14 marzo 2017

De sphaera mundi


Y por fin llegó la noche... El monasterio estaba sumido en el más profundo de los silencios espirituales... Los corredores en penumbra con su fría piedra gris le daban la bienvenida iluminados por la luz de su candil, que brillaba fantasmagórica en medio de la oscuridad de la noche sin luna hasta que llegó a la biblioteca, donde podría coger aquel manuscrito bellísimamente ornamentado del que se había enamorado...

Pocos conocían su oscura existencia y el prior lo había prohibido a cuantos lo habían encontrado oculto entre los manuscritos y pergaminos del monasterio. Contenía saberes antiguos sobre astronomía, movimientos planetarios y eclipses, profecías y hechizos arcanos, y el prior decía que había sido escrito por el mismísimo Diablo, porque nadie podía haber escrito aquella herejía sin arder en los fuegos del infierno...

Y aún así lo mantenía entre sus sagrados muros, a salvo...

Se decía que posar la mirada sobre él era un signo fatídico de muerte. Los hermanos que habían osado abrir sus polvorientas hojas habían sido exiliados de la orden y condenados a ser ermitaños, muriendo de formas horribles en la soledad de los bosques. Sus cadáveres nunca habían sido hallados y la orden guardaba silencio al respecto. Sus cuerpos jamás fueron enterrados, por lo que sus almas vagaban en la oscuridad eterna y la perdición, paseando por las noches por el monasterio, según les habían dicho, sedientos de sangre y ánimas que llevarse con ellos a la condenación por sus pecados. Todo por haber escrito aquel volumen maldito hacía siglos, en latín, para que su palabra solo fuera entendida por cultos y sabios. Decían que leerlo era una auténtica pesadilla que portaba las sombras del inframundo a cualquiera que tan solo osara tocar sus hermosas cubiertas, pero él no lo creía. Por eso se encontraba allí, buscando el lugar idóneo en la escribanía para iluminar el libro con su vela sin que nadie pudiera verle y juzgar su menester. Su amor por la literatura y la escritura le llevaban a actuar de aquella forma temeraria, incluso aunque perdiera su alma entre aquellos muros de soledad. Por ello se escondió en el lugar más oscuro y lejano de todos, entre los tinteros y los pergaminos, y tocó aquel misterioso incunable. Lo abrió y comenzó a leer en silencio sin poder creer lo que veían sus ojos en su interior.

Las palabras más bellas y sabias que había leído jamás sobre las creencias de los filósofos antiguos y sus conocimientos acerca del mundo... Un precioso volumen sobre astronomía en el que se hablaba de eclipses, planetas más allá de los que se veían en las noches estrelladas, nebulosas y constelaciones. Las profecías que en él se contaban narraban el fin del mundo tal y como lo conocían, bajo una avalancha de hielo y fuego venida de los cielos. Sus hechizos no eran oscuros, sino que describían las fuerzas de la naturaleza... La sabiduría de aquel manuscrito cambió su perspectiva del mundo y decidió abandonar el monasterio para siempre. No podría vivir encerrado en sus muros por más tiempo sin contemplar la belleza que el mundo le ofrecía y todas las maravillas que poseía. Desde aquel momento recogió sus pocas pertenencias y vivió como un ermitaño en los bosques contemplando los cielos estrellados y enamorándose del mundo...


Dedicado a Laura, por su lado oscuro.