19 julio 2018

My Diamond

- ¡Dios mío, la ha secuestrado, la ha secuestrado!

Los jóvenes estaban aterrorizados. Aquel horroroso espíritu se había llevado a su amiga para quizá no volver jamás. ¿Qué le iban a contar a todos cuando hicieran preguntas?

- ¡Os dijo que no provocarais su ira y mirad lo que habéis logrado! -dijo la chica de melena castaña con lágrimas en los ojos.
- Pues precisamente se la ha llevado a ella, la que tanto la respetaba y adoraba... -puntualizó uno de los chicos.
- ¡Oh, cállate! ¡Tenemos que ir a buscarla!
- ¡Si, claro! ¿Al mundo espiritual?
- ¡Ella aún está viva! -respondió su amiga con un deje de histeria en la voz.
- Vamos a calmarnos... invocaremos al espíritu, le pediremos disculpas y nos devolverá a nuestra amiga. 
- ¡No, no, no! ¡Ya la habéis liado! ¡Ya no hay remedio! -exclamó la chica valiente.

Durante un momento, se hizo el silencio. 


Vênräedna había llevado a la joven rubia a su guarida, un olvidado manicomio en el páramo que en tiempo antiguos había servido para torturar a personas inocentes con problemas mentales. Sí, era un lugar clásico de esos, pero es que los demás espíritus vengativos se reirían de ella si escogía un lugar más tranquilo y apacible, y de ese modo sus apariciones eran más épicas. Qué le iba a hacer... 

- Estás a salvo.

La chica la miraba curiosa. No entendía las intenciones de aquel alma en pena, pero le parecía buena persona... Aunque viviera en un lugar tan espeluznante como ese viejo sanatorio. 

- ¿Quién eres?

Vênräedna la miró, divertida. 

- Phobos -contestó simplemente.
- De verdad...

La joven se puso seria. ¿Quién era de verdad? Una cuestión de lo más filosófica...

- Soy el espíritu del pantano. Este es mi hogar desde hace mucho tiempo...
- ¿Moriste aquí?

La chica se calló inmediatamente. Esperaba no haber metido la pata y enfurecer al impredecible espíritu.

- ¿Quién dice que estoy muerta? Las barreras del espacio tiempo son muy especiales, yo solo pertenezco a una dimensión diferente... No tiene nada que ver con la vida y la muerte. Ni siquiera vosotros estáis vivos...

Guardó silencio. No debía revelar ciertos secretos.

- ¿Qué..?
- Olvídalo. Tus amigos deben pagar por lo que le han hecho a mi pantano.
- Son buenos chicos... Sí, algo inconscientes y... un poco tontos, pero buena gente. Solo que se animan unos a otros y no miden... -los defendió la rubia. 
- No creo... Tú eres diferente, pero ellos no tienen respeto y se ríen de mi lugar de reposo. La naturaleza estaba en armonía hasta que llegasteis aquí... -susurró ella, cuya voz hacía un ligero eco y se oía más lejana.
- Son algo inmaduros... pero si hablo con ellos pueden cambiar...
- No.

La brisa susurró entre las paredes semi derruidas del manicomio. La rubia se fijó en lo extraño que resultaba hablar con una aparición en pleno día... Phobos pareció adivinar sus pensamientos.

- Mi mundo no es como lo imagináis en vuestras historias de terror... No da más miedo que la propia existencia y las entidades que la pueblan una vez caminaron por este mundo con esa misma personalidad... 
- Algunos son peligrosos... -musitó la chica mirando a su alrededor y sintiendo un escalofrío.
- Los seres humanos son peligrosos -terció Vênräedna. 


La bruma del pantano parecía más densa por momentos y los jóvenes se miraban unos a otros sin saber que hacer.

- A ver... A lo mejor podríamos ir al pueblo y preguntar qué hacer en estos casos... Esa gente vive aquí desde siempre y seguro que alguien ha molestado al espíritu en algún momento...
- ¿Eres idiota? No creo que vivieran aquí si estuvieran importunando a Phobos cada dos por tres... -dijo la chica valiente sacudiendo su larga melena azabache. Sus ojos azules brillaban con determinación.
- No digo "cada dos por tres", pero sí alguna vez... Alguien que hubiera metido la pata... Como nosotros... -dijo esto último para sí.
- Podemos acercarnos al manicomio, quizá la tenga allí secuestrada... -propuso uno de los chicos.
- Claaaro, así con suerte nos asesina a todos y podemos acompañarla al más allá y ser tooodos felices... -se burló el chico inconsciente.
- No pareces muy afectado por lo que ocurre... -observó otro de los chicos.

El inconsciente miró a otro lado y se alejó un poco. Claro que se sentía culpable, pero no pensaba admitirlo. Phobos le parecía un espíritu amargado con ganas de llamar la atención y fastidiarles la excursión, nada más. ¿Pero cómo iba a decir aquello en voz alta?


Vênräedna cambió su semblante en un instante asustando a la chica. De repente parecía mucho más oscura y amenazante. 

- ¿Ocurre... algo..? -preguntó en un hilo de voz la rubia, sin atreverse a moverse.
- Tu amigo el golpea ratitas es... Insoportable... -dijo ella con voz tenebrosa.
- A mi... 

Vênräedna la miró fijamente. 

- ¿Te gusta?

La chica se sonrojó hasta la raíz del cabello.

- ¡Oh, no! ¡Drama adolescente a la vista! -suspiró pareciendo mucho más humana.
- ¡No hay drama! Solo... es escéptico, y... pero es buen chico... en el fondo...
- En fin, tu misma descubrirás que esos "playboys" acaban perdiendo interés... Pero un buen susto se lo va a llevar. ¡Espérame aquí! No tengas miedo -dijo al ver su rostro de pavor- este sitio da repelús pero es de lo más tranquilo. Mira... -la joven hizo un extraño sonido y al punto un precioso gatito siamés apareció de entre los árboles saltando alegremente- Te dejo a mi gatito, es una dulzura, aunque bastante travieso... Nadie más vive aquí, solo piensa que es un lugar antiguo con una historia triste, pero no pasa nada... 

La joven desapareció sin más y la chica rubia se sintió consolada con la presencia del gatito, que era de lo más juguetón... Un espíritu que tenía una cría de gato de mascota no podía ser malo, ¿no?


Los chicos aún estaban discutiendo que hacer cuando el ambiente cambió. La bruma se volvió claramente más densa hasta llegar a ocultar el sol en su frio abrazo y la atmósfera se volvió pesada.

- ¡Es Phobos, vuelve a por uno de nosotros!
- Si no es con manchas de sangre en su ropa o algo así... -murmuró el escéptico con chulería.
- ¿Pero tu estás tonto o qué? ¿No te importa nuestra amiga?
- Bueno... 

Una luz repentina les hizo ver un flash de la imagen de Vênräedna, con cara de malas pulgas de nuevo.

- Pero qué fea es... -comentó el chico.
- A ver, ¿Qué demonios te pasa? ¿Estás gi..?

Vênräedna pronunció el nombre de la rubia y sus amigos callaron.

- ¿Habéis oído eso? Está aquí... -susurró uno de los chicos muerto de miedo.
- ¡Ha dicho su nombre!

El espíritu volvió a pronunciar su nombre y luego el del chico escéptico.

- ¡Va a por ti, tío!
- No... Vamos, no va a hacer todo esto por una simple rata... -contestó el otro empezando a preocuparse.
- ¡Tío, tío, que están aburridos por el más allá, sin nada que hacer!
- ¿Tú que sabes? -defendió la chica de melena oscura.
- ¡Dejaos de estupideces! -rogó otro de los chicos.

Un aire helado atravesó el pecho del joven escéptico haciendo que se sintiera mal.

- Me está molestando... Ya nos podría devolver a nuestra amiga y dejarnos en paz, no la queremos entre nosotros.

Vênräedna se sintió ofendida. Dejó que uno de sus tatuajes se viera justo delante de los ojos del chico y luego le puso una mueca horrorosa.

- ¡Aaaaah!

¡Por fin lo asustaba! ¡Sí!

- ¡Me quiere torturar! ¡Vete, demonio del mal!

Vênräedna sonrió. No era ningún demonio del mal, así que no pensaba irse hasta haberse vengado...



Dedicado a Veneranda, ¡feliz cumpleaños guapa!

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