24 marzo 2017

The Ivory Temple


No recordaba cómo había llegado allí... Estaba en un puente bellamente ornamentado que conducía al pórtico de entrada de un palacio oriental. Custodiado por dos fieros guardias orientales y labrado en tonos blancos, parecía un lugar místico y especial. Decidió avanzar por la pasarela contemplando sus complejos adornos y sus símbolos únicos desafiando la mirada de los dos guerreros, que le vigilaban amenazantes desde los confines del puente empuñando sus espadas. Acarició suavemente los símbolos a su paso, que se volvieron más nítidos y brillantes por momentos al contacto con su piel, como si se encontrase en un sueño maravilloso... Y era probable que fuese un sueño, pues el cielo con sus nubes era demasiado hermoso y aquel lugar demasiado alejado de la realidad como para pertenecer al mundo. Miró a su alrededor y aparte del precioso cielo que le cubría vio bosques de tonalidades verde oscuro y un mar plateado que parecía hecho del mismo marfil que aquel palacio de ensueño que le recordaba a algún recóndito lugar de su mente que permanecía oculto entre sus pensamientos. El sonido de unas campanillas le atraía hacia el interior del pórtico y dejando sus meditaciones a un lado prosiguió su camino por el puente de mármol hacia la sabiduría del inconsciente... Quería descubrir sus secretos y su belleza arquitectónica, los enigmas que ocultaba y la razón de que hubiera emergido en su mente a través de su imaginación y creatividad sin haber sido invocado... Y para ello debía penetrar en aquella estancia y ver qué se encontraba en su interior, como si de una metáfora de su propio interior se tratase. El pórtico cada vez estaba más cerca y sus puertas se abrieron suavemente sin que tuviera que tocarlas invitándolo a adentrarse en su esencia llena de simbolismo que aún no comprendía...

Aquel lugar contenía la esencia del clasicismo y la magia que tenían todos los lugares antiguos. No sabía de qué se trataba y no era capaz de describir sus estanques, su arquitectura o el hecho de que pareciese mucho más grande en su interior de lo que era por fuera... Y entonces, en un instante, todo cambió. El palacio se transformó en un lugar diferente... Una danza de dragones llenó la estancia del poder supremo imperial. Se transformaban en nubes y se sumergían en los estanques creando chorros de agua. Su belleza era ilimitada y se volvían invisibles para luego brillar en la oscuridad transformándose en un fuego sobrenatural. Era una ceremonia magnífica que incrementó su esplendor con la aparición de los cuatro Reyes Dragones, soberanos de los cuerpos de agua en movimiento, cascadas, ríos y mares. Los dragones se acercaron y danzaron a su alrededor con su magia hasta que penetraron en su mente mostrándole la visión... El poder espiritual supremo, terrenal y celestial, el conocimiento y la fuerza, y el linaje de sus dinastías, a la que pertenecía sin haberlo sabido desde siempre... Y entonces se transformó en uno de ellos. Un hermoso dragón dorado, sabio, muy poderoso y de gran corazón. Voló fuera del palacio imperial y danzó entre las nubes de aquel hermoso cielo volviéndose tan grande como el universo en su totalidad para poder contemplarlo todo y disfrutar de sus maravillas. Sabía que era un sueño, pero era el más hermoso que había tenido jamás. Podía ser libre, su poder era infinito y la inmortalidad parte de su naturaleza en ese instante. Surcó los cielos en busca de las cumbres más hermosas, de los paisajes más bellos y de toda la preciosidad que encerraba la realidad de aquel mundo onírico... Los guardias custodios del palacio le vigilaban con sus espadas empuñadas pero su mirada llena de malignidad no le decía nada, porque como ser poderoso era invulnerable al odio que portaban en su bello mundo... Se alejaría de ellos para siempre y no volvería jamás, o destruiría su imperio de tiranía para liberar el hermoso palacio de marfil. La justicia era su premisa y no permitiría que nada rompiera el equilibrio de su precioso sueño, del que era dueño y señor hasta que regresara al mundo de la realidad, donde los sueños se cumplen pero la magia no existe si no la buscamos y la creamos... Se acercó a las estatuas y de un solo golpe las derribó liberando al palacio y a su conciencia de todo lo que había estado ocultando...



Dedicado a Carmen, por su exotismo oriental cocinando. 

14 marzo 2017

De sphaera mundi


Y por fin llegó la noche... El monasterio estaba sumido en el más profundo de los silencios espirituales... Los corredores en penumbra con su fría piedra gris le daban la bienvenida iluminados por la luz de su candil, que brillaba fantasmagórica en medio de la oscuridad de la noche sin luna hasta que llegó a la biblioteca, donde podría coger aquel manuscrito bellísimamente ornamentado del que se había enamorado...

Pocos conocían su oscura existencia y el prior lo había prohibido a cuantos lo habían encontrado oculto entre los manuscritos y pergaminos del monasterio. Contenía saberes antiguos sobre astronomía, movimientos planetarios y eclipses, profecías y hechizos arcanos, y el prior decía que había sido escrito por el mismísimo Diablo, porque nadie podía haber escrito aquella herejía sin arder en los fuegos del infierno...

Y aún así lo mantenía entre sus sagrados muros, a salvo...

Se decía que posar la mirada sobre él era un signo fatídico de muerte. Los hermanos que habían osado abrir sus polvorientas hojas habían sido exiliados de la orden y condenados a ser ermitaños, muriendo de formas horribles en la soledad de los bosques. Sus cadáveres nunca habían sido hallados y la orden guardaba silencio al respecto. Sus cuerpos jamás fueron enterrados, por lo que sus almas vagaban en la oscuridad eterna y la perdición, paseando por las noches por el monasterio, según les habían dicho, sedientos de sangre y ánimas que llevarse con ellos a la condenación por sus pecados. Todo por haber escrito aquel volumen maldito hacía siglos, en latín, para que su palabra solo fuera entendida por cultos y sabios. Decían que leerlo era una auténtica pesadilla que portaba las sombras del inframundo a cualquiera que tan solo osara tocar sus hermosas cubiertas, pero él no lo creía. Por eso se encontraba allí, buscando el lugar idóneo en la escribanía para iluminar el libro con su vela sin que nadie pudiera verle y juzgar su menester. Su amor por la literatura y la escritura le llevaban a actuar de aquella forma temeraria, incluso aunque perdiera su alma entre aquellos muros de soledad. Por ello se escondió en el lugar más oscuro y lejano de todos, entre los tinteros y los pergaminos, y tocó aquel misterioso incunable. Lo abrió y comenzó a leer en silencio sin poder creer lo que veían sus ojos en su interior.

Las palabras más bellas y sabias que había leído jamás sobre las creencias de los filósofos antiguos y sus conocimientos acerca del mundo... Un precioso volumen sobre astronomía en el que se hablaba de eclipses, planetas más allá de los que se veían en las noches estrelladas, nebulosas y constelaciones. Las profecías que en él se contaban narraban el fin del mundo tal y como lo conocían, bajo una avalancha de hielo y fuego venida de los cielos. Sus hechizos no eran oscuros, sino que describían las fuerzas de la naturaleza... La sabiduría de aquel manuscrito cambió su perspectiva del mundo y decidió abandonar el monasterio para siempre. No podría vivir encerrado en sus muros por más tiempo sin contemplar la belleza que el mundo le ofrecía y todas las maravillas que poseía. Desde aquel momento recogió sus pocas pertenencias y vivió como un ermitaño en los bosques contemplando los cielos estrellados y enamorándose del mundo...


Dedicado a Laura, por su lado oscuro.

06 marzo 2017

Sacrifice and Afterlife


Aquella noche sería especial... Los planetas se alineaban ante la atenta mirada de los chamanes de las diferentes tribus. Los sacrificios rituales estaban a punto de comenzar para dar la bienvenida a la otra vida. Cada tribu aportaba partes de su cultura y los altares se llenaban de flores hermosísimas. La frutas, las bayas y los jóvenes que iban a ser sacrificados se llenaban de símbolos de fertilidad. Los dioses precisaban que su sangre fuera restaurada pues se habían librado muchas batallas en aquellos aciagos años de guerra contra los conquistadores y su destrucción. Los oráculos habían predicho todos los hechos acontecidos y los adivinos lo habían presagiado en sus lecturas de las entrañas animales. El peligro de perder su cultura y ser olvidados en la historia provocaba estos rituales. Invocarían a los dioses mediante la sangre y sus cánticos en la noche, cuando los planetas en el firmamento y las pirámides fueran uno solo creando fuerzas insondables que solo sus sabias culturas podían entender y canalizar desde tiempos inmemoriales... Y los dioses acudirían a su llamada, y sus voces resonarían en los cielos alejando a los malos espíritus de su tierra para que pudiera recuperar la paz y la prosperidad que les había sido arrebatada.

Los fuegos se encendieron iluminando la oscuridad de la noche y una lluvia de estrellas cruzó el firmamento como buen presagio con su luz y belleza. Las flores que llenaban los altares se mecían con la suave brisa nocturna dando la bienvenida al rey, que salió de la pirámide con un círculo de metal que representaba el cielo y la alineación planetaria. El pueblo le miró mientras la rueda brillaba con el fuego y el rey señalaba la luna, Saturno y Marte bajo el sol. Los planetas reflejaban la posición exacta que se veía en los cielos, era el momento de iniciar el ritual. El rey sacó una daga y se cortó la muñeca encima del altar principal... La sangre comenzó a fluir en hilos por su mano y al contacto con las flores se convirtió en humo, que ascendió al firmamento hasta alcanzar a los dioses para que escucharan sus plegarias silenciosas...

Tras el derramamiento simbólico de sangre del rey, los jóvenes que iban a ser sacrificados se acercaron a los altares cubiertos de flores... Los sacerdotes alzaron sus puñales y tras las invocaciones a los dioses apuñalaron a los jóvenes. Sus gritos de dolor rompieron el silencio de la noche mientras su sangre se vertía y sus corazones eran sacrificados por el bien de la tribu en guerra con los conquistadores. Sus espíritus arrancados ascenderían con los dioses permitiendo a los diferentes chamanes tener visiones sobre el porvenir de sus tribus, y sus súplicas se convertirían en verdades dichas a través de la voz de los sabios...

La realidad se desgarró dando paso a la visión.

El paraíso florido de las antiguas tradiciones, el lugar espiritual en el que las ánimas se encuentran después de la vida en un jardín plagado de flores, jades y en compañía de los ancestros y dioses de su cultura se abrió ante sus ojos tras los sacrificios de sangre de sus jóvenes en la noche estrellada... Era un lugar tan hermoso que por un instante olvidaron por qué lo habían invocado, tan solo deseando poder ir a aquel maravilloso lugar y reunirse con sus seres queridos lejos de la guerra y la destrucción de los conquistadores. Aquel paraíso tropical, el destino final, les atraía como el anhelo de abandonar el mundo en el que vivían y del que tal vez ya no tenían que seguir escribiendo su historia... La visión cambió y el magnífico jardín se convirtió poco a poco en Xibalba, el telúrico y oscuro inframundo, lugar de tormentos y castigos. Un mundo horrible que en nada semejaba al mundo que ya conocían y donde los jardines del paraíso florido parecían olvidados e imposibles de alcanzar. Sus espíritus podían estar destinados a uno u otro camino, ambos desconocidos. Lo único que sabían es que su mundo se estaba acabando y su realidad estaba condenada a desaparecer. Las visiones de los dioses eran claras: la guerra destruiría sus pueblos y culturas y la muerte sería su destino, en el paraíso o en Xibalba, donde sus espíritus ya no regresarían jamás. Donde el principio y el fin ya no existirían porque sus ánimas no se regirían por las leyes de la tierra que les vio nacer y les vería morir. El silencio y la muerte era todo lo que les quedaba en su mundo de origen...

La visión se desvaneció y los sacerdotes y el rey tuvieron claro cuál sería el destino que escogerían. Cada hombre, mujer y niño tomó un puñal en sus manos y sacrificaron sus espíritus a los dioses... Las flores de los altares se tiñeron en la noche cuajada de estrellas en sangre, que volvió a convertirse en humo, ascendiendo al firmamento en volutas hasta alcanzar el paraíso soñado, lejos de la guerra y el miedo, de la tortura y el sufrimiento. El fuego ardió ante los planetas alineados...


Dedicado a Mirela, por su visión del mundo mágico.