28 diciembre 2016

The cry of the wolf

Orav esperó ilusionado intentando no dar saltitos de emoción. ¡Por fin se volvería el gran guerrero brujo de la aldea!

Hacía frío, ya llevaba varios minutos esperando y nada. Seguía siendo un niño. Cogió una rama, trató de usarla de varita mágica y nada. Nada de nada. Estornudó.

- ¡Me ha engañado! ¡Me he engañado! ¿Cómo puedo ser tan idiota conmigo mismo? Seguro que el Orav mayor sabía que me tomaría la poción cuando no debía y por eso me dio un licor o cualquier otra tontería...  Bueno, licor no, no me siento borracho... -gritó frustrado y a punto de tener una pataleta- ¡Me largo a mi casa!

El niño se marchó tan enfadado que ni siquiera se acordaba del lobo que merodeaba por los alrededores. Unos grandes ojos ambarinos que le observaban, en cambio, si se acordaban de él. El lobo siguió sigilosamente al niño hasta llegar a un claro en el bosque y cuando se cercioró de que no había nadie, gruñó.
Orav se dio la vuelta y pegó un respingo. Otra vez aquel lobo enorme. Ante su sorpresa, el lobo se le acercó lentamente y se encogió sobre sí mismo para dar paso a un hombre de gran estatura con una capa morada brillante, unos pantalones verdes muy llamativos y una especie de casaca roja. Parecía un mago de los que venían a la aldea a hacer trucos...

- ¡Hola, hola, hola, pequeño Orav! ¡Te esperaba!

Orav no sabía qué decir así que guardó silencio.

- Disculpa mi porte, voy de incógnito.

El pequeño entrecerró los ojos.

- Me refiero que llevo unos cuantos meses vagando por los bosques en busca de magia oscura para erradicarla y no he tenido mucho tiempo para hacerme con ropajes... he ido cogiendo de aquí y de allá lo que necesitaba. Y menos mal que he ido perfeccionando mis transformaciones para no aparecer desnudo, jajaja...
- Vaaale... -le dio la razón Orav como a los locos.
- Mira esto.

El hombre extraño, cuyos ojos eran grandes y ambarinos también en su forma humana, le hizo una fantástica demostración de magia y lucha. Orav se quedó fascinado y por primera vez sintió respeto por él.

- ¿Te has tomado la poción, eh? Siempre fuiste un niño muy díscolo... Suerte que cuando te la di por primera vez ya eras mayor y conociéndote no me fié de ti y la destilé de manera que solo te diera el poder una vez alcanzaras la madurez física y mental adecuadas...
- ¡Oye! ¡eso es trampa!

El hombre soltó una carcajada y el niño se enfurruñó aún más.

- Me llamo Thÿowin y puedo ser tu maestro si me aceptas. Soy un noble guerrero versado en el arte de la guerra y pertenezco al pueblo, aunque suelo ausentarme por lo que ya te he contado y espero que mantengas en secreto. Tu madre es una mujer de carácter, no se opondrá a que seas guerrero...
- ... pero es mejor que no conozca lo de la magia, sí. No quiero que me riña.
- Jajaja, ¡así es! ¿Entonces querrás ser mi discípulo?

Orav meditó por unos instantes. Conocía a la gente del pueblo y no conectaba especialmente con ninguno de los guerreros... Todos le miraban como si fuera demasiado joven, pero este hombre estaba dispuesto a aceptarle como aprendiz, así que suponía que no le quedaba otra... Y parecía simpático...

- Vale. Sí, señor.
- Muy bien, pues tengo tu primera misión. No quiero aparecer así en la aldea, de modo que búscame algún ropaje digno de un guerrero que viene de luchar contra las fuerzas del mal. O al menos algo decente. No quiero ir a hablar con tu madre con este aspecto...
- ¿En serio? Está bien...

Solo porque era un lobo, que si no... ¿Habría más como él?

Orav iba sumido en sus pensamientos y decidió robar algo de ropa al herrero. Unos ropajes marrones serían adecuados y el hijo de aquel hombre parecía tener una talla semejante a Thÿowin. Cuando volvió al bosque su maestro se cambió y al punto pareció una persona muy diferente, distinguida y versada en el noble arte de la guerra.

- Así está mejor... Ahora, vamos a tu casa. ¡Aunque primero pasaré a saludar a mis parientes!


Tras la alegría de su familia por el reencuentro y una opípara merienda de la que Orav insistía en escapar porque al fin y al cabo se había escabullido de casa y su madre ya estaría echándole de menos y pestes, por fin fueron hasta su casa.

- Mi madre me va a regañar...-se lamentó.
- ¡No te preocupes, yo me encargo! -le animó Thÿowin.
- ¡Orav! ¿¿Dónde te habías metido?? ¡Escaparte de casa sin decir nada!
- ¡Señora, que bella está usted..!
- ¡No me vengas con paparruchas, Thÿowin! ¡Meses y meses lejos de la aldea y luego vuelves como si nada y secuestras a mi hijo!

Orav no entendía el valor de su madre para hablarle así a un guerrero que sabía que había matado a enemigos en la guerra... ¡A ver si tenía que ser su aprendiz!

- No he secuestr...
- ¡No me interrumpas! ¿Cómo estás, hijo? ¡Llevas meses fuera! -exclamó preocupada y mirando al joven por todas partes para comprobar si tenía alguna herida o cicatriz.

Después de hablar por un rato y explicarle que tenía interés en educar a su hijo, su madre, para sorpresa de Orav, aceptó. Luego dijo que sería una buena forma de meterle en cintura y quitarle los pájaros de la cabeza y Orav comprendió.

- ¡Muy bien! Pues tu instrucción comenzará mañana al amanecer, antes de la escuela.
- ¿Tendré que madrugar? -gimió el niño.
- ¡Los enemigos no descansan! -rió su madre mientras él volvía a enfurruñarse.


A la mañana siguiente, cuando los rayos del sol aún no habían despuntado porque el día volvía a ser nublado, Orav se reunió con Thÿowin, que tenía algunas ramas preparadas para enseñarle a usar la espada, un pequeño arco para practicar puntería y varias dianas y un amplio espacio en la cuadra para poder simular luchas.

- ¿Aquí... vamos a practicar? -preguntó Orav dubitativo mirando los caballos que relinchaban y las gallinas correteando por el corral.
- Bueno, es invierno y hace frío, cuando despeje practicaremos fuera junto al resto de discípulos y maestros. De momento este sitio está bien. Mi familia es humilde...
- "No te dejes seducir por el oro ni las riquezas" -recordó que había dicho su yo mayor. Pero entre eso y una cuadra...
- ¿En qué piensas? -preguntó Thÿowin, curioso.
- Nada, nada... estoy listo para empezar.
- Muy bien. Pues siéntante -invitó el guerrero- porque te voy a contar la historia de la Madre Diosa.


Dedicado a Álvaro, ¡feliz cumpleaños majo!

27 diciembre 2016

Chulel

Los arqueólogos llevaban horas examinando la cámara concienzudamente pero no habían encontrado nada que pudiera explicar la maldición bajo la cual parecía encontrarse su compañero de expedición.

- ¿Qué piedra preciosa será esta? Parece ámbar...-murmuró una de las chicas acariciando los muros.
- El ámbar es una resina fósil, dudo que sea eso -dijo Pichu.

- A mi me inquietan más éstas imágenes de nativos de otras partes del mundo... ¿Cómo podían conocerlos? -preguntó otra.
- Bueno, el Machu Picchu es una llaqta construida antes del S.XV, para aquel entonces los españoles estaban a punto de descubrir América, pero ya sabemos que otros nativos de otras zonas habían llegado a este lugar mucho antes... -continuó Pichu.
- Ilumínanos... -murmuró el arqueólogo que le caía mal. Pichu fingió no oírle pero le apetecía muchísimo churrascarlo un poco... Como se pusiera tonto...
- ¡Mirad, creo que he encontrado algo!

En uno de los huecos de las paredes la piedra parecía ligeramente erosionada. Uno de los jóvenes introdujo el dedo en un agujero y pegó un grito.

- ¿Qué ocurre? -exclamó Pichu, preocupado.
- ¡He tocado una telaraña! ¡Qué asco!

El grupo rió y el joven al que habían desmayado con la electricidad del pokémon despertó justo en ese instante.

- ¡No toquéis mi tumba!

Pichu se giró rápidamente y le miró a los ojos, que brillaban con un extraño tono dorado, mientras el silencio reinaba en la estancia.

- ¿No debería tener una voz cavernosa o algo así? -susurró casi imperceptiblemente el arqueólogo listillo. Pichu le lanzó una mirada furibunda.
- ¿Quién eres?
- Soy Viracocha, el esplendor originario, Señor Maestro del Mundo.
- Y ya tenemos dos locos en el grupo... -suspiró el joven. Pichu volvió a mirarlo mal.
- Dinos, gran Viracocha, primera divinidad de los peruanos, cuyo culto... supone un concepto de lo abstracto y lo intelectual... solo destinado a la nobleza...
- Deja de andarte por las ramas y leer en el móvil, Pichu ¿Qué quieres? -preguntó el arqueólogo.
- ¿Cómo osas tratarme así? ¡Mi ira os llegará a través de Inti con terribles desgracias! -gritó el chico.

Algunas de las chicas soltaron chillidos de terror y su arqueóloga favorita se acercó al joven.

- Tranquilo... yo soy Pacha Mama, la Madre Tierra... puedes hablar conmigo... -trató de convencerlo.
- Y yo Mama Quilla, esposa de Inti, Madre Luna, madre del firmamento... -dijo otra de las chicas entendiendo a su amiga.

- No reconozco vuestros rostros... -dijo el joven.
- Ahora yo le digo que soy Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, y busco el Chulel, no te fastidia... -murmuró el listillo- ¡Guerra de deidades!
- Yo soy parte de su corte terrenal de Amautas -afirmó Pichu sin hacerle caso- enseño matemáticas, cosmovisión andina, normas morales, religiosas, históricas...
- El Iluminado, noble Viracocha -dijo el arqueólogo con voz burlona.
- En serio, como sigas así Pichu...
- ¡Pi! -corroboró el pokémon.
- ¡Pichu!

Pichu y el pokémon miraron al joven Viracocha, cuyos ojos parecían desprender electricidad a su vez.

- ¡Pi! ¡chu! ¡pi, pi, pi!
- ¡Mi pequeño amigo!

El pokémon saltó a brazos de Pichu y se escondió en su regazo.

- Habéis atado a uno de vuestros dioses, humanos desagradecidos. Nosotros bendecimos vuestras existencias... ¡Mama Quilla, Pacha Mama! ¡Soltadme!

Nadie sabía qué hacer porque temían cómo pudiera reaccionar aquel joven.

- Estáis bajo un influjo maligno, señor...

No tenía que haber dicho eso.

- ¡Cómo! Mama Quilla, señora de los mares y los vientos, ¿Qué decís? ¡eso es imposible! -dijo el chico mientras intentaba soltarse de sus ataduras- las maldiciones son para los humanos que osan retar a sus dioses y desobedecerlos...
- ¡Pi, pichu!
- ¿Qué hace Chuqui illa en brazos de ese Amauta?
- Chuqui illa... -repitió Pichu.

Quizá eso tenía sentido. El rayo. No, el relámpago. La deidad que controlaba la lluvia, el granizo y los relámpagos. Mediador entre las fuentes de agua y la población...

- Y puede ser que por eso desaparecieran, porque aquella misteriosa enfermedad... -murmuraba en voz baja- tengo que apuntar esto en mi diario... mi tessooro...
- A ver, ¿Quién cree que Pichu debería estar al margen de esta expedición? ¡No está en sus cabales! ¡Vamos! -propuso el arqueólogo listillo.
- Yo no provocaría a un tío que tiene a un Pichu en brazos...
- ¡Atadle! -ordenó Pichu.

Esta vez el resto del grupo le hizo caso y entre todos redujeron al joven arqueólogo, que estaba muy descontento y no entendía nada.

- ¡Seguís a ese lunático! ¡Estáis todos locos!
- Ponedle un bozal, digo... tapadle la boca con un trapo. ¿Y tú qué haces con la mano ahí metida?

Antes de que pudieran reaccionar y sin que nadie lo esperara, el arqueólogo que había encontrado un pequeño agujero en la pared había seguido hurgando en ella hasta abrir un orificio mayor y había dado con algún tipo de mecanismo que parecía un botón. La cámara comenzó a temblar y Viracocha empezó a recitar versos sobre la destrucción de la humanidad que según él le transmitía el conocimiento sobre el futuro de Inti.

- Bien, perfecto. Había una puerta en la cámara y se ha cerrado. A este paso y con todos los que somos nos quedaremos sin oxígeno... pronto.

El arqueólogo optó por no decirle a su jefe que eso era bastante obvio y que para ser "maestro de matemáticas" no tenía mucha idea...

- ¿Y ahora qué hacemos? -preguntó una de las chicas, asustada.
- ¡Que el gran Pichu nos guñliieee! -trató de acabar la frase el arqueólogo con un calcetín en la boca.
- ¿Le habéis metido un calcetín usado? Pobre, tampoco merecía eso... -se compadeció Pichu.
- ¡No! Lo llevaba en la mochila por si llovía, está limpio -respondió el chico que le había tapado la boca.
- ¡Eso ahora no importa! ¿Cómo salimos de aquí? -chilló otra de las chicas con un deje de histerismo en la voz.
- ¡Eh! ¡He encontrado otro botón!

Sin que nadie pudiera evitarlo, el chico presionó la palanca hacia abajo.


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños neno!

25 diciembre 2016

Yuletide

Un año agridulce de renacimiento como el ave fénix. ¡Felices fiestas y próspero año nuevo!


Dedicado a mis amigos, por todo.