13 mayo 2017

Murder

Era un lugar terrible, un auténtico laberinto. De alguna forma, las mazmorras parecían estar selladas bajo algún tipo de maldición, un hechizo que las convertía en un sitio extraño, como sacado de una pesadilla, regido por una voluntad diabólica. No sabía cómo explicarlo.

- ¿Mi señora..?
- Está lleno de demonios, malignidad, seres terribles y almas en pena... mas los que se hallan encerrados, los enemigos del maestro.
- ¿El maes..?
- Lo mejor será que huyamos cuanto antes. No será sencillo.
- Nos verán...
- No si yo puedo evitarlo.

Mordred sonrió. Sabía que podía hacerlo pero ella misma debía descubrirlo. El solo era su guía espiritual. Ërov bendijo de nuevo la oscuridad y le dio las manos al joven con un ligero temblor. Cerró los ojos e hizo que ambos se volvieran invisibles excepto el uno para el otro, viéndose con un ligero haz de luz rodeándoles.

- Sois muy bella, ahora puedo veros mejor -susurró Mordred. Ërov se sonrojó aún más y esperó que su haz de luz no comenzara a soltar chispas- Sois dorada.
- Y tu azul... ¡Shh!

La sacerdotisa había oído algo. Al parecer todos sus sentidos se estaban agudizando, pues una queja lastimera de un anciano que provenía de una celda lejana le partía el corazón.

- Tenemos que salvarlo...
- ¿A quién?
- Hay un anciano encerrado... mi intuición me dice que debemos ir a por él. ¡Vamos!

La joven tomó uno de los cerrojos de la puerta en sus manos y este se deshizo en una voluta de ceniza. Tomó el segundo y sus mano quedaron llenas de sangre.

- ¿Qué..? ¡Esos cerrojos están malditos!
- ¿No os lo esperabais, mi querido Mordred? -dijo Ërov con una voz extraña.

El tercer cerrojo soltó electricidad en cuanto lo rozó y ésta se extendió por todo su cuerpo, pero la sacerdotisa no se inmutó. Lo dejó en el suelo y soltó el cuarto y último candado, que rió malignamente y se convirtió en varias serpientes que reptaron alejándose de ellos por el pasillo. La joven se quedó quieta y comenzó a brillar, expulsado toda la oscuridad que se encontraba en su interior.

- ¡Qué cerrojos más horribles! ¿Mordred?

Él estaba anonadado. No se esperaba que los poderes de su señora fueran a perfeccionarse con tanta facilidad en aquella aciaga situación. Estaba muy orgulloso de ella.

- Salgamos de aquí.

La puerta se abrió con un chirrido que hizo eco por los pasillos y Ërov le tomó de la mano. Murmuró unas palabras y Mordred sintió una extraña sensación. La joven susurró de nuevo y notó un cosquilleo en la garganta.

- Ahora podemos atravesar materia viva y solo nosotros oiremos nuestras voces.
- Sois increíble... -la admiró el joven. Esta vez Ërov no pudo evitar que viera sus mejillas encendidas, a lo que él dedicó una sonrisa.


Las mazmorras del castillo de Vlädés estaban auténticamente malditas. La oscuridad regía el lugar salvo por pequeñas teas que iluminaban de cuando en cuando los corredores y algunos demonios de aspecto horripilante vigilaban algunas celdas. Todo estaba cubierto de telarañas que se les enredaban en el cabello y las ropas pero afortunadamente los conjuros de Ërov lograban que se volvieran invisibles al contacto con su piel y vestimenta.

- ¿Por qué tengo estos poderes? -preguntó la joven mientras guiaba a su salvador hacia las profundidades del castillo.
- Siempre han estado ahí. Como os dije, como sacerdotisa vuestros dones nacen de vuestro corazón. Y vuestro corazón anhela escapar de este lugar. Cuando recuperéis la memoria...

Ërov se paró en seco.

- Lo saben.

El demonio había regresado al calabozo y no había hallado rastro de los cerrojos, salvo el eléctrico, ni de sus prisioneros. Su terrible aullido se extendió por toda la prisión.

- Nos buscan -dijo Ërov, apurada.
- No temáis, mi señora. Estamos a salvo con vuestros poderes, que se volverán más fuertes si no dejáis de confiar.
- Lo sé. Pero hemos de encontrar al anciano. Está cerca, lo presiento. Puedo oírle.

Mordred escuchó atentamente y él también comenzó a oirlo. Un sollozo afligido de alguien que sufría largamente. Él también se conmovió.

- ¿Quién es?
- No lo sé, pero hemos de... ¡oh, no!

Las serpientes del cerrojo se habían cruzado en su camino y los miraban fijamente. Se fundieron en un gran basilisco e inmediatamente Mordred y Ërov cerraron los ojos para eludir su mirada mortal. La joven veía perfectamente y fijó los ojos en la criatura. Ésta pareció amedrentarse, pues nadie jamás la había mirado sin caer fulminado.

- Tengo un espejo, mi señora -escuchó decir a Mordred en su mente. La joven, sin dejar de desafiar al basilisco con su mirada, rebuscó en los ropajes de Mordred y sacó un pequeño y hermoso espejo. El basilico chilló y cayó muerto al suelo.
- ¿Telequinesis? -preguntó Ërov devolviéndole el espejo.
- Telepatía, mi señora -rió Mordred. La joven sonrió pero su sonrisa se borró rápidamente. Uno de los demonios que los buscaba venía por el pasillo con su fría presencia y un halo de oscuridad indescifrable que incluso hacía que la visión de la sacerdotisa se volviera en tinieblas.
- El basilisco... -susurró con una voz tan horrible que dolía al oído.

Ërov y Mordred se dieron las manos y la joven conjuró un círculo de protección a su alrededor.

- No deben hallarse lejos... Nunca saldrán de las mazmorras.. -dijo el demonio mirando a su alrededor. Repentinamente hizo un movimiento y Ërov chilló, pero el terrible ser no la escuchó. Se descompuso en varias partes y sus miembros desmembrados se alejaron del lugar en su búsqueda siniestra.
- ¡Qué sitio más horrible! Encontremos al pobre anciano y vayámonos de aquí.

Los ojos de Ërov se llenaban de lágrimas. Algunos de los prisioneros estaban en un estado tan deplorable que la muerte sería un destino menos cruel que aquel al que había sido condenados. Por fin llegaron a la celda del anciano, que suspiraba de forma aún más lastimosa. La joven abrió los ojos desmesuradamente y se agarró a los barrotes de la celda.

- ¿Abuelo..?


Dedicado a Verónica, ¡feliz cumpleaños guapísima!

04 mayo 2017

Nuptials

Epílogo

Y por fin su sueño se había cumplido. Aîcliä abrió los ojos despertando al lado de su esposo en una hermosa cama de dosel. No pudo evitar sonreír. La boda había sido magnífica, mucho mejor de lo que hubiera esperado. Lady Arüora había mantenido la compostura hasta que casi tenía el anillo puesto en el dedo y después fingió un desvanecimiento para que las nupcias no siguieran adelante. Ella, solícita y cumpliendo su promesa de hacía tanto tiempo, había derramado el té sobre su rostro para despertarla. La señora montó en cólera y la rabia hizo que confesara todos sus terribles planes en cuanto a la pareja y a desheredar a su sobrino. Lady Synföny trató de calmarla y su prometido, decepcionado, les dio a elegir entre pasar el día en familia y celebrar su felicidad o irse para no volver. No renunciaría a su futura esposa. Ambas optaron por quedarse y mantenerse lo más alejadas posible de la pareja, excepto cuando Aîcliä se acercó a Lady Arüora para decirle que era una rata calva odiosa pero que si cambiaba de actitud no le importaría tener una tía Kangaru. La señora no tuvo más remedio que aceptar y resignarse.

Después todo fue maravilloso. El baile fue clásico, divertido y ameno, el convite delicioso y la tarta de bodas la más grande y bonita que había visto en su vida. Su vestido blanco brillaba a la luz del sol casi tanto como su aderezo y la corona de flores y perlas sobre su cabello le daba un aire etéreo y hermoso. Nunca había habido una novia más alegre ni un marido más orgulloso de su mujer y el fuerte carácter que poseía, el que le había enamorado desde niños.

Y fueron felices y comieron perdices.


Fin.


Dedicado a Alicia, ¡feliz cumpleaños!

22 abril 2017

Warrior knight

Por fin estaba en aquella mística estancia donde solo los caballeros tenían el honor de estar. Posó su espada y suspiró, el camino hacia la gloria sería arduo en su tiempo por ser mujer.

En aquella época se imponía el modelo clásico de los saberes y la literatura. Ella había tenido la suerte de ser descendiente de una reina amazona legendaria. Fue adiestrada en la naturaleza silvestre, la caza y el arte de la guerra. Cuando la anterior reina murió, ascendió al trono de las amazonas en Megara. Instauró el culto a las guerreras por todo el mundo griego hasta sus confines. Antes de las Teseas, se les ofrecían sacrificios y las doncellas griegas de Éfeso hacían una danza circular con armas y escudos en su honor tras erigir estatuas para su culto y llenar sus tumbas de flores...

Ella sentía que aquella no era su época y quería saber por qué. El oráculo dijo que la era medieval la esperaba y habló del ciclo artúrico. La joven no entendió nada pero buscó las hierbas que la sibila le ofreció en su adivinación. Las recogió y dejó macerar para después tomarse la poción hecha con ellas que la llevaría lejos...

Cuando abrió los ojos la Grecia que conocía se había transformado en un lugar caótico. No entendía aquel mundo de piedra donde las mujeres debían permanecer ocultas de la vista... Se escondió en un lugar de la enorme fortaleza y cortó sus cabellos como un hombre... Sus dotes de guerrera hicieron que tuviese un hueco entre los mejores caballeros y acabase formando parte de la Tabla Redonda, en el reino del Rey Arturo del oráculo. Y por fin estaba en aquella mística estancia, donde solo los caballeros tenían el honor de alcanzar la gloria...



Dedicado a Sylvia, por tantos años a mi lado.