28 diciembre 2020

When in Ylôwan (❄)

Cuanto más avanzaba por las callejuelas de Ylôwan más se ofendía. Lo suyo era que fuese un lugar terrible, feo y destartalado, repleto de oscuridad como se hallaba su corazón... ¡Y que lloviese! Pero no, lucía el sol del atardecer, que se reflejaba en las bellas y labradas travesías repletas de flores de alegres colores y todo el mundo parecía feliz, alegre y despreocupado. ¡Malditos Yôwaneses! Zed relinchó como si se riera. Dioses, que caballo más raruno.

- ¿Y ahora dónde me alojo? ¿En la mejor posada del pueblo, con joviales señoritas y buena cerveza?  -se preguntó. Su mente clamaba por un antro de perdición cochambroso y sucio donde despertase sin sus pertenencias, pero no parecía que lo fuera a encontrar. ¿Por qué todo tenía que salirle mal? 

- ¡Eh, joven caballero!

Otro alegre lugareño le saludaba efusivamente y le hacía señas para que bajase de su montura. Orav le hizo caso tratando de sonreír y conformando una mueca extraña en su rostro.

- ¿Si?
- ¿Buscáis alojamiento? ¡No parecéis de por aquí!
- Pues... sí, de hecho sí. Busco el castillo de Ylôwan.

El rostro del anciano enmudeció por un momento, pero volvió a sonreír.

- Quizá seáis la salvación que hemos estado esperando... 
- ¿Disculpe?
- ¡Nada! No hagas caso a este pobre anciano -sonrió. Mi esposa y yo somos sirvientes en el castillo y vivimos cerca de sus dependencias. ¡Quedáos con nosotros!

Oh, estupendo. Quedarse con una amable parejita de abuelos... ¡Justo su plan perfecto! -pensó lleno de amargura.


El castillo de Ylôwan, cómo no, era impresionante. Y ellos vivían prácticamente a sus pies en una casita encantadora a las afueras de la aldea. Le molestaba sobremanera que no fueran un par de vejestorios viviendo en una casa tan decrépita como ellos... Ser encantador le estaba costando un mundo. Y Zed no paraba de mirarle, juzgándole, como si su mirada le dijera "oh, vamos, disfruta de tu buena suerte". La buena suerte apestaba. 

- ¡Así que te llamas Orav! ¡Qué nombre tan bonito! -dijo la anciana ofreciéndole un caldo que olía estupendamente. En fin, se rendía.
- ¡Gracias! Mi madre, que le gustan los nombres originales...
- ¡Oh, tu caballo es muy especial! Le fascinan las zanahorias...
- Dele un terrón de azúcar, se volverá loco...

Una brisa congelada le pasó por las espalda y Orav miró tras de sí rápidamente, suspicaz. Los ancianos se miraron por un fragmento de segundo y se sentaron a la mesa, con Zed asomado a la ventana de la cocina, observándoles curioso.

- ¿Y a qué venís al castillo? ¿Es por las nupcias de la nueva señora?

El joven se atragantó con el caldo y el señor corrió a darle unos golpecitos en la espalda.

- ¿Estás bien, muchacho?
- ¡Si! -contestó Orav con voz ahogada. No, vengo... Me dijeron que esto era precioso y...
- Vos sois un mago, ¿verdad?

¡Hala! Su misión encubierta al carajo. Ah, no, que aún podía mentir...

- No... -respondió, esta vez más seguro de sí mismo, porque siendo sinceros sus poderes aún no se habían manifestado... Zed relinchó en advertencia.
- Oscuros... acontecimientos han estado ocurriendo...
- ¿Podrían cerrar la ventana? La corriente es inmensa...

La anciana dio un respingo y miró temerosa a su marido.

- Me temo... que no es una simple corriente...

Y entonces, Orav se desmayó.


El amanecer sobre la nieve era particularmente espectacular porque aquellas gentes eran realmente aficionadas a las flores y la naturaleza y cubrían el denso manto blanco con cuantas plantas consentían crecer en aquel paraje helado. Orav se desperezó y un escalofrío le recorrió la espalda. Después gritó espantando al ver una extraña sombra en una de las esquinas de su aposento. 

- ¿Qué demonios..?
- ¡Dioses! ¡No invoques al diablo, chico!

Orav miró al anciano, que le observaba desde la puerta con un pijama amplio y unas pantuflas desgastadas. No sabía por qué, pero apenas era capaz de contener la risa ante tal escena. ¿Tal vez por el gorro con borla que portaba para tapar su calva? 

- ¿Qué ha ocurrido? -inquirió restregándose los ojos y empezando a ver lucecitas.
- Oh... El... cansancio, supongo... Has viajado mucho, ¿no..?
- Miente.

El anciano le miró como si hubiese soltado una terrible blasfemia y acarició inconscientemente la borla de su gorro.

- Yo... ¿No querías ir al castillo, muchacho? La señora es bellísima y os alegrará el día...

La mirada furibunda de Orav debió decirlo todo, porque con una tímida sonrisa el hombre dejó unas tostadas con mermelada y té a la puerta de su aposento y se retiró.


Pues resultaba que parte de su mal humor matutino era por hambre. En cuanto devoró las deliciosas tostadas que le ofrecieron su estado de ánimo cambió de funesto a infausto. Bueno, quizá la visión de la fortaleza no cambiaba especialmente sus sentimientos... Ylôwan apestaba. 
Bajó las escaleras de la casita poniendo caras raras -pretendían ser sonrisas amables para compensar su mirada de antes- y cuando llegó a la cocina quedó petrificado. Zed estaba comiendo terrones de azúcar que le ofrecía la señora apestosa del bosque que recogía bayas. 

- Disculpe...

La brisa helada le envolvió y cuando la señora le devolvió la mirada soltó un chillido de espanto poco propio de un aguerrido caballero. Además de su aspecto horripilante, la anciana tenía unos ojos ciegos y blanquecinos que le provocaron escalofríos y un pánico atenazante. Y Zed tan panchu comiendo de su mano... ¡Ese caballo era un freaky! La señora, como típica señora-fantasma, abrió la boca a más no poder y soltó un grito digno de una Banshee para después desaparecer. El corazón de Orav latía desbocado mientras Zed le miraba sin entender.

- ¡Dioses! ¿Pero cómo podías estar tan tranquilo?

Los grandes ojos del corcel parecieron responder "la belleza está en los ojos del que mira". ¿¿Uhm??

- ¿¡Qué pasa!? 

El anciano de la casita entró en la cocina con varias hortalizas escurriéndose de sus brazos y le miró con rostro asustado.

- Yo... Pues que he visto... Una señora...
- ¡No! ¡No la menciones, chico!
- ¿Por..?

La mirada del viejo le hizo enmudecer. 

- Sucesos muy extraños están aconteciendo...
- ... en un remoto lugar de nuestro señorío... -completó inconscientemente Orav con voz tétrica.
- ¿Qué?
- ¡Oh, perdone! Un déjà vu...-respondió recordando las palabras de Thÿowin.
- Hay magia oscura rondando, muchacho. No debe mencionarse para que no sea atraída... Por eso nos alegramos pensando que quizás eras un mago de tierras lejanas dispuesto a luchar...
- Bueno, aún tengo mi espada...
- ¡La magia negra no se combate con fuerza bruta jovencito! Pero no hablemos más de ello...
- Pero mi caballo...

El anciano miró a Zed, que puso ojos tiernos e inocentes.

- Tu corcel... Es peculiar. Muy, muy peculiar. Un animal muy inteligente... ¿Quizá demasiado? -preguntó dándole una palmadita jovial en la mandíbula y una zanahoria, a lo que el caballo relinchó alegre.
- No sé... Es un buen compañero.

El caballo pareció conmovido mientras masticaba y Orav se sonrojó contra su voluntad. 

- Quiero visitar el castillo -dijo para cambiar de tema.
- ¡Me parece estupendo! Vamos, muchacho, te va a encantar.

Orav suspiró y su humor volvió a ensombrecerse.


¡Sí! El castillo, como todo en Ylôwan, era magnífico. Maldita sea, si no estuviera en un momento tan aciago estaría disfrutando de todo aquello como nunca. Estaba orgulloso de su pueblo natal, pero aquel lugar era realmente genial. Digno de un lobo exiliado, del gran mago de la aldea... Sintió una punzada de nostalgia. 

Cuanto más caminaban por las dependencias más se daba cuenta de lo que rico que era el hombre con el que habían comprometido a su amiga y por una vez suspiró con fastidio. Todo eso a ella no le importaba... Salones fastuosos, cubertería de oro y plata, un jardín interior con flores exóticas... Nada de eso le daría la felicidad. 

- Y ahora, prepárate. Ahí está la gran dama, en el salón. Inclínate ante su gracia y belleza... 

Orav iba tan distraído que no se había dado cuenta de cuánto habían avanzado y no estaba preparado para aquello. Su amiga estaba impresionante, parecía una auténtica reina. En lugar de caer de rodillas sentía que su espíritu se elevaba y no podía dejar de mirarla. Ni de anhelarla. Maldita sea, ¡Estaba enamorado!

- ¿Orav..?


Dedicado a Álvaro, ¡feliz cumpleaños Varo!

27 diciembre 2020

Quetzalcōhuātl

Se quedaron boquiabiertos. A Pichu le estaba dando síndrome de Stendhal total y no sabía hacia cuál de todas las maravillas que abarcaban sus ojos mirar.

- ¡Oh, reacción romántica ante la acumulación de belleza! ¡Oh, exhuberancia del goce artístico! -estropeó el momento el arqueólogo listillo.
- ¡No tienes corazón! -exclamó Pichu, extasiado ante la hermosísima pirámide que se erigía ante ellos.
- ¡Escuchad!

Todos guardaron silencio ante las palabras de Mama Quilla y comenzaron a oir una suave melodía que parecía nacer de la mismísima pirámide. Pichu no cabía en sí de emoción y ni siquiera se dio cuenta de que la imagen de Viracocha, el esplendor originario, Señor Maestro del Mundo, brillaba en su trono con la piedra preciosa de su torso refulgiendo. 

- ¡Vamos a investigar el sepulcro! -propuso Pichu admirando el atardecer y lo bucólico de aquella escena que parecía pertenecer a un sueño.
- ¡No!

Pacha Mama parecía de nuevo muy incómoda. La pirámide le provocaba un sentimiento que no sabía cómo describir. Su brillo mágico le recordaba a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, dios de la luz y de la vida. Buscó en los cielos del crepúsculo a Xólotl, la estrella vespertina, pero no logró encontrarla. El gemelo precioso...

- ¡Oh!

Pichu de pronto entendió lo que ocurría con su arqueóloga favorita (y traidora, que no olvidaba que le había leído el diario). La miró con ternura y los ojos de ésta se humedecieron.

- Xib'alb'a... El inframundo. 
- ¡Venga jefe, saca el móvil y cuéntanos el Popol Vuh! -pidió con sorna el arqueólogo que le caía mal.
- "El Popol Vuh es una recopilación de narraciones míticas, legendarias e históricas del pueblo k'iche..." ¿Ah, no lo decías literalmente? -preguntó Pichu al ver sus caras.
- En serio... 
- ¡Es el Libro Sagrado de los mayas! No deberías...
- ¡Silencio! -estalló Mama Quilla. 

La pirámide comenzó a refulgir y de pronto la escena empezó a desdibujarse como si se tratase de una pintura al óleo bañada por fina lluvia. El lienzo se desvanecía y las pinceladas se perdían en el infinito. 

¡Pichu!
 
El joven arqueólogo alzó la mirada hacia los dioses.


Xib'alb'a, el reino de los muertos. Regido por las divinidades de la enfermedad Hun-Camé y de la muerte Vucub-camé. 

- 'Abandon hope all ye who enter here'... -susurró con voz sombría Pichu recordando el Infierno de Dante.
- ¡Bienvenidos a Guatemala! -bromeó el arqueólogo listillo para aliviar la tensión.
- ¿En serio? No estamos en la "tradicional" entrada de Alta Verapaz, eso seguro... -contestó Mama Quilla.

El mundo telúrico de Xib'alb'a estaba gobernado por unos ríos encantados con árboles espinosos -¡jicaros! presumió Pichu de conocerlos- que descendían de los barrancos por los que estaban penetrando en su interior. Lograron esquivar con suma cautela las profundas espinas que amenazaban con atravesar su piel y entonces llegaron al borde del río de la Sangre. En completo silencio pasaron por él y llegaron a un río de agua natural. Pichu trataba de recordar el Popol Vuh mientras observaba a su amiguito pokémon, que permanecía tranquilo y silencioso sobre su hombro. ¡Qué ricura!

- Bueno... ¿Y ahora qué?

Tras atravesar el último rio, llegaron a un lugar donde se cruzaban cuatro caminos. Un camino rojo, un camino negro, un camino blanco y un camino amarillo.

Continuará...


Dedicado a Javier, ¡feliz cumpleaños majo!

25 diciembre 2020

Joyful Christmas!

¡Felices fiestas y próspero año nuevo!

*Inserte mensaje bonito, filosófico y motivacional*
¡Y un brindis por el equilibrio universal!


Dedicado a mis amigos, ¡por un año más!

19 diciembre 2020

Nightwish

Epílogo

No existían palabras en ninguna lengua viva o muerta para describir lo que tenían ante sus ojos. En líneas generales la Quintaesencia era perfección pura, y estaba segura de que todos y cada uno de los presentes la estaban percibiendo de una forma totalmente distinta. Y entonces, su voz. 
Los cielos se abrieron en dos y los mundos se desgarraron. Podían ver el universo antiguo de Jeanpo reflejado en los charcos de lluvia, el futuro de las constelaciones en el firmamento y otras realidades entremezclándose con la suya propia. Tenían que detener la locura.

- My Queen...

Wherynn miró a los ojos a la Quintaesencia y se arrepintió al instante. Veía impotente cómo Srynna se veía arrastrada por su cautivadora presencia -¡traidora!- y cómo Jeanpo abría la boca en una mueca de horror. Thöw parecía encontrarse muy lejos de allí y los Nöh, Ikcn incluído, miraban con adoración y reverencia lo que habían invocado. No sabía qué hacer, y lo peor es que sentía que la única salvación era aliarse con la propia Quintaesencia. Pero sabía que solo era un espejismo y que no podía ocurrir si quería ganar la victoria. En fin, tendría que mantener la mente fría, para variar. ¿O no? Sonrió y la miró desafiante mientras ella alzaba la mano para detener a Srynna. La joven se quedó inmóvil y obnubilada mientras sendas gotas de lluvia caían sobre su rostro confundiéndose con lágrimas. La imagen del mundo de Jeanpo en los charcos osciló.

La Quintaesencia comenzó a acercarse lentamente a Wherynn como si de un animal salvaje se tratase. La joven, inexplicablemente, era capaz de mantenerle la mirada, hecho que parecía confundir y deleitar a los Nöh. Jeanpo tragó saliva y en un movimiento pausado, casi inexistente, asió su espada. La mano de Wherynn relucía. 

Y entonces, de nuevo, su voz.

Los mundos se fragmentaron aún más y las realidades comenzaron a difuminarse. Las fronteras de la imaginación cobraban vida en la realidad y mientras la Quintaesencia la miraba fijamente con sus ojos ambarinos pudo ver la profecía que le estaba destinada y entendió a la perfección el cambio en el mapa cósmico de su mano. El guerrero era la clave, naturalmente. Los dos hermanos. 

Y sucedió.


Estalló la guerra. Porque la Quintaesencia, la energía de vacío, cerró los ojos. No pertenecía a los Nöh que la habían invocado, ni pertenecía a los elegidos. Era el equilibrio entre el bien y el mal, la balanza entre todas las creaciones y realidades. Wherynn alzó la mano, Jeanpo esgrimió su espada y Srynna, liberada de ataduras, desató su poder. Y entonces todos los entendieron como si siempre lo hubieran sabido. Thöw era la tierra alimentada por el espíritu de la naturaleza;  Wherynn el fuego apasionado que arde en el amanecer de los tiempos; Srynna el agua dadora de vida y destructora de mundos con su diluvio; e Ikcn el aire voluble e intempestivo. Y él, Jeanpo, era el todo. El viajero entre los mundos, destino de la humanidad. Su propia Quintaesencia. 

Como profetizaron, el cielo se derrumbó sobre la tierra. Los mundos colapsaron y volvieron a renacer y los Nöh fueron destruidos en todas y cada una de las realidades que habían invadido, incluida la de Jeanpo. Todo esto ante los ojos cerrados de la Quintaesencia en la tormenta. Cuando la batalla dio a su fin, los abrió de nuevo. El ámbar de su mirada, que había permanecido plomizo ante la tormenta, se había tornado de un diáfano tono dorado que presagiaba un nuevo amanecer. Se acercó a los hermanos y unió sus manos con una sonrisa. Sus realidades se habían reconciliado al fin. Se acercó a Srynna, que repentinamente se mostraba tímida y no sabía dónde meterse y también le dio la mano y la tocó con su frente en señal de reverencia. La muchacha casi se desmayó y Jeanpo no pudo evitar una punzada de celos. Wherynn, cuya sensibilidad y empatía parecía haber aumentado a límites insospechados, sonrió alegre ante la mundanidad de aquellos gestos cuando habían estado a punto de morir en varias ocasiones. Luego le tocó el turno a Jeanpo, que casi contra su voluntad le dio un fuerte apretón de manos. La Quitaesencia susurró algo en su oído y el joven abrió los ojos como platos, complacido. Y cuando le tocó a Wherynn, la Quitaesencia alzó su mano, que se enfrió por instantes y con una caricia restauró su mapa cósmico para dejarle un recuerdo de lo acontecido. Tras besarle la mano con la elegancia de un antiguo caballero de épocas remotas, desapareció. Y el silencio del Parque Azëbera solo fue roto por Srynna.

- Eh... ¿Me mata alguien si digo que la Quintaesencia estaba muy potente?

Todo el grupo estalló en carcajadas ante la ocurrencia de la chica, incluso Jeanpo, que la miraba con infinita ternura. 



Año 2010 D.C. Asturias.

- ¡No, no y no! ¡Eso no fue así, yo no le desmembré! -chilló Srynna.
- ¡Anda ya, si solo te faltó hacer un ritual con su sangre a lo sacerdotisa demente!
- ¡Y a tí..! ¡A tí te molaban todos!
- ¿¿Disculpa?? -se hizo la ofendida su amiga.

Wherynn estaba ensimismada leyendo su relato a Srynna. Como su amiga había propuesto, estaba creando una novela de fantasía épica relatando sus aventuras como forma de canalizar todo lo ocurrido y porque era la única manera de hacer saber al mundo los hechos acontecidos, incluso si pensaban que eran "imaginarios". 

- Me describes como si fuera una loca psicópata... ¡Y no es para tanto!
- ¡Oooh...! ¡No, qué va!

Ambas estallaron en risas mientras Wherynn fingía tachar algunas de las líneas y hacer exégesis para narrar otros hechos. Srynna no supo si reír o llorar cuando vio que en una de las hojas ponía "parodiar más a Sry".

- Lo de la ardilla cotilla si que fue un puntazo -recordó Wherynn.
- ¡Ya! ¿Quién iba a imaginar que era una espía?
- ¡Ay, estaba tan mona con su capita negra...!
- ¡Muy cuqui! -coincidió Srynna- avergüénzate de haberle tirado una piedra... 
- Sí... La ardilla cotilla, me parto. 

- ¿Qué crees que será de Jeanpo?

Wherynn se quedó en silencio.

- A pesar de haber perdido los poderes...
- De poco nos servirían en el mundo real. Yo no los hecho de menos -mintió.

Srynna se quedó en silencio y acarició el anillo que llevaba en el dedo corazón.

- Ya queda menos para la visita... -sonrió dándole vueltas.
- ¿Y las aventuras que vivamos me darán para otra novela? ¿Quizá una trilogía? -fantaseó Wherynn.

Fin.


Dedicado a Jeanpo, ¡feliz cumpleaños cuco!

05 diciembre 2020

Αἰθήρ *Ἠλύσια πεδία*

Aire puro. No sabía cómo describirlo ni encontraría palabras en mil vidas para lograrlo. Conocer a Éter había sido la experiencia más edificante de su existencia. Una aliteración de sensaciones que se apoderaron de su mente, una alegoría que le haría escribir o pintar su obra maestra si fuera artista. Y ahora que había abandonado el Éter, se sentía vacío.

- ¡Sobrino!

Ni siquiera se había dado cuenta de dónde se encontraba. ¿El Érebo?

- ¿Cómo he llegado aquí?
- ¡Tus deseos, pequeño Oniro! ¿Cuál es nuestro siguiente paso, Las Moiras? ¿La Isla de los Bienaventurados de mi señora?

¿Cómo sabía eso? Tánatos rió de forma siniestra y Ëdpôr sintió los conocidos escalofríos que su tío le provocaba. 

- Las Moiras tejen el destino y ya sabes que yo cumplo su voluntad...
- Si Las Fatae saben lo que Éter me ha revelado... ¿Por qué nuestro viaje?
- Es viaje de sabiduría, Oniro.

Ëdpôr se quedó pensativo. Si realmente la revelación de Éter era su destino... Ellas lo sabrían. ¿Pero cómo podían saberlo y dejar que ocurriese? ¿No iba totalmente en contra de su naturaleza?

¿Estaba desintegrando los cimientos de la propia realidad?

- Los Campos Elíseos.
- Sea pues tu voluntad.


Los Campos Elíseos, las llanuras del lugar alcanzado por el rayo, eran un lugar realmente paradisíaco. Un enclave sagrado lleno de sombras, almas inmortales, de hombres y mujeres virtuosos y heroicos guerreros que al fin pasaban una eternidad dichosa y feliz. En sus verdes campos llenos de flores siempre hacía sol y llegar allí atravesando el inframundo más allá del río Lete era un recuerdo digno de atesorar en la memoria. Los dioses reposaban en aquellas praderas libres de pecado, maldad y deseos terrenales, pero su aterrador tío Tánatos no podía entrar en sus dominios por ser personificación de la muerte. Desde el palacio de Cronos hasta las aguas del río Aqueronte, no había nada que no fuera absolutamente hermoso y perfecto. 

- ¡Oh, un Oniro!

Ëdpôr reconoció a Radamantis, juez de las sombras, y le saludó efusivamente.

- ¿Qué hace una encarnación de los mismísimos sueños en mis terrenos? ¿Os habéis perdido por el inframundo?
- No... Vengo a cumplir mi destino.
- ¡Oh! Habéis escogido el lugar más hermoso para hacerlo. ¿No os habéis encontrado con Tisífone en el camino?

El Oniro negó con la cabeza. No hubiera sido agradable cruzarse con ninguna de las Erinias de plateados cabellos de serpiente y vestimenta humedecida en sangre.

- No temáis a las Euménides -dijo Radamantis adivinando sus pensamientos- ¿Y cuál es ese destino que venís a cumplir a estos agradables lares?
- Nunca he temido a las diosas ctónicas -respondió Ëdpôr sin contestar a la pregunta. Radamantis sonrió y se hizo a un lado.
- Podéis pasear tranquilo, Oniro. Vuestros secretos pertenecen a los sueños.


Podía haberse perdido en aquella belleza durante toda la eternidad. Nunca había visitado las llanuras al no ser considerado una deidad y lo lamentaba profundamente. Guardaría por siempre en sus recuerdos aquel sitio y lo representaría en los sueños lúcidos que enviaba a los mortales para darles la promesa de una vida eterna llena de música y felicidad. No en vano los iniciados en los cultos del misterio de Deméter, Perséfone o Hékate sabían que si llevaban vidas virtuosas serían elevados a la condición de dioses tras su muerte y se convertirían en inmortales... Y al fin, entre sus cavilaciones, llegó al palacio de Cronos. 

El dios de los calendarios, las estaciones y las cosechas tenía una morada digna de un rey en su edad dorada. Y como narraban los mitos, en su reino no existía la inmoralidad. Realmente era el merecedor soberano de aquel edén. 
El Oniro penetró en su mansión y confió en que el dios apareciera pronto y no le turbase que su presencia no hubiera sido anunciada.

- ¿A qué debo el honor de la visita de un Oniro?

Êdpôr contempló al dios con guadaña y respiró hondo.

Nunca se había detenido a pensar en los dioses. En sus existencias, en sus historias, en el por qué de sus actos. Y aquel soleado día sempiterno, sintió simpatía por Cronos mientras emprendía rumbo a los Prados Asfódelos.


Dedicado a Pedro, ¡feliz cumpleaños majo!

01 diciembre 2020

Break the Silence II

... Writing became a cornerstone in my life... 


 Continuará...

21 noviembre 2020

The Eyes of the Sphinx

I live where the secrets come along,
I live utterly on my own.
I leave like a leaf in the wind, strong,
I live in my thoughts, maybe, wrong.


Dedicado a la música interior que me ha inspirado durante siglos.

13 noviembre 2020

True Love

Whatever souls are made of, his and mine are the same...

Tal vez tardamos en encontrarnos, pero la química fue instantánea. Nunca olvidaré aquella sonrisa bajo el árbol que cambió mi mundo. El saber que estaba delante de la persona con la que iba a compartir el resto del camino hasta la eternidad. El saber que nuestras almas al fin habían encontrado a su otra mitad. El mejor sueño del que no querría despertar porque tu y yo lo creamos único para nosotros. Aunque se cierna la oscuridad sigues siendo mi luz guía, mi dulse, mi pieza de puzzle. 

¡Te quiero! 


Dedicado a Cris, mi príncipe.

01 noviembre 2020

28 octubre 2020

The Witcher (Ignis Fatuus)

Däyn cerró la puerta tras de sí y exhaló un sonoro suspiro. ¿Qué había sido eso? No tenía explicación para aquel instante de pura conexión. Las musas se habían alineado... ¡No, los planetas! ¡Una pluma!

Guía la quimera, el mundo de la fantasía,
inconsciente liberado, reino de utopía.

Soltó la pluma como si quemase. Sus ojos se abrieron aterrados y miró en derredor mientras la tormenta estallaba en el exterior. Inconscientemente, dirigió la mirada hacia los cajones del escritorio. Con la mano temblorosa, cogió la llave que pendía a su cuello y los abrió.
Todo se volvió oscuridad por un instante... Las imágenes se difuminaban en un mar de irrealidad que las distorsionaba hasta crear meros reflejos de su antigua existencia...

-No... 

¿Cómo puedes escribir a la lluvia desde el desierto?
¿Cómo puedes dejar que la inspiración fluya desde un corazón que no le pertenece?

- No... ¡No!

Y entonces tus ojos inmortales sobre los míos...

- ¡NO!


Ese último "no", a pesar de haberlo exclamado él mismo, le había dado un susto de muerte. Se había quedado frito sobre el escritorio en plena tormenta. ¡Frito! Dioses, si aún tenia la marca de la llave clavada en su mejilla... 

- ¡Eh, tú! -golpeó alguien en su camarote.

Medio atontado todavía por aquel extraño sueño, Däyn se tambaleó hacia la puerta y la abrió. Para su disgusto no era el pirata de la pata de palo, su anterior visita le había hecho gracia.

- ¡Necesitamos ayuda! ¡Al Capi le está dando una paranoia oceánica por la tempestad y está fuera de sí! Krämse ha tomado el mando y necesitamos gente en cubierta...
- ¡Pardiez, allá voy! -dijo el joven contento de no quedarse a solas con sus divagaciones y preguntándose si realmente el término "paranoia oceánica" realmente existiría...


La situación en cubierta no era nada halagüeña. El Capi lloraba sin consuelo abrazado al palo mayor, Krämse se había subido a la torre vigía y gritaba órdenes mientras... Pues mientras se le veía todo, el viento era demasiado fuerte... y los marineros trataban de estabilizar el timón para que el navío se mantuviera a salvo del oleaje... ¡Se sentía vivo!

- ¿¡Qué hago, qué necesitáis!? -preguntó lleno de energía por la siesta en la que desde luego no estaba pensando en absoluto ni considerando sus posibles significados... 
- ¡Oh, Däyn! ¡Toma el timón! ¿si? ¡Guíalos con la brújula!
- ¿La... brújula?

Tratando de obviar que "la brújula indicaba su corazón" -en eso sí había estado pensando, no como en otras cosas...- ¡Oh, basta! -exclamó para desconcierto de los otros marineros.

A ver, concentración. Krämse le pedía que guiase. Pues guiaría. ¿Sí? Sí. 

- ¡Viento en popa a toda vela! ¡Literal, el viento viene de popa! ¡Virad al sur! -ordenó.

Krämse sonrió, satisfecho, mientras aireaba sus vergüenzas feliz de tener una excusa plausible. ¿Sí?


La tormenta había amainado al fin y las aguas volvían a parecer de cristal. Capi se había calmado y parecía más alegre ahora que su Galera Roja se encontraba a salvo de la tempestad, con solo unos pequeños destrozos que lamentar y su aire lóbrego incorrupto. Bueno, eso no es que le gustase demasiado, pero le daba personalidad. Y si quería algo de las bodegas, siempre podía mandar a otro...

- ¡Capi, querido amigo! ¿Estás mejor, si?
- ¡Krämse! Mhenos mhal que no pierhdesh la calma cohn fahcilidaz! -agradeció el hombre, aliviado por tenerlo como segundo de a bordo.
- ¡Pero sí las hojas! -dijo uno de los grumetes pasándole una hoja de platanero. El hombrecillo sonrió agradecido, pero no se la puso.
- ¡Tierrha a lah vishta! -gritó repentinamente el Capi señalando al horizonte y buscando un catalejo.

En la lejanía, se divisaba un islote oculto entre la bruma que había dejado la tormenta. Däyn contuvo el aliento mientras Krämse lo miraba sin perderle ojo.

- ¿La brújula nos lleva hacia allí?
- ¡Sih!  ¡Nhoroheste! -exclamó emocionado Capi.
- Si... -confirmó el joven, ahora realmente preocupado de que ambas brújulas se hubieran sincronizado.
- ¡Entonces es momento de una tonada marinera mientras arribamos! -animó Krämse a Däyn, que se puso a improvisar lleno de inspiración por...

Sí que he visto barcos quedarse 
anclados frente a la respiración 
amenazante de lo eterno,  
o acaso ante el bramido 
colérico de la muerte...

- ¡Oh, mahraviyhoso! ¡Proshigue, muchahcho!

Y desde alguna galera sin más
brújula que la ignorancia...

No podía abstraerse en su psique de poeta con aquel tenebroso islote frente a sus cálidos ojos. Lo veía reflejado en sus pupilas, las mismas que le observaban en silencio perforándole con su ignominiosa ignorancia. Y se vio catapultado a recuerdos, a sentimientos vanos que creía no correspondidos, a la frustración de amar en silencio el océano tornasolado con la luz que reflejaba su nívea piel... 

- ¡Eh, regresa! ¿Sí?

Däyn pestañeó confundido.

- Si, esto...

Vida y muerte son eternas,
imposibles al mismo tiempo.
La naturaleza silenciosa es el preludio
de un renacimiento.
El cambio vislumbra la noche
cuajada de estrellas y la luz ancestral. 

Nunca olvidaría sus miradas. Como si hubiese lanzado una terrible blasfemia a los siete mares. ¿Eran esas sus palabras? Otra vez no...

- ¡Estoy dormido!

Los marineros le miraron estupefactos. Alguno le pareció que se quería... ¿Reír?

- ¡Paranoia oceánica!

Ahora si que la había liado.

Flores de carroña, sonidos del averno
el miedo, la duda, el silencio

Despertó en su camarote con unas esencias extrañas abrazando sus sentidos. Especialmente el olfato, pero también la vista, pues notaba los ojos resecos, el tacto, pues se sentía pringoso y el aroma se había calado en sus ropajes, y el oído, porque el tarro que contenía aquellas hierbas emitía un extraño fulgor burbujeante que dejaba un sonido curioso de describir.   

- ¡Ya despiertas! Menos mal.

Krämse estaba sentado a los pies de su camastro canturreando una cancioncilla que parecía un ritual tribal.

- ¿Qué ha ocurrido?
- ¡Ta, ta, T-dang!

El joven no sabía qué responder a eso mientras Krämse reía con sus clásicas risas convulsas y silenciosas. Al menos había renovado su taparrabos, que ahora parecía más frondoso. ¿De dónde sacaría tantas hojas de platanero?

- ¿La sacerdotisa..?

Krämse rió más fuerte y todo su cuerpo vibró al compás del silencio de su hilaridad.

- ¡La sacerdotisa! Claro que no, muchacho. ¡Más quisieras que ella fuera tu problema!
- ¿Qué significa..? -preguntó Däyn, confundido.
- El islote al que nos llevaron las brújulas es una isla Tdang. Muy tenebrosa.
- Mal rollito...
- Sí. Efectivamente. Y hace efecto en tu alma de cristal -terció el hombrecillo poniéndose serio. 
- Mi "alma de cristal"?
- ¡Los vientos, muchacho!

Däyn no entendía o no quería entender. El señorín respetó su decisión.

- Así que resulta que esa isla te afecta por lo abyecto de su legado... Porque tienes un vínculo con ella.
- ¿Soy un Tdang?
- Pues hombre, no creo... Pero esa brújula, mi sextante, la brújula de Capi...

El joven abrió mucho los ojos esperando una revelación única.

- Todas marcaban este lugar como destino. ¡Tendremos que averiguar por qué! ¿Sí?

El muchacho le miró decepcionado y Krämse volvió a reír.

- ¿Y estas esencias?
- ¡Fantosmia!

Nuevamente, se quedó sin palabras.

- ¿A qué te huele?
- Eucalipto... menta, ¿Miel?, agua marina, incluso diría que ajo... Pero tiene un aroma dulce y sutil...
- ¡Oh, interesante! A mí me huele a platanero y helado.
- ...

Däyn se levantó y miró por el portillo, espantándose. Estaban anclados en la isla, cuya arena negruzca le recordaba a ceniza y cuyas aguas parecían corruptas. Algunos marineros paseaban entre las algas rojizas del lecho marino que le conferían el aspecto de sangre. Luces que juraría que era fuegos fatuos danzaban en medio de la oscuridad... ¿Cuánto tiempo había dormido?

- ¿Por qué las brújulas nos traen hacia aquí? -preguntó intrigado.
- ¿No tienes tú la respuesta?

Cae la noche antes de que caiga.
Agoniza el aliento amarrado
al Olimpo ínfino que mana
de la ausencia inefable, tomado
por los dioses de cicuta
que no se supieron soplido
entre la maleza de tus rezos.

Cae la noche antes, 
muere el día en su retiro
de párpados.

Paseaba en solitario por la naturaleza salvaje de aquel lugar, como el resto de marinos. Explorando, descubriendo. Prefería mil veces la realidad en la que Jaime de Messacota y los demás vivían... Porque aquel islote le recordaba una vieja historia tenebrosa de venganza... Casi esperaba ver aparecer a los lobos, las figuras espectrales...

- ¡Oh, lunacy! ¡Oh, illumination!

Capi parecía un Sir Walter Raleigh con los ropajes antiguos con los que había decidido visitar la isla -para ponerse en consonancia con ella, según Krämse- recitando poemas en lenguas desconocidas. La brújula giraba descontrolada de nuevo, como si no supiera qué buscar. ¿Tal vez había demasiados interrogantes allí?

- ¡Noroeste! ¡A New Age Dawns!

Sintiendo un escalofrío, Däyn siguió al Capi y los designios de la brújula.


Dedicado a Dani, ¡feliz cumpleaños bucanero!

09 octubre 2020

Amoena orbis terrarium

Lo que ocurrió en ese momento sí que fue inenarrable. Märga tardaría años en olvidar aquella escena nocturna en los manantiales. Quizá lo mejor fuera hacer un impasse en sus recuerdos y desvanecer los últimos acontecimientos... Su memoria iría de la creación del Clan Siniestro a... Bueno, a un futuro que aún no había ocurrido... Buff, era mucho que omitir, y como ya había dicho: "qué traaauma". El caso es que habían logrado liberar a Ëdeweiss porque la ninfa de cabello oceánico ya no la quería después de... De uno de esos recuerdos que iba a olvidar.

- ¡Qué bien, por fin podemos ir a ver a Pänsy con su Absalón! ¡Y todo gracias al súcubo! -dijo Polvo de Galleta lleno de felicidad mientras contemplaba la belleza de la nieve contrastando con el cielo nocturno.
- ¿Y este chico no tiene frío? -preguntó El doble de chico-chica, bastante incómodo por su desnudez.
- No parece que le afecte... -comentó Princesa mirando por millonésima vez su estambre. Su novio estaba tan feliz de haberla recuperado que no sabia si alegrarse o enfadarse por su comportamiento inapropiado.
- Parece que olvidáis que vamos por el mundo con un hombre desnudo...
- Y digo yo, ¿no se le puede echar una manta encima o algo?

La meiga miró con una ira helada a Km3 y éste calló al punto. ¿Si fuera tan fácil como "echarle una manta encima" (pensó con retintín) no lo habría hecho ya?

- Está hechizado. No se le puede cambiar. 
- Pero...
- Pero nada. Es parte de su conjuro, al fin y al cabo es una flor... ¿Y ésta cuando se larga? -pensó para sí. El súcubo iba de la mano de Ëdeweiss y Chico-chica le echaba miradas furibundas a la flor y sin poder evitarlo de adoración a la hipnótica mujer a pesar de su envidia.
- Tiene que acompañarnos para que Absalón no vuelva a caer en el embrujo de las ninfas -contestó como si le hubiera leído los pensamientos.
- ¡Ah! Bien... 

La verdad es que no le hacía ninguna gracia tener que viajar con esa criatura, pero quizá su belleza distrajera a la gente de Absalón... Miro con nostalgia a Polvo de Galleta. Quería su cuerpo de vuelta.


Viajar durante la noche había sido una buena idea ya que la oscuridad les protegía de miradas indiscretas, y como ya había dicho en alguna ocasión conformaban un grupo de lo más pintoresco y llamaban la atención por doquier. Märga, convertida en Sexy de Galleta, Polvo de Galleta y su inexplicable empeño en ondular su cabello -que por cierto le quedaba estupendamente, tenía que probarlo cuando fuera ella misma-, el sensual súbuco... y el hombre en pelotas. "Pintoresco" era decir poco...

- ¿Cómo decís que vamos a viajar hasta el puerto?

La cuestión era muy difícil, por no decir imposible, de resolver. Viajar de Êdimbürgh "allende los mares" al valle de Pänsy solo podía hacerse en barco -por la maldición de la dichosa florecita- y sería  durante casi una luna. Una luna de hombre desnudo en un sitio reducido... Aunque permaneciera en el camarote con el súcubo y cuantas barbaridades se les ocurrieran para entretenerse, primero tenían que subir al barco. ¿Y qué capitán les permitiría viajar en aquellas condiciones?

- Lo más difícil me parece que será llegar al embarcadero sin que nos apresen... -suspiró Märga. En serio, ¿era necesario que fuera en bolas? Estúpida Pänsy...
- ¿No podéis hechizar a todo el mundo para que lo perciban de otra manera?

La meiga se quedó mirando boquiabierta al súcubo. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

- ¡Eres un genio! ¡Alterar su percepción! 

El súcubo sonrió con sinceridad y al punto le pareció más humana.

- Será complicado porque en el puerto hay mucho movimiento, pero no es inverosímil... ¡Me encanta! ¡Es la solución perfecta! En cuanto os encontremos un camarote basta con que no salgáis a menudo y... ¡Me encanta! 
- De nada, Märga la meiga. Tus poderes son conocidos en los caminos, incluso para nosotros, seguro que podréis con un hechizo así -dijo mientras Chico-chica la miraba orgulloso por haberla invocado.

Pues sí, si que podía. Y sí, fue útil. Arribaron al fondeadero -lo mejor era empezar con la jerga marinera lo antes posible para familiarizarse- y lo único que la gente podía ver era el extraño grupito de amigos en el que había dos parejas, una de ellas hermosos como elfos... Y eso que había cambiado también la percepción que la gente tenía del súcubo, para que no llamara tanto la atención...

- ¡Estamos en el barco! ¡Rumbo al valle de Pänsy! -se alegró Polvo de Galleta, que cada vez se veía más cerca de recuperar su cuerpo original.
- ¡Y los camarotes son fantásticos!
- ¡Mirad que vistas!

Solo se veía la uniforme superficie del océano interminable, pero Märga les entendía. También estaba emocionada.

- Bueno, ahora solo falta que no salgáis mucho del camarote y...
- No creo que eso sea posible.

La meiga miró al súcubo y por un instante sintió un escalofrío de terror. ¿Se la iba a armar?

- Yo tengo asuntos que atender en las noches, entenderéis que es mi naturaleza, Märga la meiga...
- Eh... Sí... ¿Pero puedes hacerlo con discreción? -preguntó mientras la apartaba lejos del resto, que charlaba animadamente.
- Por supuesto.
- ¿Y cómo mantendrás tranquilo a...?
- No hay problema -dijo mirando al manflorita y guiñándole un ojo, para disgusto de Princesa- está bajo mi conjuro de amor, dormirá soñando conmigo cada noche...

En serio, es que esa voz la seducía hasta a ella.

- Está bien, tu haz... Lo que tengas que hacer, pero ten cuidado.
- Los demonios somos sigilosos, no os preocupéis...

Por un momento sintió que visitaría su propio camarote, pero no era posible porque le había tocado compartirlo con Polvo y no se atrevería a tocarlo con cuerpo de mujer... ¿Verdad? ¡Además, ella era Sexy de Galleta...! 


Tras dos semanas en la mar, nada extraordinario había ocurrido. Ninguna tormenta, ningún desvío. Lo que fuera que hiciera el súcubo en las noches pasaba desapercibido, pues su apariencia real solo emergía cuando estaba alejada de Ëdeweiss, con lo cual nadie la relacionaba con la hermosa joven que acompañaba al muchacho. Y hasta se estaban haciendo buenas amigas, para desconcierto de ambas.

- Habéis sido muy sabia, meiga. Os agradezco el cambio de percepción, pero confío en que solo se mantenga en el tiempo que estoy cerca de Ëdeweiss... -dijo con su sicalíptica voz.
- Claro, luego liberaré la visión del mundo sobre tí. La verdad que te agradezco todo lo que estás haciendo por nosotros...

¿Y por qué lo estaba haciendo?

- No es por Chico-chica. 

Genial, otra que le leía el pensamiento.

- ¿Qué quieres decir?
- El don del brujo sin nombre -dijo misteriosamente con una sonrisa sibilina.

Dedicado a Marga, ¡feliz cumpleaños bollín!

01 octubre 2020

The Heart of Everything (Holy Ground)

Epílogo 

Tenía que ser ella, la Gran Señora, la Gran Diosa. Ningún ser terrenal podía ser tan hermoso ni desprender tanto poder. Ambos elegidos estaban sin palabras, su mera presencia les resultaba irreal, como si las profecías al fin se cumplieran y la Diosa hubiese llenado de gracia su mundo con su aparición. Prôed vio algo entre el ropaje de aquella dama que le dejó aún más sin aliento.

- Lêan... 

El joven Leonîda no podía apartar su mirada de aquella sonrisa tan pura.

- Lêan... "Socio"... 
- ¿Qué?

El heredero al trono de Nrym apuntó a una de las manos de la joven y Lêandrö ahogó un grito. Era la flor de cristal índigo.

- Bienvenidos, elegidos.

Su voz era como el canto de un pájaro, uno que perteneciera al paraíso. Ese timbre no lo olvidarían jamás.

- Hola... -dijo tímidamente Prôed, sintiéndose tonto. Entre él que no paraba de mirar la flor estupefacto y su amigo que parecía completamente obnubilado por su belleza irreal debían parecer dos locos. Al menos ya no pensaba en aquella sacerdotisa demoniaca...
- Mi Señora -hizo una reverencia el futuro rey de los Leonîdas. Prôed le imitó y la mujer sonrió ampliamente.
- Habéis logrado vuestro cometido. Sois los mejores elegidos que he escogido en los últimos milenos -alabó. Los guerreros no sabían qué decir.
- ¿Vos sois..?
Äshrôn Den Deläh.

Su nombre real, aquel que todos desconocían, cambió sus existencias para siempre. No recordaban bien qué había ocurrido entonces, solo que la seguirían ciegamente para cumplir su destino. La joven había bendecido la piedra Yngü de Lêandrö y le había dado un beso en la mejilla. Su puro contacto había desterrado cualquier pensamiento oscuro que pudiera tener y cumplió una de las profecías, aquella que había escogido en el templo de Möryew. Luego sonrió al señor de las tierras de Kyrien y susurró unas breves palabras en su oído que le hicieron gritar de asombro.

- ¡No puede ser! ¡Es imposible! -exclamó fuera de sí para horror de Lêandrö. ¿Cómo se atrevía a levantar la voz en presencia de Äshrôn? No tenía ningún saber estar... Y él debía andarse con cuidado, ¡A ver si iba a ser demasiado enamoradizo? ¡Pero era la Diosa! No estaba a su alcance, por supuesto, pero la adoraría por el resto de su vida y la eternidad. ¡Al carajo la sacerdotisa maldita!

Una risita en su mente le hizo helarse de terror. Miró a la Diosa, que esquivó ágilmente su mirada, pero sonrió. Aún debía luchar contra sus demonios...

- ¿No están escritas las profecías en Möryew? ¿Las palabras que susurro a la humanidad en busca de guía? -sonrió misteriosa. Prôed la contemplaba incrédulo. 
- Socio... -musitó Lêandrö, temblando como una hoja. No lo podía evitar- Socio...
- ¿Qué te pica?
- Está... aquí... -gimió el Leônida antes de casi desvanecerse.

La sacerdotisa demoníaca había irrumpido en la estancia. No se habían percatado de su presencia, tanta era la luz que desprendía la Diosa. El silencio que dejaba atrás en la taberna era signo suficiente de que algo no iba bien. 

- Has venido... -susurró Äshrôn sin perder la sonrisa.

La sacerdotisa rió con su risita maléfica y dirigió su mirada a Lêandrö, que no era capaz de verle los ojos debido a su capucha. Su cuerpo parecía ensombrecido, fruto de la luz que se filtraba a través de la puerta antes de que la cerrara de un portazo convirtiendo aquella estancia en un lugar más allá del mundo terrenal. Una escisión en el tejido de la realidad.

- ¿Qué..? -empezó el heredero al trono de Nrym, pero Lêandrö le suplicó que no dijera palabra. Juntos se retiraron y el príncipe de los Leônidas asió con fuerza la piedra, el amuleto de rubí y la brújula de cuarzo, sintiéndose protegido. Prôed estaba tan alucinado en general que giraba nervioso entre sus dedos el anillo de ópalos y trataba de proteger sus partes nobles con el libro de nácar. No sabía por qué, pero esa sensual sacerdotisa al fin quizá se fijara en él, estaba mucho más bueno que el príncipe. ¿No?

- ¿No les vas a decir tu nombre? -animó la Diosa. Sin que ninguno de los elegidos lo esperara, la sacerdotisa se retiró la capucha y gritaron de asombro y terror. Su rostro era tan inhumanamente hermoso como el de la Diosa... Porque era el rostro mismo de la Diosa. Casi idéntico. El futuro rey de los Leônidas, que le había profesado un amor ardiente a la oscuridad y ahora un amor puro a la luz, podía notar las sutiles diferencias. Pero era Prôed, señor de Kyrien, quien la veía como realmente era. Una joven terriblemente hermosa pero desfigurada, porque su alma estaba tan corrupta por la podredumbre que no quedaba nada de la jovialidad que algún día había adornado su rostro. El mismo que vio el la caverna donde hilaba con su rueca. 
- Häled Ned Nôrhsä. 

Los oídos del Leônida se rompieron ante tal profanación y Prôed quedó ciego. El libro de nácar, lo único que podía salvarles de la destrucción, quedó inservible. 

- Tu nombre es odio, mira lo que ha ocurrido. Como con todas las generaciones de elegidos que caen en tu hechizo.

La risita de la sacerdotisa solo pudo escucharla Prôed. Quería asesinarla, pero no sabía a dónde dirigir su furia ni su espada. Lêandrö la contemplaba horrorizado. ¿Cómo un ser tan hermoso podía ser tan malvado? ¿Acaso era la mujer que había hecho caer en el pecado a los de su estirpe?

- Tu linaje no puede prosperar. Este elegido es mío ahora. Y el otro jamás fue tuyo. Esta vez no les harás abandonar su destino ni los símbolos que portan.

La sacerdotisa maldita comprendió en ese preciso instante lo que nadie, excepto las sacerdotisas, habían comprendido hasta ese momento. La razón por la que había dos elegidos, nacidos el mismo día bajo los mismos signos astrales. Y los elegidos entendieron que las leyendas no eran más que mentiras, y que los elegidos siempre habían errado en su misión, por eso abandonaban los símbolos. Por deshonor. La sacerdotisa alzó una mano y de la nada apareció una rueca en miniatura, con la que empezó a tejer un nuevo destino. 

- ¿Qué ocurre? ¡No veo nada! -gritó Prôed, desencajado.
- ¡Socio! -dijo Lêandrö, que le había visto mover los labios -¡Tenemos que cortar los hilos del destino!

Fue como si el tiempo se detuviera. La Gran Revelación. La Diosa sonrió por última vez, y lanzándole un beso y una sonrisa que no olvidaría jamás, desapareció de su lado no sin antes entrelazar las manos de los elegidos y entregarles la flor de cristal índigo. El poder absoluto. 

- ¡Socio, la flor! ¡La flor es para ambos!
- ¡Pues ya puede estar bien afilada, atravesaré el corazón de esa bruja! -gritó con fiereza Prôed, aunque el Leônida solo dedujo sus palabras porque no sabía leer los labios. La sacerdotisa comenzó a hilar con premura y ambos jóvenes comenzaron a sentir cómo les fallaban las fuerzas, siendo atados por un destino al que no pertenecían.
- ¡Yo te amaba, maldita sea! -gritó Lêandrö, furioso.
- ¿A mí? -exclamó Prôed, sintiéndose halagado e incómodo a partes iguales. Sin escucharle, el príncipe prosiguió.
- Has tomado el rostro del ser más puro, sabio y bondadoso que existe ¡y eso nunca te lo perdonaré!
- ¡No es tan hermosa, eres tú que la ves así! -gritó Prôed, aún a sabiendas de que no le escucharía. 
- ¡Muere!

Antes de que pudiera hacer nada, el amuleto de rubí se partió a la mitad y la brújula se detuvo sin marcar ninguna dirección. ¿Cómo era posible? 

- Prô...

No le hizo falta preguntar. El anillo de ópalos se había deslizado del dedo del señor de las tierras de Kyrien y yacía roto en el suelo. Solo la frágil flor de cristal permanecía entera mientras la sacerdotisa sonreía de forma siniestra cambiando el curso de la historia a su voluntad.

- ¿Por qué haces esto, maldita sombra?

La sacerdotisa se detuvo al punto. Parecía más peligrosa que nunca, sus ojos ensombrecidos por algún sentimiento indescifrable. Se retiró la túnica y Lêandrö, con toda su fuerza de voluntad, apartó la mirada. No la vio hasta que se puso frente a él, peligrosamente cerca, como un liviano espíritu.

Portaba un atuendo rojo sangre terriblemente sensual que destacaba su melena oscura y su pálida piel y unos hilos entrelazados en su brazo simbolizando el matrimonio oscuro que quería con él. Miró el anillo de ópalos, la alianza, el amuleto rubí que conjuntaba con su atuendo, el libro de nácar donde inscribir sus nombres unidos por la magia oscura y la brújula que marcaría su camino. Lo único que tenía que hacer era entregarle la flor como signo de amor y todo acabaría. El rostro de la Diosa sería suyo para siempre. Pero para ello debía asesinar a su compañero ciego -que por cierto no paraba de gritar improperios, aunque nadie le escuchara. 

- Y entonces... Nada será como siempre. Tú serás mi auténtico elegido, mi verdadero amor -dijo la sacerdotisa con su voz más sicalíptica. ¿Qué importaba que el otro elegido no la amara? Le destruirían juntos. 

~~~
Nunca.


Lêandrö la traicionó. Traicionó a la Diosa oscura, empuñando la flor de cristal índigo junto al heredero del trono de Nrym. Le prometió un destino juntos para que no hilara, y rompió su rueca. Juntos le atravesaron el corazón con el tallo de la flor, que sangró toda la ponzoña que tenía en su interior, dejando negrura a su alrededor. Su cadáver era horripilante, y el grito agónico que había lanzado por aquella felonía fue tan espantoso que devolvió la vista a Prôed y el oído a Lêandrö, castigando al primero con una última visión real de su horrorosa presencia hasta entonces ignorada y al segundo con la voz maldita que nunca jamás volvería a escuchar salvo en sus pesadillas.

- ¡Socio! -exclamó el futuro rey de los Leônidas abalanzándose a los brazos de su amigo.
- ¡Calma, muchacho! -rió el otro correspondiéndole sin poderlo evitar. Nadie en la posada parecía haberse percatado de que el destino se había forjado entre aquellos muros. Gracias a la auténtica Diosa.

***

"Las diferentes generaciones de Elegidos portaban los objetos hasta que su misión tocaba a su fin, momento en el cual los abandonaban en un enclave que se les aparecía en sueños".

Una vez cumplido el destino, el verdadero destino, entendieron que los símbolos siempre les habían pertenecido. Que eran un regalo de la Diosa para que nunca olvidaran su presencia, ni su aventura. Ni el profundo vínculo de amistad y lealtad que ahora les unía.

- ¡Así que el amuleto de rubí, la brújula de cuarzo y el libro de nácar te pertenecen! -exclamó Prôed, por una vez sin envidia.
- La Diosa me dio más símbolos porque sabía que yo sería débil a los encantos de la sacerdotisa... ¡Si hasta necesité la piedra Yngü! Más que un honor será un recordatorio perenne de mis pecados y una lección para que aprenda a forjar mi carácter... ¡Tú nunca sucumbiste, socio! Eres el mejor elegido y por eso mereces el anillo de ópalos -contestó, alegre de que los símbolos hubiesen renacido tras la muerte de la sacerdotisa.
- ¿Y la flor?

Ninguno supo qué decir, pero ambos sabían la respuesta.

- Pero yo seré el rey principal...
- ¡No, no, no! -rió su compañero- Tú te ocupas del trono de Nrym en las tierras de Kyrien y yo de mis Leonîdas... Pero uniremos ambos reinos bajo la flor de cristal índigo, a la que eregiremos un templo justo en el medio de ambas tierras...
- ¿Y quién va a custodiarla?
- Tú sabes bien quién... 

El heredero al trono de Nrym asintió y ambos iniciaron su último viaje juntos en la era de paz hacia Möryew, en busca de la hermana de Prôed.

Fin.

Dedicado a Leandro y Pedro, ¡feliz cumpleaños, héroes!

28 septiembre 2020

My lost tales (Beyond memories)


Cuenta la historia en un lienzo morado, 
cuenta la historia en un lienzo sagrado, 
en la memoria narra el lienzo que nunca será olvidado...

Cuenta la historia que la dama comenzó a escribir unos poemas cortos y sencillos narrando sentimientos ocultos.
Aliteraciones, similicandencias, paronomasias, mil y un metáforas, metonimias y alegorías componen su estilo.
Y de escribir se enamora, y las musas son sus amigas, 
los sentimientos fluyen y la escritora encuentra así su paz.

El mundo cambia alrededor, ella no...

Mejora la escritura, cambian las musas, sigue escribiendo y de pronto el caos se apodera de su mente en un remolino... Aunque sigue escribiendo las palabras no fluyen... 
Y es cuando conoce Astralia y Sovngarde... 
(por no elegir la musa adecuada casi se acaba, casi se apaga)

Nace la música, nace la armonía perfecta con la música, 
vuelve a escribir colmada de inspiración, 
la historia nunca terminó y los portales de Astralia son bienvenidos de nuevo en su mundo, 
pero la sombra de la oscuridad se acaba cerniendo allí, 
ella sabe que los portales se cierran aquí y así 
volverá a escribir cuando llegue el fin. 


Dedicado a las maravillosas composiciones que han sido mi inspiración.

26 septiembre 2020

Ignition (Have you ever)

La primera puerta la llevaba a un mundo de plagio (porque le sonaba de haberlo visto en alguna peli y en sus sueños) en medio de un bosque tenebroso. Avanzó con cautela con El Palomitero a su lado sin saber qué se encontraría o qué peligros enfrentaría. Lo de ser inmortal la tranquilizaba, pero ya no estaba segura de encontrarse realmente a salvo... ¿Y si le daba un chungo mientras dormía? ¿Podía ocurrir? No recordaba casos en la literatura, pero eso no significaba que no hubiera. Su rostro se nubló y varios interrogantes, uno en especial, empezaron a rondar por su mente como la neblina que se formaba lentamente a su alrededor.

- ¿En qué piensas? Creo... que hay algo que necesitas compartir... ¿No es cierto? -preguntó el chico.
 - Yo... Me da vergüenza decírtelo... -susurró Ëve, repentinamente tímida. El Palomitero hinchó el pecho y el corazón le comenzó a latir desbocado.
- Ëve -dijo deteniéndola y sujetándola suavemente por los hombros- tu siempre puedes hablar conmigo. De lo que sea. 
- Pues... Es que... 
- Vamos, no te preocupes. Cualquier cosa -la animó con una sonrisa que mostraba pura felicidad y serenó a la muchacha.
- Bueno... ¿Qué es un adalid?

La sonrisa se borró del rostro del joven, que esperaba una romántica declaración onírica, pero enseguida volvió a iluminarle. 

- Pues un adalid es un caudillo militar, aunque también se usa la palabra para designar a un guía o cabecilla de alguna corporación, escuela, etc... Vamos, que soy tu guía y protector en este sueño.
- ¡Aaaah! -suspiró Ëve más tranquila. Entonces había elegido bien.
- ¿Eso era todo? -preguntó el chico, un poco dolido.
- Sí, ¿por? 
- No, por nada...

No, no era todo. ¿Pero cómo iba a decirle que se había enamorado de él en sueños y que seguramente saldría con él si existiera en la vida real porque estaba buenísimo y encima era un encanto? Ni loca. 

- ¿Dónde estamos?
- Pues la verdad, me recuerda al sueño del bosque y la piña...
- ¿Cómo..?
- ¡Oh! Nada, no me hagas caso -sonrió la chica. 

Ëve siguió caminando tratando de no pensar en nada más que en llegar a la siguiente puerta y miró hacía arriba. Se notaban las aristas neón del cubo y el bosque, a pesar de estar encerrado en él, parecía enorme. Pero aquel cubículo era muy pequeño. Suponía que las dimensiones reales no regían en aquel mundo de fantasía...

- ¿¿Qué demonios es esto??

La chica miró a donde apuntaba su amigo. En medio de un claro, en una mesa de área recreativa había... ¿Un juego de Línea Directa?

- ¿En serio?
- Parece que tienes que jugar.

Ëve le miró y luego miró al tablero, formado por caras y cubos y puertas. Menudo lío. 

- Creo que tienes que marcar... Y ligarte al tío más bueno... -soltó un bufido imperceptible- y así abrirás esa puerta.

Una puerta semi-transparente surgió de la nada al ser mencionada y la muchacha la miró, dubitativa.

- Pero también hay una puerta allí -señaló a su izquierda- y en el techo...
- Sí, e incluso en ese lago -apuntó su amigo- ah, vale, según las instrucciones una de las puertas se abrirá dependiendo de tus elecciones y será la que debas traspasar para pasar a la siguiente sala -explicó mientras leía una de las tarjetas.
- Vale...

La chica cogió el teléfono y se dispuso a marcar, observando las fichas. ¿Cuál de todos era el más guapo? ¿Y por qué no podía fijarse en la personalidad? Ah, claro, que era un juego... ¿Pero no se supone que ellos ligaban contigo y te daban pistas? ¿Y era necesario que estuvieran semi-desnudos? ¡Malditos sueños medio porno! 

- Pues venga, este -dijo cogiendo al que le parecía más buenorro.
- Se parece a mí...
- ¿En serio? 

Mierda, era casi idéntico.

- Bueno, que... que voy a llamar y eso.
- Sí, si...

Tras un largo rato de llamadas absurdas, voces electrónicas y varias puñaladas traperas a sus amigas -¡el juego lo tenía todo!- acabó ligándose a Ohm Pal-ro-miet (le sonaba como árabe) y la puerta de madera tallada con hojarasca que se encontraba más a la izquierda se abrió. Menos mal que no se había liado con el que se parecía al taxista de joven... 

- En serio, me van a denunciar por plagio...
- ¿Por qué?
- ¡La Historia Interminable!
- No, mujer, eso es un homenaje...
- Bueeeno... 

Traspasaron el umbral y se encontraron en una galaxia muy, muy lejana... Vamos, por la pinta ella suponía que estaba lejos, no se solían ver nebulosas en el cielo terrestre. Y al parecer la originalidad no iba con ella en esos momentos, así que esperaba robots y espadas láser en cualquier instante, o alguna chorrada sacada de alguna peli... ¿de terror?

- Ahí están tus puertas.

La chica no quería ser borde -con gracia- pero la verdad que su amigo dejaba un poco que desear como guía. Que las puertas estaban allí ya lo veía ella. Bueno, pero le había explicado como jugar al Línea Directa, punto para él. Ay, ¿por qué sus pensamientos parecían tan inconexos otra vez?

- Mira, esa es la forma de abrir puertas.

En un tablero que por un segundo le pareció una Ouija -pero no, por Dios, solo era un tablero con símbolos extraños y un dado plano- comenzaron a aparecer unas cartas hermosísimas confeccionadas de estrellas -no tenía otra forma de describirlo- en cuyo reverso ponía "Yo nunca".

- ¿"Yo nunca"? -repitió ella, desconfiada.
- Parece que es el próximo juego... -dijo El Palomitero observando cómo varios fuegos se encendían alrededor de la mesa de meteroritos.
- ¿Y el alcohol y las desinhibiciones?
- ¿Disculpa? -rió él.
- ¡Oh! Nada, la costumbre terrenal-se avergonzó ella.

El comienzo del juego no fue nada del otro mundo, las preguntas eran bastante inocentes y pronto descubrieron que según sus respuestas los fuegos crecían o disminuían formando puertas... Y un misterioso agujero negro que le daba un mal rollo impresionante... ¿Sería un agujero de gusano y al final acabarían en algún sitio aún más extraño? 

- Oye, las preguntas van subiendo de tono... -comentó El Palomitero, que empezaba a sonrojarse con algunas de las cuestiones.
- Ya... Pero mira, esas tres puertas están casi completas... Alguna hemos de atravesar -oy, oy, ¡pero qué bien hablar! pensó. 
- En fin... -se resignó el chico, comenzando a contestar profundas intimidades. Ëve lo estaba pasando casi peor que él pero se estaba enterando de cosas jugosas... De un pegaso maligno tenebroso. Y sexy ¿No les tocaría nunca más ser corceles? Bien, tenía que frenar esos pensamientos pervertidos fruto del juego y concentrarse.

- Hala, ya está... -suspiró El Palomitero, exhausto. Esa puerta reluce y se ha abierto.

Una preciosa puerta estelar brillaba entre las demás con el fuego aún adornando su marco. Ëve se levantó y en un acto de pura osadía tomó la mano del Palomitero.

- Vamos allá -sonrió, confiada. 
 

Dedicado a Eva, ¡feliz cumpleaños, guapísima!