19 julio 2018

Dark Matters

Sintiéndose completamente abrumada, Wherynn trató de pensar con lógica. Acudir a los profesores sería dar demasiadas explicaciones, aunque tarde o temprano se acabarían enterando e interviniendo... y expulsándolas, por qué no. Aunque Dumbledore solía ser de lo más enrollado y quizá incluso les hiciera ganar la Copa de las Casas por su osadía y temple, quién sabe...

Sÿl se liberó de su aturdimiento y aprovechó la distracción de su amiga para atacarla, pero instintivamente esta respondió con un poderoso desmaius que hizo que cayera cuan larga era en el suelo dándose un buen golpe, sin esperárselo.

- Necesito alguien que me ayude -pensó en voz alta Wherynn ignorando a su amiga- Alguien inteligente, rápido, de buen corazón y experiencia en batalla, que no tema enfrentarse a sus amigos y no sea un chivato... Alguien que vaya a su bola y sea diferente, dispuesto a meterse en esta locura, y por qué no, guapo...

Ya lo tenía.  


Sin explicaciones, dejó a Thäis abandonada en la enfermería e hizo flotar a Sÿl hasta el séptimo piso, en busca de la Torre de Ravenclaw. Los alumnos que se cruzaba la miraban extrañados porque iba agitando la varita sin aparentemente hacer nada y esquivándoles sin razón. Lo que ellos no sabían es que llevaba el bulto de Sÿl bajo un hechizo invisible junto a ella... 

Cuando llegó a la Torre no supo qué hacer. Dejó a Sÿl en el suelo y subió la escalera de caracol, contemplado la aldaba de bronce en forma de águila. Picar sería inútil, ya que le plantearía una adivinanza que casi seguro no sería capaz de resolver... Y tampoco podía entrar sin invitación. ¿Dónde estaba el Felix Felicis cuando se necesitaba? Ah, si, se lo había tragado el Pirado Número 2...
Como si sus plegarias hubieran sido escuchadas, la puerta se abrió repentinamente y se encontró cara a cara con el chico que buscaba. 

- ¡Hola!
- Hola... Tengo que contarte algo.

Tras explicarle toda la historia mientras el chico ponía muecas y cada vez se sorprendía más, decidió ayudarla una vez vio a Sÿl en el suelo poniendo los ojos furiosos en blanco para dar más miedo.

- ¿Cómo os habéis metido en este tremendo lio? ¿Y pidiendo ayuda a prefectos de otras casas?
- Bueno... es tu amigo y no puedo confiar en nadie más. Además, ¿Quién no querría salir de su rutina para vivir una épica historia? -rió sin ganas. 
- Lo mejor será empezar por buscar a ese loco... ¡Un momento, vuelvo enseguida!

Unos minutos más tarde regresó de la sala común con varias botellitas de Felix Felicis, que metió en su túnica mientras le guiñaba un ojo.

- Por si acaso... -sonrió con esa sonrisa que tanto le gustaba. 


Los pasillos estaban muy tranquilos, como si nada hubiera ocurrido. Eso les tranquilizó. Seguramente el pirado había ido directo al Bosque Prohibido, donde tendría más privacidad. Casi había anochecido cuando salieron por el vestíbulo en su busca.

- Tengo hambre... Vaya, tenía que haber pasado por el Gran Comedor... -murmuró para sí Wherynn.
- Toma -dijo el chico ofreciéndole chocolate. ¡Siempre llevaba chocolate encima! Era como una tienda de Honeydukes andante y eso le encantaba, pensó sonriendo mientras mordía la chocolatina.

La linde del Bosque les esperaba amenazadoramente. La luna creciente apenas iluminaba la noche y no resultaba sencillo hacer flotar a Sÿl durante todo el irregular camino. 

- El bosque está estrictamente fuera de los límites de los estudiantes... -dijo el chico.
- ¿Y? ¿Te vas a echar atrás?
- No... pero nos podemos meter en un lío increíble como nos pillen... Y yo soy prefecto...
- Pues no me quites puntos por lo que voy a hacer... -respondió Wherynn poniendo un pie en el Bosque. Como vio que no ocurría nada, siguió adelante con Sÿl flotando a su lado. El chico suspiró y la siguió.


El bosque estaba repleto de robles, hayas, pinos, sicomoros y tejos. Los caminos estaban llenos de maleza y espinas y fuera de ellos el lugar era casi intransitable. Parecía tener vida propia, y era salvaje y peligroso. Y a Wherynn le daba la risa porque caminaba por él con "Los prefectos sexys" como les llamaba Sÿl. Sospechaba que a su amiga le gustaba demasiado el pirado... y mira tú por donde, ahora mismo eran la pareja ideal. Rió y el otro prefecto sexy la miró como si le faltase algún tornillo.

- ¿De qué te ríes?
- No, es que... Bueno, que la situación es algo estrambótica y tampoco sabemos muy bien a qué nos enfrentamos...

El chico sonrió y se abrió la túnica mostrando los Felix Felicis. ¿Por qué Sÿl no estaba consciente cuando tenía tanto que comentar? Esperaba que de algún modo pudiera recordar la aventura, ya que su mayor parte había permanecido despierta... La miró con dulzura. Sus ojos verdes de loca le respondieron con una mueca extravagante. En fin...

- Cuéntame otra vez cómo hemos llegado hasta aquí -pidió el chico con a sus oídos encantadora voz, que tenía el timbre exacto para comentar con Sÿl después.
- Tu amigo el freak se tragó una botellita entera de Felix y por razones que ya le cuestionaré más tarde cuando esté en sus cabales, cogió la Varita Maldita... Eso si que aún no lo entiendo... -dijo con voz triste y mirada pensativa.
- Bueno, todos tenemos un lado oscuro... -reflexionó él. Wherynn se alegró de que nadie pudiera oír sus pensamientos "oscuros" de ese momento. Un crujido les hizo ponerse en guardia y guardar silencio. 
- Tal vez estemos cerca de las Acromántulas... -susurró él.
- No, por Dios, que me da mal...  Como se haya hecho amigo de las acromántulas que le den, yo le abandono en el bosque...
- ¿Por qué eres tan negativa? 
- ¡Tu empezaste a hablar de ellas! -otro crujido, esta vez más cerca, les interrumpió.

Silencio.

- Tal vez solo sean centauros... No creo que se acerquen en ese caso...
-  Salvo para delatarnos...
- Que no...

El ulular de una lechuza se oyó cerca, así como más crujidos. Algo se acercaba. No vieron nada.

- Thestrals...
- ¿Thestrals?

Los crujidos se alejaron y un hechizo rebotó en uno de los árboles, haciendo que Wherynn profiriera un chillido mientras el prefecto la cubría protectoramente. ¡Qué romántico!

- ¿Qué hacéis aquí? ¿Osáis enfrentaros a mí?

El Ravenclaw perturbado apareció entre los árboles con una sonrisa demente. Su piel parecía brillar extrañamente con la pálida luz de las exiguas estrellas y por alguna razón inconcebible le pareció más sexy que nunca. ¿Alguien le había dado alguna poción rara o tantos eventos fortuitos la estaban volviendo loca también y no se concentraba?

- Eh... Hola... Tranquilo, amigo... -dijo el otro prefecto moviéndose lentamente y alzando su mano hacia él en son de paz.
- No es un perrito... -susurró Wherynn. El prefecto la miró muy serio y se calló.
- Me habéis traído compañía...

Sin que pudieran hacer nada, liberó a Sÿl, que corrió a su lado. ¡Traidora! Quizá intentara liarlos más tarde, cuando toda la locura acabara... Aunque no se esperaba que la chica se abalanzara contra el Ravenclaw y le mordiera la mano para que soltara la varita.

- Qué fuerte... ¡Se están peleando por ella!
- ¡No me toques, trastornada! -gritó el chico tratando de zafarse de ella empujándola con la varita.
- Yo creo que no deberíamos hacer tanto ruido... -dijo el otro, tranquilo. ¿Cómo podía estar tan tranquilo?
- ¿Qué hacemos? ¿Dejamos que se maten? -preguntó Wherynn, apurada.
- Quizá es el momento de un poco de Felix...
- ¡No! Él se lo tomó y mira. Debe estar conectado. El Felix Felicis te hace sentir poderoso y confiado y entonces quieres la varita... ¡Se van a hacer daño!

El Ravenclaw había alzado su varita y Sÿl la suya, como si fuesen a comenzar un duelo. Por cómo se miraban ambos parecían dispuestos a lanzarse un Avada Kedavra, pero ninguno se movía. Los otros dos aprovecharon para escabullirse entre la maleza y trazar un rápido plan.

- Hay que quitarle el antídoto y dárselo a Sÿl, así seremos tres contra uno...
- Pero él tiene una varita que nos dejará hechos polvo en un segundo... -razonó él.
- Podemos huir.
- Nos encontrará.
- ¡Podemos huir un rato! -se desesperó Wherynn.
- ¿Cómo lo reducimos?
- ¡Ni idea!

Mientras tanto, Sÿl y el prefecto se miraban mutuamente, evaluándose.

- Únete a mi y tendremos el poder sobre Hogwarts...
- ¿Quieres dejar de subtitularles? -preguntó el prefecto.
- ¡No dicen nada y me ponen nerviosa! -se defendió Wherynn.
- Podría matarte en este instante... -siseó por fin el Ravenclaw a Sÿl.
- ¡Eres un sucio Ravenclaw, la varita es Slytherin y debe pertenecer a un miembro de su casa! -gritó ella.
- ¡Tú eres Gryffindor!
- ¡El Sombrero me seleccionó para Slytherin pero me negué!

Wherynn la miró fijamente. ¿Sería eso cierto? Nunca se lo había contado...

- ¡Renegaste de los tuyos! ¡Morirás por eso! -exclamó él, triunfal.
- ¡Nunca!

Sin que nadie pudiera reaccionar, el joven cayó hacia delante y soltó la varita, que cayó entre la maleza. Sÿl la miró codiciosamente pero Wherynn fue más rápida y la paralizó.

- Thestrals...  -dijo el prefecto- Lo que te dije, estamos en su terreno y eso no les gusta.
- ¿Cómo le han logrado derrumbar? ¡Está hasta las cejas de Felix Felicis! -se asombró Wherynn, que corrió imprudentemente hacia sus amigos.
- ¿Qué haces, loca? ¡Es peligroso!

El Ravenclaw se puso en pie rápidamente y Wherynn le lanzó un accio para lograr el antídoto. A su vez el otro prefecto conjuró un hechizo protector delante suya porque el Raven aún tenía su propia varita y no dudó en usarla contra ella.

- ¡No dejes que la toque! -dijo Wherynn mientras derramaba el contenido del antídoto en la garganta de Sÿl, logrando que esta se atragantase.
- ¡Casi... me ahogas! -profirió ella con voz sofocada.
- ¡Sÿl! -exclamó Wheryn dándole un abrazo. Ésta la empujó y empuñó su varita.
- ¡Vale, que aún está en modo oscuro por la Varita Maldita! -exclamó la Gryffindor.

El bosque pareció caer en el silencio mientras ambos chicos y ambas chicas se apuntaban con las varitas. Nadie hacía el primer movimiento. Wherynn y el prefecto se iban echando poco a poco hacia atrás hasta que sus espaldas chocaron.

- ¿Alguna idea? -musitó ella.
- Si... peligrosa y alocada... Una locura digna de un demente...
- Dime...

El joven la agarró y la hizo girar de modo que quedó enfrentada a un sorprendido Ravenclaw.

- ¡Imperio!

Sÿl pareció completamente relajada y tanto Wherynn como el otro Ravenclaw se quedaron anonadados. Rápidamente, Wherynn reaccionó y lanzó un petrificus totalus a su contrincante, pero éste logró esquivarlo. Iniciaron un pequeño duelo donde la Gryffindor llevaba las de perder mientras que el otro prefecto, controlando a Sÿl, recuperó la Varita Maldita. Con ella, la obligó a liberar a su amigo para después dejarla en el suelo y quedarse tranquila.

- ¿Qué..?
- ¡A que te empalizo! ¡Serás..! -exclamó Wherynn tratando de tirársele al cuello. Le había hecho mucho daño y resollaba al respirar porque según le parecía le había roto una o dos costillas.
- Yo... lo siento Whers... ¿Qué ha ocurrido..? Es decir, me acuerdo pero... Qué sensación más rara... -dijo él. 
- ¿Estás bien? -preguntó su amigo.
- ¿Y tú qué haces aquí? ¡Oh! Entiendo...

El Felix Felicis aún parecía obrar su efecto sobre él. Se acercó a Wherynn y cuidadosamente le curó la costilla y un par de arañazos que tenía.

- ¿Estamos en paz? -sonrió.
- Tengo muchísimas ganas de darte una patada en cierta zona sensible... pero sí... ¿Y tú, señor Maldiciones Imperdonables? -preguntó mientras el otro la sujetaba para que se pudiera poner en pie.
- No quedaba otro remedio y llevo un rato creando hechizos de invisibilidad y protectores a nuestro alrededor... Esto queda entre nosotros cuatro...
- Ya decía yo que antes me había parecido oír un "Muffliato" -recordó Wherynn.
- Vamos por partes. Tú ya estás normal... -señaló el prefecto a su amigo.
- Sí -confirmó el Ravenclaw.
- La Varita Maldita solo puede quitar las maldiciones oscuras que ella misma crea, así que no sé cómo vamos a liberar a Sÿl sin tocarla... -meditó el Ravenclaw del Imperius.
- ¿Un Wingardium Leviosa y hacerlo desde el aire..? No, es una tontería, lo sé... -comentó Wherynn.
- Al menos ya no está bajo la maldición Slytherin...
- Ya, pero da igual. No podemos tocar esa varita sin caer en su trampa y menos usando el Felix Felicis -dijo con cierta sorna mirando a su amigo, que le dio un golpecito cariñoso.
- Pues... ni siquiera a mi se me ocurre nada, y eso que voy guiado por buenas intuiciones. Esa varita es demasiado poderosa...
- No sé cuanto tiempo podré controlarla, es mi primera maldición imperdonable como entenderéis, y noto que se está resistiendo... -comentó el prefecto.
- Tiene una voluntad excepcional... Tenemos que pensar rápido.

Los tres contemplaron la ornamentada varita, que yacía inerte en el suelo del bosque.


Dedicado a Sÿl, ¡feliz cumpleaños guapísima!

My Diamond

- ¡Dios mío, la ha secuestrado, la ha secuestrado!

Los jóvenes estaban aterrorizados. Aquel horroroso espíritu se había llevado a su amiga para quizá no volver jamás. ¿Qué le iban a contar a todos cuando hicieran preguntas?

- ¡Os dijo que no provocarais su ira y mirad lo que habéis logrado! -dijo la chica de melena castaña con lágrimas en los ojos.
- Pues precisamente se la ha llevado a ella, la que tanto la respetaba y adoraba... -puntualizó uno de los chicos.
- ¡Oh, cállate! ¡Tenemos que ir a buscarla!
- ¡Si, claro! ¿Al mundo espiritual?
- ¡Ella aún está viva! -respondió su amiga con un deje de histeria en la voz.
- Vamos a calmarnos... invocaremos al espíritu, le pediremos disculpas y nos devolverá a nuestra amiga. 
- ¡No, no, no! ¡Ya la habéis liado! ¡Ya no hay remedio! -exclamó la chica valiente.

Durante un momento, se hizo el silencio. 


Vênräedna había llevado a la joven rubia a su guarida, un olvidado manicomio en el páramo que en tiempo antiguos había servido para torturar a personas inocentes con problemas mentales. Sí, era un lugar clásico de esos, pero es que los demás espíritus vengativos se reirían de ella si escogía un lugar más tranquilo y apacible, y de ese modo sus apariciones eran más épicas. Qué le iba a hacer... 

- Estás a salvo.

La chica la miraba curiosa. No entendía las intenciones de aquel alma en pena, pero le parecía buena persona... Aunque viviera en un lugar tan espeluznante como ese viejo sanatorio. 

- ¿Quién eres?

Vênräedna la miró, divertida. 

- Phobos -contestó simplemente.
- De verdad...

La joven se puso seria. ¿Quién era de verdad? Una cuestión de lo más filosófica...

- Soy el espíritu del pantano. Este es mi hogar desde hace mucho tiempo...
- ¿Moriste aquí?

La chica se calló inmediatamente. Esperaba no haber metido la pata y enfurecer al impredecible espíritu.

- ¿Quién dice que estoy muerta? Las barreras del espacio tiempo son muy especiales, yo solo pertenezco a una dimensión diferente... No tiene nada que ver con la vida y la muerte. Ni siquiera vosotros estáis vivos...

Guardó silencio. No debía revelar ciertos secretos.

- ¿Qué..?
- Olvídalo. Tus amigos deben pagar por lo que le han hecho a mi pantano.
- Son buenos chicos... Sí, algo inconscientes y... un poco tontos, pero buena gente. Solo que se animan unos a otros y no miden... -los defendió la rubia. 
- No creo... Tú eres diferente, pero ellos no tienen respeto y se ríen de mi lugar de reposo. La naturaleza estaba en armonía hasta que llegasteis aquí... -susurró ella, cuya voz hacía un ligero eco y se oía más lejana.
- Son algo inmaduros... pero si hablo con ellos pueden cambiar...
- No.

La brisa susurró entre las paredes semi derruidas del manicomio. La rubia se fijó en lo extraño que resultaba hablar con una aparición en pleno día... Phobos pareció adivinar sus pensamientos.

- Mi mundo no es como lo imagináis en vuestras historias de terror... No da más miedo que la propia existencia y las entidades que la pueblan una vez caminaron por este mundo con esa misma personalidad... 
- Algunos son peligrosos... -musitó la chica mirando a su alrededor y sintiendo un escalofrío.
- Los seres humanos son peligrosos -terció Vênräedna. 


La bruma del pantano parecía más densa por momentos y los jóvenes se miraban unos a otros sin saber que hacer.

- A ver... A lo mejor podríamos ir al pueblo y preguntar qué hacer en estos casos... Esa gente vive aquí desde siempre y seguro que alguien ha molestado al espíritu en algún momento...
- ¿Eres idiota? No creo que vivieran aquí si estuvieran importunando a Phobos cada dos por tres... -dijo la chica valiente sacudiendo su larga melena azabache. Sus ojos azules brillaban con determinación.
- No digo "cada dos por tres", pero sí alguna vez... Alguien que hubiera metido la pata... Como nosotros... -dijo esto último para sí.
- Podemos acercarnos al manicomio, quizá la tenga allí secuestrada... -propuso uno de los chicos.
- Claaaro, así con suerte nos asesina a todos y podemos acompañarla al más allá y ser tooodos felices... -se burló el chico inconsciente.
- No pareces muy afectado por lo que ocurre... -observó otro de los chicos.

El inconsciente miró a otro lado y se alejó un poco. Claro que se sentía culpable, pero no pensaba admitirlo. Phobos le parecía un espíritu amargado con ganas de llamar la atención y fastidiarles la excursión, nada más. ¿Pero cómo iba a decir aquello en voz alta?


Vênräedna cambió su semblante en un instante asustando a la chica. De repente parecía mucho más oscura y amenazante. 

- ¿Ocurre... algo..? -preguntó en un hilo de voz la rubia, sin atreverse a moverse.
- Tu amigo el golpea ratitas es... Insoportable... -dijo ella con voz tenebrosa.
- A mi... 

Vênräedna la miró fijamente. 

- ¿Te gusta?

La chica se sonrojó hasta la raíz del cabello.

- ¡Oh, no! ¡Drama adolescente a la vista! -suspiró pareciendo mucho más humana.
- ¡No hay drama! Solo... es escéptico, y... pero es buen chico... en el fondo...
- En fin, tu misma descubrirás que esos "playboys" acaban perdiendo interés... Pero un buen susto se lo va a llevar. ¡Espérame aquí! No tengas miedo -dijo al ver su rostro de pavor- este sitio da repelús pero es de lo más tranquilo. Mira... -la joven hizo un extraño sonido y al punto un precioso gatito siamés apareció de entre los árboles saltando alegremente- Te dejo a mi gatito, es una dulzura, aunque bastante travieso... Nadie más vive aquí, solo piensa que es un lugar antiguo con una historia triste, pero no pasa nada... 

La joven desapareció sin más y la chica rubia se sintió consolada con la presencia del gatito, que era de lo más juguetón... Un espíritu que tenía una cría de gato de mascota no podía ser malo, ¿no?


Los chicos aún estaban discutiendo que hacer cuando el ambiente cambió. La bruma se volvió claramente más densa hasta llegar a ocultar el sol en su frio abrazo y la atmósfera se volvió pesada.

- ¡Es Phobos, vuelve a por uno de nosotros!
- Si no es con manchas de sangre en su ropa o algo así... -murmuró el escéptico con chulería.
- ¿Pero tu estás tonto o qué? ¿No te importa nuestra amiga?
- Bueno... 

Una luz repentina les hizo ver un flash de la imagen de Vênräedna, con cara de malas pulgas de nuevo.

- Pero qué fea es... -comentó el chico.
- A ver, ¿Qué demonios te pasa? ¿Estás gi..?

Vênräedna pronunció el nombre de la rubia y sus amigos callaron.

- ¿Habéis oído eso? Está aquí... -susurró uno de los chicos muerto de miedo.
- ¡Ha dicho su nombre!

El espíritu volvió a pronunciar su nombre y luego el del chico escéptico.

- ¡Va a por ti, tío!
- No... Vamos, no va a hacer todo esto por una simple rata... -contestó el otro empezando a preocuparse.
- ¡Tío, tío, que están aburridos por el más allá, sin nada que hacer!
- ¿Tú que sabes? -defendió la chica de melena oscura.
- ¡Dejaos de estupideces! -rogó otro de los chicos.

Un aire helado atravesó el pecho del joven escéptico haciendo que se sintiera mal.

- Me está molestando... Ya nos podría devolver a nuestra amiga y dejarnos en paz, no la queremos entre nosotros.

Vênräedna se sintió ofendida. Dejó que uno de sus tatuajes se viera justo delante de los ojos del chico y luego le puso una mueca horrorosa.

- ¡Aaaaah!

¡Por fin lo asustaba! ¡Sí!

- ¡Me quiere torturar! ¡Vete, demonio del mal!

Vênräedna sonrió. No era ningún demonio del mal, así que no pensaba irse hasta haberse vengado...



Dedicado a Veneranda, ¡feliz cumpleaños guapa!

26 junio 2018

Valhalla Awaits












La oscuridad del silencio era una sinfonía sin fin dentro de una tormenta. Y entonces tus ojos se clavaron en los míos como preludio de la fantasía que viviríamos. Tu sonrisa tras cada palabra, tu poesía interior como un hechizo. Unos ojos oscuros llenos de luz, una lírica cautivadora en las tinieblas. Un océano por medio porque solo nos conocíamos en sueños. Un deseo profético para encontrarnos en el mundo mortal. 

Emprendimos la travesía en los mares de la existencia sin saber si nos encontraríamos o todo se trataba de una irracional utopía. El agua, la lluvia y las tormentas nunca nos hicieron errar el camino aunque en muchas ocasiones creyéramos perder el rumbo de los sueños. Mil aventuras, dragones y ondinas encontramos en los mares a lo largo del tiempo, pero como Odiseo nos regimos por la brújula del destino anhelando lo maravilloso. La magia era quimera, las quimeras ilusiones y el destino nunca llegaba, pero el océano infinito nos otorgaba la sabiduría en sus aguas... 

Y mientras me perdía en sus ojos,
la poesía fluía entre nosotros.
Como si la senda tuviera sentido
y nunca hubiéramos perdido el camino.
En aquel navío de ensueño
éramos uno con el océano
y las profecías se cumplían
mientras los nigromantes morían.
Su única visión bastaba para llenar
mi mundo de sueños imposibles
pero su mano entrelazada con la mía
solo miraba hacia lo inmortal... 

~ No quiere decir que te deje de amar
¿Cómo podría un mortal?
Tu luz fue mi salvación, una divina redención. ~

La tormenta de la pasión nos estrelló contra las rocas en un divino castigo. Del océano al verdugo en la lenta agonía del amor no correspondido. Yo siempre soñé con tus ojos en el abismo pero solo me encontré con el vacío. Y juramos que nunca ocurriría ni en esta ni en las otras vidas que compartiríamos. Juramos por escrito con la sangre de nuestro delirio sabiendo que jamás cumpliríamos aquella promesa. Porque tú me amabas desde que me conociste y yo te deseaba sin saber que eras un sueño imposible. 

Cuenta la leyenda que tus ojos se clavaron en los míos y que yo perdí la cordura y tuve que amarte para siempre. Porque el amor entre el océano y la divinidad de mi estirpe crearía un sinfín de magia... 


Dedicado a Cris, mi sueño en la realidad.