Y esa era la otra realidad, en los confines de la imaginación y el tiempo, donde solo existíamos para un sueño...
Un reino místico oculto más allá de las montañas nevadas donde la voluntad de los sueños se hace realidad en lo etéreo. Los cerezos en flor llenaban el aire con sus pétalos rosas en una eterna primavera tan idílica y hermosa como el origen de las estrellas. La armonía se notaba en su ambiente de aromas dulces y en su cielo azul, por el que se movía la isla ingrávida.
Y la quietud era tan silenciosa que los sueños se perdían, encerrados en la belleza de su serenidad sin un camino traslúcido que los llevara más allá... ... …
¿Qué ocurre sin sueños? … … … Se pierde la esencia … … … Siempre … … ¿Dónde queda la divinidad? … … Muere… … Desaparece... … Se cierran sus portales... … Astralia… … Sovngarde… …
Y resurge como las cenizas de un ave fénix que resucita donde ambos mundos se encuentran y su unión crea una aurora rodeada de pétalos y dones que crean ilusiones y los sueños vuelven a conquistar el mundo con su verdad. La iluminación y las sombras siempre han convivido en perfecto equilibrio, pero a veces el equilibrio se rompe... y se desvanece... en un eclipse.
La oscuridad cubrió ambos mundos desdibujando los límites de la realidad... Y la diosa descendió del firmamento...
Tal vez el Edén era demasiado perfecto para ser un solo mundo... Tal vez el paraíso era la eufonía de dos mundos de contraste donde luz y oscuridad serían reinas del lugar... Aquella noche los elementos de ambas realidades tomaron caminos divergentes jurándose amor eterno en la sensualidad de la imaginación... Astralia y Sovngarde, los mundos de creatividad desde el origen del más allá, donde las quimeras y entelequias del mundo místico primigenio resucitaban a voluntad para regresar a la tierra de los mortales a través del camino traslúcido de la imaginación...
Dedicado a Tarquin, por su dulzura.




