28 diciembre 2020

When in Ylôwan (❄)

Cuanto más avanzaba por las callejuelas de Ylôwan más se ofendía. Lo suyo era que fuese un lugar terrible, feo y destartalado, repleto de oscuridad como se hallaba su corazón... ¡Y que lloviese! Pero no, lucía el sol del atardecer, que se reflejaba en las bellas y labradas travesías repletas de flores de alegres colores y todo el mundo parecía feliz, alegre y despreocupado. ¡Malditos Yôwaneses! Zed relinchó como si se riera. Dioses, que caballo más raruno.

- ¿Y ahora dónde me alojo? ¿En la mejor posada del pueblo, con joviales señoritas y buena cerveza?  -se preguntó. Su mente clamaba por un antro de perdición cochambroso y sucio donde despertase sin sus pertenencias, pero no parecía que lo fuera a encontrar. ¿Por qué todo tenía que salirle mal? 

- ¡Eh, joven caballero!

Otro alegre lugareño le saludaba efusivamente y le hacía señas para que bajase de su montura. Orav le hizo caso tratando de sonreír y conformando una mueca extraña en su rostro.

- ¿Si?
- ¿Buscáis alojamiento? ¡No parecéis de por aquí!
- Pues... sí, de hecho sí. Busco el castillo de Ylôwan.

El rostro del anciano enmudeció por un momento, pero volvió a sonreír.

- Quizá seáis la salvación que hemos estado esperando... 
- ¿Disculpe?
- ¡Nada! No hagas caso a este pobre anciano -sonrió. Mi esposa y yo somos sirvientes en el castillo y vivimos cerca de sus dependencias. ¡Quedáos con nosotros!

Oh, estupendo. Quedarse con una amable parejita de abuelos... ¡Justo su plan perfecto! -pensó lleno de amargura.


El castillo de Ylôwan, cómo no, era impresionante. Y ellos vivían prácticamente a sus pies en una casita encantadora a las afueras de la aldea. Le molestaba sobremanera que no fueran un par de vejestorios viviendo en una casa tan decrépita como ellos... Ser encantador le estaba costando un mundo. Y Zed no paraba de mirarle, juzgándole, como si su mirada le dijera "oh, vamos, disfruta de tu buena suerte". La buena suerte apestaba. 

- ¡Así que te llamas Orav! ¡Qué nombre tan bonito! -dijo la anciana ofreciéndole un caldo que olía estupendamente. En fin, se rendía.
- ¡Gracias! Mi madre, que le gustan los nombres originales...
- ¡Oh, tu caballo es muy especial! Le fascinan las zanahorias...
- Dele un terrón de azúcar, se volverá loco...

Una brisa congelada le pasó por las espalda y Orav miró tras de sí rápidamente, suspicaz. Los ancianos se miraron por un fragmento de segundo y se sentaron a la mesa, con Zed asomado a la ventana de la cocina, observándoles curioso.

- ¿Y a qué venís al castillo? ¿Es por las nupcias de la nueva señora?

El joven se atragantó con el caldo y el señor corrió a darle unos golpecitos en la espalda.

- ¿Estás bien, muchacho?
- ¡Si! -contestó Orav con voz ahogada. No, vengo... Me dijeron que esto era precioso y...
- Vos sois un mago, ¿verdad?

¡Hala! Su misión encubierta al carajo. Ah, no, que aún podía mentir...

- No... -respondió, esta vez más seguro de sí mismo, porque siendo sinceros sus poderes aún no se habían manifestado... Zed relinchó en advertencia.
- Oscuros... acontecimientos han estado ocurriendo...
- ¿Podrían cerrar la ventana? La corriente es inmensa...

La anciana dio un respingo y miró temerosa a su marido.

- Me temo... que no es una simple corriente...

Y entonces, Orav se desmayó.


El amanecer sobre la nieve era particularmente espectacular porque aquellas gentes eran realmente aficionadas a las flores y la naturaleza y cubrían el denso manto blanco con cuantas plantas consentían crecer en aquel paraje helado. Orav se desperezó y un escalofrío le recorrió la espalda. Después gritó espantando al ver una extraña sombra en una de las esquinas de su aposento. 

- ¿Qué demonios..?
- ¡Dioses! ¡No invoques al diablo, chico!

Orav miró al anciano, que le observaba desde la puerta con un pijama amplio y unas pantuflas desgastadas. No sabía por qué, pero apenas era capaz de contener la risa ante tal escena. ¿Tal vez por el gorro con borla que portaba para tapar su calva? 

- ¿Qué ha ocurrido? -inquirió restregándose los ojos y empezando a ver lucecitas.
- Oh... El... cansancio, supongo... Has viajado mucho, ¿no..?
- Miente.

El anciano le miró como si hubiese soltado una terrible blasfemia y acarició inconscientemente la borla de su gorro.

- Yo... ¿No querías ir al castillo, muchacho? La señora es bellísima y os alegrará el día...

La mirada furibunda de Orav debió decirlo todo, porque con una tímida sonrisa el hombre dejó unas tostadas con mermelada y té a la puerta de su aposento y se retiró.


Pues resultaba que parte de su mal humor matutino era por hambre. En cuanto devoró las deliciosas tostadas que le ofrecieron su estado de ánimo cambió de funesto a infausto. Bueno, quizá la visión de la fortaleza no cambiaba especialmente sus sentimientos... Ylôwan apestaba. 
Bajó las escaleras de la casita poniendo caras raras -pretendían ser sonrisas amables para compensar su mirada de antes- y cuando llegó a la cocina quedó petrificado. Zed estaba comiendo terrones de azúcar que le ofrecía la señora apestosa del bosque que recogía bayas. 

- Disculpe...

La brisa helada le envolvió y cuando la señora le devolvió la mirada soltó un chillido de espanto poco propio de un aguerrido caballero. Además de su aspecto horripilante, la anciana tenía unos ojos ciegos y blanquecinos que le provocaron escalofríos y un pánico atenazante. Y Zed tan panchu comiendo de su mano... ¡Ese caballo era un freaky! La señora, como típica señora-fantasma, abrió la boca a más no poder y soltó un grito digno de una Banshee para después desaparecer. El corazón de Orav latía desbocado mientras Zed le miraba sin entender.

- ¡Dioses! ¿Pero cómo podías estar tan tranquilo?

Los grandes ojos del corcel parecieron responder "la belleza está en los ojos del que mira". ¿¿Uhm??

- ¿¡Qué pasa!? 

El anciano de la casita entró en la cocina con varias hortalizas escurriéndose de sus brazos y le miró con rostro asustado.

- Yo... Pues que he visto... Una señora...
- ¡No! ¡No la menciones, chico!
- ¿Por..?

La mirada del viejo le hizo enmudecer. 

- Sucesos muy extraños están aconteciendo...
- ... en un remoto lugar de nuestro señorío... -completó inconscientemente Orav con voz tétrica.
- ¿Qué?
- ¡Oh, perdone! Un déjà vu...-respondió recordando las palabras de Thÿowin.
- Hay magia oscura rondando, muchacho. No debe mencionarse para que no sea atraída... Por eso nos alegramos pensando que quizás eras un mago de tierras lejanas dispuesto a luchar...
- Bueno, aún tengo mi espada...
- ¡La magia negra no se combate con fuerza bruta jovencito! Pero no hablemos más de ello...
- Pero mi caballo...

El anciano miró a Zed, que puso ojos tiernos e inocentes.

- Tu corcel... Es peculiar. Muy, muy peculiar. Un animal muy inteligente... ¿Quizá demasiado? -preguntó dándole una palmadita jovial en la mandíbula y una zanahoria, a lo que el caballo relinchó alegre.
- No sé... Es un buen compañero.

El caballo pareció conmovido mientras masticaba y Orav se sonrojó contra su voluntad. 

- Quiero visitar el castillo -dijo para cambiar de tema.
- ¡Me parece estupendo! Vamos, muchacho, te va a encantar.

Orav suspiró y su humor volvió a ensombrecerse.


¡Sí! El castillo, como todo en Ylôwan, era magnífico. Maldita sea, si no estuviera en un momento tan aciago estaría disfrutando de todo aquello como nunca. Estaba orgulloso de su pueblo natal, pero aquel lugar era realmente genial. Digno de un lobo exiliado, del gran mago de la aldea... Sintió una punzada de nostalgia. 

Cuanto más caminaban por las dependencias más se daba cuenta de lo que rico que era el hombre con el que habían comprometido a su amiga y por una vez suspiró con fastidio. Todo eso a ella no le importaba... Salones fastuosos, cubertería de oro y plata, un jardín interior con flores exóticas... Nada de eso le daría la felicidad. 

- Y ahora, prepárate. Ahí está la gran dama, en el salón. Inclínate ante su gracia y belleza... 

Orav iba tan distraído que no se había dado cuenta de cuánto habían avanzado y no estaba preparado para aquello. Su amiga estaba impresionante, parecía una auténtica reina. En lugar de caer de rodillas sentía que su espíritu se elevaba y no podía dejar de mirarla. Ni de anhelarla. Maldita sea, ¡Estaba enamorado!

- ¿Orav..?


Dedicado a Álvaro, ¡feliz cumpleaños Varo!

27 diciembre 2020

Quetzalcōhuātl

Se quedaron boquiabiertos. A Pichu le estaba dando síndrome de Stendhal total y no sabía hacia cuál de todas las maravillas que abarcaban sus ojos mirar.

- ¡Oh, reacción romántica ante la acumulación de belleza! ¡Oh, exhuberancia del goce artístico! -estropeó el momento el arqueólogo listillo.
- ¡No tienes corazón! -exclamó Pichu, extasiado ante la hermosísima pirámide que se erigía ante ellos.
- ¡Escuchad!

Todos guardaron silencio ante las palabras de Mama Quilla y comenzaron a oir una suave melodía que parecía nacer de la mismísima pirámide. Pichu no cabía en sí de emoción y ni siquiera se dio cuenta de que la imagen de Viracocha, el esplendor originario, Señor Maestro del Mundo, brillaba en su trono con la piedra preciosa de su torso refulgiendo. 

- ¡Vamos a investigar el sepulcro! -propuso Pichu admirando el atardecer y lo bucólico de aquella escena que parecía pertenecer a un sueño.
- ¡No!

Pacha Mama parecía de nuevo muy incómoda. La pirámide le provocaba un sentimiento que no sabía cómo describir. Su brillo mágico le recordaba a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, dios de la luz y de la vida. Buscó en los cielos del crepúsculo a Xólotl, la estrella vespertina, pero no logró encontrarla. El gemelo precioso...

- ¡Oh!

Pichu de pronto entendió lo que ocurría con su arqueóloga favorita (y traidora, que no olvidaba que le había leído el diario). La miró con ternura y los ojos de ésta se humedecieron.

- Xib'alb'a... El inframundo. 
- ¡Venga jefe, saca el móvil y cuéntanos el Popol Vuh! -pidió con sorna el arqueólogo que le caía mal.
- "El Popol Vuh es una recopilación de narraciones míticas, legendarias e históricas del pueblo k'iche..." ¿Ah, no lo decías literalmente? -preguntó Pichu al ver sus caras.
- En serio... 
- ¡Es el Libro Sagrado de los mayas! No deberías...
- ¡Silencio! -estalló Mama Quilla. 

La pirámide comenzó a refulgir y de pronto la escena empezó a desdibujarse como si se tratase de una pintura al óleo bañada por fina lluvia. El lienzo se desvanecía y las pinceladas se perdían en el infinito. 

¡Pichu!
 
El joven arqueólogo alzó la mirada hacia los dioses.


Xib'alb'a, el reino de los muertos. Regido por las divinidades de la enfermedad Hun-Camé y de la muerte Vucub-camé. 

- 'Abandon hope all ye who enter here'... -susurró con voz sombría Pichu recordando el Infierno de Dante.
- ¡Bienvenidos a Guatemala! -bromeó el arqueólogo listillo para aliviar la tensión.
- ¿En serio? No estamos en la "tradicional" entrada de Alta Verapaz, eso seguro... -contestó Mama Quilla.

El mundo telúrico de Xib'alb'a estaba gobernado por unos ríos encantados con árboles espinosos -¡jicaros! presumió Pichu de conocerlos- que descendían de los barrancos por los que estaban penetrando en su interior. Lograron esquivar con suma cautela las profundas espinas que amenazaban con atravesar su piel y entonces llegaron al borde del río de la Sangre. En completo silencio pasaron por él y llegaron a un río de agua natural. Pichu trataba de recordar el Popol Vuh mientras observaba a su amiguito pokémon, que permanecía tranquilo y silencioso sobre su hombro. ¡Qué ricura!

- Bueno... ¿Y ahora qué?

Tras atravesar el último rio, llegaron a un lugar donde se cruzaban cuatro caminos. Un camino rojo, un camino negro, un camino blanco y un camino amarillo.

Continuará...


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños majo!

25 diciembre 2020

Joyful Christmas!

¡Felices fiestas y próspero año nuevo!

*Inserte mensaje bonito, filosófico y motivacional*
¡Y un brindis por el equilibrio universal!


Dedicado a mis amigos, ¡por un año más!

19 diciembre 2020

Nightwish

Epílogo

No existían palabras en ninguna lengua viva o muerta para describir lo que tenían ante sus ojos. En líneas generales la Quintaesencia era perfección pura, y estaba segura de que todos y cada uno de los presentes la estaban percibiendo de una forma totalmente distinta. Y entonces, su voz. 
Los cielos se abrieron en dos y los mundos se desgarraron. Podían ver el universo antiguo de Jeanpo reflejado en los charcos de lluvia, el futuro de las constelaciones en el firmamento y otras realidades entremezclándose con la suya propia. Tenían que detener la locura.

- My Queen...

Wherynn miró a los ojos a la Quintaesencia y se arrepintió al instante. Veía impotente cómo Srynna se veía arrastrada por su cautivadora presencia -¡traidora!- y cómo Jeanpo abría la boca en una mueca de horror. Thöw parecía encontrarse muy lejos de allí y los Nöh, Ikcn incluído, miraban con adoración y reverencia lo que habían invocado. No sabía qué hacer, y lo peor es que sentía que la única salvación era aliarse con la propia Quintaesencia. Pero sabía que solo era un espejismo y que no podía ocurrir si quería ganar la victoria. En fin, tendría que mantener la mente fría, para variar. ¿O no? Sonrió y la miró desafiante mientras ella alzaba la mano para detener a Srynna. La joven se quedó inmóvil y obnubilada mientras sendas gotas de lluvia caían sobre su rostro confundiéndose con lágrimas. La imagen del mundo de Jeanpo en los charcos osciló.

La Quintaesencia comenzó a acercarse lentamente a Wherynn como si de un animal salvaje se tratase. La joven, inexplicablemente, era capaz de mantenerle la mirada, hecho que parecía confundir y deleitar a los Nöh. Jeanpo tragó saliva y en un movimiento pausado, casi inexistente, asió su espada. La mano de Wherynn relucía. 

Y entonces, de nuevo, su voz.

Los mundos se fragmentaron aún más y las realidades comenzaron a difuminarse. Las fronteras de la imaginación cobraban vida en la realidad y mientras la Quintaesencia la miraba fijamente con sus ojos ambarinos pudo ver la profecía que le estaba destinada y entendió a la perfección el cambio en el mapa cósmico de su mano. El guerrero era la clave, naturalmente. Los dos hermanos. 

Y sucedió.


Estalló la guerra. Porque la Quintaesencia, la energía de vacío, cerró los ojos. No pertenecía a los Nöh que la habían invocado, ni pertenecía a los elegidos. Era el equilibrio entre el bien y el mal, la balanza entre todas las creaciones y realidades. Wherynn alzó la mano, Jeanpo esgrimió su espada y Srynna, liberada de ataduras, desató su poder. Y entonces todos los entendieron como si siempre lo hubieran sabido. Thöw era la tierra alimentada por el espíritu de la naturaleza;  Wherynn el fuego apasionado que arde en el amanecer de los tiempos; Srynna el agua dadora de vida y destructora de mundos con su diluvio; e Ikcn el aire voluble e intempestivo. Y él, Jeanpo, era el todo. El viajero entre los mundos, destino de la humanidad. Su propia Quintaesencia. 

Como profetizaron, el cielo se derrumbó sobre la tierra. Los mundos colapsaron y volvieron a renacer y los Nöh fueron destruidos en todas y cada una de las realidades que habían invadido, incluida la de Jeanpo. Todo esto ante los ojos cerrados de la Quintaesencia en la tormenta. Cuando la batalla dio a su fin, los abrió de nuevo. El ámbar de su mirada, que había permanecido plomizo ante la tormenta, se había tornado de un diáfano tono dorado que presagiaba un nuevo amanecer. Se acercó a los hermanos y unió sus manos con una sonrisa. Sus realidades se habían reconciliado al fin. Se acercó a Srynna, que repentinamente se mostraba tímida y no sabía dónde meterse y también le dio la mano y la tocó con su frente en señal de reverencia. La muchacha casi se desmayó y Jeanpo no pudo evitar una punzada de celos. Wherynn, cuya sensibilidad y empatía parecía haber aumentado a límites insospechados, sonrió alegre ante la mundanidad de aquellos gestos cuando habían estado a punto de morir en varias ocasiones. Luego le tocó el turno a Jeanpo, que casi contra su voluntad le dio un fuerte apretón de manos. La Quitaesencia susurró algo en su oído y el joven abrió los ojos como platos, complacido. Y cuando le tocó a Wherynn, la Quitaesencia alzó su mano, que se enfrió por instantes y con una caricia restauró su mapa cósmico para dejarle un recuerdo de lo acontecido. Tras besarle la mano con la elegancia de un antiguo caballero de épocas remotas, desapareció. Y el silencio del Parque Azëbera solo fue roto por Srynna.

- Eh... ¿Me mata alguien si digo que la Quintaesencia estaba muy potente?

Todo el grupo estalló en carcajadas ante la ocurrencia de la chica, incluso Jeanpo, que la miraba con infinita ternura. 



Año 2010 D.C. Asturias.

- ¡No, no y no! ¡Eso no fue así, yo no le desmembré! -chilló Srynna.
- ¡Anda ya, si solo te faltó hacer un ritual con su sangre a lo sacerdotisa demente!
- ¡Y a tí..! ¡A tí te molaban todos!
- ¿¿Disculpa?? -se hizo la ofendida su amiga.

Wherynn estaba ensimismada leyendo su relato a Srynna. Como su amiga había propuesto, estaba creando una novela de fantasía épica relatando sus aventuras como forma de canalizar todo lo ocurrido y porque era la única manera de hacer saber al mundo los hechos acontecidos, incluso si pensaban que eran "imaginarios". 

- Me describes como si fuera una loca psicópata... ¡Y no es para tanto!
- ¡Oooh...! ¡No, qué va!

Ambas estallaron en risas mientras Wherynn fingía tachar algunas de las líneas y hacer exégesis para narrar otros hechos. Srynna no supo si reír o llorar cuando vio que en una de las hojas ponía "parodiar más a Sry".

- Lo de la ardilla cotilla si que fue un puntazo -recordó Wherynn.
- ¡Ya! ¿Quién iba a imaginar que era una espía?
- ¡Ay, estaba tan mona con su capita negra...!
- ¡Muy cuqui! -coincidió Srynna- avergüénzate de haberle tirado una piedra... 
- Sí... La ardilla cotilla, me parto. 

- ¿Qué crees que será de Jeanpo?

Wherynn se quedó en silencio.

- A pesar de haber perdido los poderes...
- De poco nos servirían en el mundo real. Yo no los hecho de menos -mintió.

Srynna se quedó en silencio y acarició el anillo que llevaba en el dedo corazón.

- Ya queda menos para la visita... -sonrió dándole vueltas.
- ¿Y las aventuras que vivamos me darán para otra novela? ¿Quizá una trilogía? -fantaseó Wherynn.

Fin.


Dedicado a Jeanpo, ¡feliz cumpleaños cuco!

05 diciembre 2020

Αἰθήρ *Ἠλύσια πεδία*

Aire puro. No sabía cómo describirlo ni encontraría palabras en mil vidas para lograrlo. Conocer a Éter había sido la experiencia más edificante de su existencia. Una aliteración de sensaciones que se apoderaron de su mente, una alegoría que le haría escribir o pintar su obra maestra si fuera artista. Y ahora que había abandonado el Éter, se sentía vacío.

- ¡Sobrino!

Ni siquiera se había dado cuenta de dónde se encontraba. ¿El Érebo?

- ¿Cómo he llegado aquí?
- ¡Tus deseos, pequeño Oniro! ¿Cuál es nuestro siguiente paso, Las Moiras? ¿La Isla de los Bienaventurados de mi señora?

¿Cómo sabía eso? Tánatos rió de forma siniestra y Ëdpôr sintió los conocidos escalofríos que su tío le provocaba. 

- Las Moiras tejen el destino y ya sabes que yo cumplo su voluntad...
- Si Las Fatae saben lo que Éter me ha revelado... ¿Por qué nuestro viaje?
- Es viaje de sabiduría, Oniro.

Ëdpôr se quedó pensativo. Si realmente la revelación de Éter era su destino... Ellas lo sabrían. ¿Pero cómo podían saberlo y dejar que ocurriese? ¿No iba totalmente en contra de su naturaleza?

¿Estaba desintegrando los cimientos de la propia realidad?

- Los Campos Elíseos.
- Sea pues tu voluntad.


Los Campos Elíseos, las llanuras del lugar alcanzado por el rayo, eran un lugar realmente paradisíaco. Un enclave sagrado lleno de sombras, almas inmortales, de hombres y mujeres virtuosos y heroicos guerreros que al fin pasaban una eternidad dichosa y feliz. En sus verdes campos llenos de flores siempre hacía sol y llegar allí atravesando el inframundo más allá del río Lete era un recuerdo digno de atesorar en la memoria. Los dioses reposaban en aquellas praderas libres de pecado, maldad y deseos terrenales, pero su aterrador tío Tánatos no podía entrar en sus dominios por ser personificación de la muerte. Desde el palacio de Cronos hasta las aguas del río Aqueronte, no había nada que no fuera absolutamente hermoso y perfecto. 

- ¡Oh, un Oniro!

Ëdpôr reconoció a Radamantis, juez de las sombras, y le saludó efusivamente.

- ¿Qué hace una encarnación de los mismísimos sueños en mis terrenos? ¿Os habéis perdido por el inframundo?
- No... Vengo a cumplir mi destino.
- ¡Oh! Habéis escogido el lugar más hermoso para hacerlo. ¿No os habéis encontrado con Tisífone en el camino?

El Oniro negó con la cabeza. No hubiera sido agradable cruzarse con ninguna de las Erinias de plateados cabellos de serpiente y vestimenta humedecida en sangre.

- No temáis a las Euménides -dijo Radamantis adivinando sus pensamientos- ¿Y cuál es ese destino que venís a cumplir a estos agradables lares?
- Nunca he temido a las diosas ctónicas -respondió Ëdpôr sin contestar a la pregunta. Radamantis sonrió y se hizo a un lado.
- Podéis pasear tranquilo, Oniro. Vuestros secretos pertenecen a los sueños.


Podía haberse perdido en aquella belleza durante toda la eternidad. Nunca había visitado las llanuras al no ser considerado una deidad y lo lamentaba profundamente. Guardaría por siempre en sus recuerdos aquel sitio y lo representaría en los sueños lúcidos que enviaba a los mortales para darles la promesa de una vida eterna llena de música y felicidad. No en vano los iniciados en los cultos del misterio de Deméter, Perséfone o Hékate sabían que si llevaban vidas virtuosas serían elevados a la condición de dioses tras su muerte y se convertirían en inmortales... Y al fin, entre sus cavilaciones, llegó al palacio de Cronos. 

El dios de los calendarios, las estaciones y las cosechas tenía una morada digna de un rey en su edad dorada. Y como narraban los mitos, en su reino no existía la inmoralidad. Realmente era el merecedor soberano de aquel edén. 
El Oniro penetró en su mansión y confió en que el dios apareciera pronto y no le turbase que su presencia no hubiera sido anunciada.

- ¿A qué debo el honor de la visita de un Oniro?

Êdpôr contempló al dios con guadaña y respiró hondo.

Nunca se había detenido a pensar en los dioses. En sus existencias, en sus historias, en el por qué de sus actos. Y aquel soleado día sempiterno, sintió simpatía por Cronos mientras emprendía rumbo a los Prados Asfódelos.


Dedicado a Pedro, ¡feliz cumpleaños majo!

01 diciembre 2020

Break the Silence II

... Writing became a cornerstone in my life... 


 Continuará...