Mostrando entradas con la etiqueta oscuridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oscuridad. Mostrar todas las entradas

01 enero 2021

Dunwich Macabre

Regresar a Ämsyar no era tan sencillo, incluso si la guía era su propio corazón. ¿Puede errar la intuición? ¿Podemos tomar el camino e
quivocado aún conscientes de que no es nuestro destino, por las razones menos loables? Hacer el bien, custodiar el secreto de la nebulosa estaba en su mano, pero a su vez no podría llevar aquel peso sobre los hombros a cuestas lo que le restaba de vida... Incluso si fuera la única manera de salvarlos.

- Incluso si fuera... 

Sus pensamientos vagaban inconexos y plagados de déjà vu. Los árboles se le hacían familiares y sus espíritus acariciaban su alma. Apretó la gema verde contra su pecho y suspiró profundamente. Tenía que ser valiente y asumir la verdad, aunque doliera. El error de abrir el velo solo lo había cometido ella y ningún razonamiento al respecto aliviaría el mal. Jamás.

- Ödyhn...


No sabía cuántas lunas habían pasado. Cuando llegó a la linde del bosque se sintió reconfortada, como si hubiera dejado atrás todos los enigmas y secretos... Que en realidad portaba consigo. Suspiró nuevamente. Si el sino de Lady Blue era rescatar a las gentes de Ämsyar... consagraría su vida a ello. 

- ¡Sêdnä!

La dulce voz de Ödyhn fue como música para sus oídos. Su mirada lo decía todo, su aspecto había cambiado. Sus ojos nacarados relucían inexpugnables. Quiso abrazarla, consciente de que no era posible. Y quiso atravesar el velo...

- Volvamos.


Ödyhn la llevó sana y salva hasta Ämsyar, que seguía siendo el lugar encantador de antaño. Los niños que una vez le habían dado la bienvenida acudieron a su encuentro, alegres y joviales... Y mayores. Sintió una punzada de aprensión hasta que vio a la señora de canoso cabello, envejecida pero aún llena de energía.

- Al fin regresáis, pequeña Diosa... -dijo acariciando maternalmente su larga melena- no esperaba menos de vos. 

A Lady Blue se le llenaron los ojos de lágrimas en agradecimiento por la cálida bienvenida y el secreto que pesaba en su corazón, que no pasaron inadvertidos para la mujer. 

- Yo...
- Ven, necesitas ropajes nuevos, ¡debes haber pasado mucho frío!

No sabía cuánto.


Ataviada con un vestido de terciopelo rojo oscuro y una túnica a conjunto, se sentía como una reina. Su rostro pálido le devolvía la mirada hundida y su nuevo corte de cabello le sentaba muy bien... Y se sentía culpable por verse hermosa. ¿Cómo podía pensar en tales detalles superfluos cuando el destino de aquellas gentes estaba en juego? Quizá era un escape mental al terrible mundo que la rodeaba...

- ¡Tan preciosa como siempre! -exclamó uno de los jóvenes- ¡y aún llevas el amuleto!

Lady Blue acarició el árbol de la vida con cariño y sonrió con sinceridad por primera vez en mucho tiempo.

- Me ha hecho mucho bien... 

El muchacho se sonrojó y ella rió ante su timidez.

- ¡Cada día estáis más hermosa! La vida florece en vos -respondió la niña de bucles dorados, que ahora era una vivaracha y bella muchacha. El rostro de Sêdnä se oscureció. ¿He dicho algo malo? -se percató la muchacha.
- No, cielo... El viaje ha sido largo, estoy extenuada eso es todo -sonrió amable.
- ¿Cómo es Orión?
- ¡Basta de preguntas! -regañó con dulzura la mujer de cabello cano- nuestra bruja de Yör debe descansar. Toma -dijo tendiéndole una infusión con un aroma agradable y depositando un beso tierno en su cabeza -duerme, pequeña Diosa. 


Lady Blue despertó al día siguiente con la mente despejada y el corazón oprimido. No sabía cómo enfrentarse a los habitantes de Ämsyar, que tantas esperanzas tenían depositadas en ella.

- ¿Qué ocurrió en la cueva?

La voz de Ödyhn era dulce, pero sonaba... ¿lejana? Sus ojos permanecían opacos, como si la conexión entre ambas se hubiera roto. O como si...

- Bien sabes que no puedo contártelo... -respondió cuidando de no parecer desconfiada.
- Me preocupo por tí. No pude acompañarte... y has estado ausente muchas, demasiadas lunas...

Ella era la que parecía en otro mundo, y no solo por el velo desgarrado. Algo en su espíritu había cambiado... ¿Habría sucedido algo en el pueblo que ella no sabía?

- Era mi destino, encontrar aquel lugar y...

El espíritu brilló con fuerza para apagarse de nuevo.

- ¿Y? -apremió la joven.

Parecía poseída. ¿Cómo era posible?

- ¿Ödyhn..?
- ¡Vamos, habla Sêdnä! ¿Qué es lo que temes? -su voz sonaba ahora grave y desconocida.
- ¿Quién demonios eres?
- Tu peor pesadilla -respondió la voz.


Dedicado a Sedna, ¡feliz cumpleaños reina!

07 mayo 2020

The Edge of Consciousness

https://www.youtube.com/watch?v=VagES3pxttQ

La solitaria habitación está a oscuras. El polvo cubre los muebles resquebrajados y se desliza entre tus dedos. La atmósfera es pesada y cuesta tomar aire, cuánto más expulsarlo en el vacío...

El espejo yace inerte en la pared, como un portal a otro mundo. No refleja nada salvo negrura mientras fuera comienza a llover. El marco antiguo que lo sostiene reluce como la plata. El piano que suena en la sala contigua no oculta la melodía de la lluvia. Y tomas aire... y te acercas... y te quedas atrás... escuchando los truenos que te recuerdan los viejos tiempos bajo la lluvia aciaga de los recuerdos de una vida que no te pertenece pero que conservas en tu memoria como parte de tu historia en un rincón de la mente del que nadie tiene conocimiento ni lo tendrá jamás porque aquello se lo ha llevado lejos como se aleja la tempestad en una noche de verano mientras el silencio se hace profundo en la tranquilidad del cielo estrellado donde se pierden las reminiscencias de quién eras en el ayer y en quién te estás convirtiendo en realidad... Despierta, abre los ojos y abandona la realidad astral. Despierta, el demonio de tu pecho te ahoga... 

Las teclas del piano tañen mientras contemplas el espejo... Una fuerza se mueve en su interior desconocido en este mundo. Los pasos te aproximan con lentitud... El aliento se te congela en los pulmones.. El marco victoriano que lo sostiene como una pesadilla resplandece opaco con una luz inexistente y terrorífica... Un paso al frente para encontrarte delante del espejo... El corazón se te acelera sin que lo puedas evitar... Alzas la mirada para observar en su interior y entonces... Nada, un goteo de agua... Y aparece ante tus ojos pausadamente de forma inexorable y no puedes apartar la mirada del horror que se va formando ante ti y te consume el alma de maneras que nunca imaginaste... La teclas del piano acompañan con su melodía tu horrorosa epifanía mientras el cadáver se deshace en el espejo dejando una profunda soledad en la imagen desdibujada...


Respira... La sangre cubre la escena pero solo está en tu mente manipulada. Te hago vivir en un infierno porque soy el demonio que habita en tu pecho vacío. Te observo a través del espejo para atraerte a mi realidad y hacerte cautivo. Y mientras toca el piano me encierro en tus pensamientos y los tejo a mi voluntad sin que te percates como un elixir del que ya no puedes escapar en mi realidad astral... 

Respira.


Dedicado a la soledad de los pensamientos errantes.

07 marzo 2020

The Cult (Sibyl)


La entrada a la cueva estaba sellada por la magia ancestral de sus antiguos moradores hacía siglos. De sus fríos muros manaba agua del río que ocultaba su abertura a ojos de los viajeros desconocedores de su maligno legado. El joven guerrero penetraba en su interior con los ojos ciegos en busca de la profecía de la sacerdotisa de Apolo, en busca de su destino... No sabía dónde se hallaba la Pitia ni si las historias que contaban sobre ella eran ciertas, si se hallaba en el interior de la caverna en lugar de estar en el santuario designado por los dioses leyendo el oráculo como en los tiempos antiguos donde reinaba la oscuridad... 

La caverna se bifurcaba en varios caminos y elegir con sabiduría era la única forma de llegar a la sibila y poder escuchar sus augurios sobre la impredecible guerra, el destino de los hombres en el mundo incierto que les rodeaba y el amor que quizás jamás sería encontrado en el reino de tinieblas del viejo rey bastardo... 

Las voces de los peregrinos se oían como suspiros por la cueva suplicantes de augurios y remedios contra los males que asolaban sus tierras, sus vidas, en busca de la iluminación que solo las palabras de la sacerdotisa podía inculcar en sus mentes vacías y en sus espíritus corrompidos por la soledad...

El camino se volvía más angosto y las voces se perdían y ya no se escuchaban en el silencio, por lo que Kassandra no podía estar cerca rodeada de sus hermanas... Se había perdido en la cueva entre sus pensamientos, en un delirio de oscuridad del que no era capaz de huir para hallar la senda de la verdad que buscaba a tientas entre los muros de piedra y la penumbra de aquel lugar maldito por los descendientes del mal en una época ya olvidada por los reinos del Üynler que ni siquiera permanecía en sus crónicas y que los escribas habían borrado de sus bibliotecas en los monasterios largo tiempo atrás para guardar el temible secreto... 

El muro de piedra se abrió a una sala circular donde había una pirámide que relucía en la impenetrable oscuridad como si ocultase todas las profecías del cosmos. La sibila le miró con ojos de cuencas vacías desde la muerte y supo que debía regresar, que el destino no estaba escrito y que la victoria en la guerra solo dependía de él... 



Dedicado a Cris, por descubrirme el Assassin's Creed.

01 enero 2020

Malleus Maleficarum

 - ¡La diosa ha llegado!

Y allí se encontraba ella, al pie de la estatua, totalmente perdida. El altar de la efigie estaba cubierto de hermosísimas flores y un escalofrío recorrió su espalda. Era igual que en su sueño... Miró la inscripción. "Sêdnä, la bruja de Yör, poderes ocultos en su corazón". ¿Realmente podría cambiar el destino de la frágil y abandonada nebulosa? Acarició su amuleto del árbol de la vida.

- La diosa de Orión siempre ha sido venerada en nuestra aldea. Tenemos aquí a una digna descendiente de su estirpe, ¡la mismísima bruja de Yör! -dijo la señora con voz emocionada. Los habitantes del pueblo se arrodillaron ante ella y Ödyhn, cuya presencia parecía pasar desapercibida, sonrió. Lady Blue no sabía dónde meterse.
- Yo... yo solo soy...

Guardó silencio. No quería que el precioso pueblo de Ämsyar descargara su ira contra ella y desapareciera en el olvido... 

- Nuestra joven bruja ha invocado a los poderes oscuros.

Para su desconcierto, nadie pareció sorprendido. ¿Por qué?

- Ahora requiere que el velo que divide ambos mundos sea sellado -continuó mirando a Ödyhn, que volvió a sonrojarse de nácar- y para eso necesitará nuestra magia ancestral.
- ¡Nadie ha visto la cueva en siglos! ¡No es posible! -gritó alguien entre la multitud.
- ¡La diosa la encontrará! -chilló uno de los niños.
- ¡Sí, ella tiene poderes inalcanzables! -corroboró otro.

La joven no entendía nada y miró los vivos ojos de la señora en busca de sabias palabras.

- Existe una cueva en lo más profundo del bosque, cerca de un manantial... Contiene una magia de inexpresable poder que solo los dioses pueden dominar. Tu misión será encontrarla y someter ese poder a tu voluntad para poder cicatrizar el velo y liberar a los vivos de los muertos...

Lady Blue meditó bien sus palabras. Regresar al bosque le producía un miedo atroz y no entendía por qué. Tenía la horrible sensación de que algo espantoso la esperaba desde tiempos inmemoriales y su mente se oscurecía por momentos. Las caritas de ilusión de los niños y las esperanzas que aquella aldea depositaba en ella le hicieron tomar una decisión de la que estaba segura que se arrepentiría.

- Está bien. Saldré al bosque.


Y ahora se encontraba sola, en medio de la nada, rodeaba de árboles y riachuelos. Los bosques le producían una indescriptible sensación de paz y sosiego, pero aquel era diferente. Sus ropajes, que había cambiado por una liviana seda verde con adornos de muselina y una capa en tonos otoñales le otorgaban el bello aspecto de una dríada -como habían dicho los niños- y hacían que se camuflara en el verdor. Era una ninfa maldita de pelo negro y ojos verdes. Una bruja. 
No entendía su misión en el mundo, si solo sería portadora de negatividad cuando el pueblo se diese cuenta de que ya nada quedaba de Orión. ¿Lo sabrían sus eruditos en magia? ¿Querrían sellar el velo aunque jamás pudiesen conocer su pasado? 

Se detuvo. Oía a los pájaros cantar, el silbido de las cigarras y la música tenue de los grillos. ¿Dónde se hallaban las dríadas para guiarla? ¿O las ninfas de las aguas? ¿Acudirían los seres mitológicos a ella?

- Por favor... -suspiró. Su voz pareció alcanzar leguas y el eco le devolvió un sonido inequívoco. Una risa clara y diáfana. 

Siguió la voz, que la reconfortaba en la soledad de la floresta. Ödyhn no tenía permitido acompañarla, solo la diosa o su linaje podría encontrar la cueva. Y se sentía muy sola... Una lágrima solitaria resbaló por su mejilla. 


Se había perdido. Nunca había sabido el camino, pero cuanto más avanzaba más sabía que no podría volver atrás. El bosque era tan extenso que no parecía tener fin y le daba la impresión de recorrerlo en círculos concéntricos cada vez más grandes. El bosque ocupaba todo el mundo, todo el universo, y se prolongaba hasta Orión, hasta los confines de lo desconocido. Hasta la propia nada. Porque era el todo. Y entonces la vio. Brillante, tras varias noches vagando en la oscuridad con la luz de las estrellas y la luna como única guía. La cueva al lado del manantial que fluía como un río de estrellas con su magia apoderándose de la atmósfera. No era consciente del frío que tenía ni del tiempo real que había pasado. Solo sabía que tras unas pocas noches, había encontrado el lugar. Suspiró aliviada y tocó el amuleto de plata que pendía de su cuello, enredándose con su cabellera azabache. 

Un instante. Se contempló en el reflejo del manantial y unos ojos hundidos en sus cuencas le devolvieron la mirada. La melena le llegaba casi hasta la cintura, cuando había partido apenas le sobrepasaba los pechos. ¿Cuánto tiempo había pasado? Se contempló nuevamente. Sus ropajes estaban gastados, pero seguían siendo hermosos. Su rostro estaba pálido, aunque no más de lo habitual y su belleza parecía haber aumentado hasta parecerse realmente a la hermosísima estatua de Ämsyar. El amuleto brillaba a la luz de la luna. Miró el cielo. Los astros, las estrellas, seguían en su lugar. El mundo no había caído en el olvido.

Miró la entrada de la cueva en la negrura de la noche. Unas luciérnagas revolotearon hasta ella prometiéndole su luz en el interior y al darse la vuelta vio la sonrisa de una hamadríada y el reflejo de una náyade en el agua. 

- Bienvenida.

Una hermosa Oréade, espíritu de la naturaleza, la invitó silenciosa a entrar en la cueva con una sonrisa. Sëdnâ, atraída por su belleza y confiada en poder sellar el velo, caminó hacia la oscuridad.



Oscuridad. Caminaba sin rumbo por la oscuridad. Las luciérnagas iluminaban suavemente los muros de piedra, donde de vez en cuando se veían inscripciones en lenguas que desconozco. No entendía por qué me rodeaba la oscuridad, pero no quiero quedarme quieta sin saber qué hacer en medio de la nada. Seguramente un río discurría por encima de la cueva, porque las gotas de agua se filtraban por los muros y pequeños chorros anegaban por momentos el suelo de tierra creando un pequeño lodazal. Me deslizaba por el terreno y temía mancharme el hermoso vestido que alguien me había obsequiado. 

De pronto, sin previo aviso, llegó al final de la cueva. Una enorme estancia iluminada por una antorcha mística que parecía arder imperecedera desde el principio de los tiempos mostraba un atril en el centro justo de la sala. Le dio mala espina. Muy mala espina. Miró alrededor. Los muros de la cueva se extendían hasta el mismísimo firmamento, y el propio firmamento se expandía hasta lo desconocido, tanto que la propia vista no alcanzaba. Vio Orión tan claro como un día de verano, con su colorida nebulosa sumergida en el silencio de la eternidad. Su origen, su fin, mi muerte. 

Caminé hacia el atril con sentimientos encontrados, con un mar de sensaciones horrorosas donde lo divino parecía haberla abandonado, donde todo se perdía y nada se encontraba. Con la mente confusa y el corazón infundado de valor. Un libro muy antiguo reposaba incólume al paso del tiempo en el atril de madera vieja astillado por la magia negra. Brillaba en la oscuridad y ni siquiera las luciérnagas osaban acercase a él. Sêdnä se aproximó con cautela al libro que estaba cubierto por una densa capa de polvo. Pasó la mano por encima y pudo leer su título.

Malleus Maleficarum


No lo conocía. Aquel epígrafe no le decía nada. El latín si lo comprendía, pero "El Martillo de las Brujas" era una obra que no recordaba haber leído nunca. No estaba en la extensa biblioteca de castillo, eso lo tenía claro. Lo tocó con prudencia para comprobar su antigüedad y vio que parecía escrito siglos atrás, pues sus páginas estaban amarillentas y parecían muy desgastadas, como si hubiera sido leído una y mil veces. No había nada más en aquella sala infernal en lo más profundo del subconsciente, por lo que tomé el libro del atril entre sus manos y giré la cubierta para mirar en su interior. 


Deseé no haberlo hecho nunca.

El tratado databa del Renacimiento, en la época de la persecución de las brujas y la histeria brujeril en Europa. Un exhaustivo libro sobre la caza de brujas, con un profundo impacto en los juicios de brujería según dedujo. Algunas de las prácticas que en él se describían si le sonaban, el miedo que rezumaba le era conocido. Demonólogos, inquisidores... Todos aquellos que temían a la oscuridad habían dejado su impronta en aquel ejemplar, que dado su lamentable estado seguramente era el original. Después de leer algunas de sus páginas llegó a unas frases que hicieron que soltara el volumen con un grito como si ardiera. El libro cayó al suelo y quedó abierto. Sêdnä se arrodilló y se sujetó la cabeza, que sentía que le iba a estallar de recuerdos de vidas anteriores y por todo el sufrimiento que había causado en mis peores sueños, como cuando las amables gentes de Ämsyar perecieron con la lluvia de Orión y la furiosa tormenta que desaté. 

Y no era una pesadilla.

Lo entendió todo de golpe. El volumen que reposaba en el suelo, intacto al impacto sufrido, le provocó una oleada de odio y terror por encima de lo humanamente soportable. Con las pocas fuerzas que me quedaban lo tomé entre mis manos y lo dejé en el atril, cerrado, con toda su maldad encerrada en su interior. Y comprendí que no habría magia, humana ni divina, que sellara el velo jamás. Me di la vuelta y acompañada por las luciérnagas, regresé al bosque.


Ämsyar, el pueblo que viene y va, nunca encuentra donde reposar. Fundada por caballeros Luminarios...

Lady Blue caminaba por el bosque con su larguísima melena ondeado con la suave brisa de la mañana. La luz del sol la reconfortaba, aunque su corazón no encontraba sosiego. Había visto el verdadero rostro de Ämsyar, el que el mismo pueblo desconocía, el que debían ignorar para no caer en la ignominia. ¿Dónde se encontraba el místico poder del que la señora le había hablado? No en la cueva. La cueva había sido imposible de encontrar por una buena razón desde hacía siglos y así debía seguir siendo. No podía mentirles, pero no quería que sus horribles verdades salieran a la luz...

- Por otra parte estoy perdida en este bosque... Quizá pudiera seguir así para siempre, convertirme en un espíritu de la naturaleza y dejar que el velo...

Ella no era así. No podía ignorar su error. Aunque Ämsyar estuviera bajo los efectos de una maldición que ellos mismos desconocían, no podía abandonarles. Tendría que encontrar el camino de regreso y buscar otra forma de sellar el velo...

Una risita hizo que se diera la vuelta. No vio nada. La luz del sol se filtraba entre las ramas de los árboles creando sombras que parecían seres mitológicos, pero no veía nada. La risita se escuchó más fuerte. Detrás de uno de los árboles, la Oréade que protegía la cueva se acercó silenciosamente a ella y le tendió una gema verde brillante. Sëdnâ desconocía el material, pero en cuanto la tocó supo que pertenecía a la cueva. Que era lo único puro que podía crear de la oscuridad. La Oréade sonrió y desapareció en la neblina. Lady Blue supo entonces que la cueva jamás volvería a aparecer y el secreto de Ämsyar estaría a salvo mientras ella fuera su custodia.


Dedicado a Sedna, ¡feliz cumpleaños bellezón!

05 junio 2019

Euphony Chrords of Sovngarde


Era como un bello amanecer en una tierra lejana y desconocida. Pero pronto la realidad se tornó en una pesadilla... 

Era un mundo de oscuridad iluminado por un firmamento de nebulosas y constelaciones. Era tan hermoso que no podía silenciarlo, era tan hermoso como oscuro y siniestro. Y allí se encontraba ella, sola, como la reina de aquel lugar nocturno y distópico. Y allí pertenecía su corazón, vació, cuando todas las brillantes luces dejaban de existir. Apreciaba como sus sentidos se agudizaban bajo el manto de estrellas que la resguardaba del frio invierno que inspiraba algunas de sus obras más místicas. 

Porque esa era la esencia de Sovngarde.

Una fría tempestad de hielo y nieve cubrió el paisaje por un instante de caos. Luego despejó y la reina pudo contemplar las estatuas que custodiaban el reino. Cada una guardaba un relato oculto que jamás se atrevería a ser escrito. Permanecían inmóviles aguardando aquello que nunca ocurriría en su mundo. Y poseían tal oscuridad interior que ni siquiera la reina podría dominarla si algún día escapaba de su frio abrazo de oscuridad.

Porque Sovngarde era indomable. 

Una lluvia de estrellas trajo consigo una visión silenciosa de la imponente belleza de aquel lugar que se extendía por el mismo universo que su hermana gemela. Ambos mundos coexistían y por ambos se movía su reina, inconsciente de que la luz y la oscuridad siempre habían formado aquella hermosa dualidad. La visión había sido revelada al fin. El secreto ya no existía entre ambas. Por fin lo había descubierto, por fin. Paseando por las nebulosas de oscuridad. El viento se arremolinaba a su alrededor en una danza de pigmentos venidos del firmamento que tantas noches la había abrazado con una inspiración hasta entonces desconocida.

Porque Sovngarde no se parecía en nada a Astralia.

Las nebulosas del cielo no existían en el mundo de su hermana gemela de luz. Y sin embargo poseía una belleza oscura que ella jamás tendría ni en sueños. Ambas eran hermosas y poderosas, y su reina las amaba y conocía por igual aunque su existencia luminosa prefería a la oscura que tanta inspiración le otorgaba.

Y así fue como se descubrió la oscura Sovngarde como gemela de Astralia.
Y así fue como su reina caminó entre ambos mundos perdida en la inspiración.


Dedicado a los seres de Sovngarde.

06 mayo 2019

Kingdom Reigns


Y esa era la otra realidad, en los confines de la imaginación y el tiempo, donde solo existíamos para un sueño... 

Un reino místico oculto más allá de las montañas nevadas donde la voluntad de los sueños se hace realidad en lo etéreo. Los cerezos en flor llenaban el aire con sus pétalos rosas en una eterna primavera tan idílica y hermosa como el origen de las estrellas. La armonía se notaba en su ambiente de aromas dulces y en su cielo azul, por el que se movía la isla ingrávida. 

Y la quietud era tan silenciosa que los sueños se perdían, encerrados en la belleza de su serenidad sin un camino traslúcido que los llevara más allá... ... …

¿Qué ocurre sin sueños? … … … Se pierde la esencia … … … Siempre … … ¿Dónde queda la divinidad? … … Muere… … Desaparece... … Se cierran sus portales... …  Astralia… … Sovngarde… … 

Y resurge como las cenizas de un ave fénix que resucita donde ambos mundos se encuentran y su unión crea una aurora rodeada de pétalos y dones que crean ilusiones y los sueños vuelven a conquistar el mundo con su verdad. La iluminación y las sombras siempre han convivido en perfecto equilibrio, pero a veces el equilibrio se rompe... y se desvanece... en un eclipse.

La oscuridad cubrió ambos mundos desdibujando los límites de la realidad... Y la diosa descendió del firmamento... 

Tal vez el Edén era demasiado perfecto para ser un solo mundo... Tal vez el paraíso era la eufonía de dos mundos de contraste donde luz y oscuridad serían reinas del lugar... Aquella noche los elementos de ambas realidades tomaron caminos divergentes jurándose amor eterno en la sensualidad de la imaginación... Astralia y Sovngarde, los mundos de creatividad desde el origen del más allá, donde las quimeras y entelequias del mundo místico primigenio resucitaban a voluntad para regresar a la tierra de los mortales a través del camino traslúcido de la imaginación... 


Dedicado a Tarquin, por su dulzura.

07 marzo 2019

Gothic Tales: The Premature Burial


Cuentan que en la noche... de los tiempos victorianos... en el cementerio... vive un espíritu antiguo. En otra vida... fue un joven artista pobre, cuya existencia se perdió en el misterio del lugar...

Se enamoró de la oscuridad y las constelaciones, y en ese quieto y silencioso lugar plasmó todo su arte. Lienzos y lienzos dibujados en la noche tratando de captar la esencia de la niebla argéntea... Era ajeno a la mirada de la dama sombría que le observaba cada noche mientras esbozaba su arte. Y cómo la conquistaba con cada movimiento de pincel sobre la blancura del lienzo inmaculado divino.

Una noche oscura... la joven se acercó a su artista y trató de hablarle, pero él no respondió y siguió dibujando. La torre de la iglesia, la capilla, el campanario y las tumbas cubiertas de musgo en contraste con las estrellas. Todo en silencio... 

Solo se oían las luciérnagas... 

¿Cuál era el misterio? 
¿Cuál era su misterio? Lo reflejaba su arte... Una cripta... llena con sus familiares. Toda la tristeza contenida en el hermoso lienzo... porque él era el único que había vuelto...
Pintaba afanosamente tratando de capturar la esencia del lugar y poder ser uno con las lejanas constelaciones. Ignoraba su presencia y cuanto bien podía hacerle, pues eran dos criaturas condenadas a la oscuridad.

Una noche sin luna la dama sombría se puso delante del lienzo y el artista la vio en todo su esplendor y la reconoció... Era la dulce muerte que se había llevado a sus seres queridos.

En el cementerio reclamaba su alma para la oscuridad, pero él no quería abandonar este mundo de arte. La soledad era impía y sus lienzos la única forma de preservar el legado de su talento y algún día poder hacerlo eterno.

La dama sombría le concedió su deseo y le abandonó en el limbo entre ambos mundos...
pero volvería...


Dedicado a Rosi, por su vena gótica.

01 enero 2019

The Nightmare in the Maelström

¿Se encontraba en un sueño? La nebulosa que la rodeaba era de una belleza indescriptible. Anaranjada, rosada, con ciertos matices grises y tonalidades que no era capaz de precisar. Veía estrellas brillando azuladas en su interior, y el firmamento negro a través de sus nubes de polvo. ¿Era un lugar donde nacían las estrellas o un cementerio de astros extintos o en proceso de extinción? Su hermosura no dejaba lugar a dudas. Aquel lugar no podía ser el fin.

Miró a su alrededor y su visión remota la llevó a vislumbrar un cinturón de astros. Conocía aquellas estrellas: Alnilam, Mintaka y Alnitak. Se alejó un poco y vio a Betelgeuse, el hombro derecho del cazador. Luego a Bellatrix, su hombro izquierdo. 

Se encontraba en La Gran Nebulosa de Orión.


Abrió los ojos con los dulces rayos del sol. ¿Cuánto tiempo había dormido? La joven se incorporó y el manto que la cubría se deslizó dejando ver sus ropajes cobalto. Se sentía aún como si estuviera en su sueño, en la nebulosa, en el origen de todo... Había leído numerosas leyendas acerca de aquella constelación, como se creía que era el origen de la vida y cómo había sido venerada por las culturas antiguas alrededor del mundo durante miles de años... Según la mitología egipcia, los dioses descendieron del cinturón de Orión y Sirius, la estrella más brillante del firmamento. Orión estaba para ellos vinculado con la creación. Los círculos de piedra tenían una intrincada alineación a las estrellas de la constelación...

Se perdió en sus pensamientos recordando fantásticas leyendas que había leído en antiguos tomos de la biblioteca de su castillo. Por un instante se preguntó qué hacían allí, si sus padres temían la magia. ¿Tal vez simple curiosidad? ¿Algún presente que no pudieron rechazar? ¿O realmente creían..? No, eso era imposible. Habían renegado de ella cuando mostró sus poderes, de modo que odiaban la magia tanto como el resto de mortales. ¿Entonces que hacían aquellos volúmenes en una repisa oculta de su fortaleza?

Sêdnä sacudió la cabeza y se dirigió a la mesa, donde unas apetitosas frutas, pan recién horneado, pastelillos de vivos colores e hidromiel con leche la esperaban. Aquella mujer era un sol, le había dejado el desayuno para cuando despertara. Tomó uno de los pastelillos y lo mordió. Su sabor dulce tenía un toque especial que no era capaz de identificar. 
Miró por la ventana. Los habitantes del pueblo parecían ocupados en sus quehaceres con los huertos, las casas, y todos sonreían felices y aparentemente libres de preocupaciones. Ämsyar… Seguía sin recordar dónde había leído aquel nombre.

Un rato más tarde se sintió lista para acudir a la cita en la estatua de la diosa. Realmente con la luz del sol se parecía a su rostro, aunque el de la joven se le antojaba mucho más hermoso. Acarició con suavidad el amuleto del árbol de la vida de plata que ahora pendía de su cuello. 
La mujer canosa la esperaba al pie de la estatua rodeada de niños. El altar de la efigie estaba cubierto de hermosísimas flores y no pudo evitar sentirse muy halagada. 

- ¡La diosa ha llegado!

El silencio se hizo en el pueblo y todos sus moradores parecieron acudir a las palabras de la señora. Lady Blue guardó silencio.

- ¡Acercaos, no seáis tímida! 

Los habitantes del pueblo se arrodillaron mientras Sêdnä, sonrojada de vergüenza, se aproximaba a la estatua. Algunos arrojaban pétalos a su paso y sonreían emocionados.

 ¡Por fin tenemos a Sêdnä, la bruja de Yör y descendiente de la mismísima diosa de Orión en nuestra aldea!

La joven guardó silencio. ¿Ella, descendiente de la diosa? Eso era imposible.

- Yo solo soy...
- … Una joven humilde de grandes poderes con la que la vida ha sido injusta. Pero los grandes caracteres se forjan en las desgracias. Y tu vida, pequeña, no ha sido nada fácil...

Unas lágrimas errantes afluyeron a los ojos de Lady Blue, que pestañeó. 

- Nuestra joven bruja precisa recuperar la fe y sellar el velo de los muertos -se oyeron algunos gritos ahogados que parecieron entremezclar miedo y emoción. Todos cometemos errores y algunos son fatales, pero la comprensión del más allá es algo indispensable para una bruja de su condición antes de poder viajar astralmente a su realidad -dijo con solemnidad la señora.
- ¿"Viajar astralmente a mi realidad" ? Creo que no os comprendo... -titubeó Sêdnä.
- Tú perteneces a Orión, pequeña -reveló la mujer. Eres una heredera de los dioses primigenios que dieron la vida  a nuestro hogar. Pero sus descendientes ya les han olvidado y muchos han sido malditos en el largo camino de la humanidad...

Sêdnä meditó. ¿Tendría que ver con su sueño? No había visto dioses ni rastro de vida en aquel lugar, solo el vacío de la inmensidad del universo y la belleza de sus estrellas...

- Los Dioses regresarán y nos guiarán en el camino de la magia, para que el poder no sea ostentado solo por unos pocos elegidos y la paz y la sabiduría más pura puedan al fin reinar en este mundo.
- No queda ya nada ahí arriba...

Todos los habitantes de Ämsyar la miraron fijamente, amedrentados. Se oyeron gritos de sorpresa y profundo disgusto. La joven se arrepintió de sus palabras.

- ¿Qué quieres decir, jovencita? -preguntó la anciana, que de repente parecía menos amable.
- Yo... He visitado ese lugar en sueños esta noche y no... No hay nada. Solo estrellas, polvo cósmico y silencio.

El paisaje cambió. Los cielos se nublaron y una lluvia de cristales comenzó a caer sobre Ämsyar. Los niños gritaban asustados y los adultos alzaban los brazos desesperados.

- Has traído la maldición a nuestro pueblo. Nos has traicionado, pequeña bruja del demonio. ¡Nosotros te adoramos desde hace milenios! -gritó la señora, revelando su verdadera apariencia. La piel se le derritió en la cara y mostró un rostro terrible de color cenizo con dientes retorcidos y pelo exiguo de tono verdoso. Las casitas retorcidas del pueblo se oscurecieron y se volvieron malignas, espeluznantes. 
- ¿Cómo puede ser, si apenas paso de la veintena? -respondió Sêdnä, ajena a la lluvia de vidrios que llenaba lentamente las avenidas con la sangre de los Ämsyar.
- ¡Tú nos has traicionado! ¡El linaje maldito de Yör ha venido! ¿¿Por qué nuestros dioses nos han abandonado?? -lloró la horrible mujer tiñendo de rojo su rostro.
- ¡No lo sé, no sé nada! ¡Lo siento! -Sêdna se desesperó e intentó conjurar hechizos que pudieran proteger a los aldeanos pero fue en vano. La lluvia de los cielos de Orión era más poderosa que ella y la tormenta se desató. Los niños perecieron en tremenda agonía y los habitantes del pueblo gritaron su furia contra ella. Lady Blue corrió por las calles huyendo del desastre, pero no podía dejar la blasfemia tras de sí, la acompañaría por siempre. Sus ropajes se rasgaban pero su piel parecía inmune a la caricia de muerte de la lluvia.
- ¡Yo os... maldigo, Diosa... infernal! ¡Que... vuestros pecados... sean... castigados..! -exhaló la mujer con su último aliento. Sêdnä lloraba inconsolable mientras corría hacia las afueras del pueblo cuya perdición había sido solo su culpa. Se dio la vuelta un instante y pudo ver la destrucción de aquel océano que caía de los cielos. Su estatua había caído y se había roto en mil pedazos...


- ¡Gran Diosa!

Sêdnä abrió los ojos. Uno de los niños, el que le había regalado el amuleto, la miraba preocupado y triste. ¿Qué había ocurrido?

- Sois portadora de terribles pesadillas, pequeña... -dijo la señora de cabellos canosos, que cuidaba de la lumbre. Sêdnä comenzaba a entender... ¿Todo había sido un sueño? 
- Yo... -la joven se dio cuenta de que tenía el rostro lleno de lágrimas. Se las limpió y por un momento un escalofrío le recorrió la espalda al ver su tonalidad rojiza. Solo era el fuego. 
- Los espíritus que os acompañan, por bien que quieran haceros, os provocan esos sueños negativos portadores de sendas mentiras...
- ¿Los espíritus que..?

Miró en la estancia y el corazón le dio un vuelco. En una de las sillas, a la mesa, estaba sentada Ödyhn, que parecía más corpórea que nunca.

- La sacerdotisa desea protegeros más allá de lo imaginable, pero vuestros mundos han de permanecer separados hasta que llegue el momento de unirse...

La joven sacerdotisa se sonrojó de forma nacarada sintiéndose culpable.

- Lo siento, mi señora. Me alejaré de vos si así los deseáis, pero eso no alejará las pesadillas. He forjado un lazo con vos que ya no puede ser roto, la magia de la Atlántida tiene ese efecto en los mortales... -se disculpó.
- No pasa nada... Mi culpa, mi error, fue abrir el sello -lamentó Lady Blue- y solo yo merezco ser castigada... Pero no quiero portar mi maldición a nadie más. Debo irme.
- ¡No! -exclamaron varios niños que entraron justo en ese instante por la puerta.
- ¡No nos dejes, diosa!
- ¡Siempre te hemos esperado!

¿Siempre?

La señora se giró, dejó de revolver en el puchero y la miró. Sêdnä pudo ver en sus ojos una sabiduría que no podía ser acumulada ni en mil vidas.

- Nunca podríais hacernos daño, pequeña diosa. Jamás temáis por eso -la tranquilizó- pero si que debemos guiaron en vuestros sueños para que desentrañéis la mentira de la realidad. La bruja de Yör tiene poderes proféticos, pero su negatividad afecta a su juicio. ¿Qué verdad podéis decirme de vuestra pesadilla?

Sêdnä guardó silencio tratando de concentrarse. La única verdad era....

- Orión. La Gran Nebulosa de Orión. La Nebulosa de Mairan y Cabeza de Caballo -dijo segura de sí misma sin ser consciente de que había nombrado cuerpos estelares que no serían descubiertos hasta mucho después.

La señora sonrió complacida.

- Ensis... Debéis percibir la belleza en medio de la oscuridad. ¿Qué más podéis decirme de vuestro auténtico viaje astral?

La joven no quiso decir nada. ¿Se volvería todo tan horrible como en su sueño? No quería que Ämsyar sufriera por sus imperfecciones. Miró a Ödyhn, que no se encontraba en su sueño. No tenía nada que temer.

- Yo... Creo que estoy lista para ir a la estatua -dijo sin saber por qué. La señora sonrió enigmáticamente. 


Dedicado a Sedna, ¡feliz cumpleaños reina!

13 enero 2018

Cohkka


La mansión estaba derruida por dentro, donde solo quedaban miles de recuerdos muertos. Solo los fantasmas del pasado quedaban como testigos de la destrucción que se había producido hacía ya siglos. Pasear por sus estancias era una condena que nunca olvidaría, atada a sus muros oscuros y vacíos de por vida. No tenía sentido luchar contra lo que era inevitable, solo abrazarlo y dejar que la niebla con su beso lo borrase.

¿Pero por qué si era feliz seguía sintiendo la oscuridad? ¿Nunca se libraría de su maldición en su interior?

Luchaba siempre contra una marea inexorable que la arrastraba. Los muros de la mansión sangraban oscuridad que la rodeaba. Su eterna presencia no conocía lo efímero y se arraigaba. Solo había una sentencia justa dentro de su albedrío, bailar junto a ella por siempre sin caer en el abismo.

Nunca caería en el abismo de la oscuridad, había aprendido a bailar y dejarlo pasar. 

Las puertas de la mansión se cerraron y la poca luz que había se extinguió. ¿Y a ella qué le importaba si brillaba con luz propia? No temía aquella sensación tan opresiva que la ahogaba. Había aprendido que la mansión era una parte de su realidad.

La locura se cernía sobre ella constantemente como un animal salvaje que controlaba sus impulsos. 

Caminar en el abismo de aquella mansión era algo natural para ella, que no temía su oscuridad tan conocida y a la vez desesperante. El océano vesánico y el rumor de sus olas eran su melodía particular en la subjetividad del sufrimiento que cada uno esconde. Pero aquello ya no la atormentaba porque conocía la mansión a la perfección y sus escondrijos. Su interior se convertía en un inmenso espacio de creatividad. La oscuridad se convertía en exquisitas composiciones. No había motivo para temer lo que era parte de su genio creador aunque fuese algo que podría destruirla con el tiempo en su mansión de tortura.
Las pesadillas son parte de los sueños que moran en nuestro interior. Los artistas viven atormentados en su océano de oscuridad. Y aquella mansión representaba todo lo que odiaba de si misma y le permitía ser un ser creativo con un don para la escritura.

Destruir aquella mansión sería destruir su esencia y liberarse para siempre del dolor, pero no podía acabar con lo que amaba solo para no volver a ser torturada por su propia mente. Vivía la maldición de los genios condenados a existir en la oscuridad sacrificados a su mácula que los convertía en dioses...


Dedicado a los seres de Astralia. 

01 enero 2018

The Girl and The Dreamcatcher

La luna brillaba en el firmamento dándole un aire de espectral belleza nacarada. La noche era fría y estaba despejada, pero el miedo le impedía ver a su alrededor. La sensación horrible que oprimía su pecho era una tortura de la que no podía escapar, y cuánto más pensaba en ella, más fuerte y angustiosa se tornaba en su interior. 
Sêdnä se arrebujó en su túnica aterciopelada de color azul cobalto. Templanza, sabiduría, virginidad, piedad, el cielo... Aquellas palabras no tenían ningún significado en ese instante, aquella dulce tonalidad no la hacía sentir mejor. Caminó hacia el pueblo más cercano en busca de refugio. Ella, la que anhelaba la soledad, la temía más que nunca.


Un pueblecito de casitas retorcidas le dio la bienvenida en la oscura noche, poco antes de los primeros rayos de sol del amanecer. No sabía hacia dónde ir, se sentía perdida, y era algo poco habitual en ella. Por no decir inusual. Caminar toda la noche la había dejado extenuada, ella, que adoraba el frío aire nocturno y no dormir. ¿Tanto habían consumido y cambiado los espíritus su alma?
No había nadie en derredor, el pueblo dormía. Ninguna luz en las casas, solo alguna chimenea iluminando el hogar. Ningún ser vivo al que pedir compañía, solo el lejano aullido de algunos lobos. La soledad perpetua que siempre la custodiaba. 

No se había dado cuenta de lo mucho que había avanzado entre las callejuelas de piedra hasta que vio una estatua que la dejó boquiabierta. En ella podía verse a una joven bellísima que parecía una diosa rodeada de magia. Al pie de la figura había unas palabras:

"Sêdnä, la bruja de Yör, 
poderes ocultos en su corazón"

Ya sabía que era venerada, pero no que su culto se extendiera tantas leguas. La figura no la representaba de todos modos, aquella joven era demasiado hermosa, sus ojos más grandes que los suyos y sonreía feliz. Y ella ya casi nunca sonreía...

La luz del amanecer iluminó su rostro tenuemente y la joven cerró los ojos. Estaba tan cansada...


Cuando abrió los ojos se encontraba recostada mirando a la estatua cubierta con su capucha y rodeada de niños pequeños que exhalaban pequeños grititos de emoción.

- ¡Mirad, mirad, se mueve!
- ¡No la asustéis!
- ¿La conocemos?
- ¡Mirad, mirad!

La joven se dio la vuelta con suavidad y se incorporó mientras la capucha se deslizaba por sus oscuros cabellos.

- ¡Ooh! ¡Es guapísima!

A Lady Blue se le escapó una sonrisa tímida. Qué dulces parecían.

- ¿Quién eres?
- ¡Es la diosa!
- ¡Es como una diosa!
- ¡Busquémosle unas flores!
- Niños, no la agobiéis, estará muerta de hambre...

Una señora de canosos cabellos castaños y ojos vivos que se le antojó muy simpática se agachó y le ofreció un poco de pan con miel y agua.

- No es gran cosa pero espero que te guste, es néctar de nuestras mejores flores, te ayudará a recuperar energías.

Algo en su tono de voz le hizo confiar en ella y tomó lo que le ofrecía. Estaba delicioso.

- Muchas gracias...
- Estarás helada. Ven a calentarte a la lumbre -dijo la mujer dándole la mano. Los ojos de Lady Blue se llenaron de lágrimas. Había olvidado lo que era la amabilidad.
- No llores, aquí estás a salvo.


Sêdnä se sentó en un pequeño taburete y se quitó la capa. Su vestido azul oscuro, al igual que su manto, estaban húmedos por el rocío nocturno. Le encantaba sentir la cálida sensación que le aportaba el fuego. Miró un poco a su alrededor y pudo ver muchas hierbas secas en tarros, calderos y libros polvorientos. Un altar con un pentagrama adornado con ramas, flores secas y flores azuladas y un símbolo con el árbol de la vida llamó su atención. Parecía el hogar de una practicante de Wicca.

- Espero que no te moleste, querida -dijo la señora ofreciéndole una infusión- Nuestras creencias son primordiales para nosotros y la naturaleza de las mismas no siempre es bien recibida... Muchos no entienden.

Qué le iba a decir a ella.

- Lo se, yo también respeto el culto -respondió la joven. La mujer la miró fijamente y sonrió complacida.
- Lo suponía. Tienes una mirada mágica y pura, tenías que ser de un linaje de poderosas brujas.

La joven, que en ese instante estaba bebiendo un sorbo de su cuenco, se atragantó. 

- ¡No te preocupes! -exclamó la mujer riendo- En este pueblo somos muy abiertos con la magia, no tememos su poder como esos incultos forasteros...
- ¿De verdad? -preguntó Sêdnä con los ojos brillantes.
- Pocos son los que poseen poderes reales en este lugar... pero se admira a los elegidos por los dioses para tener dones. 

Cada vez se sentía más a gusto en ese pueblecito.

- ¿Y qué sitio es este? ¿Dónde estamos?

La mujer sonrió.

- Ämsyar, el pueblo que viene y va, no tiene un lugar concreto en el que reposar -respondió misteriosamente.
- Ämsyar...

Le sonaba aquel nombre, pero no podía recordar de qué.

- Cuenta la leyenda que Ämsyar fue fundada por unos caballeros Luminarios -comenzó la mujer como si leyera sus pensamientos- en una época indeterminada muchos siglos atrás. Cuando la magia pura...
- ... reinaba por doquier. No ocultaban sus dones... 
- ... ni los temían. Exacto. Conoces la leyenda, por lo que veo...
- Si, se contaba en... mi pueblo. Pero allí no... No les gusta la magia. No existen las brujas...
- Excepto tu.

La joven se estremeció y se guareció tras el cuenco, fingiendo que bebía.

- Yo no...
- Tú no debes negarlo más. Ya has sufrido bastante.

Sêdnä la miró fijamente con un deje de tristeza. 

- No sé de qué me habláis...
- Tú eres...

Un grupo de niños irrumpió en la estancia con un montón de preciosas flores, tan bellas que casi parecían irreales. Muchas de ellas ni siquiera era capaz de reconocerlas.

- ¡Toma, Gran Diosa! ¡Es para ti! -exclamó emocionado uno de los niños dejando en su regazo un amuleto con el árbol de la vida tallado a mano en plata. Lady Blue lo tomó en sus manos y lo hizo brillar moviéndolo cerca del fuego.
- Gracias... pero no soy una diosa. No me lo merezco -dijo tendiéndoselo de vuelta.
- ¡Es un regalo! No lo rechaces... -pidió una niña de bucles dorados con un puchero. La joven rio y se lo anudó al cuello.
- ¡La diosa está guapísima! ¡Qué suerte que nos haya visitado! -exclamó otro de los niños. Ella solo se sonrojó.
- Dejadnos a solas un momento, pequeños. La diosa debe recuperar la memoria antes de mostrarse al mundo tal y como es.
- ¡Bella y poderosa! -dijeron ellos con alegría.
- ¡Así es! ¡Vamos, vamos! ¡Coged uno de los dulces de mandrágora cuando salgáis, lo estáis deseando! -ofreció la mujer entre risas.

Sêdnä se sentía arropada por todo el cariño que se demostraban unos a otros y pudo ver a un grupo de curiosos mirando al interior de la casa desde la puerta abierta. Cuando les devolvió la mirada parecieron muy alegres y halagados. Volvió a sonreír con sinceridad.

- ¿Por qué creéis que soy especial? Solo soy una joven perdida... buscando su lugar... -murmuró para sí.
- Eres más que eso, realmente eres especial -corroboró la mujer mientras cerraba la puerta- Eres Sêdnä, la bruja de Yör.

Por una vez en mucho tiempo no le molestó que se refiriesen a ella por su nombre terrenal.

- Yo... no lo soy... Solo... Quizá me parezco un poco... -trató de justificarse.
- Ojos verdes, pelo oscuro, grandiosos dones y poderes. Más allá de lo imaginable. Pero has jugado con lo prohibido, pequeña, porque te han impuesto una soledad a la que no debías estar destinada.

La joven guardó silencio sintiéndose culpable.

- El velo nunca debió rasgarse pero nadie te culpa por tu atrevimiento. Eres sabia -dijo ignorando la mueca de dolor de Sêdnä- y debes enmendar tu error. Nosotros, con nuestra fuerza, te ayudaremos si nos lo permites, pequeña diosa.

Lady Blue no sabía qué decir.

- Te esperaremos junto a la estatua cuando estés preparada. Ahora, pequeña diosa, debes descansar. Tu dolor aquí no tiene lugar.

Sêdnä sintió que se le cerraban los ojos y caía en un mullido colchón dormida. 



Dedicado a Sedna, ¡feliz cumpleaños guapísima!

19 septiembre 2017

Eve of Destruction


¿Nunca creíste que podría ser tan fuerte?

La Providencia se encontraba en la Oscuridad inmóvil con los ojos cerrados. Diferentes puntos de luz comenzaron a brillar en su mundo ciego y ominoso rompiendo el silencio. 

Una tormenta de luces de colores envolvió la oscuridad que manaba ocultando la sangre que yacía a los pies de su trono de piedra. La Emperatriz del Destino se deslizó entre el licor carmesí con sus ojos ciegos. Las espinas y las rosas que cubrían su cuerpo se teñían con el elixir de vida. Unos lazos rojos emergieron del azabache y se enlazaron en sus muñecas, brazos, cuello y cintura tratando de detener su marcha inexorable en vano: las rompió en un solo movimiento. 

La Princesa del Porvenir era insondable y sus designios silenciosos. Su abrazo de oscuridad lo temía incluso la muerte. Por ello caminaba con libertad y de cuando en cuando abandonaba su reino para unirse a los mortales en su danza macabra. Atravesó el umbral entre la vida y la muerte y fue elegida de Dios como la mujer originaria que daría vida a sus descendientes. Durante un tiempo fue su esclava, su hija más querida, la única que jamás le traicionaría y le amaría hasta el fin de la eternidad.

Y un día oscuro se rebeló contra su creador. El paraíso ya no florecía y la reina extinguió su luz. La serpiente fue su aliada y ella su perdición. Qué ocultaba su corazón nunca lo supieron.

El Jardín del Edén se oscureció cuando ella tomó la manzana entre sus manos y la arrancó de su árbol de sabiduría. Sus encantos hicieron sucumbir a su amor en el paraíso, aunque ella no amaba a nadie pues su corazón era frío como el hielo. Él, cautivado, mordió la fruta prohibida sellando su destino fatal en las sombras sin que ella revelase que siempre había estado allí para destruirles.

La Reina Tenebrosa abandonó el paraíso cubierta de rosas y espinas, que hacían sangrar su piel en castigo por su implacable belleza y rebeldía. Ella solo sonreía, porque el destino escogido por su estirpe era maligno, engañoso, más allá de lo que los seres divinos de cualquier época podían visionar. Eligió ser desterrada de la historia, en un mundo caótico en el que los seres carecían de moral y merecían el mal que buscaban en los rincones más oscuros de sus mentes para torturarse. Solo era un fragmento de ese Edén perdido en el que sueñan los que viven en la pesadilla, y sería su Reina durante la Oscuridad a la que regresó para cerrar los ojos mientras su historia se escribía.

Y no se olvidaría jamás el nombre de Eva.


Dedicado a Lucía, por su dulzura y genio vivo. 

11 septiembre 2017

Virgo Serena


Sus ojos acechantes, su mirada insondable,
su naturaleza sombría, su poder inimaginable...

La oscuridad reclamaba a su reina en el inframundo... Su aura pura sombra del edén oscuro... Las puertas del paraíso relegadas al olvido por ella... Su destino en la tierra sellado junto a la oscuridad de la noche eterna...

El abismo de su seductora belleza sería la perdición de los hombres, que caerían rendidos a sus oscuros encantos y perderían sus almas en el tártaro. El jardín de los miedos sería su morada hasta el fin de los tiempos, entregados a su cuerpo en sacrificio por la voluntad de regresar al elíseo del destierro... 

Dulce Virgo Serena,
a ti entrego mi espíritu por mil años torturado. 


Dedicado a Sedna, reina gótica eterna. 

16 junio 2017

Dawn & Shadows (II)

Juntas regresaron a los campos verdes... El sol iluminaba el círculo de piedras que sería testigo del ritual... Luz y oscuridad se unirían para siempre y solo una reinaría... Viajarían al pasado para enterrarlo y no volver a errar su destino, perdido en el silencio... Solo el cosmos y sus misterios ancestrales recordarían lo que fue y no volvería a ser jamás...

La joven de oscuridad penetró en el círculo con su melena ondeando y miró las piedras, que le recordaban a sus propios pensamientos. El sol brillaba pero no la iluminaba, porque su espíritu se había vuelto oscuro y opaco, negativo desde el abismo que la rodeaba sin que supiera cómo ni por qué había querido consumir sus fuerzas... Y así se había convertido en una criatura vacía y sin vida, condenada en la niebla... Y aún así, al final de todo, sabía que existía una puerta en aquel laberinto de perdición, la veía en los ojos vivos y brillantes de su gemela de luz... La otra joven penetró a su vez en el círculo, brillando con la luz solar como un ángel celestial. Quería salvar a su hermana de la oscuridad y la noche que se habían apoderado de su ser. Tomó su fría mano y le sonrió con confianza mientras la otra la miraba con ojos vacíos. Su luz penetró a raudales en el interior de la oscuridad y con el poder de las piedras la negatividad comenzó a alejarse como hilos negros de su gemela, liberando su espíritu al fin de todo aquello que la atormentaba...

Por un instante se contemplaron a los ojos como en un espejo, como dos esfinges llenas de poder y sabiduría a las que el mundo había otorgado la bellísima oportunidad de reinar juntas en perfecto equilibrio... No existía el bien ni el mal, solo el cambio. Y juntas habían decidido que la luz sería su camino y el monasterio su lugar de recogimiento cuando necesitaran silencio y unos sabios que guiaran su senda si esta se oscurecía por cualquier razón que escapara a su voluntad...

Abrió los ojos ante el altar y ya no vio a la joven de oscuridad, a aquel cadáver que simbolizaba su descenso a la oscuridad. Yacía en su interior, oculto, con la esperanza de que el olvido se apoderara de ella para no volver jamás con su tenebrosidad desde el silencio...

The end

09 junio 2017

Dawn & Shadows (I)

El lugar era místico... luz... El misterio más allá... luz... El tiempo y el espacio no tenían significado... Solo existía esa serena luz... por fin...

La luminosidad descendió ligeramente y comenzó a escuchar unos cánticos llenos de dulzura... Provenían de un altar dedicado a una joven hermosa que yacía con los ojos cerrados en aquel lugar sagrado perdiendo su espíritu... Emanaba una oscuridad que no parecía pertenecerle en absoluto, reina de luz, y aquellos sabios pretendían desterrarla junto a los demonios que la asolaban desde las tinieblas...
El lugar se llenó de luz y las espirales de iluminación comenzaron a penetrar en su cuerpo mientras la oscuridad brotaba de ella como el veneno que había estado matando su espíritu sin que se percatase de su negatividad... La luz profundizaba delicadamente en su efímera oscuridad hasta su espíritu. Los sabios entonaban sus cánticos de esperanza atrayendo a la lucidez y la claridad a sus ojos vacíos, que se habían abierto y aún veían sin mirar... El abismo había sido tan profundo que sus ojos ciegos temían a la visión de un mundo al que ya no sabían si pertenecían ni si tenían voluntad de regresar... Sintió compasión por ella, su espíritu de fuego se consumía sin razón. Tocó su mejilla y entonces vio unos recuerdos. En una colina verde aquella joven de mirada perdida y vacía la miraba fijamente... Su silueta era oscura y su pelo ondeaba con la brisa del mar. La otra joven que la contemplaba derramó lágrimas al verse en aquel estado. No entendía cómo se había perdido en aquel mundo terrible, en aquel lugar donde no brillaba... Los sabios atraían la luz... Las jóvenes se miraron mutamente y escucharon sus voces que eran el génesis de la armonía y el equilibrio entre dos mundos opuestos a los que ambas pertenecían y de los que no podían huir.

La joven de luz dejó de acariciar la mejilla de la joven de oscuridad. Esta la miró con sus ojos vacíos y se reflejó en ella. Era iguales, los dos rostros de una misma verdad, terrible y hermosa. No podrían convivir hasta que una de las dos dejase reinar a la otra y la luz no quería ceder a la noche eterna que prometían los ojos de su igual, uniéndose de esta forma a los sabios en silencio...  La joven de oscuridad se rindió y tendió la mano a su gemela... La luz tomó su mano y quedó por un instante en trance fija en el tiempo... Las voces de los sabios profetizaron con sus cánticos que ambas caminarían por la oscuridad antes de vencer la luz en la eterna lucha contra su gemela inmortal...


End part I

06 febrero 2017

Dunwich Macabre

El agua del mar entraba a raudales en la cueva y se deslizaba por sus muros de piedra oscureciéndolos mientras la tormenta creaba una atmósfera tenebrosa en aquel día grisáceo en el cual la ermitaña contemplaba el océano... Deseaba que sus aguas plomizas se llevasen la oscuridad que portaba su corazón, que la hundía en lo más tenebroso de su ser... Se sentía como una suerte de criatura maldita por la soledad y el miedo, que no querían apartarla de su lado... Ambos la requerían para sus diabólicos rituales, en los que su espíritu se perdía en la oscuridad de lo incognoscible... No recordaba la luz del sol ni las melodías de la naturaleza... Solo la tormenta, los rayos y el agua que se deslizaba sempiterna por los muros de piedra obnubilando sus sentidos abandonándola en las tinieblas... La lluvia se unía a las aguas del mar con su dulce caricia mientras éstas, saladas, acababan con su pureza en el ciclo eterno... A veces se sentía como el agua, movida por fuerzas omnipotentes en un inmenso oleaje interno... Y sin embargo permanecía allí, estancada, contemplando el océano sin moverse...

La tormenta arreciaba por momentos, así como por instantes el viento quería llevarla al interior de la cueva y descubrir los horrores que en ella se ocultaban... Temía encontrarse a sí misma y no poder volver jamás, perdida en la oscuridad de sus pensamientos en el océano de su existencia, en la maldición que todos portamos en nuestro interior y de la que no podemos ocultarnos sin acabar olvidando nuestros recuerdos...

Y entonces algo cambió en el ambiente... El viento procedía del interior de la cueva y quería arrastrarla en su terrorífico abrazo... Miró al océano por última vez... y sin pensarlo se dejó llevar por la cueva, por el agua que se deslizaba sin cesar por sus muros de piedra, que desprendían un misterioso atractivo ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la penumbra de su interior...
Hacía frío y el aire se helaba... El viento la arrastraba por los laberínticos corredores y las galerías de roca gris oscuro... Su espíritu se perdía en las tinieblas y la lluvia, cuya tormenta reflejaba su propia tormenta interior, que nunca olvidaba que el silencio de la soledad y el miedo la querían para sí, para no volver a sentirse solos jamás. Y junto a ellos proseguía el camino hacia la profundidad de la cueva, en la que el agua no dejaba de fluir, hasta que vio cómo los muros se iluminaban en la oscuridad brillando con una luz angelical e indescriptible que jamás había visto en su mundo de tinieblas en el que solo reinaba aquella tormenta. Las voces de las sacerdotisas, que hacían eco en los muros de piedra olvidados, eran tan antiguas como el espíritu que en ella habitaba desde hacía una eternidad... Un espíritu fuerte y hermoso, capaz de iluminar la oscuridad más profunda y brillar en la tormenta más tenebrosa, como un rayo de esperanza en un mundo único y cruel destinado a la muerte, donde la lluvia y las aguas nos transportan al subconsciente, al corazón de la cueva que se encuentra en nuestro interior... Las voces de las sacerdotisas le recordaron su propia fortaleza espiritual, que nunca debía rendirse por fuerte que la tormenta se presentase, pues formaba parte de ella y su existencia y nunca podría escapar de su abrazo de oscuridad... Las sacerdotisas prosiguieron entonando sus dulces cánticos y aunque no podía verlas sentía su caricia, que se unía a la de la tormenta y las aguas en aquel lugar de luz que tanto había temido encontrar y que no estaba maldito como todo aquello que conocía en el exterior de la cueva, corrompido por la malignidad del océano de mentiras y las tinieblas de la esencia... Ya apenas podía sentir el agua y el eco de la tormenta, que la había olvidado liberándola de su encierro maldito mientras las voces de las sacerdotisas se convertían en lo único que podía oír en el lugar... Sus espíritus la reclamaron a su lado para no volver a la tormenta, para que la soledad y el miedo no volvieran a ser parte de su existencia, para que el océano y sus aguas no la encontrasen nunca más... Y se rindió a su frío abrazo dejando que sus enemigos y demonios interiores acabasen con su esencia...


Dedicado a los que sienten su oscuridad. 

01 enero 2017

Heartgram

Tras dibujar el círculo de tiza delineó en su interior un pentáculo con forma de corazón. En cada punta dispuso velas de diferentes colores: negro, púrpura, azul, amarillo y blanco. Con un suspiro, las encendió con sus poderes dejando que sus llamas fuesen la única fuente de luz en la estancia, de modo que extinguió el fuego de las antorchas que la iluminaban. La luna creciente brillaba tenuemente a través de las vidrieras rotas y pudo sentir cómo los espíritus del castillo se removían inquietos. No querían regresar a su mundo...

Una figura de una bella joven apareció ante sí mirándola con sus ojos oscuros.

- ¿Requerís ayuda, mi señora? -preguntó amablemente.
- Ödyhn...
- Los dioses quieren que selléis el velo... Cada vez tenemos más poder y no todas las ánimas que vagan por vuestro castillo son buenas... -dijo con un escalofrío.
- Yo no he invocado a seres malignos... -respondió a su vez Lady Blue.
- No precisan ser invocados, pueden atravesar los mundos con libertad... No cerréis los ojos, mi señora...

Lady Blue dejó fluir su visión remota y entendió. Los espíritus comenzaban a tener demasiado poder y no sería capaz de unirlos a su aquelarre bajo su voluntad porque algunos no lo deseaban. Y sin revelar su secreto...

- Vuestra soledad escogida no debería haberos llevado a rasgar el velo, con todos mis respetos, mi señora... -musitó tímidamente la joven acariciando el cristal de su cuello.
- No temo a la soledad -mintió Lady Blue- y yo no la he elegido, ella me eligió a mi. Soy la reina de este lugar porque ellos me maldijeron por ser diferente, especial, única... -murmuró pensando en las gentes del pueblo.
- No podemos permanecer en este mundo por más tiempo porque nuestros caminos se difuminan... Deseamos regresar al pasado que no existe, a un presente que no nos pertenece... Nuestras mentes quieren volver pero no encontramos nuestros anhelos y... -volvió a acariciar el cristal, esta vez con más fuerza.
- No digáis más. Lo entiendo.
- Yo desearía quedarme con vos... -susurró la joven acariciándole la mejilla con su mano nacarada. Sêdnä sintió frío y cómo los dedos de la joven se deslizaban por su piel. Aquello no podía ocurrir o...

Dejándola a un lado, fue en busca de un cofre que tenía en la sala lleno de especias, flores secas y abalorios de diferentes piedras. Los puso en los lugares adecuados del círculo mientras el espíritu permanecía flotando inmóvil en el aire y se volvía más corpóreo por momentos.

- Tan solo un instante en la eternidad... -susurró Ödyhn.

La joven se perdía en su visión remota contemplando las estancias del castillo. Templarios alzando sus espadas contra paganos, alquimistas buscando ungüentos y pócimas con las que hacer sus experimentos, damas cortejando con apuestos príncipes antiguos, escritores moviendo sus plumas frenéticamente tratando de captar la esencia de los muros en pergaminos imaginarios... Los ecos de las melodías de los bardos y las voces de las sacerdotisas con sus cánticos en lenguas olvidadas hacían que sus pensamientos vagaran hacia aquella joven que la miraba mientras trataba de armonizar todos los elementos para el ritual.

Cuando lo tuvo todo dispuesto se situó en el centro del círculo, del universo, y cerró los ojos. La bruma nacarada del castillo se quedó inmóvil por un instante para después fluir hacia la reina desde todos los rincones. La joven cerró las puerta de su mente y se concentró en las letanías del pergamino.

- Ëryal nünive âlmae synx; ëryal nünive âlmao synx; ëryal nünive älmae synxt...
- Sêdnä... -susurró Ödyhn.

La estancia comenzó a desdibujarse y unas puertas de cristal de bruma aparecieron ante sí. La niebla nacarada se encontraba ahora en la sala del trono y trataba de penetrar en el pentáculo sin lograrlo. Ella era más fuerte que los espíritus, reina gótica del castillo de las ánimas, no podían hacer nada porque ella les había invocado...

- ¡Ëryal nünive âpturiam súnem, ëryal nüniva fyxuriäm hömen!

Las puertas del más allá se abrieron y Lady Blue permaneció con los ojos cerrados, pues ningún mortal, ni siquiera ella, tenía el poder para mirar en su interior sin perderse para siempre. Percibía sus auras y cómo entraban por las puertas, algunos en contra de su voluntad. Seres malignos que jamás debieron pasear por su mundo. Algunos trataban de resistirse y dañarla, pero estaba a salvo dentro de pentáculo y no escuchaba sus voces y susurros amenazantes. No les temía.

Las puertas se cerraron, y se desvanecieron en el aire. Lo supo porque ya no podía sentir sus espíritus y la soledad y el silencio se habían adueñado del castillo.

Lady Blue suspiró. Quería saber más, hablar con ellos, pero rasgar el velo había sido una auténtica locura. Que ambos mundos se tocaran y se encontraran tan cerca solo podía ocurrir en Samhain, y ella había desafiado a las leyes de la vida y la muerte... Recogió el pergamino y lo leyó. Realmente le extrañaba que hubiera sido tan sencillo sellar el velo... Miró las palabras y a su alrededor. El vacío se había apoderado de todo, incluso de ella...

Sin que lo esperara, su cuerpo quedó inmóvil, como poseído por una extraña fuerza. No sabía describir la sensación de frío y calidez que se extendía en su interior y abrió la boca en un grito silencioso. De ella salió una niebla nacarada que tomó una forma plenamente corpórea.

- ¡Ödyhn! -exclamó la reina con un deje de terror en su voz.

- No es tan fácil sellar el velo, mi señora... os lo advertí... no todos los espíritus que vagan por su castillo son puros y yo me he quedado para protegeros y guiaros desde vuestro corazón...

- ¿Qué..?

Antes de que pudiera hacer nada, una bruma nacarada comenzó a extenderse desde el suelo por grietas invisibles que se resquebrajaron hacia las paredes y el techo. Los espíritus vengativos había regresado de su encierro en el más allá.


Dedicado a Sedna, ¡feliz cumpleaños guapísima!

08 febrero 2016

Venom & Poison










Las luciérnagas brillaban en la penumbra de aquel lugar maldito. 

...

...Ambos negros como la noche... Uno de ellos se encontraba en mi hombro... el otro caminó por mi muñeca... hasta que alcanzó la palma de mi mano. Clavó su aguijón con fuerza... y no pude hacer más que sonreír... Su veneno fluía por mi interior desde hacía tanto tiempo... Una lluvia de manzanas rojas como la sangre... que se derramaba gota a gota por mis dedos... hizo que me diera cuenta de que sostenía una manzana rojo carmesí en la mano izquierda... Junté el escorpión de mi mano derecha... que acariciaba un precioso anillo de plata... cuyos brillantes relucían a la luz del sol... que comenzaba a atravesar los muros de aquel lugar sin fronteras... con la manzana de mi mano izquierda. Miré al escorpión de mi hombro... y comencé a reír de forma alegre, ligera... siniestra, eufórica...

...

La oscuridad... Esa eterna oscuridad... Había dejado mis ojos ciegos... sin la visión... Solo negrura a mi alrededor... Opresiva, inconstante, voluble... Sentía presencias... y a la vez... no sentía nada. Sentía el fuego azabache... con sus lenguas de llamas... corroer todo lo que rodeaba la nada... el todo... Ya había existido una vez... Podía volver... a la vida... Nunca había dejado de existir... realmente... No en mi interior... Una manzana rojo rubí rodó en la oscuridad...

...

Corrían lágrimas de sangre por sus mejillas... Los miles de escorpiones que paseaban a su alrededor eran testigos de ello...
...

Las luciérnagas... brillaban... en la penumbra... de aquel lugar maldito... mientras sus ojos se apagaban... y la visión regresaba...



Dedicado a Dani, por nuestra vuelta a Astralia.