro, rodeados de pétalos de flores danzando en cada aurora. Con sonrisas eternas en la ciudadela que fundamos al abrigo de los inviernos siempre en busca del verano...

Y así fue como encontré mi verdadero amor de leyenda, de la mano de un príncipe azul como jamás habría soñado y siempre busqué en mi imaginación...


Dedicado a Cris, mi dulsurita.

26 noviembre 2018

Sounds of Black Death


Bajó las escaleras entre los muros de piedra camino a su santuario, al refugio de su alma. El aire estaba viciado, el ambiente olía a azufre, se sentía como en casa en su laboratorio de alquimia. 
Un bastión de conocimiento a solas en aquella sala, iluminada con la luz de las velas que aportaba una atmósfera mágica, donde sus sueños de ciencia se cumplían bajo el designio de los astros que le guiaban en el camino de la erudición. Nadie entendía su pasión por aquella disciplina, que no quisiera ser un guerrero inmerso en guerras a lomos de un caballo en busca de la muerte más honorable y la gloria de la conquista de tierras lejanas... Por ello era un ermitaño olvidado del mundo, sumergido entre sus libros y manuscritos antiguos en busca de conclusiones a los interrogantes de la naturaleza, más allá de la imaginación de sus tiempos. 

Largas jornadas pasaba en soledad, aprendiendo el arte místico de la crisopeya, leyendo en las horas diurnas y contemplando el firmamento en las nocturnas. Los años pasaban encerrado entre sus muros, perdiendo la cordura y recobrando la esencia, alejado de la realidad sumido en ensoñaciones, en los delirios más profundos de su época. Los filósofos acudían a su gran sabiduría, los astrólogos a su potente hechicería, los magos a su oscura nigromancia y los augures a su grandiosa metafísica.
Los rapsodas comenzaron a componer canciones sobre él, se decía que portaba el mal, mucho por lo que sacrificar. Sus historias nunca le llegaron, entre muros siempre custodiado llevaba una existencia tranquila pero los recuerdos le asolaban. Unas visiones de la guerra siempre le visitaban en sueños, quizá ese no era su destino aunque la conciencia le remordiera...

Cabalgaba lejos, lejos de su hogar hacia una tierra lejana y desconocida. Las flechas llovían en su huida del enemigo, que les doblaba las fuerzas. Espadas, vidas en peligro, sangre en el campo de batalla, una causa perdida desde que comenzaran la campaña de invasión a sus rivales. La gloria les esperaba, la muerte les haría venerables, los escritos narrarían la cruenta lucha que les llevó a la victoria. Y nunca avanzarían, ojo por ojo y diente por diente, la historia los olvidaría con el tiempo y los escritos se perderían. 

Y un día llegó la visión a sus ojos, todo lo que anhelaba y nunca se cumplía, el orden perfecto de los elementos para crear todo aquello con lo que siempre habían soñado los sabios. Los volúmenes de la Biblioteca de Alejandría conservarían su hazaña incólume por siglos, haciendo eterno su trascendental descubrimiento y guardando su secreto junto a todos sus significados. Se quedó en silencio maravillado de lo que había logrado, una revelación única en su época. Pero el tiempo no pensaba lo mismo, el enemigo se acercaba y no era capaz de verlo. La puerta se abrió y encontró al viejo anciano rodeado de todo cuanto amaba en su laboratorio. La Muerte Negra no tuvo piedad y segó su existencia del mundo de forma cruel sin ninguna misericordia. Mientras sus ojos se apagaban con miedo su espíritu se elevaba a mundos desconocidos, donde la alquimia no existía y todo dejaba de tener el mismo sentido. Con la decadencia todo fue destruido y la huella de su existencia borrada de la historia. Con el tiempo todos olvidaron al anciano descubridor del mayor misterio de la alquimia. Los astros marcaban su fatal destino pero él nunca creyó en aquellos infaustos augurios. Jamás pensó que los hombres preferirían permanecer ciegos en un mundo aún por descubrir donde él poseía las respuestas silenciadas abruptamente.


Dedicado a Laura, una guerrera.

12 abril 2018

Eidola (II)


Un mundo telúrico y misterioso apareció de la oscuridad ante sus ojos. Una selva exuberante en toda su gloria. La naturaleza y el esplendor le rodeaban con sus mil tonalidades. Los pájaros entonaban sus melodiosos sonidos desde los verdes árboles. Y toda esa perfección parecía irreal, utópica, oscura en su interior. Quizá no perteneciera al tiempo, o había existido desde siempre.
Caminó sin rumbo por la espesura, mirando lo que le rodeaba. La selva era mística y la atravesaba un rio azul como el cielo. Y en él se reflejaban los rostros de aquellos que ya no pertenecían a la tierra. Entre la selvática fauna vio una serpiente que le miraba fijamente. Xibalba le daba la bienvenida con murciélagos y criaturas nocturnas a la luz del día. Su memoria evanescente reconocía el lugar por los mitos de su pueblo, aunque ya no recordase a donde pertenecía. 

El silencio se volvió más profundo en un instante en la selva. Las divinidades de Xibalba cambiaron la atmósfera en un ambiente tenebroso. Su corazón latía con fuerza mientras la noche caía sobre el lugar. El cielo tachonado de estrellas no se parecía a los de su mundo. Cerró los ojos.
El amanecer rojizo y dorado dejó paso a la noche. El tiempo transcurría hacia atrás inexorable. Las deidades demoniacas querían su locura en la selva donde la oscuridad yacía en su interior. Pronto lo conseguirían. La serpiente le miraba fijamente como una profecía. Moriría con su veneno en una pirámide. No entendía aquella repentina visión... Parecía tan auténtica y real...
Las divinidades oscurecieron su visión, solo quedó el cielo cuajado de estrellas y la remota sensación de lo que ocurriría en la pirámide una noche como aquella por culpa de unos ojos negros como el ónix. Su magia invocaría a su espíritu para conocer el más allá y no podría eludir su seductor embrujo. Xibalba ya no sería un secreto para los vivos. La selva dejaría de tener sentido en los mitos y leyendas del pueblo para simplemente desaparecer... El hilo del destino se rompería... Los espíritus no tendrían eternidad... La serpiente le miró con sus ojos negros. El viaje astral le llevaría a aquel mundo donde conocería la mirada de ónix que acabaría con todo si caía en su embrujo por culpa del olvido...


The end.

06 abril 2018

Eidola (I)


Abrió los ojos en medio de la nada, sintiéndose mareado y sin saber de dónde provenía. Un bosque nocturno rodeado de pirámides de piedra bajo el manto de estrellas. El zumbido de sus oídos era intenso. La vida noctívaga parecía disfrutar de la oscuridad, que los hacía brillar como seres mágicos en la penumbra. Se incorporó aturdido sin entender nada.
Sus ojos se cruzaron en la oscuridad y el tiempo se detuvo durante milenios. Un instante más tarde, había desaparecido sin dejar rastro más allá de su aroma floral en el aire. Su corazón latía con fuerza tras su visión. Su juguetón pelo oscuro y ondulado se mecía suavemente con sus movimientos hechizándolo. El zumbido de sus oídos aumentaba por momentos. Ella hizo su magia.

El polvo de estrellas que había soplado directamente en su rostro le hizo desvanecerse. Oyó voces masculinas y sintió que lo arrastraban hacia algún lugar del bosque. No sabía qué harían con él; notó abrirse una compuerta de piedra y penetraron en una de las pirámides de piedra. Los sacerdotes les esperaban en su interior para comenzar algún extraño ritual. Olía incienso y creyó ver su rostro angelical entre la multitud que confiaba que no le sacrificaría en alguna ceremonia a sus dioses. Sus voces de cánticos solemnes no le tranquilizaban, y menos aún cuando alguien puso sus manos en su rostro y le obligó a cerrar los ojos. Oyó el eco de un joven gritando; sintió unas manos suaves que le tocaban; oyó pasos lentos a su alrededor; sintió el aliento de la magia penetrando sus entrañas *vio estrellas y alineaciones planetarias*escuchó las voces extrañas de los dioses*sintió las nebulosas y vio más allá de ellas*y vio su rostro entrelazado en su destino; y entonces dejó de ver. Le propinaron un golpe que le dejó sin aire... Le pusieron una bebida en los labios y tragó sumiéndose en la oscuridad más profunda que había conocido. Su respiración se aceleró y con ella regresó la visión *Gritos de una guerra a muerte*una joven preciosa que lloraba por su pueblo*un pájaro sobrevolando el cielo*un viajero de las estrellas en el firmamento*un matrimonio celestial con la joven. Silencio por un instante en la pirámide. Oía sus gritos desgarradores pero no entendía a qué se debían ni por qué salían de su garganta. Una serpiente le estaba mordiendo y su veneno penetraba rápidamente en su cuerpo. Suspiró sintiendo el dolor apoderarse de su ser mientras le entumecía los miembros. Era salvaje y no lo comprendía, un dolor insoportable que le adormecía mientras oía sus siseos por toda la pirámide susurrar cerca de él... Sus voces llamaban a las serpientes y las encantaban por razones que desconocía. Las atraían con sus flautas mientras él agonizaba en el altar... El silencio se apoderaba de su mente y sus visiones. Y aún así no podía dejar de soñarla, aunque solo la hubiera visto una vez... Aquella profetisa lo había hechizado.

Abrió los ojos en un mundo telúrico que desconocía, más allá del cielo o el infierno, lejos de su tierra y de la pirámide donde el sacrificio de su espíritu fue el elegido. Veía sus ojos oscuros como en un sueño y su pelo ondulado meciéndose con la brisa, y a su vez oía las voces de la pirámide. El universo cuajado de estrellas ante sus ojos se expandía vasto hasta donde abarcaba su mirada en el silencio. Y alrededor había nebulosas, polvo estelar y un sinfín de meteoritos y planetas entre sus cantos rituales. Su mirada pícara le devolvía a la realidad y a la vez le robaba la razón sin poder escapar de su hechizo. Los cantos rituales habían cambiado y su sonido le trasladaba fuera, al bosque de pirámides en medio de la naturaleza salvaje bajo las estrellas.

Y de pronto se encontraba realmente en el bosque, con sus voces rodeándolo y pidiéndole que regresara a Xibalba a cumplir la misión que le había sido encomendada. Aún no entendía cómo había llegado allí, pero la magia de los nativos era poderosa y no podía huir de ella, y menos de... ella. Los cantos de los pájaros en la noche no podían distraerle de su mirada, que permanecía clavada en él desde el interior de la pirámide, desde la oscuridad de los tiempos más antiguos... Si ella quería que fuera a Xibalba no podría negarse, sus sentidos estaban totalmente cautivados por la joven...


End part I

17 marzo 2018

Las Moiras


Avanzaban sin sentido y vacíos; una terrible hueste en la oscuridad; en busca de la fortuna marcada; por las hermanas hilanderas del sino. Sus ojos aún no se han apagado; pero pronto lo harán; bajo las raíces de Yggdrasil; donde se tejen los tapices del destino. Las dísir les esperan desde siempre; dioses y mortales están en sus manos; que tejen con destreza hasta el fin; ninguno sale vivo de allí. Desde los nueve reinos vienen; hacia los nueve reinos vuelven; las Nornas, Parcas o Moiras; son la última visión consciente. Y así caminan los errantes; cuyo destino está sellado; a los brazos de Yggdrasil; el universo, el fresno sagrado. Las hermanas les dan la bienvenida; sus rostros hieráticos y pálidos; el ritual de la muerte comienza; y el tapiz de las vidas termina.

La primera y más joven es Wyrd; también llamada Nona o Cloto; tejió lo que ha ocurrido; creadora de vida, nacimiento de los hombres; Las hebras de la existencia; no tienen secretos para ella; pero ya no domina a la hueste; que se presenta bajo Yggrasil. Lo hace su hermana.;.

Verðandi era la más bella y menos poderosa; el presente, lo que ocurre en el instante; La longitud de los hilos en la rueca es su menester como hilandera; entrelaza el pasado con el futuro forjando los destinos creados por su hermana. Nunca deja de tejer, ni siquiera en presencia de la hueste; su voluntad designa todo cuanto viven y cómo ocurre el fin de dioses y mortales.;.

Nadie osa desafiarla si quiere que su voluntad no acabe con todo lo que tiene y desea incluso en la muerte...

La joven tejía y tejía con rostro incólume; sin apartar los ojos traslúcidos de sus creaciones; de sus pensamientos y sentimientos más profundos; de sus quimeras y falsas ilusiones. Tejía el destino que una vez les fue dado; y pronto, al instante, les sería arrebatado; su cometido era aquel de por vida; su belleza no les engañaba con promesas de compasión.

En silencio esperaba la hueste; mirando los rostros de las tres hermanas; ninguno sabía lo que les deparaban; ni a que reino volverían si regresaban.

La Valkiria es la última de las hermanas; Morta, Átropos la llamaban; Skuld para aquellos hombres heroicos; que recibían su destino en su morada. Bajo Yggdrasil se reunía la hueste; en torno a la diosa de la muerte; uno a uno rememorando su vida; que pronto el destino apagaría. Ya tenía sus tijeras en mano; para cortar las hebras de los elegidos; unos irían al Valhalla, los espíritus guerreros; otros a Helheim, para recibir su castigo. Infierno, cielo y purgatorio; a todos custodiarían en su destino; cuando los hilos blancos, de los de oro y los negros; por la hermana Valkiria fuera cortados.

Segando su vida.


Dedicado a mi gentuzilla de Lenguas Modernas, por los clásicos.

25 febrero 2018

Myst (Atlantis Evolution)


El misterio de la tumba de la sacerdotisa nunca sería descubierto... Sus enemigos jamás conocerían la verdad oculta tras su lápida... El cementerio perdido la honraba y guardaba sus secretos más profundos... Pero a veces los secretos no descubiertos pueden cambiar el destino...

La Atlántida yacía silenciosa enterrada en un mundo oceánico... Magia y tradición en sus muros derruidos por el paso del tiempo... Sus descendientes querían saber qué había sepultado su isla... Bajo el piélago se hallaba el enigma que pretendían resolver para seguir evolucionando y crear de nuevo su sabia civilización y su cultura, lejos de los hombres que solo sabían de guerra y destrucción... 

El nuevo mundo les esperaba en otro lugar aún desconocido... Solo la sacerdotisa podría guiarlos desde el más allá de la vieja Atlántida... Y si no encontraban su tumba en la inmensidad del mar quedarían desvinculados de su propia historia, perdidos en el olvido para siempre... 

La leyenda narraba que la tumba se encontraría en el templo atlante, dormida por toda la eternidad salvaguardando sus misterios inmortales... Nunca fueron capaces de hallarla, ni siquiera supieron si existía en realidad, y sus descendientes cayeron en el olvido de un mundo bárbaro...

Su historia acabó siendo un mito y sus logros magníficas leyendas que contar a unos herederos que jamás se reconocerían a sí mismos...


Dedicado a Veneranda, por su fortaleza.

06 marzo 2017

Sacrifice and Afterlife


Aquella noche sería especial... Los planetas se alineaban ante la atenta mirada de los chamanes de las diferentes tribus. Los sacrificios rituales estaban a punto de comenzar para dar la bienvenida a la otra vida. Cada tribu aportaba partes de su cultura y los altares se llenaban de flores hermosísimas. La frutas, las bayas y los jóvenes que iban a ser sacrificados se llenaban de símbolos de fertilidad. Los dioses precisaban que su sangre fuera restaurada pues se habían librado muchas batallas en aquellos aciagos años de guerra contra los conquistadores y su destrucción. Los oráculos habían predicho todos los hechos acontecidos y los adivinos lo habían presagiado en sus lecturas de las entrañas animales. El peligro de perder su cultura y ser olvidados en la historia provocaba estos rituales. Invocarían a los dioses mediante la sangre y sus cánticos en la noche, cuando los planetas en el firmamento y las pirámides fueran uno solo creando fuerzas insondables que solo sus sabias culturas podían entender y canalizar desde tiempos inmemoriales... Y los dioses acudirían a su llamada, y sus voces resonarían en los cielos alejando a los malos espíritus de su tierra para que pudiera recuperar la paz y la prosperidad que les había sido arrebatada.

Los fuegos se encendieron iluminando la oscuridad de la noche y una lluvia de estrellas cruzó el firmamento como buen presagio con su luz y belleza. Las flores que llenaban los altares se mecían con la suave brisa nocturna dando la bienvenida al rey, que salió de la pirámide con un círculo de metal que representaba el cielo y la alineación planetaria. El pueblo le miró mientras la rueda brillaba con el fuego y el rey señalaba la luna, Saturno y Marte bajo el sol. Los planetas reflejaban la posición exacta que se veía en los cielos, era el momento de iniciar el ritual. El rey sacó una daga y se cortó la muñeca encima del altar principal... La sangre comenzó a fluir en hilos por su mano y al contacto con las flores se convirtió en humo, que ascendió al firmamento hasta alcanzar a los dioses para que escucharan sus plegarias silenciosas...

Tras el derramamiento simbólico de sangre del rey, los jóvenes que iban a ser sacrificados se acercaron a los altares cubiertos de flores... Los sacerdotes alzaron sus puñales y tras las invocaciones a los dioses apuñalaron a los jóvenes. Sus gritos de dolor rompieron el silencio de la noche mientras su sangre se vertía y sus corazones eran sacrificados por el bien de la tribu en guerra con los conquistadores. Sus espíritus arrancados ascenderían con los dioses permitiendo a los diferentes chamanes tener visiones sobre el porvenir de sus tribus, y sus súplicas se convertirían en verdades dichas a través de la voz de los sabios...

La realidad se desgarró dando paso a la visión.

El paraíso florido de las antiguas tradiciones, el lugar espiritual en el que las ánimas se encuentran después de la vida en un jardín plagado de flores, jades y en compañía de los ancestros y dioses de su cultura se abrió ante sus ojos tras los sacrificios de sangre de sus jóvenes en la noche estrellada... Era un lugar tan hermoso que por un instante olvidaron por qué lo habían invocado, tan solo deseando poder ir a aquel maravilloso lugar y reunirse con sus seres queridos lejos de la guerra y la destrucción de los conquistadores. Aquel paraíso tropical, el destino final, les atraía como el anhelo de abandonar el mundo en el que vivían y del que tal vez ya no tenían que seguir escribiendo su historia... La visión cambió y el magnífico jardín se convirtió poco a poco en Xibalba, el telúrico y oscuro inframundo, lugar de tormentos y castigos. Un mundo horrible que en nada semejaba al mundo que ya conocían y donde los jardines del paraíso florido parecían olvidados e imposibles de alcanzar. Sus espíritus podían estar destinados a uno u otro camino, ambos desconocidos. Lo único que sabían es que su mundo se estaba acabando y su realidad estaba condenada a desaparecer. Las visiones de los dioses eran claras: la guerra destruiría sus pueblos y culturas y la muerte sería su destino, en el paraíso o en Xibalba, donde sus espíritus ya no regresarían jamás. Donde el principio y el fin ya no existirían porque sus ánimas no se regirían por las leyes de la tierra que les vio nacer y les vería morir. El silencio y la muerte era todo lo que les quedaba en su mundo de origen...

La visión se desvaneció y los sacerdotes y el rey tuvieron claro cuál sería el destino que escogerían. Cada hombre, mujer y niño tomó un puñal en sus manos y sacrificaron sus espíritus a los dioses... Las flores de los altares se tiñeron en la noche cuajada de estrellas en sangre, que volvió a convertirse en humo, ascendiendo al firmamento en volutas hasta alcanzar el paraíso soñado, lejos de la guerra y el miedo, de la tortura y el sufrimiento. El fuego ardió ante los planetas alineados...


Dedicado a Mirela, por su visión del mundo mágico.

19 octubre 2016

Mediaeval romance

https://www.youtube.com/watch?v=wY9SuWf1XHI

Sus miradas se cruzaron por primera vez estando él de guardia en la sala del trono... Ella se mostró sinceramente halagada pero esquivó sus dulces palabras... Estaba prometida a otro guerrero desde hacía poco y no podía faltar a la promesa de amor que le había hecho en lo más profundo de su corazón. La corte y su espiritualidad no le permitían pensar en esos tiernos ojos que habían conquistado parte de su mente en contra de su voluntad sin siquiera saber cómo o cuando había ocurrido... Solo sabía que no podía apartarlos de su pensamiento y cada vez se fijaba más en sus sonrisas cuando hacía guardia, en su elegancia única... El aura que emanaba era tan atractiva como misteriosa, como si todos los enigmas del mundo tuvieran respuesta en su interior y sus ojos fueran los de la esfinge que siempre había buscado...

La corte solía reunirlos y en ella cruzaban pocas palabras, ella sabía cuál era su lugar y él lo respetaba. Las miradas furtivas y los gestos de cariño naturales se sucedían, y ella rogaba por el momento en que le besaba la mano... Su prometido partió a la guerra y él quedó protegiendo el castillo tratando de conquistar su corazón sin que ella se diera cuenta, pues una dama como ella, que había vivido recluida en su interior no sabía ver los ojos del amor más que en su prometido...

Decidió alejarle de su vida, sin dejar de estar presente nunca. Su historia no podía escribirse aún...

Su prometido regresó y con él la felicidad y el olvido de aquel fugaz sentimiento... El tiempo pasaba y ella ya no oía su canto de sirena ni sus palabras en los poemas. El silencio se hizo entre ambos y el destino los alejó aún más cuando fue convocado a otra corte para ser guardián de sus secretos, poseedor de un poder y un rango que merecía por su esfuerzo y lealtad... Y entonces, fue cuando se prometió con otra. Una mujer que jamás reconocería que se parecía a ella. No existían palabras para definir cómo se sentía porque su corazón realmente no le pertenecía y no le amaba, nunca lo hizo... Solo en su mundo... Las Moiras tejían en sus ruecas su destino y sus hilos cada vez eran más finos, pero sus hebras no dejaban de entrelazarse aunque sus caminos no fueran uno solo. Se unían siempre en el mismo punto, en el silencio...
Y así transcurría el tiempo y las estaciones, los solsticios y equinoccios, cada uno en su corte viviendo su vida con sus prometidos y siendo felices sin estar juntos...

Las Moiras tejieron sus hilos y cambiaron el destino de los dos amantes en silencio...

Volvieron a reencontrarse de nuevo en la corte, donde se habían conocido años atrás... Estaba sola, su prometido había partido a otra guerra que le alejaría de su lado sin que ella lo deseara... Cruzaron algunas palabras designadas por las Moiras sin que tuvieran ningún sentido, el vínculo no estaba roto pero no era como antaño, demasiado había cambiado, todo menos sus sentimientos ocultos...

Las Moiras entrelazaron las hebras en sus ruecas...

¿Si no estaban destinados por qué no podían alejarse? ¿Por qué se negaban con todas sus fuerzas a renunciar a aquella nada y lo que significaba para ellos? Quizá su historia nunca sería escrita ni aparecería en ningún poema ni ninguna crónica. Solo en los recuerdos de lo que no había ocurrido y lo que podría haber sido. Sus pensamientos seguirían encontrándose en la eternidad que solo a ellos pertenecía. Una eternidad que jamás llegaría a ser real porque no existía en el mundo mortal...


Dedicado a Caleb, por sus maravillosas creaciones.

08 febrero 2016

Venom & Poison










Las luciérnagas brillaban en la penumbra de aquel lugar maldito. 

...

...Ambos negros como la noche... Uno de ellos se encontraba en mi hombro... el otro caminó por mi muñeca... hasta que alcanzó la palma de mi mano. Clavó su aguijón con fuerza... y no pude hacer más que sonreír... Su veneno fluía por mi interior desde hacía tanto tiempo... Una lluvia de manzanas rojas como la sangre... que se derramaba gota a gota por mis dedos... hizo que me diera cuenta de que sostenía una manzana rojo carmesí en la mano izquierda... Junté el escorpión de mi mano derecha... que acariciaba un precioso anillo de plata... cuyos brillantes relucían a la luz del sol... que comenzaba a atravesar los muros de aquel lugar sin fronteras... con la manzana de mi mano izquierda. Miré al escorpión de mi hombro... y comencé a reír de forma alegre, ligera... siniestra, eufórica...

...

La oscuridad... Esa eterna oscuridad... Había dejado mis ojos ciegos... sin la visión... Solo negrura a mi alrededor... Opresiva, inconstante, voluble... Sentía presencias... y a la vez... no sentía nada. Sentía el fuego azabache... con sus lenguas de llamas... corroer todo lo que rodeaba la nada... el todo... Ya había existido una vez... Podía volver... a la vida... Nunca había dejado de existir... realmente... No en mi interior... Una manzana rojo rubí rodó en la oscuridad...

...

Corrían lágrimas de sangre por sus mejillas... Los miles de escorpiones que paseaban a su alrededor eran testigos de ello...
...

Las luciérnagas... brillaban... en la penumbra... de aquel lugar maldito... mientras sus ojos se apagaban... y la visión regresaba...



Dedicado a Dani, por nuestra vuelta a Astralia.

20 octubre 2014

Aube (II)


Era un lugar etéreo y muy hermoso. Las paredes y el suelo eran de piedra, pero a través de ellos se veían fragmentos de cielo del mundo mortal, con sus nubes y luz solar iluminando de azul la atmósfera. Tanto el techo como las paredes tenían grabados en una lengua desconocida que parecía muy antigua, tal vez céltica, o incluso indoeuropea. Trató de descifrarla, pero no fue capaz. Tan solo pudo perderse en la belleza y misticismo que le confería a aquel sereno lugar. Después comenzó a pasear y descubrir los rincones más ocultos de aquel silencioso espacio, donde solo la melodía de unas campanillas le recordaba sus lazos con el mundo inmortal. El tiempo parecía detenerse entre aquellos muros sin fronteras, de modo que no sabía decir si llevaba instantes o siglos errando por la estancia... Todo era volátil y al mismo tiempo en perfecto equilibrio. El aire era puro y el éter fluía sutilmente entre los muros llenando la estancia de una atmósfera de armonía y serenidad. Cuando volvió a mirar los grabados de las paredes, la lengua desconocida cobró significado y pudo leerla como si la conociese de siempre. Revelaba todos los misterios de la humanidad y del enigmático cosmos que moraban. El origen de la vida y la creación del universo; los secretos del firmamento y de todas las estrellas que lo conformaban; el significado de las pinturas de sus ancestros en las cuevas; la filosofía de los antiguos griegos y romanos; los misterios que rodeaban a todas las civilizaciones que en algún momento habían existido sobre la faz de la tierra; No existían secretos para ella en aquel espacio de inmortalidad...

Un cambio en el ambiente hizo que sus ojos dejaran de reflejar la eternidad por un instante. Un portal en el cielo azul se abrió para darle la oportunidad de regresar a su mundo mortal. Si ese era su deseo, podía cumplirlo... Tan solo debía escribir su historia, los detalles de cómo quería que fuera esa vida... Tenía que decidir, o la eternidad en aquella esfera, u otra vida en la tierra. Sin pensarlo, fue hacia la escribanía y tomó la pluma...

"Nacería en un remoto pueblo del norte. Una aurora boreal presagiaría sus poderes de sacerdotisa. Sería un invierno duro y la nieve lo cubriría todo. Ella sería la esperanza para sus porvenires... Su infancia sería feliz y tranquila. Crecería entre la naturaleza salvaje y las luces del norte. Aprendería las artes de la magia, la curación y la filosofía. Y entonces se iniciaría como sacerdotisa... Los rituales secretos en el silencio de la noche. Las constelaciones, las runas arcaicas y las profecías de sus ancestros. Los solsticios y los equinoccios, el influjo de la luna. Todos los enigmas de su civilización y su sabiduría... El paso de las estaciones le otorgaría sus dones. Las fuerzas de la naturaleza se doblegarían ante su poder. Sus hermanas la revelarían como la elegida. Y entonces sería la nueva Suma Sacerdotisa de su orden... La paz de su mundo no duraría para siempre. El devenir de los cambios no podría eludirse. La rueda de la fortuna rotaría y el cosmos sentiría su fugacidad. Lo oculto se desvelaría en los albores del siglo y la iluminación traería oscuridad... "

La joven suspiró y posó la pluma. Era duro escribir los aspectos negativos de su existencia, pero era esencial. La fuerza de su carácter sólo se forjaría a través de los infortunios a los que se sometería por voluntad propia. Y pensar que cuando se hallaba en tierra desconocía toda esta verdad...

"El templo sería erigido durante la primavera. Su orden invocaría a la luz en verano. La oscuridad trataría de conquistarles durante el otoño. Y las tinieblas serían desterradas en invierno... Un eclipse de sol profetizaría un cambio en los hados. La alineación de los planetas sería signo inequívoco de paz. Un eclipse de luna pronosticaría el comienzo de una nueva era. La triada simbolizaría el inicio de su decadencia... Nombraría una sucesora digna de su destino. El templo sería custodiado por ella y sus hermanas. Su retiro sería dulce y apacible lejos de la realidad de la orden. Una aurora boreal predeciría el fin de sus amaneceres. Y entonces su existencia en el mundo se extinguiría..."

La joven dejó de escribir. La luna brillaba a plena luz del día entre las nubes del cielo mortal creando una bella imagen que le daba un aire místico al azul de la atmósfera. Aquella tranquilidad hacía que sus pensamientos fluyesen suavemente... Ese sería el hilo conductor de su existencia en la tierra. Había nacido para ser sacerdotisa, y lo sería siempre y cuando aún fuese posible en aquel mundo. Era su destino, el que escribía una y otra vez durante las distintas épocas que existía en el universo efímero, donde cada vez revelaba más secretos. Los mundos antiguos eran hermosos, su alma estaba enamorada de ellos, y por ello regresaba siempre. Cuando ya no pudiera volver a esos reinos de sabiduría arcana, cuando los rituales se hubieran olvidado, cuando los misterios del mundo ya no fueran desvelados por los seres iluminados, entonces cruzaría a aquella tierra de su visión. La joven tomó la pluma y prosiguió escribiendo su destino para renacer en el mundo...


The end.