08 agosto 2017

Ich tu dir weh

Al día siguiente, con un buen desayuno frente a ellos consistente en leche, miel, pan negro, frutos secos, un poco de queso rancio y fruta fresca, los amigos se dispusieron a escuchar las historias que circulaban por su querida Yamedoria.

- Disculpad el pan negro, no estamos bien abastecidos de alimentos y los cereales escasean... ya casi nadie se atreve a entrar en el bosque... -dijo la posadera con un hilo de voz. Aquella mañana parecía más vieja y cansada a pesar de su juventud de lo que les había parecido la noche anterior.
- Está perfecto, cosas peores hemos comido en el camino... -sonrió Wherynn.
- ¡Eh! ¡Que Jeanpo siempre logra cazar presas deliciosas y estamos bien alimentados!
- Trataba de ser amable... -musitó entre dientes Wherynn.

La posadera sonrió comprensiva.

- ¿Qué se cuece por Yamedoria en los últimos tiempos? -cortó Jeanpo mientras llenaba de miel su pan negro para lograr darle un sabor aún más dulce.

La mujer guardó silencio por unos segundos y con un profundo suspiro comenzó su historia.

- Twilith Teg ya no vive en comunión con la naturaleza. Su carácter ha cambiado. Los elementales... -su voz se quebró.
- Ha conjurado elementales de vacío, ¿no es cierto? La naturaleza ya no está en equilibrio -constató Wherynn.
- ¿Tú también lo notas? Solo los espíritus...
- Si. 
- Tú... -dijo la posadera como si fuera la primera vez que la veía.
- Veremos qué pasa cuando visitemos a Twilith Teg. No podrá negarse a nuestra presencia, él mismo nos dijo que volviéramos cuando... Bueno, hemos de regresar. De partir -dijo Wherynn cubriéndose los ojos de la mirada de la posadera, que estaba boquiabierta.
- ¿Qué pasa..? No entien...
- ¡Vamos! El tiempo apremia. ¡Sin demora! -exclamó Wherynn levantándose de un salto.
- ¿Por qué la posadera te mira de esa forma..?
- ¡Sry! ¡Vamos!

Los amigos salieron de la taberna guardándose el desayuno en sus atillos para ir comiendo por el camino y Jeanpo y Srynna miraban hacia atrás con suspicacia, ya que la tabernera hablaba con algunos de los parroquianos y señalaban a Wherynn, admirados.

- En serio, ¿qué ocultas? -cuestionó Jeanpo- Nunca te había tratado de... diosa.

Wherynn se paró en seco cerca del bosque y se dio la vuelta.

- ¿Diosa? Jajaja, solo soy una simple sacerdotisa, me especializo en la magia ofensiva y de sanación y tengo un fuerte contacto con la naturaleza, mi sensibilidad no tiene nada que envidiar a la de los espíritus del bosque... -rió ella, tratando de cambiar de tema.
- Creo que hay algo más...
- ¡Tenemos que volver! -exclamó Srynna. 
- ¿Por?
- ¡No he reparado mi arma! Y quizá podríamos comprar otras con el botín, por si acaso... Supongo que tendremos que luchar...

La joven regresó al pueblo y Jeanpo se quedó quieto mirando fijamente a su amiga sacerdotisa.

- ¿Qué?
- Hay algo más...
- Los Arquitectos Cósmicos son nuestros guías, siguiendo las orientaciones del Creador Supremo. Solo su Mente Divina concibe los auténticos secretos de la vida, de los elementales, de los espíritus de la naturaleza que comienzan el proceso de evolución y vida sobre el planeta siguiendo las directrices de los arquitectos celestiales. Nos lo enseñaron en la orden. Creo que iré a encender unas velas en cuanto encuentre un templo... 

Jeanpo siguió mirándola detenidamente. Había algo que no le encajaba, o mas bien algo que comenzaba a encajar a la perfección. ¿Pero cómo podía ser? 


Tras la reparación de armas, una daga hermosa de plata tallada -¡y muy afilada!- que adquirió Srynna y varias pociones, los amigos se dirigieron al bosque para empezar su camino. 

- ¡Ay, Robert! Su nariz no encaja en su rostro, lo echaba de menos... -rió Srynna. Es bueno estar en casa.
- O lo que queda de ella... -murmuró Jeanpo. 
- ¿Tu también lo notas? -preguntó Wherynn.
- ¿El qué?
- Nada...

El guerrero la miró de nuevo con suspicacia. Wherynn solo se encogió de hombros y siguió caminando.

- Luego tendremos que ir a Zara a por túnicas mágicas, creo que se está especializando en los hechizos al fin... -comentó Srynna. ¿Estás bien?

Wherynn se había detenido en seco justo en la linde del bosque, en cuanto uno de sus pies pisó la tierra silvestre.

- No creo que pueda continuar...
- ¿Qué? -exclamaron al unísono Jeanpo y Srynna.

La sacerdotisa cerró los ojos y un aura invisible se apoderó de ella. Sus amigos comenzaron a notar una sensación cálida de bienvenida que no sabían explicar. Wherynn abrió los ojos y de pronto parecía mucho más confiada y serena.

- Adelante.


El bosque de Nonum no era como lo recordaban. Las formas oscuras reinaban por doquier y los escalofríos no eran inusuales en aquella tierra ahora inhóspita, aunque solo a nivel espiritual. A su manera, el bosque parecía más hermoso que nunca con su belleza oscura y maldita. No era algo que pudiera explicar con palabras de la lengua de los hombres. Solo con el idioma universal del miedo y la compasión por la madre tierra.

- Estás muy silenciosa... -rompió el silencio Jeanpo en un susurro.
- El bosque está en silencio, los viajeros solo hemos de tomar nuestra ruta y avanzar por sus tierras con respeto y temor en quieta reverencia.
- ¿Qué le pasa? Habla muy raro... -musitó Srynna.
- Creo que sus poderes de sacerdotisa interfieren con la oscuridad del lugar. En su interior.
- ¿Cómo?
- Recuerda que está muy unida a la naturaleza. Si la tierra no está en equilibrio, ella tampoco lo está.
- Los Arquitectos Cósmicos no querrían esto... -dijo con un hilo de voz Wherynn mientras derramaba una lágrima. La hierba estaba ennegrecida en algunos puntos y todo parecía irreal, incluso la niebla cubría zonas imposibles de terreno, no tenía ningún sentido. Sus amigos la miraron preocupados. Srynna especialmente porque tenían que pasar varias noches allí y no quería estar con una pirada. Jeanpo se preocupaba de verdad, sabía lo que podía hacer una sacerdotisa al límite.
- Tranquila... Todo estará bien.
- Palabras vacías en la noche eterna -respondió simplemente Wherynn.

Los círculos de hadas habían desaparecido, o eso les pareció en un principio. El silencio era opresivo y a la vez confería un halo de paz indescriptible al lugar. Como si la muerte de todo lo bueno hubiese acabado con los sentimientos y no pudieran percibir la propia negatividad que emanaba de las formas oscuras y malignas de aquellos elementales de vacío de cuya existencia ya no dudaban en absoluto. 

- ¿Habéis oído eso? -preguntó Jeanpo.

Las jóvenes se detuvieron y escucharon unos pasos. 

- ¡Emboscada! -chilló Srynna lanzándose tras unos arbustos.
- Me parto con esta chica... ¿Quién hace la emboscada, ellos o nosotros? -rió Wherynn.
- ¡Esta es mi Whers! ¡Al ataque! -gritó Jeanpo, ignorando la mirada triste que había vuelto a los ojos de su amiga cuando mencionó su nombre. 
- ¡A mi, mis hombres! -vociferó a su vez Srynna mientras clavaba su vara en el rostro de uno de los bandidos y Jeanpo hacía sonidos de asco.
- ¡Descuartízalos a todos! ¡Perturban la paz del bosque! ¡Fuego! -exclamó Wherynn lanzando su magia contra el grupo. 

Cuando acabaron con los cinco hombres y Srynna completó sus rituales de descuartizamiento dejando el río lleno de sangre por un tiempo, prosiguieron la marcha.

- Los elementales ya no custodian el bosque, se ha convertido en su enemigo -dijo Wherynn- y ellos son ahora enemigos del Creador. Le han dado la espalda.
- ¿Soy yo o habla como en profecías? -murmuró Srynna al guerrero.
- Está muy sensible, guarda silencio. Lo mejor será acampar aquí esta noche -dijo en voz alta Jeanpo.
- Lo mejor sería acabar con esta pesadilla... -suspiró Wherynn.

Una vez encendieron el fuego y Jeanpo regresó con unos conejos que Srynna aderezó con bayas y hierbas aromáticas la sacerdotisa pareció animarse.

- El fuego le da alegría a este sitio... -sonrió más relajada. Nos protege de la oscuridad.
- El cielo está algo nuboso pero se pueden ver las estrellas... ¡Mira, la constelación de Orión! -señaló Srynna.
- Y el Carro -añadió Jeanpo.

El fuego empezó a crepitar con inusitada fuerza mientras una figura se formaba en su interior y se pusieron en guardia.

- Hola, amigos -dijo la figura sin ojos que solo poseía un par de cuencas vacías y negras.
- No somos tus amigos, aún no... -suavizó rápidamente la sacerdotisa, dándose cuenta de su error.

El elemental sonrió falsamente de forma macabra.

- Mi amo no quiere extraños en sus tierras.
- Nosotros somos conocidos, nos encargó una tarea... Liberarlo de los trolls del norte y...
- Suficiente, Sry -le advirtió Jeanpo.
- A cambio... -la ermitaña dejó de hablar y solo movió la boca. 
- Mi amo no pide favores. Mi amo concede. Mi amo gobierna.
- Tu amo se equivoca.

Los amigos no podían entender la falta de tacto de la sacerdotisa teniendo en cuenta la delicada situación. El elemental cobró fuerza por un instante y luego volvió a su forma original.

- Mi amo no os permitirá acceso si no sois más amables.
- Tu amo cumple sus promesas. Es el gran Twilith Teg, rey escocés del otro mundo. Nunca falta a su palabra, nunca decepciona.
- Nunca decepciona... Está bien, le haré pasar vuestro mensaje. Volveré.

El elemental se apagó y el fuego se consumió.

- ¡Enciéndelo de nuevo! -apremió Wherynn a su amigo.
- ¡No veo!
- ¡Rápido! -exclamó con apuro la sacerdotisa mientras buscaba algunas brasas con las manos descubiertas quemándose ligeramente. Una vez el fuego se avivó, la joven suspiró aliviada.
- Tampoco nos íbamos a helar... -comentó dubitativa Srynna.
- No es eso. No podemos quedarnos en la oscuridad... Y ahora, a dormir. Mañana me temo que será un día muy largo y duro. Buenas noches -dijo la sacerdotisa arrebujándose en su manto mientras sus amigos se miraban y se acomodaban cerca de la lumbre. 


En medio de la noche, Srynna se despertó gritando levemente.

- ¿Qué ocurre? -murmuró Jeanpo medio dormido asiendo su espada mientras Wherynn, algo más espabilada, ya se preparaba para conjurar algún hechizo.
- Nada... lo siento, tuve una pesadilla. No quería despertaros.
- No pasa nada... ¿Estás bien?
- Si, gracias Whers... Pero me pregunto algo... ¿Quién creó la tormenta mágica del barco? ¿Quién desvió Gahül a Gülynes? 
- Es muy tarde para eso... o muy temprano... Aún está oscuro, buenas noches -dijo Jeanpo dándose la vuelta tras comprobar que el fuego crepitaba con fuerza mientras Wherynn volvía a acomodarse y cerraba los ojos, ya casi dormida. 

Srynna se recostó y contempló el cielo nocturno mientras se sumía en sus pensamientos hasta dormirse.


Dedicado a Saryna, ¡feliz cumpleaños!

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